- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus
 
 
 

RELATOS CORTOS

por Arantxa Serantes

 


ANIMA MUNDI

ISBN-84-9714-106-7

"A todos los que luchan por un sueño."

 

"Busco: La morada imposible, las cartas que duermen eternamente en un buzón y la imagen que se presenta ante mí, difuminada y opaca, que cobra forma dentro de mi cabeza. Sueño con las nubes blancas que son el elixir de mi vida.

Déjame sueltas las manos y libre el corazón. Quiero que me recuerde con una boina gris, con una voz en calma y que mis ojos viajen en su busca para que se conviertan en llamas.

 

No quiero trepar en paredes húmedas como las yedras, ni remover viejos dolores. Entré en el laberinto, vagué sin rumbo por años sin término.

 

Yo fui la musa de su creación, el emblema de su pensamiento y ahora castigo la osadía de su Naturaleza. El odioso mundo, el ligero instante, irán en su busca mientras persigue soles cegadores que puedan ofrecerle el místico alimento. La dulce voz se convertirá en la fatalidad y los difusos ecos navegarán por abismos amargos.
Se ha creado un nuevo reino donde él no estará, porque reinaré con aquel que liberó de la muerte el secreto de la flor dorada, la luz de la mente en los inmortales celestes.

Verás una multitud sin rostro y mi esperanza se apagará en su reflejo. Querrá entrar en las puertas de nuestro santuario, pero los actores del olvido se alzarán con la victoria.

 

La piedra filosofal, es un juego de niños, es el regalo más precioso del mundo y vive porque es la semilla de aquellos que yacen en un eterno abrazo: Sol y luna, frente a los astros que los observan para aprender de la antigua revelación en el magnum miraculum.

 

El crepúsculo de los dioses ha terminado, los invisibles e iluminados se despiertan en el firmamento."


Así, el joven escritor, sacó del bolsillo de su bata el estuche de sus gafas, las cuales alejó de sus ojos. La sala llena de aire terrestre le asfixiaba, no podía respirar. Ella le había esperado y el sólo le había ofrecido flores del mal, como presente. Esta era su respuesta. Su dama le visitó y no le señaló como uno de sus elegidos.

¿Por qué ese mundo devoraba su ser con una extraña música?

 

Cualquier poeta, se enamoraba de su altivo gesto y ahora, soportar, la tortura de un ser creado para inspirarle un amor que él había consumido en el vacío de su propio secreto, sin piedad, condenó a la hoguera los borradores de un sueño, para situarlo en la tibieza de lo visible y lo invisible.


LA GALERÍA DE ESTATUAS

ISBN-84-9714-106-7

Salí de mi casa, con la vista apagada y mirando al horizonte, viendo cómo un sol rojizo desplegaba sus brazos que poco a poco desaparecían, con el peso de las horas.

 

Llegué a un parque solitario, donde se escondían las esquinas vagas de los sueños y las hojas eran llevadas por el viento. Mi sombra caminaba perdida y oscura.

 

En un estanque bebían las palomas. Cuando las vi, pensé en ella. Tanto como la odiaba la amaba. Aquel mismo olor a primavera hirió mi corazón, una vez...

 

Me senté en un banco y admiré las estatuas que rodeaban aquel florido espacio: vacío, melancólico, sereno.

 

Comencé a recordar. Poco a poco mi pensamiento huyó en su búsqueda. Parecía que en una de aquellas estatuas adivinaba su bello rostro, rostro que era como el fresco viento en claro cielo.

 

Cavilé nuevamente, recordando una infancia perdida, guardada celosamente en un rincón, años en busca de promesas no halladas y de deseos jamás cumplidos.

 

Cada día que pasaba me daba cuenta de que me faltaba valor para encontrarme a mí mismo, no era capaz de alimentar mi esperanza, en medio del desaliento, ni aceptar mis derrotas.

 

Mirando todo lo que me rodeaba, pensaba en los pilares que sostenían mi existencia. Parecía que todo lo que admiraba era sólo un espejismo, nada existía realmente.

 

Las agujas del reloj ralentizaban su paso. Una de mis manos rozó suavemente la ruda madera del banco, resquebrajada por el tiempo.

 

A lo lejos, se veía el viejo teatro que había hecho sentir emociones a tantas generaciones. En cierto modo, nosotros también somos actores destinados a cumplir con nuestra función. El gran teatro del mundo había abierto su telón.

 

Las tiendas se iban cerrando, los coches pasaban veloces, las farolas comenzaban a encenderse, señoras detenían su paso para charlar con conocidos vecinos. Algunos muchachos salían a pasear, con sus voces sonoras reían y se divertían.

 

Era el mundo como una inmensa tabla de ajedrez en la que tenía lugar una eterna partida entre dos mundos.

Me levanté de mi sitio, como todas las tardes, pensando que al día siguiente volvería nuevamente a aquel lugar. 

 

Entonces me di cuenta de que la rutina se introducía en nuestras vidas como un ladrón en la noche.

 

Mis pasos se prodigaban por el crujir de las piedras y arena al pisar. Los astros iluminaban la bóveda celeste. Comenzaron a tañir las campanas. El día había muerto hoy, de la memoria ella desapareció,como el sueño remoto de los hombres que fueron. 

 

Tras las ventanas,sigilosas miradas se buscan en la oscuridad. De la existencia inmensa se percibía el más negro de los abismos. Circulaban susurros de conocidos poetas, transmitidos por el aliento de la noche a la que daba mi vida entera.


LÁGRIMAS DE NINFAS

ISBN-84-9714-106-7

Cuando nos olvidamos que hay un mundo interior, dentro de nosotros mismos, nos olvidamos de los valores propios.

 

Para lograr un gesto amable por parte del otro, hay que recorrer un largo camino, porque hoy en día nadie se preocupa por conseguir con  un simple gesto, un pequeño universo. Cada día, las personas se vuelven más inaccesibles y se convierten en seres grises, sin sueños, porque creen haberlo vivido todo.

 

Hay determinados sentimientos que no se pueden traducir a palabras humanas. Muchas veces, esas palabras llegan tarde y ya no hay tiempo para volver a empezar.

 

El verdadero altar del sol, está en el corazón humano y este sólo se eleva con la palabra. Si hay que navegar contra viento, debemos coger los remos sin volver a reconquistar tierras perdidas y volviendo el rostro a un nuevo cielo.

 

En este océano de angustia, es necesario encontrar el manuscrito perdido que custodian dragones rojos que lanzan nuevos desafíos. Pero nadie oye el llanto, cuando la tierra se estremece...

 

Mientras haya unos ojos abiertos, no habrá peligro de que desaparezca el tiempo y el eterno sueño de la civilización no llegará. La inocencia, la firmeza, el reposo del alma en medio de la vida real, no son helada abstracción.

 

En la hora del crepúsculo, encontraremos un laberinto de fantasía donde la música llegará desde una sala iluminada. Esa será la verdadera fuente de dicha, porque la emoción se suscita en un canto sencillo,que sólo algunos acceden a escuchar.

Cuando leemos poesía, a veces, nos parece que es el libro nuestro propio ser, aunque haya una barrera inaccesible que la separa del alma. En ese momento, todo nos parece más grande fuera de nosotros y creemos que todas las personas son más perfectas que la nuestra, cuando lo único que hay, es un espejismo que nos hace ver que nos faltan muchas cosas y creemos que aquello no poseído, lo encontramos en el otro,sin ni tan siquiera mirar en nosotros mismos, aunque no haya mayor placer en el mundo que produzca tanta alegría como hallar un espíritu hermoso que nos abra las puertas y salga a nuestro encuentro. Eso forma parte del milagro. Extender los brazos y que esa imagen no desaparezca, es el secreto del hechizo que han practicado las ninfas de las aguas, sumergidas en lágrimas de reconocimiento que consuelan en la fatiga.


LAS FUENTES DEL PARAISO

Nunca hay que dejar de amar a la naturaleza pues 
es la única manera de apreciar verdaderamente el arte.
Van Gogh

 

En un lugar, no muy lejos de lo que nuestros ojos nos permiten ver, existe un rincón áspero e idílico, polícromo y húmedo. Es una masa de montañas y valles, muy estrechos, en el fondo de los cuales corren hacia el mar, como hilos delgados que el invierno convierte en aguas torrenciales. Esto se fusiona con los frondosos bosques, las alfombras de sus praderas y los blancos caseríos.

 

No muy lejos de allí, vivía una niña dulce y bonita. Su padre cortaba leña para calentar el tenue fuego de la chimenea, en esas noches húmedas y frías en las que la helada asediaba el lugar y cubría el paraje con su manto negro.

 

El tejado que cubría la casa era de tejas de color marrón. Parecía como si las pintara la misma tierra en la que cultivaban y plantaban flores.

 

Por la tarde, su madre hacía dulces. Ella, mientras, iba a visitar a un artesano que hacía figuras de arcilla. Él solía contarle historias y ella le escuchaba con ojos expectantes viendo como sus manos daban forma a una masa inerte. Él le regalo un pequeño búho que ella guardó con alegría.

 

Pasado un tiempo, ella se marchó a jugar con su perro, que le había acompañado durante todo el trayecto. Este comenzó a correr detrás de una mariposa blanca. Ella siguió a ambos, pero tan deprisa fueron que llegaron a un lugar muy extraño.

 

Cruzó un puente y se asomó para ver cómo un manantial de agua corría muy deprisa y fluía con claridad. Una señora al otro lado del puente iba al pozo a sacar agua.

 

El campo todavía tenía vestigios de humedad. Las gotas de agua, todavía permanecían en la hierba dando la impresión de que el lugar estaba cubierto de minúsculos diamantes, cuando la claridad los alumbraba.

 

Entre las ramas de un  manzano, había una jugosa manzana. La cogió y la fue comiendo por el camino. Aquella fruta desprendía un intenso perfume. Un hombre paseaba entre los tilos, dejando detrás de él sus pisadas. El cielo estaba abierto y lejano.

 

Se sentó encima de una gruesa piedra. Su rostro se elevó hasta un alto monte. Desde donde ella estaba se percibían unas voces lejanas que parecían cánticos.

 

El crepúsculo era una pausa en la progresión del tiempo. Mirando a su derecha  vio como dos pájaros se posaban ante una fuente y con sus picos bebían de aquella agua y retomaban el vuelo. Ella se acercó y observó su rostro. Lavó su cara, sus manos y también sus pequeños pies, cansados y débiles.

 

Una mujer anciana se acercó a la joven y le dijo en voz baja que su alma se debía parecer mucho a las nubes, que viajan en libertad empujadas por el viento. También le dijo, que los recuerdos no pueblan la soledad sino que la hacen profunda y así, desapareció.

 

La joven sin pensar cómo había llegado hasta ahí ni en la gente con la que se había encontrado, volvió a su casa, hogar humilde y rural, donde se encuentra el espíritu de la paz. Volviendo la cara al horizonte, pensó que todo rayo de sol es capaz de crear un desierto.


 

EL REINO DEL OLVIDO

ISBN-84-9714-106-7

Todavía existen ilusiones seguras en nuestra mente. Estas sólo nos alumbran cuando tomamos cierta distancia y contemplamos la realidad. Todos estamos llamados a ser y esta llamada es nuestra vocación. Cuando los actos se orientan hacia el cumplimiento de la misma, se produce un encuentro que es fuente de luz y sentido. Cuando cumplimos el deber de elegir en virtud de un ideal, comenzamos a ser libres y si llegamos a amar ese ideal, lo interiorizaremos de tal forma que se convertirá en una exigencia interior.

 

Quien sólo se preocupa de lo que pueden reportarle los seres del entorno, tiende a reducirlos a medios para sus fines, con lo cual los rebaja a condición de objetos y hace imposible la actividad creativa que se produce cuando alguien espera algo de tí y tú le haces partícipe de esa actividad creadora de encuentros, de esa apertura desinteresada.

 

La verdadera epifanía, es la huella del otro, que remueve este presente dominante y hace posible algo nuevo en otro tiempo. Es en ese momento cuando se recibe la palabra, para darla.

 

La cuestión es que toda persona que está ante nosotros, está viviendo y actuando y eso es relevante, porque se está haciendo a sí misma. Si descendemos hasta el fondo de su alma, repasaremos su personalidad vital, presente y pasada, con sus actualizaciones: amistad, amor y soledad sustentadas por la confianza, la confidencia y la confesión de su persona.

 

El problema es que ahora el ser, sufre graves enfermedades en el alma. El espacio psíquico, ese cuarto oscuro de nuestra identidad, puede desaparecer. El corazón de nuestras ideologías se quiebra en el viejo continente.

 

Si no sentimos veneración por una realidad (a pesar de que la veneración no es un sentimiento originario que el hombre porte consigo) tendremos que indagar sobre su misterio. Hoy en día ni las dignidades externas nos satisfacen. Eso es, porque no admiramos el milagro que hay en nuestro propio pecho, ni vemos la mano invisible que nos acecha: el destino.

 

El destino es por esencia trágico, es la purificación de los sentidos, que unido a la fantasía hace que esta gran urbe no se convierta en un producto monótono y unilateral. No imitemos otras miserables vidas y en el pálido reflejo de los jóvenes, que pierden por momentos sus horizontes, reconozcámonos a nosotros mismos como faltos de belleza. Hemos transgredido los límites de la dinámica interna debido a pulsiones que ahogan toda felicidad y condenan todo proyecto futuro. 

 

Este es el submundo moral, desterrado, en este reino de esclavitud y fracaso elegidos por voluntad propia.

Cualquier preferencia -para Hume- está determinada y la razón no puede influir en ella, como tampoco puede interferir la presión social. Los políticos no pueden aspirar a crear un mundo nuevo. La razón aquí, está impotente.

La costumbre guía la vida humana. Sólo hay que escoger una serie de hábitos para no molestarnos en cambiarlos durante el resto de la vida. Cambiarlos, sería pedir demasiado. Unirse en sociedad, es una virtud artificial. Los hombres sólo mitigan aquello que no pueden curar por tener medios muy pobres para satisfacer sus deseos.

El "sentido moral" es un pilar básico del carácter humano.

 

Perdidos estamos en este laberinto, los paisajes se nublan y se desconoce la noción del viaje. En nuestros ojos hay ventanas abiertas. A través de ellas podemos ver un templo de piedra, un lugar aislado en el que poder hechizarnos con los ecos de la catedral que vierte un eterno perfume de incienso, que brota para toda la humanidad, en silencio.

 

Abramos esta puerta y curemos este irremediable vacío de la ausencia. Aquí, tenemos la llave, la versión real de este mundo.

 

Como dijo Pessoa, en uno de sus versos: "El sentir y el desear no existen en esta tierra. Y no es el amor amar en el país donde yerra mi lejano divagar."


LA LUZ SOBRE LAS DUNAS

ISBN-84-9714-106-7

Existen curvas terrestres que nos protegen de lo que hay detrás de argumentos vacíos, miserias ajenas... A salvo quisiéramos estar de la esclavitud que nos convierte en utensilios, en cántaros rotos. Los culpables son aquellos que someten y dirigen con sus fuerzas.

 

Conquistar el espacio, es algo que le gustaría al hombre, pero es un lugar demasiado sagrado como para ser profanado y cercano para ser explotado.

 

Pero lo más ingenuo, es que sabemos cómo explotar ese espacio y no sabemos subordinar al tiempo. Para evitar hacerle frente lanzamos al espacio esos frustrantes proyectos que nunca fuimos capaces de llevar a cabo, refugiándonos en cosas que falsean la felicidad.

 

Es como si ofrecemos un regalo a alguien. Cuando esta persona lo recibe, no esperamos que nos devuelva otro objeto del mismo valor. Si así lo hiciera, no entendería los motivos de nuestro presente. Pues así es la creación. Las obras bendecidas que contemplamos no fueron aceptadas, sino menospreciadas y utilizadas a pesar de que eran buenas.

 

Por un momento, quisimos dar significado a las cosas, pero nos equivocamos.


Ahora somos peces en una gigantesca pecera, que seguimos una misma dirección. Algún día, la justicia de Dios, nos herirá en lo que más amamos para recordarnos lo que le debemos.

 

Cada edad, tiene su luz: líneas de sombra, rostros al alba, verde brillante...

 

Esta tierra es una gran naranja helada que gira en nuestras manos, pero que va dejando de proveernos de semillas y jugo y de ofrecernos su vivo color. Se pierde el equilibrio cromático en la materia oscura.

 

Todos los caminos son falsos senderos, porque son incomprensibles. Absortos en el espíritu de estos tiempos, no hay forma de salir.

 

Mis descubrimientos son humildes, por eso gozo pensándolos. Hacer de las palabras un objeto científico y erudito, no es lo que he aprendido. Sólo sé que después de buscar señales, estoy contigo. He regresado a tí.


 

CIGNO LUMO

ISBN: 84-9714-106-7

Hubo un tiempo en el que dioses y hombres vivían en hermandad. Los poderes de ambos eran benignos en un mítico punto norte donde el pensamiento se ofreció al corazón de un dios y la pronunciación de su mandato hizo que el todo se transformara en realidad, pero el destino convulsionó ambas realidades y el reino celeste y terrestre se dividieron y el odio fomentó el olvido de la era anterior. Sólo un hombre, encerrado en una alta y fría torre de incienso, recuerda la caída del hombre ante el poder.

 

El hombre estaba hecho de savia de los bosques escribía con su pluma- y precisamente él se condena a la muerte porque hiere a sangre y fuego a todas las partículas que componen la propia tierra que late en su corazón. La herida se hace cada vez más profunda y se clava lentamente en el mito que una vez pudo ser...y no fue, porque prefirió escuchar la voz que emanaba desde las profundidades del caos y así, este lograba el olvido de la misión que cada ser tenía encomendada. Así fue, uno a uno, convenciendo a todos fomentando el culto del aislamiento y la derrota de los pueblos, por eso la existencia la imaginamos en soledad, cuando eso es tan sólo la corteza del propio núcleo.

 

Cigno Lumo, acumulaba cosas caducas, ansiaba el exterior para precipitarse hacia el presente. La magia de lo posible lo mantenía encerrado entre miles de plumas inservibles. Él, que había sido el último rey de Mythodea, fue excluido del tiempo, tanto él como su dinastía, pero los dioses y los hombres nunca habían previsto que aquel ser pasara de la obsesión a la lucidez, a la trama deshilachada de sus anales, un universo explicado donde yacían las tumbas de piedra colonizadas por la tormenta de la locura.

 

Hipócrita, era su doble juego de palabras, el eterno olvido de su sombra, la idolatría y la esclavitud de sus pasos bajo la piedra inalterable.

 

Caer en el tiempo es caer en la historia. Desde su niñez le predijeron tiempos de gloria humana, batallas de titanes y gigantes, mundos todavía no colonizados mientras su única amenaza era poder recordar. Su historia era amoldarse a la caída, era tener principio y fin.

 

La fiebre, la exasperación...el esfuerzo por tensar su voluntad y enviar una robusta flecha hacia aquellos astros que debían parar su curso inflexible, se convertían en su infortunio.

 

Muerta toda imaginación en el ser humano, provocaría el derrumbamiento del único puente entre los dos mundos. La torre estaba entre ellos, él era el vigía de una tierra media. Sus llamadas parecían no oírse y su saber era peligroso porque era el único testigo juicioso de lo desconocido.

 

Antes de su perecimiento debía engendrar un misterio, un sentimiento, que luchara por la elevación del hombre sin que ningún otro degradante ser o efecto temporal pudiera acabar con su gloria.

 

Sus impulsos insatisfechos, su naturaleza, su virtud adquirida y su cerebro, bajo la posición de los astros, en el espejo de agua vertida por una jarra de cristal forjado por los sueños recrearon a la más hermosa y dulce niña: la melancolía; cuya furia interior nos atormentará para recordarnos lo que fuimos hasta nuestro último suspiro y aunque unos a otros nos vigilemos nunca seremos los mismos. Ese es el precio de la liberación.

 

La melancolía, joven niña, fue creciendo, de froma rápida, ausente del tiempo presente. Cada noche se miraba al espejo, queriendo alcanzar la belleza de la luna, una luna altiva, reina de la noche. Su rostro mortal se veía pálido y a su parecer, exento de belleza...este pensamiento acababa con su fortaleza. Débil, se postraba en el lecho, abatida por su deseo de ser amada algún día. Alrededor, templos  que recordaban a la antigua Grecia, ocupaban la totalidad de las colinas. Las fuentes  se colmaban con el cantar de los pájaros. 

 

Cigno Lumo, en su torre había engendrado a un ser mortal y divino, pero sin querer, no pudo evitar sentir amor por su obra, una obra que por primera vez podía acariciar con sus dedos sin que se agotara como la tinta o se arrugara como el papel de sus escritos.

 

Aquel sentimiento, después de sus innumerables fracasos vitales, recompensaba el abandono al que fue sometido. 

 

La melancolía se apoderó tanto de su alma que su ser se reveló y deseo atraparla. Ella todavía desconocía a su creador, pero cuando se presentó ante ella, esta se convirtió en aire cálido que rozó sus mejillas.

 

Los dioses sintieron compasión y convirtieron a ambos en mortales. El castigo de Cigno Lumo había cesado. Sus anales fueron guardados en el libro de los días y su pasado fue ocultado en el libro de las sombras y echado al río Lethes.

 

Ambos vivirían en la tierra  sólos hasta que la moira los volviera a reunir y tras la muerte volvieran al paraíso perdido que dejaron atrás.

 

Así los dioses promentieron volver a la tierra que una vez los olvidó y destinó para ello a unos jóvenes discípulos, que se encargarían de velar por su recuerdo. La torre de incienso fue abandonada y su perfume se extendió por el espacio en forma de auroras boreales.