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IX ENCUENTRO DE JÓVENES INVESTIGADORES DE HISTORIA ANTIGUA (QUINTA EDICIÓN NACIONAL)

CUÁNDO: 5, 6 y 7 de mayo 2010
DÓNDE:
FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
Salón de grados
C/ Profesor Aranguren, s/n
28040 MADRID

WEB: www.jovenesinvestigadores.org
OTRA INFORMACIÓN:

 

El Departamento de Historia Antigua de la Universidad Complutense organiza el IX Encuentro de Jóvenes Investigadores de Historia Antigua (V Edición Nacional), una iniciativa destinada a doctorandos e investigadores que pretende fomentar el contacto e intercambio científico, así como la promoción y puesta en común de las líneas personales de investigación.

Al igual que en la pasada edición, se han planteado dos tipos de sesiones diferentes para satisfacer los diversos objetivos del Encuentro: en primer lugar, tres Mesas Redondas, que se centrarán en temas de actualidad dentro de los estudios de la Historia Antigua, y, en segundo lugar, tres Sesiones de Exposiciones que versarán sobre proyectos personales de investigación. El número de plazas en ambos tipos de sesiones es limitado, por lo que todas las propuestas presentadas deberán pasar por un proceso de selección y evaluación. Los participantes en las Mesas Redondas presentarán una comunicación de una duración máxima de 20 minutos, mientras que las Exposiciones se limitarán a 15 minutos. El correcto desarrollo del Encuentro depende en gran medida de que todos los participantes se adecuen en la medida de lo posible a este requisito. Dada la inspiración y motivación del Encuentro, sólo se aceptarán propuestas centradas en temas pertenecientes al Mundo Antiguo. Podrán presentarse mediante diferentes formatos (PowerPoint, transparencias, diapositivas...), informado de ello previamente a los organizadores.

Todos los participantes recibirán un certificado al término del Encuentro.

PROGRAMA PROVISIONAL

Exposiciones

Las Exposiciones están específicamente destinadas a doctorandos que estén desarrollando su proyecto doctoral y se encuentren en una fase inicial del mismo. Consistirán en una breve exposición del trabajo doctoral propio con el fin de presentarlo en público. El objetivo es que se haga especial hincapié en los problemas metodológicos o teóricos que los investigadores hayan podido encontrar en su trabajo, y fomentar de este modo un debate entre los investigadores que contribuya a enriquecer las líneas de investigación de los participantes. Las propuestas podrán enviarse a cualquiera de los organizadores.

Mesas Redondas

Las Mesas Redondas están destinadas específicamente a investigadores con una línea definida de investigación. Todas ellas plantean una cuestión de amplio alcance y repercusión en la Antigüedad. La finalidad de las contribuciones será presentar una reflexión original partiendo de casos concretos, que pueden basarse en cualquier cultura y período antiguos, con el propósito de aportar nuevas visiones y perspectivas al planteamiento general. Cada mesa redonda concluirá con un debate de los participantes. Las propuestas de este año son las siguientes:

- 1. La ciudad en el Mundo Antiguo: un retrato “en negativo”.
Moderador: Diana Gorostidi Pi (ICAC, dgorostidi@icac.net)

La ciudad en la antigüedad es un concepto polisémico que engloba no solo el conjunto de habitantes y la realidad física que determina el espacio que ocupan, sino también la identidad de un pueblo, el concepto de estado y la cultura que la define. A través del registro arqueológico, las representaciones plásticas y las fuentes escritas intentamos reconstruir cómo pensaron la ciudad los antiguos y cómo diseñaron su perfil de acuerdo a una serie de parámetros que configuraron el concepto de comunidad cívica, finalmente convergidos en lo que hoy denominamos civilización. Su imaginario colectivo nos revela que la ciudad, polis o civitas, era por encima de todo el conjunto de ciudadanos y ello comportaba una serie de implicaciones jurídicas y de consecuencias socioeconómicas de necesaria plasmación en la urbanística y en la arquitectura tanto pública como privada. Sin embargo, si el individuo en la antigüedad se definía ante todo respecto a su condición de ciudadano frente al no ciudadano, el lugar de éste último quedaba, en principio, en el ámbito de lo indefinido, de lo ambiguo, incluso de lo excluido, en ese confín entre lo que pertenece y no pertenece a ciudad desde un punto de vista conceptual, en el margen que linda con los antagonistas de la civilización: lo salvaje, lo extraño, lo enemigo, lo diferente, en definitiva, lo otro. En este sentido se connota la mujer, el extranjero, el soldado, el niño y el esclavo, elementos que deben ser integrados en su condición de habitantes de la ciudad: hombre respecto a mujer, ciudadano respecto a extranjero, autóctono respecto a inmigrante, amigo respecto a enemigo, presente respecto a potencia. Igualmente la realidad física que representan las murallas marca estos límites, imponiendo un fuera y un dentro de importantes connotaciones políticas y religiosas de lo intramuros respecto a lo extramuros: la ambigua condición del suburbio y del territorio circundante. Dada la amplitud del tema expuesto, presentamos una mesa redonda donde se pueda indagar sobre el concepto de ciudad en el mundo antiguo a través, precisamente, de lo que no la define per se, lo cual no significa que no la componga y complete: un retrato “en negativo” que podrá ser dibujado desde ópticas bien diversas gracias a la transversalidad de su planteamiento. Las novedades arqueológicas, la revisión de las fuentes y los nuevos estudios multidisciplinarios han contribuido últimamente a un mejor conocimiento de esta sociedad no solo en su realidad urbanística, arquitectónica y material, sino también de la evolución de su pensamiento y percepción de la realidad que la envuelve.

- 2. Armas de distracción masiva: el Ocio y el Negocio en la Antigüedad.
Moderador: Aarón A. Reyes Domínguez (USE, civites@yahoo.es)

Las sociedades de la Antigüedad evolucionaron desde modelos que ponían en valor la colectividad hasta fórmulas de gobiernos unipersonales amparados en el respaldo de la población, bien por el prestigio que poseían bien por un carácter divino de su persona. En cualquier caso, fue nota predominante que aquello que los romanos designaron como otium fuera actividad característica de las aristocracias (recuérdese que etimológicamente los aristoi son los mejores y no necesariamente una nobleza de sangre) mientras que el nec-otium, el tiempo de “no-ocio” fuera propio de clases más bajas e incluso con una escasa consideración social. Este tipo de diferencias ya fueron advertidas no solo en la Antigüedad como pone de relieve el plebiscito Claudio del 218 a.C., sino también en la actualidad por Karl Polanyi (El sustento del hombre), Genaro Chic (El comercio y el Mediterráneo en la Antigüedad) o Maximiliano Korstanje (“El otium romano: el placer como mecanismo de control social”, Ciencia y Sociedad, UANL, 12,1, Enero-Marzo 2009, pp. 6-10). Tanto en las sociedades del Próximo Oriente Antiguo como en las culturas griega y romana el tiempo de ocio era necesariamente un tiempo de no trabajo, que bien podía dedicarse a la caza, la guerra o desde luego la política. Lejos, pues, de nuestro concepto de ocio, siempre implicaba un esfuerzo por parte de quien lo ejercía ya que suponía el mantenimiento de actividades que prestigiaban su persona y su familia. Pero estas fórmulas de ocio también permitían a los gobernantes, sobre todo en regímenes unipersonales, establecer un cierto control sobre el resto de las elites. La guerra como práctica ociosa o la lucha política permitieron canalizar las tensiones sociales hacia determinados puntos alejados de las luchas por la exclusividad del poder. Al mismo tiempo, eso permitió una serie de concesiones a aspirantes a ocupar el puesto de las elites vinculadas a actividades de negocio, como el comercio o la explotación de recursos mineros que generó en algunos momentos una verdadera clase diferenciada con parcelas de poder. El negocio, visto como algo pernicioso, era vedado a las elites, pero al mismo tiempo permitido a otros con el fin de establecer su área de actuación social y política. Hubo, por ello, varios intentos de canalizar la productividad de los terratenientes, sus esfuerzos y riquezas, no sólo hacia las prácticas munificentes o evergéticas sino también hacia el negotium ya que la tendencia normal era, al contrario que el practicante del negocio buscase únicamente la dedicación al ocio. Tal vez el ejemplo más claro e inmediato pueda observarse en el proceso que llevó a Augusto a convertirse en emperador, y que por diversos medios trataron de acelerar Calígula o Nerón. El surgimiento de un verdadero gobierno unipersonal en una sociedad tradicionalmente opuesta a la figura del rex, fue el resultado, como señala Butt (The Augustean age, Westport 1976, pp. 34-36) de una política de “distracción masiva” por la cual se canalizó la lucha por la exclusividad del poder a los niveles inmediatamente inferiores. César ya fue consciente de ello al potenciar su política municipal, retomada por Augusto con un intenso programa evergético que encauzara las riquezas locales hacia la monumentalización de las ciudades y la celebración de ludi romani. Mientras las elites locales y provinciales tuvieran puestos de responsabilidad que desempeñar, guerras de conquista de las que beneficiarse y una población sumisa al bienestar proporcionado por la Annona, la celebración de juegos y la prosperidad comercial, el sistema podía mantenerse de forma sólida y eficaz. Ejemplos similares los encontramos también en la Grecia de los tiranos pero también en la actividad política de Pericles o los reyes helenísticos, en especial los de la dinastía Ptolemaica. El negocio fue también una vía para mantener la estabilidad y cohesión de las sociedades próximo-orientales entregadas al tráfico comercial del Mediterráneo con templos que actuaban como auténticas entidades bancarias demostrando que lo religioso y lo económico no andan distantes. Igualmente, en los imperios de Asiria o Persia (aqueménida y sasánida) el ocio y el negocio emergieron como fórmulas de enriquecimiento a la vez que de alejamiento de las elites de pretensiones sediciosas.

3. La vida social de los muertos en el Mundo Antiguo.
Moderador: Silvia Alfayé Villa (UPV, trebopala@hotmail.com)

La muerte no solo es un suceso biológico universal e inevitable, sino también un proceso transicional articulado en una estructura tripartita, y una construcción social, una producción simbólica y cultural. Una vez que las funciones vitales cesan, el cuerpo inicia un proceso de completa transformación en el que la persona social desaparece y emerge el cadáver, que es y no es el individuo que una vez fue. Para las sociedades antiguas la muerte no suponía el final de la existencia, sino otra forma de existir que comportaba tanto una transformación ontológica como una dislocación espacial, una reubicación topográfica de esa persona en allendes imaginados a los que accedía por caminos escondidos a los ojos de los vivos. Tras su deceso, el individuo no quedaba reducido a la nada sino que continuaba viviendo, aunque de modo diferente y en un espacio distinto, como parte de la comunidad social de los muertos, en ocasiones incluso organizada a imitación de la realidad terrena. Así lo atestiguan los diferentes imaginarios escatológicos creados por las culturas antiguas, y las heterogéneas prácticas rituales, inscripciones e imágenes que documentan la creencia en que los muertos, aunque desdoblados entre su corporeidad enterrada y su alma, conservaban la conciencia y la capacidad de emocionarse: sienten el peso de la tierra, añoran el mundo de lo vivos, se entristecen cuando sus parientes los olvidan o incumplen sus obligaciones rituales, e interactúan con ellos… En esta mesa redonda se propone explorar, desde una perspectiva interdisciplinar, tanto las distintas construcciones culturales de la muerte y de la existencia post-mortem en el mundo antiguo, como la dinámica relación existente entre muerte biológica, memoria, materialidad y muerte social en esas culturas. De acuerdo con las diferentes narrativas funerarias de la Antigüedad, con las que se vincula una heterogénea variabilidad de prácticas rituales funerarias, los muertos disfrutaron de una vida social en el Otromundo que podía resultar más o menos mísera o paradisíaca dependiendo no sólo de las características de los allendes imaginados, sino también de la biografía vital y mortuoria de cada individuo, que condicionaba(n) su acceso al Más Allá y el lugar ocupado en él. Pero incluso tras su deceso los muertos también continuaron formando parte de la sociedad de los vivos, e interactuando con ellos. Algunos lo hicieron a través de su manifestación perturbadora como fantasmas o almas errantes que, por su forma de morir o su marginal modo de vivir, no podían o no querían incorporarse a su nueva realidad y quedaban atrapados entre ambos mundos, interviniendo en la dimensión de los vivos llevados por la venganza o el resentimiento, e incluso también por una profunda necesidad de afecto y restablecimiento de las relaciones familiares quebradas tras su muerte. Pero, salvo excepciones, las relaciones de los espectros con los vivos solían traer consecuencias nocivas para estos últimos –locura, malas cosechas, plagas, pestilencias, e incluso la muerte– , por lo que no es de extrañar que el temor a esos restless dead –insepultos, suicidas, muertos prematura y/o violentamente, marginados, etc.– motivara la realización de prácticas rituales ambiguas y ambivalentes, tanto de apaciguamiento como de aversión, destinadas a asegurar el descanso de los muertos y, sobre todo, a impedirles su regreso. El estudio de las diversas categorías espectrales atestiguadas en el mundo antiguo, y de las heterogéneas prácticas mágico-rituales destinadas a la neutralización de esa amenaza fantasma, podría ser una de las líneas de trabajo a desarrollar en esta mesa redonda. Sin embargo, en el mundo antiguo la muerte de un ser querido no solo provocó temor entre los vivos, sino también sensación de pérdida, ternura y afecto, como documentan los textos literarios y epigráficos, y los pequeños gestos materializados en los rituales funerarios. Sin duda, el recuerdo del ausente fue un recurso empleado –individual o colectivamente– para paliar el dolor, para tratar de prolongar la vida social del muerto más allá de su muerte biológica mediante estrategias de memoria sancionadas socialmente, cuyos soportes, recursos mnemotécnicos y coordenadas temporales y espaciales esperamos que sean analizadas en este foro. Asimismo, se propone reflexionar en esta mesa sobre los espacios de interacción entre vivos y muertos, y los usos sociales de las necrópolis más allá de interpretaciones reduccionistas que consideran a los cementerios como estáticos depósitos de huesos. Las necrópolis se utilizaron como espacios idóneos para la comunicación –personal o comunitaria– de los muertos y sus supervivientes y, por ello mismo, como importantes espacios ceremoniales de agregación social y escenarios de memoria activa, lugares donde se conmemoraba a los ancestros, se reactualizaban los vínculos con el pasado y, a su vez, se construían, negociaban y exhibían las identidades sociales. Pero en el mundo antiguo los cementerios y las tumbas fueron, además, espacios “vivos” frecuentados por prostitutas, saqueadores de tumbas, paseantes, marginados y practicantes de las artes mágicas, con los que en ocasiones los muertos establecían diálogos epigráficos de contenido diverso, formando así parte de su presente.

Documentación
Para participar en cualquiera de las secciones, descarga en nuestra web el impreso que corresponda a tu participación, rellénalo y envíalo por correo electrónico a la dirección de contacto del Encuentro. El impreso contendrá la siguiente información:

. Mesas Redondas
- Nombre y apellidos
- Datos académicos (titulación, departamento, facultad y universidad de procedencia,
nombre del director/a de tesis en el caso de los doctorandos)
- Breve síntesis de la carrera investigadora (participación en congresos, proyectos, publicaciones...)
- Mesa redonda en la que desea ser incluido
- Título de la comunicación y presentación de la misma mediante una síntesis detallada
de los planteamientos y conclusiones (500-1.000 palabras)

. Exposiciones
- Nombre y apellidos
- Datos académicos (titulación, departamento, facultad y universidad de procedencia,
nombre del director/a de tesis)
- Título y resumen de la exposición, donde se detalle el tema, los objetivos y la metodología
propuesta (máx. 500 palabras)

Plazos
El plazo de presentación de comunicaciones y exposiciones permanecerá abierto hasta el día 28 de febrero de 2010. Esta fecha es improrrogable y se rechazará cualquier solicitud que se presente más tarde. El proceso de evaluación durará 10 días, y el día 10 de marzo de 2010 se hará pública en nuestra web la lista de participantes admitidos. Una vez concluido el proceso de selección, los participantes seleccionados deberán abonar una cuota de inscripción (25 euros los participantes en las Mesas, 15 euros los participantes en las Exposiciones). Todos los fondos se destinarán a la financiación de los materiales del Encuentro, así como a su difusión y al mantenimiento de la web.



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