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La otra carta al humanismo 
por Arantxa Serantes
araold@yahoo.es
 

La palabra dignidad, significa decoro, cualidad superior, nobleza, excelencia. En su forma concreta o "dignus" implica el atributo de una cualidad sobresaliente y el ajustamiento de una acción.

Por otra parte, el término de persona, refiriéndose como tal a todo hombre, lleva implícito dentro de su significado, el vocablo que apuntábamos con anterioridad. Hoy la excelencia del ser es una falsificación. El hombre era responsable, porque libre, libre porque racional, racional y libre porque espiritual. La persona se revela en eso.

Es bien sabido que en la época contemporánea las relaciones persona-sociedad se han problematizado a todos los niveles: ideológico, sociológico, político y especialmente en el seno educativo, donde no hay un un consenso y donde el lenguaje como concepto no responde a la realidad.

La predisposición a cualquier estado, profesión o carrera debe realizarse de un modo responsable por humanización en sentido estricto o por medio de un gesto responsable: hominización; en consonancia con el acto de ser humano.

Una de las más vistosas debilidades de la civilización actual es una inadecuada visión del hombre. Esta es la época en que más se ha escrito y hablado sobre el hombre, la época de los humanismos y del antropocentrismo en estado puro. Sin embargo, paradójicamente, es también, la época de las más hondas angustias del hombre respecto de su identidad y destino, del rebajamiento a niveles antes insospechados, época de valores humanos conculcados como jamás lo fueron antes.

Este es el drama que radica en la dimensión del absoluto puesto así, frente a la peor reducción del mismo ser.

No es necesario existir y ser para tener poder sino tener el suficiente poder para ser. Eso es lo difícil, dado el abandono a la desesperación total como un acto de soberbia no más libre que el acto de esperanza, la reliquia de una vocación en plenitud.

Veo necesaria una reflexión de este tipo porque hablo desde la concepción de lo que yo considero Humanidades.

El humanismo es la esencia del hombre en cuanto palabra. Aquello que es digno de ser cuestionado-decía Heidegger-no es un absoluto arrojado a un escepticismo vacío, sino que es confiado al pensar como eso que es propiamente suyo y tiene que pensar.

La deformación mental de las cosas se tiene que imputar a la modernidad. Esta crisis se reduce a un abuso de la interpretación y a la incapacidad de la innovación, un error que en vez de enmendarse prosigue su curso, ante la incesante búsqueda de la racionalidad perdida destruyendo su valor simbólico, porque no se valora la gozosa visión del apasionado brillo de lo sencillo.