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Ferrol, 1982. Estudiante de
Humanidades en la Universidad de A Coruña.
Comenzó a escribir esporádicamente
en periódicos como La Voz de Galicia y El Semanal a temprana edad.
Su primera publicación de
relevancia fue en El Ideal Gallego con un cuento que llevaba por título
“El navegante de sueños”. Continuó escribiendo en la prensa en
diarios como El Diario de Ferrol y A Nosa Terra. Posteriormente recibió
en su colegio tres premios literarios. Es coautora de un libro: “Deixade
que voe o Paporroibo que nos conte contos” publicado por una editorial
ortegana, colaborando con un relato llamado “Plenilunio”. También
ganó el primer certamen de narraciones juveniles Reconquista, en Vigo
(quedando como ganadora) y siendo convocado por el Seminario de Estudios
Vigueses. Posteriormente, dicha obra saldría a la luz en revistas y anuarios
con el nombre “No mar de Vigo”.
Desde su juventud ha estado
siempre en contacto con escritores consagrados que le ofrecieron su apoyo y su
amistad.
Colaboró en “Polpa”,
una publicación poética donde la palabra femenina es la que cuenta,
realizada por el colectivo Humilladoiro (A Coruña). También La Voz de
Ortigueira le publicó una poesía que llevaba por título “A Rosa
dos Ventos” dedicada a un amigo muy querido por la autora.
Participó en el proyecto “Relatos
de Verán” en la Voz de Galicia donde se publicó un relato titulado “Desde
mi rincón” que forma parte de un volumen por fascículos coleccionables.
En la actualidad escribe para El Diario de Ferrol, colaborando periódicamente.
A los 19 años pronunció su
primera conferencia en el Centro Cultural Carballo Calero que llevaba por título:
“Estudio crítico de la Carta sobre el Humanismo de Heidegger”,
donde pretendía aclarar y difundir la tesis de este filósofo considerado uno
de los más eminentes del S.XX.
Colaboró en la sección El
Rincón del Poeta en el portal de Humanidades: www.liceus.com
con una poesía que lleva por título “Así habla la leyenda” y con
un relato en la sección de El Cuentacuentos que lleva por título “Ánima
mundi”
Verdad Revelada en
la noche de los tiempos
por Arantxa Serantes
Cualquier actividad
de creación presenta dificultades en su realización. Implica llevar consigo
un arte consistente y con sentido. Ante las puertas de los antiguos santuarios
hay una voz mendiga, que clama por continuar existiendo. La música
omnipresente e inevitable yace en el oscuro mundo de los objetos, convertida
en una sirviente cómica, consagrada al olvido, desorientada de la antigua
tradición, mira con ojos vacíos a quien la escucha y los que se sumergen en
ella y la contemplan no comprenden que su verdadero significado se encuentra
en su interpretación.
Su lenguaje está compuesto por
signos y gestos, que se combinan alternativamente para eternizarse en su
notación musical. Todos la nombramos, pero ella no domina sobre su nombre,
sino que depende de él para su clasificación como objeto artístico y con
ello se apunta a su propio hundimiento.
Sólo una filosofía que pudiera
asegurar la conservación de su figura, obtendría la pureza de su carácter
enigmático.
Hegel, en su “Fenomenología
del Espíritu” relaciona la música con la filosofía intentando fundamentar
una ontología musical.
Shumann afirmó que: “la estética
de un arte es también la de los otros”. Por tanto, es la conciencia del
tiempo la que reproduce su contenido.
Hegel y Beethoven, Shopenhauer y
Wagner...son juegos estabilizadores que responden a la pregunta dirigida al
agente.
Si como analizó Max Weber, la
sociedad ha incrementado su carácter lingüístico, podremos calificar a la música
como un “idioma” con manifestaciones gestuales-miméticas. La música
contemporánea es una aporía y no es capaz de una expresión como tal.
Ella, hace historia por sí
misma, porque es capaz de resucitarla en su verdad, desplegándose en el
tiempo.
En su diario, encontramos
momentos que yo calificaría como críticos. En el caso de la música barroca,
por ejemplo, la inspiración no guiaba al compositor sino el interés por
satisfacer las exigencias musicales de determinado noble o corte, amoldando su
trabajo al tipo de música que su servicio requería. También, se veían
limitados por cantantes, instrumentistas y otros que compartían su dedicación
al protector del que dependían.
Aunque la música de este período
tuviera mayor viveza que la actual y salvando las distancias (pues estamos
comparando los criterios del Antiguo Régimen con la música contemporánea),
creo que estas líneas se reviven en la actualidad, pero con una escenificación
y papeles más precisos, con fines más mercantilistas, pensados para una
multitud sin nombre.
Pero, tomando una perspectiva
optimista y recordando a Rilke en sus “Sonetos a Orfeo”:
“La palabras todavía
fluyen suavemente hacia lo innombrable, y la música, siempre nueva, de rocas
palpitantes, construye en un espacio inútil su piadosa morada.”
Esa
morada, es su dignidad, su transcendencia. No se puede desbloquear este diálogo
hermenéutico con el propio objeto amado. El espacio abierto donde se exigía
su sombra ha sido herido por el tiempo.
Su aparición en la morada del
Ser, coloca el Rito a la imaginación que traspasa la mundana superficialidad
y libera las más hermosas palabras de los mitos: Orfeo, Eurídice, Tristán,
Isolda... Las ruinas de la modernidad los desdibujan. Las obras no son
universos cerrados, como se imaginaba en el S.XIX, son ilusiones que implican
a la imaginación.
Nunca llegaré a conocer a la
razón humana, ni sus opacos poderes. Sólo sé que a través de la iluminación
del alma se visualiza la verdad. La música es la guía celestial que ayuda a
encontrarla. El secreto oculto de su Naturaleza perfecta es revelado a los
sabios y a los órdenes del Ser: colores, formas, sonidos...en concordancia
con el movimiento de los planetas y los dos niveles de existencia.
Los intervalos miden las
distancias, las notas recorren el peso de los cuerpos y nos movemos en un
eterno vals de las olas, luchando contra campos de fuerza desconocidos. El
sonido es la muestra de nuestra vida, creando en el interior: los latidos del
corazón o la respiración forman parte de ellos. El orden de unos sonidos con
objeto intencional trasladados a su propio código, conforma la música.
En
esta «Verk lärten Natch» o noche transfigurada, la forma es sólo una forma
de lo formado, una necesidad de expresión.
Para la Diótima de Platón (El
Banquete) la dialéctica es : “Lo que está en marcha y está ya envejecido
deja en su lugar otra cosa nueva semejante a lo que era”. Así es el
lenguaje por la música y viceversa.
La emoción que suscita el paso
del lenguaje a la música local nos eleva para asistir al nacimiento de la
tragedia, a la experiencia de verdad que nace en la adaptación de ese texto.
Es aquí cuando, siguiendo las premisas de Benjamín Adorno, vemos al artista
como un traductor que combina el lenguaje humano con el de la naturaleza para
que converjan en un mismo punto.
Pero ¿Dónde está la
experiencia de verdad que rige la obra de arte?. En el valor y en el
Reconocimiento que demos a la misma. La creación de un “mundo verdadero”
que yo considero como “mi verdad”, es una estructura afamada en la
existencia, una existencia abierta a múltiples interpretaciones.
Lo que nosotros somos, lo
rescatamos de la transcendencia, de los designios del Hado (destino).
Habremos de excavar, para
reconocer la presencia de nuestras raíces más profundas, de los minúsculos
granos de tierra que repueblan este vergel, que debe prestar oídos a los
lamentos de los héroes estremecidos por notas sujetas a un pentagrama que
cobra forma humana y dejan de ser los trazos que fueron. Estas son las aromáticas
hierbas divinas que nos liberan de los sueños más oscuros.
Las intuiciones de estos genios,
son los grandes logros que dignifican nuestra gloria. Su desparramiento y en
algunos casos, su sufrimiento, para ofrecernos parte de su pensamiento, es el
precio que han pagado por su autenticidad, que ahora puede ser nuestra. Se han
desvestido de sus ropajes: la pasión, la verdad y la totalidad. Tres
espirales de fuego que zozobran al otro lado del horizonte.
Para Alessandro Baricco: “Vivir
la modernidad es resistirla. Construirla y no simplemente consumirla”.
¿Cómo
regresar al verdadero corazón humano?. Si la arquitectura de la actividad
creativa comienza a tambalearse y este es el siglo de los retrocesos, en el
que se pretende hacernos creer que ya se han subido todos los peldaños para
alcanzar los objetivos y que todo ha sido ya creado con anterioridad, es difícil
avanzar, si todo se ha convertido en un factor mediático y no en un fin en sí
mismo, cualquier alma, con un mínimo de belleza, dudaría de los efectos.
El motor de la vida, tiene
sentimientos y manifestaciones intelectivas, volver a él, es una tarea
unipersonal, individual y electiva.
Somos una realidad única e
irrepetible.
Desde el pequeño “algo” que
somos en la creación, debemos definir al ser pensante.
El vagar y el errar es algo
característico en nosotros. La música como manifestación del arte forma
parte de la Unidad que heredamos de la antigüedad.
El alma viajará a través de
las siete casas que encierra la materia oscura y el sistema solar, a la
velocidad de una luz revelada en nuestra patria sonora.
BIBLIOGRAFÍA
Rodríguez
Rial, Nel; Curso de Estética fenomenologica. Ed. Universidad de
Santiago
Baricco,
Alessandro; El alma de Hegel y
las vacas de Wisconsin. Ed. Siruela (1999)
Adorno,
Theodor W.; Sobre la música.
Ed. Paidós (2000)
Gadamer,
H.G.; La actualidad de lo
bello. Ed. Paidós
Sartre
J.P.; Verdad y existencia.
Ed. Paidós
Medina
Cepero; El amor eterno. Ed.
Scire (2001)
Salazar,
Adolfo; La música en la
sociedad eropea. Ed. Alianza
Posseur,
Henri; Música, semántica,
sociedad. Ed. Alianza

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