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El Departamento de Historia Antigua de la Universidad Complutense organiza el IX
Encuentro de Jóvenes Investigadores de Historia Antigua (V Edición Nacional), una
iniciativa destinada a doctorandos e investigadores que pretende fomentar el contacto e
intercambio científico, así como la promoción y puesta en común de las líneas personales
de investigación.
Al igual que en la pasada edición, se han planteado dos tipos de sesiones diferentes
para satisfacer los diversos objetivos del Encuentro: en primer lugar, tres Mesas Redondas,
que se centrarán en temas de actualidad dentro de los estudios de la Historia Antigua,
y, en segundo lugar, tres Sesiones de Exposiciones que versarán sobre proyectos personales
de investigación. El número de plazas en ambos tipos de sesiones es limitado, por lo
que todas las propuestas presentadas deberán pasar por un proceso de selección y evaluación.
Los participantes en las Mesas Redondas presentarán una comunicación de una duración
máxima de 20 minutos, mientras que las Exposiciones se limitarán a 15 minutos.
El correcto desarrollo del Encuentro depende en gran medida de que todos los participantes
se adecuen en la medida de lo posible a este requisito.
Dada la inspiración y motivación del Encuentro, sólo se aceptarán propuestas centradas
en temas pertenecientes al Mundo Antiguo. Podrán presentarse mediante diferentes
formatos (PowerPoint, transparencias, diapositivas...), informado de ello previamente a los
organizadores.
Todos los participantes recibirán un certificado al término del Encuentro.
PROGRAMA PROVISIONAL
Exposiciones
Las Exposiciones están específicamente destinadas a doctorandos que estén desarrollando
su proyecto doctoral y se encuentren en una fase inicial del mismo. Consistirán en
una breve exposición del trabajo doctoral propio con el fin de presentarlo en público. El
objetivo es que se haga especial hincapié en los problemas metodológicos o teóricos que
los investigadores hayan podido encontrar en su trabajo, y fomentar de este modo un debate
entre los investigadores que contribuya a enriquecer las líneas de investigación de los
participantes. Las propuestas podrán enviarse a cualquiera de los organizadores.
Mesas Redondas
Las Mesas Redondas están destinadas específicamente a investigadores con una línea
definida de investigación. Todas ellas plantean una cuestión de amplio alcance y repercusión
en la Antigüedad. La finalidad de las contribuciones será presentar una reflexión original
partiendo de casos concretos, que pueden basarse en cualquier cultura y período antiguos,
con el propósito de aportar nuevas visiones y perspectivas al planteamiento general.
Cada mesa redonda concluirá con un debate de los participantes. Las propuestas de este
año son las siguientes:
- 1. La ciudad en el Mundo Antiguo: un retrato “en negativo”.
Moderador: Diana Gorostidi Pi (ICAC, dgorostidi@icac.net)
La ciudad en la antigüedad es un concepto polisémico que engloba no solo el conjunto
de habitantes y la realidad física que determina el espacio que ocupan, sino también la
identidad de un pueblo, el concepto de estado y la cultura que la define. A través del registro
arqueológico, las representaciones plásticas y las fuentes escritas intentamos reconstruir
cómo pensaron la ciudad los antiguos y cómo diseñaron su perfil de acuerdo a una serie de
parámetros que configuraron el concepto de comunidad cívica, finalmente convergidos en
lo que hoy denominamos civilización. Su imaginario colectivo nos revela que la ciudad, polis
o civitas, era por encima de todo el conjunto de ciudadanos y ello comportaba una serie de
implicaciones jurídicas y de consecuencias socioeconómicas de necesaria plasmación en la
urbanística y en la arquitectura tanto pública como privada.
Sin embargo, si el individuo en la antigüedad se definía ante todo respecto a su condición
de ciudadano frente al no ciudadano, el lugar de éste último quedaba, en principio,
en el ámbito de lo indefinido, de lo ambiguo, incluso de lo excluido, en ese confín entre lo
que pertenece y no pertenece a ciudad desde un punto de vista conceptual, en el margen
que linda con los antagonistas de la civilización: lo salvaje, lo extraño, lo enemigo, lo diferente,
en definitiva, lo otro. En este sentido se connota la mujer, el extranjero, el soldado, el
niño y el esclavo, elementos que deben ser integrados en su condición de habitantes de la
ciudad: hombre respecto a mujer, ciudadano respecto a extranjero, autóctono respecto a
inmigrante, amigo respecto a enemigo, presente respecto a potencia. Igualmente la realidad
física que representan las murallas marca estos límites, imponiendo un fuera y un dentro de
importantes connotaciones políticas y religiosas de lo intramuros respecto a lo extramuros:
la ambigua condición del suburbio y del territorio circundante.
Dada la amplitud del tema expuesto, presentamos una mesa redonda donde se pueda
indagar sobre el concepto de ciudad en el mundo antiguo a través, precisamente, de lo que
no la define per se, lo cual no significa que no la componga y complete: un retrato “en negativo”
que podrá ser dibujado desde ópticas bien diversas gracias a la transversalidad de su
planteamiento. Las novedades arqueológicas, la revisión de las fuentes y los nuevos estudios
multidisciplinarios han contribuido últimamente a un mejor conocimiento de esta sociedad
no solo en su realidad urbanística, arquitectónica y material, sino también de la evolución
de su pensamiento y percepción de la realidad que la envuelve.
- 2. Armas de distracción masiva: el Ocio y el Negocio en la Antigüedad.
Moderador: Aarón A. Reyes Domínguez (USE, civites@yahoo.es)
Las sociedades de la Antigüedad evolucionaron desde modelos que ponían en valor
la colectividad hasta fórmulas de gobiernos unipersonales amparados en el respaldo de la
población, bien por el prestigio que poseían bien por un carácter divino de su persona. En
cualquier caso, fue nota predominante que aquello que los romanos designaron como otium
fuera actividad característica de las aristocracias (recuérdese que etimológicamente los aristoi
son los mejores y no necesariamente una nobleza de sangre) mientras que el nec-otium, el
tiempo de “no-ocio” fuera propio de clases más bajas e incluso con una escasa consideración
social. Este tipo de diferencias ya fueron advertidas no solo en la Antigüedad como
pone de relieve el plebiscito Claudio del 218 a.C., sino también en la actualidad por Karl
Polanyi (El sustento del hombre), Genaro Chic (El comercio y el Mediterráneo en la Antigüedad) o
Maximiliano Korstanje (“El otium romano: el placer como mecanismo de control social”,
Ciencia y Sociedad, UANL, 12,1, Enero-Marzo 2009, pp. 6-10).
Tanto en las sociedades del Próximo Oriente Antiguo como en las culturas griega y
romana el tiempo de ocio era necesariamente un tiempo de no trabajo, que bien podía dedicarse
a la caza, la guerra o desde luego la política. Lejos, pues, de nuestro concepto de
ocio, siempre implicaba un esfuerzo por parte de quien lo ejercía ya que suponía el mantenimiento
de actividades que prestigiaban su persona y su familia. Pero estas fórmulas de
ocio también permitían a los gobernantes, sobre todo en regímenes unipersonales, establecer
un cierto control sobre el resto de las elites. La guerra como práctica ociosa o la lucha
política permitieron canalizar las tensiones sociales hacia determinados puntos alejados de
las luchas por la exclusividad del poder.
Al mismo tiempo, eso permitió una serie de concesiones a aspirantes a ocupar el
puesto de las elites vinculadas a actividades de negocio, como el comercio o la explotación
de recursos mineros que generó en algunos momentos una verdadera clase diferenciada
con parcelas de poder. El negocio, visto como algo pernicioso, era vedado a las elites, pero
al mismo tiempo permitido a otros con el fin de establecer su área de actuación social y
política. Hubo, por ello, varios intentos de canalizar la productividad de los terratenientes,
sus esfuerzos y riquezas, no sólo hacia las prácticas munificentes o evergéticas sino también
hacia el negotium ya que la tendencia normal era, al contrario que el practicante del negocio
buscase únicamente la dedicación al ocio.
Tal vez el ejemplo más claro e inmediato pueda observarse en el proceso que llevó a
Augusto a convertirse en emperador, y que por diversos medios trataron de acelerar Calígula
o Nerón. El surgimiento de un verdadero gobierno unipersonal en una sociedad tradicionalmente
opuesta a la figura del rex, fue el resultado, como señala Butt (The Augustean
age, Westport 1976, pp. 34-36) de una política de “distracción masiva” por la cual se canalizó
la lucha por la exclusividad del poder a los niveles inmediatamente inferiores. César ya
fue consciente de ello al potenciar su política municipal, retomada por Augusto con un
intenso programa evergético que encauzara las riquezas locales hacia la monumentalización
de las ciudades y la celebración de ludi romani. Mientras las elites locales y provinciales tuvieran
puestos de responsabilidad que desempeñar, guerras de conquista de las que beneficiarse
y una población sumisa al bienestar proporcionado por la Annona, la celebración de juegos
y la prosperidad comercial, el sistema podía mantenerse de forma sólida y eficaz.
Ejemplos similares los encontramos también en la Grecia de los tiranos pero también
en la actividad política de Pericles o los reyes helenísticos, en especial los de la dinastía Ptolemaica.
El negocio fue también una vía para mantener la estabilidad y cohesión de las sociedades
próximo-orientales entregadas al tráfico comercial del Mediterráneo con templos
que actuaban como auténticas entidades bancarias demostrando que lo religioso y lo económico
no andan distantes. Igualmente, en los imperios de Asiria o Persia (aqueménida y
sasánida) el ocio y el negocio emergieron como fórmulas de enriquecimiento a la vez que
de alejamiento de las elites de pretensiones sediciosas.
3. La vida social de los muertos en el Mundo Antiguo.
Moderador: Silvia Alfayé Villa (UPV, trebopala@hotmail.com)
La muerte no solo es un suceso biológico universal e inevitable, sino también un
proceso transicional articulado en una estructura tripartita, y una construcción social, una
producción simbólica y cultural. Una vez que las funciones vitales cesan, el cuerpo inicia un
proceso de completa transformación en el que la persona social desaparece y emerge el
cadáver, que es y no es el individuo que una vez fue. Para las sociedades antiguas la muerte
no suponía el final de la existencia, sino otra forma de existir que comportaba tanto una
transformación ontológica como una dislocación espacial, una reubicación topográfica de
esa persona en allendes imaginados a los que accedía por caminos escondidos a los ojos de
los vivos. Tras su deceso, el individuo no quedaba reducido a la nada sino que continuaba
viviendo, aunque de modo diferente y en un espacio distinto, como parte de la comunidad
social de los muertos, en ocasiones incluso organizada a imitación de la realidad terrena. Así
lo atestiguan los diferentes imaginarios escatológicos creados por las culturas antiguas, y las
heterogéneas prácticas rituales, inscripciones e imágenes que documentan la creencia en
que los muertos, aunque desdoblados entre su corporeidad enterrada y su alma, conservaban
la conciencia y la capacidad de emocionarse: sienten el peso de la tierra, añoran el
mundo de lo vivos, se entristecen cuando sus parientes los olvidan o incumplen sus obligaciones
rituales, e interactúan con ellos…
En esta mesa redonda se propone explorar, desde una perspectiva interdisciplinar,
tanto las distintas construcciones culturales de la muerte y de la existencia post-mortem en
el mundo antiguo, como la dinámica relación existente entre muerte biológica, memoria,
materialidad y muerte social en esas culturas.
De acuerdo con las diferentes narrativas funerarias de la Antigüedad, con las que se
vincula una heterogénea variabilidad de prácticas rituales funerarias, los muertos disfrutaron
de una vida social en el Otromundo que podía resultar más o menos mísera o paradisíaca
dependiendo no sólo de las características de los allendes imaginados, sino también de la
biografía vital y mortuoria de cada individuo, que condicionaba(n) su acceso al Más Allá y
el lugar ocupado en él. Pero incluso tras su deceso los muertos también continuaron formando
parte de la sociedad de los vivos, e interactuando con ellos.
Algunos lo hicieron a través de su manifestación perturbadora como fantasmas o
almas errantes que, por su forma de morir o su marginal modo de vivir, no podían o no
querían incorporarse a su nueva realidad y quedaban atrapados entre ambos mundos, interviniendo
en la dimensión de los vivos llevados por la venganza o el resentimiento, e incluso
también por una profunda necesidad de afecto y restablecimiento de las relaciones familiares
quebradas tras su muerte. Pero, salvo excepciones, las relaciones de los espectros con
los vivos solían traer consecuencias nocivas para estos últimos –locura, malas cosechas,
plagas, pestilencias, e incluso la muerte– , por lo que no es de extrañar que el temor a esos
restless dead –insepultos, suicidas, muertos prematura y/o violentamente, marginados,
etc.– motivara la realización de prácticas rituales ambiguas y ambivalentes, tanto de apaciguamiento
como de aversión, destinadas a asegurar el descanso de los muertos y, sobre
todo, a impedirles su regreso. El estudio de las diversas categorías espectrales atestiguadas
en el mundo antiguo, y de las heterogéneas prácticas mágico-rituales destinadas a la neutralización
de esa amenaza fantasma, podría ser una de las líneas de trabajo a desarrollar en
esta mesa redonda.
Sin embargo, en el mundo antiguo la muerte de un ser querido no solo provocó temor
entre los vivos, sino también sensación de pérdida, ternura y afecto, como documentan
los textos literarios y epigráficos, y los pequeños gestos materializados en los rituales
funerarios. Sin duda, el recuerdo del ausente fue un recurso empleado –individual o colectivamente–
para paliar el dolor, para tratar de prolongar la vida social del muerto más allá
de su muerte biológica mediante estrategias de memoria sancionadas socialmente, cuyos
soportes, recursos mnemotécnicos y coordenadas temporales y espaciales esperamos que
sean analizadas en este foro.
Asimismo, se propone reflexionar en esta mesa sobre los espacios de interacción entre
vivos y muertos, y los usos sociales de las necrópolis más allá de interpretaciones reduccionistas
que consideran a los cementerios como estáticos depósitos de huesos. Las necrópolis
se utilizaron como espacios idóneos para la comunicación –personal o comunitaria–
de los muertos y sus supervivientes y, por ello mismo, como importantes espacios ceremoniales
de agregación social y escenarios de memoria activa, lugares donde se conmemoraba
a los ancestros, se reactualizaban los vínculos con el pasado y, a su vez, se construían, negociaban
y exhibían las identidades sociales. Pero en el mundo antiguo los cementerios y las
tumbas fueron, además, espacios “vivos” frecuentados por prostitutas, saqueadores de
tumbas, paseantes, marginados y practicantes de las artes mágicas, con los que en ocasiones
los muertos establecían diálogos epigráficos de contenido diverso, formando así parte de su
presente.
Documentación
Para participar en cualquiera de las secciones, descarga en nuestra web el impreso que
corresponda a tu participación, rellénalo y envíalo por correo electrónico a la dirección de
contacto del Encuentro. El impreso contendrá la siguiente información:
. Mesas Redondas
- Nombre y apellidos
- Datos académicos (titulación, departamento, facultad y universidad de procedencia,
nombre del director/a de tesis en el caso de los doctorandos)
- Breve síntesis de la carrera investigadora (participación en congresos, proyectos, publicaciones...)
- Mesa redonda en la que desea ser incluido
- Título de la comunicación y presentación de la misma mediante una síntesis detallada
de los planteamientos y conclusiones (500-1.000 palabras)
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Exposiciones
- Nombre y apellidos
- Datos académicos (titulación, departamento, facultad y universidad de procedencia,
nombre del director/a de tesis)
- Título y resumen de la exposición, donde se detalle el tema, los objetivos y la metodología
propuesta (máx. 500 palabras)
Plazos
El plazo de presentación de comunicaciones y exposiciones permanecerá abierto
hasta el día 28 de febrero de 2010. Esta fecha es improrrogable y se rechazará cualquier
solicitud que se presente más tarde. El proceso de evaluación durará 10 días, y el día 10 de
marzo de 2010 se hará pública en nuestra web la lista de participantes admitidos.
Una vez concluido el proceso de selección, los participantes seleccionados deberán
abonar una cuota de inscripción (25 euros los participantes en las Mesas, 15 euros los
participantes en las Exposiciones). Todos los fondos se destinarán a la financiación de los
materiales del Encuentro, así como a su difusión y al mantenimiento de la web.
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