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AMAYA GONZÁLEZ REYES.
ENTRAR EN LA OBRA. PERDER(SE) EN ELLA

CUÁNDO: Del 16 de diciembre de 2011 al 20 de mayo de 2012
DÓNDE:
MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE VIGO (MARCO)
C/Príncipe, 54
36202 VIGO (Pontevedra)

WEB: www.marcovigo.com
OTRA INFORMACIÓN:
HORARIO:
De martes a domingo, de 11:00 a 21:00 h.

 

La exposición de Amaya González Reyes es la quinta y última propuesta del ciclo Entrar en la obra, que se desarrolla a lo largo de varios meses en las salas de la primera planta, y cuyo título está tomado de la célebre pieza de Giovanni Anselmo Entrare nell’opera (1971). La paradoja que rodea el concepto de espectador y que lo sitúa entre la pasividad y la acción es el punto de partida de esta serie de proyectos, que analizan al público, al visitante, al espectador, a la audiencia, como un elemento inherente a la obra.

Entrar en la obra. Perder(se) en ella invita al espectador a descifrar las obsesiones de la artista durante el recorrido por una exposición que, tal como su título sugiere, está directamente relacionada con la búsqueda constante, con el inconformismo y la ambivalencia que caracterizan la obra de Amaya González Reyes.

La referencia a sí misma, el interés por el proceso y la búsqueda de la perfecta definición de arte son aspectos fundamentales de su trabajo (En efectivo, Osadía (quiero ser un poco como On Kawara), Yo gasto, Una idea brillante y otras historias adorables) que reaparecen en sus piezas recientes. De carácter autobiográfico, las obras en exposición provocan un cruce de narrativas y múltiples interrogantes en su encuentro con el espectador, a quien se invita a participar en un juego de significados. Son un conjunto de obras de nueva producción que se refieren a la idea de pérdida, de "no conseguir lo que se espera, desea o ama", según describe el diccionario de la Real Academia Española.

"Hablar de la pérdida puede ser hablar de la falta, o de la duda, o de la necesidad de búsqueda, o incluso de la sensación de sentirse vencido o atrapado, pero también de la posibilidad de fascinación, de recrearse y ensimismarse hasta quedar embriagado.

Perder... ¿el sentido?, ¿las formas?, ¿la continuidad?, ¿el criterio? ¿el tiempo? Una exposición cuyo centro es la lucha entre el sentir y el pensar, el querer y el deber, indagando en lo que creo que se quedó por el camino. Un lugar donde los caminos se cruzan y se reformulan, y un enorme nudo donde se confunden las extensiones: el yo, el deseo, la necesidad, el capricho, el valor, el azar, el tiempo, la presencia, la apariencia, la satisfacción… Un ir y venir en el interior que evidencia el estado de desorientación en el que me encuentro (más allá de lo personal y de las salas de exposición) o quizá un reflejo del momento que me toca vivir". [Amaya González Reyes]

Una peana recibe al visitante. En ella se custodia una escultura (Mitosis, 2011) que en su abstracción se aproxima a una forma orgánica duplicada. Un cerebro-corazón, en un pequeño guiño a la dualidad entre pensamiento y emoción, entre razón y sentimiento. Existe una ligera asimetría en las dos piezas que la componen, provocada por la factura manual de las partes que la artista diseña y compone pacientemente en su taller. La duplicidad introduce al espectador en un juego de ambigüedades que se repite a lo largo de la exposición, entendiendo que, solo liberado del peso de la razón, el visitante podrá participar del proceso artístico, del proceso de búsqueda.

La pérdida de orientación que provoca la disyuntiva entre razón y emoción se materializa también en piezas como la serie de fotografías Asalto (est)ético, 2011. La artista se autorretrata con una media en la cabeza, en una afirmación del uso del cuerpo como material y de la importancia de la acción, que considera un paso previo en la formalización de sus trabajos. Su rostro aparece oculto (nos recuerda a esas medias que deformaban la cara de Ana Mendieta en sus Facial Cosmetic Variations y al anonimato que garantizaban las máscaras cómicas en Confess all on video, de Gillian Wearing) y aprisionado, aludiendo a la simulación, a la falsa representación y a la clara decisión de asaltar al visitante para atraparlo en el proceso.

"En un intento de mostrar los entresijos que dejan ver sin ser visto, entrever sin identificar, como en el gusto por el arabesco de Moureau, o los signos lingüísticos en las celosías de Cristina Iglesias, modifico mi imagen con medias caladas, de rejilla o de encaje. Estampados florales, geométricos y filigranas envolventes como jaulas de seda, nailon o lycra. Me auto(rre)trato, con efecto fetiche, para un plan de ejecución que toma por asalto el sistema artístico y, por tanto, al espectador". [AGR]

El aprisionamiento y refugio se alternan en Sin título (2011), una jaula a escala humana elaborada con hierro, una escultura que mantiene una relación dinámica con el espectador, donde reaparece la bombilla, presente en otras obras de la artista, y esa alusión a la utopía y al poder. La belleza de la jaula nos habla de la comodidad del encierro, del abandono; lo contrario a la ansiedad que provoca la búsqueda.

La obra de González Reyes se sitúa en un ámbito crítico y despliega una ironía afilada e hiriente. Todo ello mezclado con una actitud firme respecto a los valores estéticos en piezas como Sin título (una carretilla forrada de terciopelo, material al que recurre por su valor simbólico y estético, por su significado, como representación visual de aspectos muy relacionados con la artista, como el capricho, la satisfacción o el lujo) o Jardín. Otras, como contrapunto, nos amenazan con títulos como Tender la red (trampa escultórica) o Pesadilla. La artista parece retomar a Louise Bourgeois cuando afirma que "el arte sirve para expresar emociones", consciente de que, cuando nos dejamos llevar por la emoción, en esa búsqueda nos perdemos. Jardín es una pieza elaborada por la artista desde un mínimo componente: el abalorio. Miles de abalorios cosidos por la artista y dispuestos dibujando un laberinto, símbolo de la confusión y el enredo. Un laberinto abierto, sin principio ni fin, que adquiere una disposición reticular en su intento por controlar el caos. Los abalorios están ya inmóviles, cuidadosamente ordenados, en un lugar propio.

"Tender la red (trampa escultórica) se propone como una red, una red ilustrativa de cierta sensación de bienestar, de un espacio donde hay orden y belleza, que nos fascina, nos atrae y nos seduce, tanto que cuando queremos salir nos damos cuenta de que estamos justo en medio, atrapados, curio­samente en una red de malla metálica de pro­tección anti-cortes, que a la vez que te atra­paría te protegería. Una trampa pensada para cautivarnos por su forma, por su posición, una trampa que evidencia su propia estructura, muy sólida, a pesar de la flexibilidad del material, cuyo enorme peso se presenta como algo suave, casi liviano, dinámico, con formas ondulantes y suspendida en el aire, casi dispuesta a alzar el vuelo en cualquier momento". [AGR]

En esa búsqueda de la emoción artística formaliza la artista la trampa. Translúcida, esconde un significado dual y, de nuevo, nos remite a Bourgeois: ‘la seguridad de la guarida puede también ser una trampa’. En el fondo se percibe una lámpara, el objeto seductor, y en el camino nos atrapa la red. La lámpara, caída, se refiere al fracaso inevitable al entrar en el juego de la búsqueda de la emoción estética.

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