El dinero no huele pero el último libro publicado de este hijo del Soldado de Salamina que es Rafael Sánchez Ferlosio, produceintensos olores que a veces llegan a convertirse en perfumes porque de sus páginas emanan vías de reflexión para el mejor pensar y hacer, consecuencia de sus agudos, certeros y documentados argumentos a propósito de algunos muy importantes asuntos de plena actualidad sobre los que los pregoneros de la actualidad pasan como de puntillas, cuando pasan. Más que de plena actualidad deberíamos decir de permanente actualidad, porque los asuntos de los que trata el libro de Sánchez Ferlosio son los de siempre y de cómo se mixtifican sus interpretaciones para que, al fin y a la postre, los asuntos continúen “sine die” como están (y aquí nos viene a la memoria el título de uno de los últimos libros del mismo autor titulado Mientras no cambien los dioses nada habrá cambiado).
Entrando ya en la harina del costal, Sánchez Ferlosio somete a rigurosa observación conceptos como la ética del trabajo, el ocio, la belleza, temas como el consumo, nociones como la emopatía o deseo compulsivo de compra, el uso y mal uso de palabras como solidaridad y caridad, así como a los aspectos colaterales que los complementan y que configuran un engañoso –aunque aparentemente certero- discurso alrededor de supuestos cambios de la vida moderna, del que se hacen eco tanto medios de comunicación como muchos y diversos “especialistas”, ideólogos, sociólogos, filósofos y, por supuesto, políticos en ocio o negocio, dando por sentado lo que no lo está, o lo está erróneamente. De tal manera, el autor trae a colación textos de la más variada especie y extracción, una mínima muestra de los cuales va desde los de Simone de Beauvoir, Jean Baudrillard, Max Weber y Karl Marx hasta artículos y reportajes aparecidos en publicaciones periódicas españolas; todos ellos le sirven a Sánchez Ferlosio para llevar a cabo un desmantelamiento del discurso existente. Lo que, aparte de divertido por el sentido del humor con el que el autor aliña con frecuencia sus graves argumentos, constituye un genuino acto de subversión -pacífica, naturalmente- difícilmente rebatible en la mayor parte de sus términos.
Así, en la página 140, dentro del primer capítulo de la segunda parte titulada TRABAJO Y OCIO, viene a decir: Bajo la férula de la racionalidad económica, hoy coronada por el absolutismo de la hegemonía de la producción, no hay ya otra forma de relación entre hombres que la de las relaciones contractuales; cualquier posible resto o renovado intento de relación no-contractual o está en precario o alcanza apenas una realidad fantasmagórica.¿Acaso no se trata de una cuestión –y aún de varias cuestiones interrelacionadas- que se encuentra en el eje de lo que se ha dado en llamar sociedad de mercado, cuando en realidad es la sociedad del consumo? Se trata de un párrafo a subrayar en una página cualquiera de este riguroso trabajo encuadrado en lo que se denomina ensayo; pero podríamos haber subrayado decenas de párrafos, porque el libro, en su conjunto y en sus partes, es una llamada a la búsqueda de respuestas más allá de las opiniones del autor. Escrito con el riquísimo castellano al que nos tiene acostumbrados y con una claridad expositiva apasionante, Sánchez Ferlosio sacude una vez más la coctelera de los valores establecidos y hace resonar su tempestuosa voz en medio del universo de espesas brumas y abstrusa confusión de ideas que pretende apoderarse de nosotros.
Además de la parte ya citada de TRABAJO Y OCIO, el libro está compuesto por otras tres: INTRODUCCIÓN, HOMO EMPTOR y ABREVIATURAS, que junto con un APÉNDICE, ocupan las 310 páginas del volumen. Si hubiera necesariamente que destacar alguna parte determinada del libro, habría que citar la dedicada a la sociedad de consumo, aquella en que lo producido por la empresa no es sólo el producto sino también el propio consumidor. Pero iría en menoscabo de otras partes dedicadas, por ejemplo, a un cierto aspecto del feminismo, al acto de comprar como acto principal del ocio, a la puesta en cuestión de la categoría capitalista de la ética del trabajo recogida por el marxismo como concepto ontológico, es decir, como esencia misma del hombre en cuanto a tal, a las argumentaciones sobre el tema de la persona considerada como valor de cambio, a los anuncios... Se trata de un libro indispensable.
Rafael Sánchez Ferlosio es uno de esos escritores –hay más, por supuesto, menos mal- en cuyos libros se encuentran todavía cabos para evitar el naufragio en el océano en el que el dinero (que non olet, ya sabemos) determina incluso las relaciones personales entre parejas, huérfanas de categorías como generosidad o con-pasión.