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Artículo: La convergencia europea en la educación universitaria o... por José L. Caramés Lage







La convergencia europea en la educación universitaria o…ahora viene lo bueno.

 José Luis Caramés Lage

Universidad de Oviedo.
CIDEIH

Ahora que vamos a tener nuevos gestores en el Ministerio de Educación sería una buena oportunidad para profundizar en lo que realmente va a ser la Universidad española del futuro y, por ende, la educación superior europea. Como base podemos emplear la Declaración de Bolonia que sustenta algunas de las directrices que habrá que aplicar este Ministerio si la Unión Europea llega al año 2010 sin partirse en mil pedazos.

En el proceso tendremos que comenzar arreglando los problemas que se asientan en categorías aún en vigor tales como tradición vs. innovación de todo el sistema universitario; las viejas vs. nuevas metas de la educación superior; las antiguas vs. nuevas estructuras de aprendizaje, docencia, investigación, administración, gestión, etc. universitarias. Esto es, toda la lánguida arquitectura que apuntala aún la educación universitaria española que ha seguido sosteniendo una idea napoleónica y decimonónica de lo que debe ser la Universidad y sus estructuras.

La Universidad española, en la que el contenido teórico de las materias es de un 60%; el contenido investigador de un 39 % y, muy escaso o nulo el de la innovación, quizás, un 1%, nos hace pensar que la consabida suma de I+D+I debe modificarse pero, no con palabras, sino con hechos y aplicaciones eficaces y muy enfocadas a las distintas realidades de, por ejemplo, las Ciencias Exactas, Físicas o Naturales y, de las Humanidades o de las Ciencias Sociales.

Esta modificación hay que hacerla pensando de una manera rigurosa, es decir, dentro de un eje de coordenadas que nos hable del tiempo y del lugar en el que vivimos y de una diacronía y sincronía en los estudios. Estos deben referirse al momento actual, es decir, a los comienzos de un siglo tecnológico; al contexto de España en Europa y en su relación con los países que hablan el idioma español; a la enseñanza primaria, secundaria y superior y a la coordinación entre ellas en una progresión de adquisición y manejo del conocimiento desde la perspectiva de nuestra historia pasada y de la que ha de venir con el futuro. Además, tendremos que pensar en momentos educativos o científicos concretos que se han de celebrar dentro de una gran competitividad, al menos, en el contexto del mundo occidental que nos afecta más directamente.

En Europa se están produciendo reformas y decisiones que afectan a un variado mosaico de procesos y cambios dentro de la Universidad de cada país. Se trata de encontrar nuevos tipos de aprendizaje para las licenciaturas, los nuevos masteres y las tesis doctorales que tengan una coherencia superior a la actual con respecto a las calificaciones profesionales.

Las discusiones son, más o menos, apasionadas, pues se trata de buscar la eficacia de todo el sistema educativo que ha de hacerse cada vez más flexible en cuanto a sus propios contenidos, al nivel de los estudios y a la transparencia de la información que se pueda dar al futuro estudiante y a su familia, ahora ya considerados como clientes a los que hay que atender de una manera muy profesionalizada. Estos clientes pueden comprar sus productos en un contexto internacional que los ha de preparar para un mercado laboral también internacional.

El proceso de Bolonia dentro de la Unión Europea va a exigir licenciaturas comparables y un sistema de desarrollo flexible, asentado en la unidad crediticia (ECTS) de todo el sistema que tendrá que flexibilizarse y acumular conocimientos dispares en cada uno de esos créditos o unidades. En este proceso tendremos que asegurarnos de la calidad de esos créditos puesto que deberán poseer la credibilidad, la relevancia, la movilidad, la compatibilidad y el atractivo de la institución de educación superior que los ofrezca en todo el marco de la Unión Europea.

Este proceso tendrá que desarrollarse de una manera imaginativa y constante a lo largo de los próximos seis años y, hasta la fecha del 2010. Quizás en diferentes etapas teóricas y prácticas que recojan, al menos, algunas de estas ideas que ahora desarrollamos. Será necesaria la búsqueda de nuevos modos de producción del conocimiento que superen los esquemas de entrenamiento en la investigación actual que ha quedado bastante descolocada en relación a la realidad de nuestros días. Este cambio necesitará de una nueva sensibilización en las materias a estudiar que deberán poseer un enfoque más emprendedor, más capaz de ayudar en la gestión del propio conocimiento en relación con un exterior que demanda laboralmente más práctica y conocimientos aplicados. Estos nuevos modos de producción exigen hoy el idioma inglés (como en su día fue el latín) y, a poder ser, otros dos idiomas más; un gran poder de creatividad por parte del estudiante y una mucha mayor dinámica de grupo en el aula, tanto en la adquisición del conocimiento como en la investigación individual y en equipo. El estudiante habrá de convertirse en un etnógrafo de su propia educación y de su propio desarrollo. De aquí que sea tan importante la educación a través de Internet y todas sus posibilidades de adquirir nuevas formar de conocer y de estructurar lo aprendido.

El incremento de los años 1990 de la población universitaria en España ha traído como consecuencia una muy temprana hiper-especialización que, hoy en día, ya no se percibe como necesaria, puesto que se trata de que el alumno sea capaz de controlar su conocimiento y experiencia, más que predeterminarla a través de un programa universitario. De aquí que se haga obligatorio la introducción de las carreras duales (dos materias) o de las licenciaturas que posean una materia principal y otra secundaria. Además, se ha de ser consciente de la nueva adaptación a los cambios que se están produciendo en la investigación que debe realizar el estudiante, asunto que exige una mayor atención hacia el lugar de trabajo futuro y un alejamiento de la actual cultura y reconocimiento de un título que sólo valore los estudios teóricos realizados.

Esto está exigiendo un cambio de la filosofía que señala a la institución de enseñanza superior como el centro de todos los acontecimientos universitarios, para tener mucho más en cuenta al estudiante entendido como objetivo principal. Esto se podrá conseguir si las Universidades personalizan más los esquemas de entrenamiento del alumno y priman las tutorías creativas con grupos muy reducidos de estudiantes. Otra vez, una herramienta como Internet será factor principal en esta evolución.

Los Programas de asignaturas deberán hacerse mucho más abiertos puesto que tendrán que alternar períodos de prácticas, orientación por objetivos, participación en equipo y proyectos de investigación de grupos de alumnos en relación con su entorno. Programas de masteres y doctorado que traten de resolver distintos problemas que mezclen el contexto más próximo con el europeo, es decir, en un entorno más amplio que el inmediato.

La introducción de la interdisciplinariedad de una forma mucho más profunda en los estudios universitarios y la búsqueda de modelos de educación e investigación autonómicos propios en una relación clara con el mundo laboral y de experimentación del entorno, serán objetivos que tienen que verse como preferenciales si uno desea llegar a Europa con todos los demás países. Pero, además, tendremos que pensar ya en los medios nuevos de acercarse al aprendizaje que van a emplear a Internet y las nuevas tecnologías de una manera constante. Ello, exigirá la implementación de un nuevo esquema en los estudios universitarios que contemple una clara evolución entre las licenciaturas (3/4 años), los masteres (4/5 años) y los doctorados (7/8 años) que lleven al joven científico europeo al análisis comparativo, a promover experimentos piloto, nuevos objetivos en la investigación, cooperación internacional en la investigación y sus aplicaciones, movilidad geográfica, cambios entre la Academia y la industria y una mayor profesionalización.

La necesidad de una adaptación europea a los nuevos conocimientos traerá consigo nuevas ideas que es necesario comenzar a desarrollar en nuestras respectivas Universidades. Las Facultades de nuestras distintas Universidades van a tener que convertirse en transfacultades que busquen nuevos modelos de enseñanza, conocimiento, investigación y aplicación interdisciplinar. El estudio del idioma inglés tendrá que ser algo natural en nuestras licenciaturas, sobre todo, en las que exijan un inglés académico y científico para poder exponer nuestros resultados en el latín actual. Pero, además, habrá que conocer dos idiomas más. A los jóvenes despiertos les diría que el idioma de hoy es el alemán, debido a los nuevos países que serán miembros de la Unión Europea y, la lengua de mañana, el chino, asunto que quedará claro en menos de 10 años.

Además, tendrán que prepararse en dos materias tales como Física y Biología para formarse como expertos en, por ejemplo, una Físicabiológica del futuro que pueda emplearse en las investigaciones y aplicaciones espaciales o en Estudios Europeos en los que la Historia de las Humanidades y de las Ciencias en Europa se mezcle con el aprendizaje de dos idiomas modernos de prestigio, además del inglés.

La toma de conciencia sobre la importancia de los pasos que se están dando en muchos lugares de Europa para lograr la Convergencia en la Educación Superior es una necesidad casi imperiosa. Esta debe llevar a los nuevos gestores ministeriales encargados de la Educación a una rápida toma de conciencia sobre las transformaciones que se van a producir en todos los niveles de la enseñanza. Y esto, es mucho más importante que debatir sobre la Religión, foco consciente de peleas provocadas e innecesarias, pues la verdad, si uno tiene que explicar Literatura y el alumno no conoce o no relaciona al mito de Adán y Eva o quién fue Caín o Abel, Abraham o Isaac, es imposible acercarse a la poesía europea o a la Literatura Medieval que, para algunos no será importante, pero que, para otros, representa los cimientos de la cultura europea actual.

De todo lo expuesto, no nos queda otro remedio que deducir que el compromiso institucional en la reforma educativa europea es fundamental y una necesidad de futuro para no quedarnos atrás en nuestras ofertas educativas en las que también debe entrar, a gran nivel competitivo la oferta privada. El no hacerlo así y, como se sabe, el alumno español tendrá la posibilidad de moverse a otras universidades europeas y, no vaya a ser que se vayan tantos estudiantes que nos quedemos sin alumnos o que la Universidad española se convierta en una de segundo rango en la que sea fácil, por ejemplo, aprobar, por no haber sabido ofrecer una innovación consciente y racional de nuestros estudios superiores.   

                                    José Luis Caramés Lage.

                                    Universidad de Oviedo.

                                    D. N. I. núm.: 22.866.900-R.

 carames@mixmail.com


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