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BIOGRAFÍA DE 

Miss Alice B. Gould 

investigadora y filántropa

 

Miss Alice Historiadora Mis Gould y la educación El regreso de Miss Gould a España, después de la  guerra civil

Miss Alice B.Gould murió a la puerta del Archivo General de Simancas el 25 de Julio de 1953. Había nacido el cinco de enero de 1868, en Boston. Su padre Benjamín Apthorp Gould, también nacido en Boston, se había graduado como matemático en la universidad de Harvard. Viajó al extranjero para ampliar sus conocimientos. Benjamín, al regresar a Boston, fundó la revista Astronomical Journal. Durante algunos años, dirigió un observatorio en Albany, Nueva York. Posteriormente, publicó los resultados de sus investigaciones. Al casarse con María Apthorp Quincy, no sólo tuvo una colaboradora en el ámbito científico, sino que contó con los medios necesarios para erigir otro observatorio en el que se dedicó a estudiar las constelaciones.  Se interesó por las constelaciones del hemisferio Sur. Este fue el motivo del viaje de la familia a Argentina, en donde Benjamín fundó un observatorio en Córdoba. Allí destacó por sus averiguaciones y por publicar sus resultados. En Córdoba, la niña Alice aprendió a hablar y a escribir el castellano.


 

Miss Gould, cuando comenzó a pasar de adolescente a joven, dio muestras claras de sus ideas favorables a que no se limitaran los derechos de las mujeres, quizá por las influencias recibidas en el colegio Bryan Mawr.  Después de graduarse en este centro, estudio matemáticas en el instituto de tecnología de Massachusetts y en la universidad de Chicago. Miss Gould dedicó sus primeras investigaciones al estudio del científico Agassiz (1807-1873).

 

 

Miss Gould historiadora

 

            Miss Gould cambió de especialidad en sus estudios a causa de un hecho fortuito: el viaje que hizo en 1903 a la isla de Puerto Rico para recuperar su salud, afectada por una enfermedad bronquial. Allí volvió a hablar castellano y parece que, en la isla, le vino la idea de estudiar el primer viaje de Colón. Los días de Puerto Rico tuvieron como efecto que emprendiese el estudio de la colonización de Barbados. No llegó a publicar los resultados de esta investigación por no haber podido averiguar el nombre del primer poblador inglés de la isla. En viaje posterior que tenía como destino Roma, se detuvo en Gibraltar. Allí le vino la idea de visitar el Archivo de Indias, con el propósito de encontrar documentos en los que pudiera constar el nombre de aquel primer poblador de Barbados. No tuvo éxito en su pesquisa. 

El fracaso quedó compensado por el hallazgo, en una nota de pagos, constancia de la entrega de dinero que se había hecho a Pedro de Lepe, por haber navegado en una de las carabelas en el primer viaje de Colón. El hallazgo le hizo pensar en la posibilidad de encontrar documentación sobre los demás tripulantes. Autores que escribieron en tiempos próximos a Colón, Pedro Mártir de Anglería y Gonzalo Fernández de Oviedo, habían dado la cifra de 120 tripulantes. Casi un siglo antes que Miss Gould, en 1825, Martín Fernández de Navarrete había publicado los nombres de cuarenta tripulantes del primer viaje. Cesareo Fernández Duro, en su libro  Colón y Pinzón, publicado en 1884, dio una lista de ochenta y ocho tripulantes. Posteriormente, el sevillano Nicolás Tenorio, fundándose en datos obtenidos de documentación del Archivo de Indias, proporcionó una lista de setenta y un tripulantes. Pareció por entonces la más segura, por los documentos que había utilizado. En el año 1902, Doña Rosario Falcó, madre del que fue nuestro Director Don Jacobo Fitz James Stwart, duque de Alba, con motivo de publicar el segundo tomo de los Autógrafos de Cristóbal Colón y papeles de América, dio a conocer la lista que había hecho el almirante con los nombres de los hombres a quienes había entregado dinero anticipadamente, en Palos, el 26 de junio de 1492. El documento en cuestión había tenido cuatro folios y le faltaba uno. De la lista de cuarenta nombres que contenían, sólo eran conocidos diez. Con toda la información impresa disponible, Henri Vignaud hizo una lista, en 1911, de ciento ocho tripulantes. Miss Gould, conocedora de toda esta información, calificó de “trabajo constructivo” la lista proporcionada por Vignaud. Señaló que no se hubiera atrevido a rectificarla de no contar con la posibilidad de investigar en los archivos españoles para fundarse en los documentos originales. A Miss Gould le importaba mucho la exactitud. Atraída por esta investigación, no podía conformarse con las discrepancias existentes respecto a quienes acompañaron a Colón en su primer viaje, por lo que decidió investigar en la documentación fidedigna conservada en el Archivo de Indias. Después de varios años de trabajo, Miss Gould llegó a donde no habían llegado sus antecesores en la búsqueda de los nombres y referencias de los acompañantes de Colón en su primer viaje. Consiguió identificar los nombres y circunstancias de ochenta y siete tripulantes, con la documentación pertinente. Miss Gould mencionó dieciocho nombres más, que ella calificó de  dudosos. La suma total, es, por tanto, de ciento cinco. Se aproximó, pues, a las cifras dadas por los autores de finales del siglo XV y del siglo XVI. Miss Gould rechazó cinco nombres incluidos en listas anteriores a su investigación. También señaló que, en ocho casos, era incorrecta la lectura de los documentos o deficiente la crítica de los autores. Publicó el primer artículo sobre los tripulantes del primer viaje en el tomo LXXXV del Boletín  de la Real Academia de la Historia, en 1924. La lista incluida en aquellas páginas la había presentado, unos diez años antes, en el congreso del descubrimiento del pacífico, aunque sin imprimirla por su deseo de “ampliarla y mejorarla”. En 1944, publicó el último artículo en el Boletín sobre los tripulantes en el primer viaje de Colón, en el tomo CXV. En estos artículos se da cuenta de ochenta y cinco pasajeros, incluido Sancho Ruiz de Gama. No llegó a publicar los artículos dedicados a Vicente Yánez Pinzón y a Juan de la Cosa. Aunque tenía información fidedigna sobre ellos, no la publicó por su afán de exactitud y de perfección. Cuando murió Miss Gould en 1953, se encaró de revisar esa información y de publicarla su gran amigo y albacea literario Don José de la Peña y Cámara. De la Peña cumplió el encargo en 1973, al publicar en el número CLXX del Boletín (pp.243-317) el trabajo titulado “Nueva lista documentada de los tripulantes de Colón en 1492”.

Don Ramón Carande, en las páginas que dedicó a Miss Gould en la Galería de Raros –por considerarla rara, como a los demás biografiados, tomando el adjetivo raro en el sentido que se da a las piedras preciosas- elogió la tarea de Don José de la Peña, por considerarla difícil, al tener que “descifrar los rasgos de letra menuda de Miss Gould, en sus postrimerías”,  y “ordenar los papelitos de cualquier tamaño y color que [ella] utilizaba sin reparos”. No se publicó la reseña de los tripulantes dudosos. 

Si cabe pensar que es exiguo el número de pasajeros que Miss Gould dio a conocer –once- hay que señalar que ese resultado fue consecuencia de un gran número de horas de trabajo en distintos archivos, sin que en tantas de esas horas consiguiera descubrir nada. La paciencia, la constancia a toda prueba, el tesón de Miss Gould explican la desproporción aparente entre el tiempo de trabajo y lo conseguido. Es necesario tener presente, además, que Miss Gould nunca se dejó tentar por la improvisación, por presentar hipótesis que no pudiera fundar, por suponer lo que no podía probar en fuentes fidedignas, sometidas siempre a crítica ajustada y severa. Miss Gould tenía un espíritu y un olfato detectivesco. En sus investigaciones, utilizó siempre su fino espíritu analítico, lo que le aseguró la exactitud de sus conclusiones. Supo determinar la condición de los tripulantes y señalar puntualmente, entre ellos, a los cuatro condenados a muerte a quienes se conmutó la pena por un trabajo que venía a ser equivalente a la condena a galeras.

Además de esta investigación principal, tentó a Miss Gould una frase de Manuel Foronda y Aguilera, marqués de Aguilera en su obra Estancias y viajes de Carlos V (desde el día de su nacimiento hasta el de su muerte), publicada en Madrid en 1895, y seguida de otro tomo que apareció en 1914. Foronda señaló en su obra que no había conseguido saber en donde había estado el emperador desde el dieciséis de julio hasta el nueve de agosto, en el año 1538. Esta dificultad exaltó la vocación detectivesca de Miss Gould, para informarse, examinó en Simancas los documentos que llevaban la firma regia. Descubrió que, en los primeros días de agosto, por ausencia del emperador, firmó los documentos la regente. Consigue comprobar que el último documento firmado por Doña Isabel estaba fechado el 11 de agosto. Luego deduce que –al dejar sin papeles ese día la mesa de despacho- la emperatriz esperaba que su marido llegase el 12. Del Archivo de Simancas, pasó al de la Corona de Aragón. Allí pudo documentar que don Carlos había salido de Barcelona el 26 de julio y que estaba  en Lérida el 30 de ese mes, lo mismo que los cinco días pasados en Zaragoza. En el Archivo Regional de Valencia no consiguió averiguar nada. Viajó, desde Valencia a Valladolid –todo esto en el año 1915- para consultar los legajos con papeles en los que se consignaban los gastos de casa y boca  de la Corte. Consigue localizar los asientos de los pagos hechos a los correos,  pagos que variaban según   la distancia que recorrían. Comprobó, en esos papeles, que el once de agosto, el Emperador estaba en Aranda de Duero y que esperaba llegar a Valladolid el doce. Publicó, con esta información, un artículo que lleva el título “La aventura de la quincena que faltaba”. Esas páginas –así lo reconoció Don Ramón Carande- son “una obra maestra de Alicia, que se mueve con soltura en las encrucijadas de un laberinto”.

José María de la Peña y Cámara ofreció preparar la edición, en libro, todos los estudios de Miss Gould sobre los tripulantes, en dos versiones: una castellana y otra inglesa, no como simple reimpresión de lo ya publicado en el Boletín de      la Academia, sino con adiciones fundadas en información que había recogido posteriormente Miss Gould, y que comunicaba a De la Peña, su albacea literario desde 1927. De la Peña leía siempre los artículos de Miss Gould antes de que ella los mandase al Boletín. Miss Gould escribía sus artículos en castellano, pero era su voluntad reunirlos en un libro y traducirlo al inglés. De la Peña se ofreció a escribir el prólogo del libro y a añadir en el tomo una semblanza biográfica de Miss Gould y sugirió fuese la que Don Ramón Carande ya había publicado o que escribiese otra para el libro. Se hizo así. El libro se imprimió en 1984. Lleva, como introducción, las páginas que don Ramón Carande había publicado en la Galería de raros, cuyo contenido, en una primera redacción, habían aparecido en el Boletín de la Academia para conmemorar el centenario del nacimiento de Miss Gould.

 

 

Miss Gould y la educación

 

 

Miss Gould quiso fundar una escuela para párvulos pobres en Simancas, su residencia preferida, al lado del Archivo. Lo primero que necesitó fue contar con una buena maestra. La encontró en Catalina Medina Gredilla, recomendada por don José Castillejo, a la que nombró en marzo de 1933. La escuela tuvo aula, galería, biblioteca y salón de recreo y muebles cómodos y sencillos, todo siempre orientado por el buen gusto de la fundadora. El patio estaba cercado por una tapia en la que trepaban los rosales y las enredaderas. También había jardín, en el que los niños veían florecer los tulipanes, los claveles, la pertulaca polícroma, según las estaciones. Miss Gould y la maestra visitaban a las familias para orientar a los padres en la higiene y educación de los niños, en la casa. Miss Gould trató de mitigar la miseria de los menesterosos niños. Estos recibían en la escuela aceite de hígado de bacalao, harina de maíz, leche condensada, pan integral, mermeladas y otros alimentos. La salud de los niños era vigilada por los médicos que visitaban la escuela cada quince días. Los niños recibían juguetes, utensilios diversos, semillas, para completar aquél paraíso infantil creado en un corral de gallinas, y que tanto admiraban los vecinos de Simancas,  y  que Miss Gould esperaba que sirviese de ejemplo y tuviera continuidad.  En aquella escuela laica, no sólo los niños aprendían a leer y a escribir sino que recibían una formación completa, en la que entraban la higiene, el amor a la naturaleza, el juego, y otras enseñanzas precursoras de los modelos futuros de la mejor educación. La escuela cerró en la segunda mitad del año 1936 por ser laica. Los que así la calificaron, con horror, no podían predecir que la maestra Catalina Medina Gredilla, habría de ingresar más tarde en una congregación religiosa dedicada a la enseñanza y que también allí pudo desarrollar su vocación de educadora.

 

Miss Gould fomentó y consiguió que se dotase una cátedra de literatura comparada en el Bryan Mawr. En 1946, en un pliego escrito por ella, traducido por Don Ramón Carande, señalaba que en América se propendía a creer que, sólo con dinero, podía desarrollarse la enseñanza. Ella pensaba que el dinero originaba la mejora de la enseñanza siempre que se le destinara al fin conveniente. Pensaba Miss Gould que era necesario  fomentar el amor a la lectura, aunque aprender a leer era tarea vital que requería el esfuerzo propio. Leer bien exigía maestros que enseñasen a elegir las lecturas, a apreciarlas y, “en una palabra, a descubrir lo que hace valiosa la existencia”. Ella tenía la convicción de que las humanidades, la literatura comparada y el conocimiento de los clásicos grecolatinos eran necesarios para los americanos ya que allí estaban los orígenes de la civilización a la que pertenecían[ 1].

Para conseguir la mejora de la mujer y que pudieran liberarse de las limitaciones en que estaba, Miss Gould confiaba en la educación, mediante la enseñanza adecuada. No esperaba gran cosa de las autodidactas. Pensaba que éstas difícilmente llegaban a diferenciar lo bien sabido de lo sabido a medias[2].

 

 

El regreso de Miss Gould a España, después de la  guerra civil

 

El viaje de Miss Gould a España, terminada la guerra civil, llevó al gobierno a hacer averiguaciones sobre la persona y conducta y antecedentes de la investigadora. La Real Academia de la Historia acordó, por entonces, elegirla como académica correspondiente por Boston. Tenemos noticia del informe que envió el embajador de España en Washington el 17 de julio de 1945. El embajador anunció en su despacho que no había en la embajada antecedente desfavorable a Miss Gould, y que los informes allí recibidos eran todos buenos. Señaló el embajador que, en carta de nueve de julio de 1938, el jefe nacional de prensa, don Pablo Merry del Val había enviado, desde Burgos, una carta en la que le comunicaba haber recibido un oficio firmado por Don Cristóbal Bermúdez Plata, director del Archivo de Indias, sobre Miss Gould, en el que reconocía los “meritorios trabajos de investigación” a los que se había dedicado. Durante el tiempo en que Miss Gould había residido en Sevilla, para trabajar en el archivo de Indias y en la Biblioteca Colombina, afirmaba el director que había observado siempre “una conducta ejemplar e irreprochable, mostrando en todo momento un gran amor a España y a sus legítimas glorias nacionales, poniendo a contribución su talento, laboriosidad singular y medios económicos para propagarlas por medio de publicaciones”. El señor Bermúdez Plata concluía, en su oficio, que, tanto en Sevilla como en la villa de Simancas, Miss Gould había hecho “todo el bien que le permitía su desahogada situación económica a favor de los menesterosos”. Los informes recibidos del alcalde de Simancas y del gobernador civil de la provincia de Valladolid (este manifestó que Miss Gould se había dedicado durante veintitrés años a investigar en el Archivo de Simancas, “profesando gran cariño a España y al pueblo de Simancas”, en  donde había fundado y sostenido una escuela de párvulos, “considerada como modelo en su clase”. El gobernador manifestó en su informe que la conducta privada de Miss Gould era irreprochable y que era muy apreciado por el vecindario de Simancas.

No podían faltar, en aquellos tiempos de la postguerra, declaraciones calumniosas, con el aspecto de las delaciones inquisitoriales. El, por entonces director del Archivo General de Simancas, padre Masa, en visita privada, en Burgos, al jefe nacional de prensa, Merry del Val, manifestó que Miss Gould habría llegado a aquella villa el 18 de julio de 1911 y que habría trabajado en el archivo durante muchos años. Indicó asimismo que los archiveros de Simancas, en número de cuatro, eran todos sacerdotes y que cuando Miss Gould los conoció se había permitido decir que sentía mucho la llegada de estos sacerdotes al archivo, pues no tendrían hijos a los que ella pudiera ayudar. El padre Masa señaló también que Miss Gould, en tiempos pasados, obtenía en el archivo “trato de favor”, no mediante “sobornos directos” sino por favores que hacía a los archiveros,  mediante el pago de las carreras de sus hijos, y otros parecidos. Sólo la ignorancia del padre Masa pudo hacerle decir que había “vivas sospechas” de que los trabajos de Miss Gould en los archivos españoles no estaban motivados por la búsqueda de datos con el fin de publicar obras, ya que era notorio en el cuerpo de archivos que, después de tantos años de investigación, no había publicado trabajo alguno. Insinuó el padre Masa que Miss Gould, “en tiempos pasados, pudiera haberse dedicado a la exportación de documentos, aunque, sobre esto, nada podía probar. Señaló también Masa que, al hacerse cargo de la dirección del archivo, se  le había  dicho  que  a  Miss Gould  no se la habría de tratar  ni mejor ni peor que a otros investigadores. Parece que el padre Masa calificó a Miss Gould de indisciplinada. No dejó de referirse a la escuela fundada por ella: reconoció que era la mejor en su clase, si bien “la buena señora no la había entregado al estado”. Recordó asimismo que la escuela de párvulos había sido apadrinada por la Junta de ampliación de estudios y que, en los años de la república, habían visitado el centro los “izquierdistas” Prieto Bances y Castillejo y que si Miss Gould no lo era también, [izquierdista], pertenecía, por lo menos, a la tercera España. Masa era de parecer que, antes de permitir a Miss Gould volver a España, convendría que explicase cual era su relación con las izquierdas, su falta de adhesión al movimiento nacional, ya que nunca había manifestado su apoyo a éste, y que manifestase cual era la finalidad de su viaje.  Las palabras de Masa sobre Miss Gould se  juzgaron en Burgos fruto de “ciertos personalismos” que, “hasta cierto punto”, las desvirtuaban. El subsecretario de Asuntos Exteriores informó a la Academia de estos extremos el tres de octubre de 1941, para que los considerase antes de elegir a Miss Gould académica correspondiente.

 

Miss Alice B. Gould fue presentada como académica correspondiente el 10 de octubre de 1941  por don Antonio Ballesteros Beretta, Don Felix de Llanos y Torriglia y Don Francisco  Javier  Sánchez  Cantón.   En sesión del  nueve de enero de 1942, fue elegida por unanimidad.

 

La Real Academia de la Historia quiso y pudo rendir entonces, en aquellos tiempos de intransigencia de la postguerra, merecidísimo homenaje a Miss Gould, eligiéndola académica. También queremos hoy rendir homenaje a la memoria de la mujer de voluntad firme, infatigable e inteligente investigadora, guiada siempre por descubrir lo difícil, sin pretensiones de notoriedad ni de reconocimiento. Rendimos también homenaje a la benefactora que, en la medida de sus fuerzas y posibilidades, fomentó la enseñanza de los niños, con su escuela, siempre con el deseo de que cundiera  el ejemplo y de que no sólo aprendieran los niños en la mejor enseñanza, sino que pudieran influir, en sus casas, en la educación de sus padres, en sus aptitudes, en sus costumbres y en su mentalidad.



[1] Ramón Carande: “Alicia Bache Gould”. Galería de raros (Madrid, 1982), pp. 173-205. Reproducido en el tomo Nueva lista de tripulantes de Colón en 1492. Madrid, 1984, pp. 19-20.

[2] Ibid.p.18