Reencontrar al ciudadano novelista Juan Marsé es siempre un agradable acontecimiento porque supone, entre otras cosas, la posibilidad de vivir una sorpresa, a veces una vuelta de tuerca, como ocurrió con Rabos de lagartija, su anterior novela. También ahora se ha producido la sorpresa, puesto que lo que ha entregado a la imprenta es un guión cinematográfico enriquecido con hermosos textos novelísticos. Hay quien opina (incluso hay una tesis doctoral al respecto) que dada la afición del autor por el cine, éste constituye la base fundamental de su narrativa, convirtiéndole así en un “novelista cinematográfico”; en cuanto a los contenidos de su obra, hay quien ha llegado a afirmar que Marsé lleva a cabo sistemáticamente una desmitificación de los luchadores antifranquistas, convirtiéndolos en delincuentes una vez perdida la moral del combatiente. Ambas son opiniones que no compartimos en absoluto; en la novelística de Marsé concurren innumerables temas inherentes al ser humano en cualquier época de la historia y se iluminan las diferentes caras del complejo poliedro que es el ser humano en cualquier circunstancia.
En cuanto a la influencia del cinema en la literatura, ignorarla sería tan absurdo como negar no sólo la influencia de la literatura en el cinema sino el influjo de cualquiera de las artes entre si, lo que rayaría la frontera de la estupidez; otra cosa es buscarle tres pies al gato y considerar que determinadas referencias al cinema suponen una obra “cinematográfica”, calificativo que desvaloriza la novelística como concepto totalizador. En cuanto al supuesto eje ideológico de la novelística de Marsé, es, sencillamente, una opinión reduccionista del complejo mundo que el autor teje en cada una de sus novelas, en las que, por ello, nada es blanco o negro, sino un oscuro arco iris de comportamientos.
En el relato que ahora nos presenta, el texto muestra algún tópico excesivamente fácil por reconocible y está en ocasiones despojado del misterio de lo no explicitado, de la sugerencia, algo tan bien manejado siempre por Marsé. No ha abandonado, sin embargo, sus temas de siempre, la historia de seres humanos zarandeados por una realidad que otros seres convierten en territorio de la injusticia, la crueldad y la muerte, y en el que, a pesar de todo, se empeñan en vivir, en sobrevivir en circunstancias oscuras en las que la violencia descarga sus conflictos. Ha trasladado el tiempo: ahora no habla de los negros años de la posguerra, sino del no menos negro hoy, un tiempo que domina también la oscuridad, la injusticia, la violencia y la muerte para muchos ciudadanos desgraciados. Hacia todos ellos dirige Marsé una mirada de comprensión nacida en la sabiduría del conocimiento. Así pues, cambia el decorado pero no los temas. ¿Por qué habría de cambiarlos si no hay otros que los hombres y las mujeres, la lucha por vivir, la violencia instalada en la vida diaria, la extorsión, la explotación, los amores imposibles, los sueños, la amargura de una despedida sin posible adiós y la muerte? ¿O acaso hay otros?.
Son 265 páginas con estructura de novela negra cargada de un realismo basado en la actualidad social. Un relato con poderoso estilo, como siempre en Marsé; pero en este caso, el texto ha sido sometido a una dieta de proteínasque, sin embargo, a veces no consigue hacer olvidar la silueta de un guión de cine. Él ha declarado que era su propósito; como tal fue concebido originariamente para terminar siendo publicado como novela. No hay, pues, fraude alguno porque Marsé lo declara abiertamente una y otra vez y tampoco intenta una labor de ocultación a lo largo del relato. Pero la novela y el guión cinematográfico son géneros –ambos literarios- distintos. Al guión le falta la imagen para ser; la novela es un todo que lo es por sí misma.
Hay que hablar, por tanto, de un guión cinematográfico –esta vez sí-, aunque con hermosos añadidos novelísticos, dotados de la fuerza habitual a la que nos tiene acostumbrados el autor, hermosas descripciones de ambiente y poéticas -y no por ello menos amargas- puñaladas de la memoria; pero queda a veces, muchas, en esqueleto, en excesiva delgadez, insuficiente como texto novelístico, magnífico como guión de cinema. En todo caso, ojalá que todo lo que se editase en lo que queda de año tuviese la calidad de este texto.