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ISBN- 84-9714-113-x
 

1. LA IRRUPCIÓN DEL MODELO HIPERMEDIA EN LA LITERATURA: ANÁLISIS EVOLUTIVO Y CONSECUENCIAS.


“Existe una familia de relaciones que une el pensamiento, la escritura y los ordenadores” (Barrett, 1988: 17, en Vouillamoz, N., 2000: 50). Esta afirmación se basa en la analogía descubierta entre los modos de organización y trabajo de la mente humana con los modos de almacenamiento y procesamiento de datos de los ordenadores.

 Así, y como señalábamos antes, vamos a ver cómo la aplicación de las nuevas tecnologías a la literatura no constituye sino la optimización de lo que ya postulaban los postestructuralistas: la “muerte” tanto de la linealidad del texto como del autor en su sentido tradicional.
 Pero empecemos por el principio: lo primero que uno se puede preguntar es, ¿existe alguna manera de enlazar el estadio actual de la literatura con los anteriores, o, por el contrario, asistimos a una revolución sin precedentes que imposibilita su contextualización?

En respuesta a esta cuestión, señalaremos la “teoría de los tres estadios”(Abril, 1998: 67) de la que se hace eco Vouillamoz (2000: 22), cuyo estudio sobre literatura e hipermedia hemos tomado como manual. La citada teoría postula una lógica de etapas que se superponen o acumulan frente a una lógica evolucionista del desarrollo evolutivo de la literatura. Así, Vouillamoz menciona las secuencias propuestas por diversos autores: la sucesión “oralidad-escritura-informática” (Lévy), la secuencia “escritura (logosfera)-imprenta (grafosfera)-audiovisual (videosfera)” (Debray), o los tres modos de información identificados por Poster “comunicación cara a cara-intercambios escritos-intercambios mediados electrónicamente”.

 Esta teoría se complementa con la observación de que no hay, en esencia, ninguna novedad en el hecho de que se apliquen o acompañen al texto escrito otros modos de expresión, como la imagen (cuentos y obras acompañadas de ilustraciones) o el sonido (audiolibros). La aparición de éstos no provocó, sin embargo, la reacción de desconfianza que parece suscitar la digitalización de la literatura, cuyo fin último es, a fin de cuentas, conseguir la armonización de diferentes modos de expresión, constituyéndose la obra en algo más complejo, interactivo, de carácter híbrido.

 La mencionada hibridez nos ayuda a enlazar con el anteriormente mencionado precursor teórico del fenómeno literario actual: el postmodernismo (solapado con el postestructuralismo). La aparición de la literatura en soporte electrónico supone el llevar a la práctica conceptos tales como el de la polifonía de Bakhtin –imagínese el grado de pluralización que alcanza el discurso en estas nuevas modalidades, por no mencionar el paralelismo del concepto de polifonía con la interconexión de nodos que se da en el soporte informático-, o, de manera más notable quizá, el de la modificación de la noción de autor que anunciaba Foucault. La literatura electrónica, como la corriente postestructuralista, deconstruye la noción del texto lineal y con una significación única: la posibilidad de interacción y la interconexión de nodos tienen como consecuencia lógica la ruptura de jerarquías establecidas; por otra parte, la plurisignificación del texto se magnifica con la aplicación de tecnología hipermedia, ya que a cada acto de lectura corresponderá una distinta toma de decisiones en cuanto a qué nexos elige el lector de entre las diferentes posibilidades, generando así cada lectura diferentes discursos.

 Así, y siguiendo con la teoría de los tres estadios que hemos adoptado, debe notarse que “la incorporación de la hipermedia a la literatura debe ser pues entendida como la evolución necesaria de la posmodernidad literaria” (Vouillamoz, 2000: 32). Esta misma autora resume de la siguiente manera los efectos de esta aplicación (p. 32):
È “El texto pasa a concebirse como entidad abierta, polisemántica e intertextual, capaz de generar múltiples significados en cada acto de lectura.
È Se recupera la figura del receptor como agente activo en la comunicación literaria, porque es él quien hace explícita la plurisignificación del texto.
È La autoridad del escritor se desdibuja como única voz generadora de significados.”

Hagamos entonces un pequeño inciso en las consecuencias, las transformaciones fruto de la aplicación de las nuevas tecnologías en el proceso de lectura, la relación texto-lector, el papel del receptor, el del autor y los procedimientos de análisis.

En cuanto al efecto que ejerce la digitalización de la literatura sobre el proceso de lectura, el cambio más significativo que éste sufre es el de pasar a considerarse un proceso creativo; ésta es una de las consecuencias del cambio del papel del lector/receptor que veremos más abajo. 

En las relaciones texto-lector, tanto el efecto del texto como la recepción del mismo por parte del lector se verán modificadas por la modalidad y uso de la hipermedia: el nivel de interacción que se consigue en la literatura electrónica produce y determina el grado de cambio de estas relaciones, que en definitiva repercuten en el carácter plurisignificador del hipertexto.
Las transformaciones más importantes o significativas se observan en los papeles del lector y el autor. En cuanto al primero, será objeto de nuevos códigos de recepción que le llevarán a adoptar un papel de carácter muy activo. Nos hallamos ante lo que Bou (1997: 167, en Vouillamoz, p. 173) denomina una nueva categoría, la del “escrilector, en la que emisor y receptor se confunden”. ¿Es esto entonces augurio de la proclamada “muerte del autor”?  
Nosotros consideramos que no. De acuerdo con Vouillamoz (p. 130), consideramos que más bien se asiste a un cambio de funciones del autor, que ha de reciclarse y renovarse. En primer lugar, ha de ampliar su conocimiento informático, combinando su labor de autor con la de técnico. En segundo lugar, ha de concienciarse de que las nociones de cooperación y colaboración son imprescindibles en este nuevo ámbito, con profesionales de otras disciplinas así como con otros autores. En tercer lugar, ha de afrontar la pérdida de autoridad tradicionalmente asociada al autor al ofrecer un producto eminentemente interactivo, y en un ámbito que favorece que se vea sujeto a cambio, relecturas e incluso reescrituras por parte del receptor.

Por último, hay que señalar que “la divulgación electrónica de un texto se abre a múltiples lecturas con relación a su divulgación impresa, por lo cual lleva implícito un proceso de recanonización literaria que puede venir a cuestionar ciertos presupuestos fijados por una tradición cultural.” (Vouillamoz, p. 167) He aquí, creemos, el motivo del rechazo de la aplicación de nuevas tecnologías a la literatura. Sin embargo, esperamos que con la exposición anterior se haya podido observar que esta revisión de la tradición y los cánones literarios no tiene por qué actuar en su detrimento, ni significa su fin. Al contrario, ofrece la posibilidad de abrir nuevos horizontes de creación literaria, así como de reinterpretación de obras ya escritas que no vienen a profanar la idea de literatura “canónica”, sea cual sea, sino a establecer caminos paralelos que se prestan al análisis y favorecen la comparación, dos conceptos íntimamente ligados a toda evolución ideológica y cultural.

La inclusión de la literatura en el ámbito de Internet multiplica las posibilidades de recepción de una obra y produce un cambio de hábitos en el mercado, creando sociedades con formas culturales nuevas, informatizadas, globalizadas. Es aquí donde se debe incluir una nota de precaución: se advierte del nuevo “colonialismo informático” que se podría dar en la realización de la conocida como aldea global.  

Sin embargo, y siguiendo la tónica positivista que queremos ofrecer en este trabajo, creemos que la informatización, acompañada como va de un acceso prácticamente ilimitado a diferentes informaciones, ofrece la posibilidad de reforzar el carácter crítico en los consumidores, lo que ayudaría a combatir el mencionado nuevo imperialismo.

Antes de finalizar esta sección, hablaremos de los dos tipos de literatura electrónica que se consideran y lo que suponen dentro del marco literario y cultural.

Por una parte están los casos más “llamativos” de literatura electrónica, los de las obras creadas para el marco digital, que desarrollan lo que se ha denominado “Ficción Interactiva”, que “posibilita un producto abierto y multidireccional, [existen] diferentes creaciones que se irán desarrollando a medida que el lector elija uno de los posibles caminos entre los que le ofrece la ficción literaria”(Vouillamoz: 119). Dentro de esta ficción literaria, el lector podrá interactuar bien como personaje, o bien eligiendo los caminos a seguir en la narración.

Por otra parte, hemos de hablar de las obras que se trasladan o adaptan de la forma impresa a los nuevos canales de divulgación. Se considera que esta adaptación puede ayudar a revelar aspectos que en la edición impresa quedan en un segundo plano, de manera que se abren nuevas perspectivas a su significación, y, por tanto, a los estudios literarios en general. Así, Bolter (1991: 132, en Vouillamoz, pp. 80-81) sugiere que “ la historia de la propia novela tendrá que ser reescrita, para que podamos entender las obras de autores desde Laurence Sterne hasta Jorge Luis Borges no sólo como exploraciones de los límites de la página impresa sino también como modelos de escritura electrónica”.

Así, como venimos señalando a lo largo de toda esta sección, no se sustituye un modelo de creación, difusión y recepción por otro, sino que se amplía el espectro, se da mayor libertad de elección al usuario, lo que, como bien sabemos, exige de éste una mayor responsabilidad y conocimiento para conciliar las diversas tendencias; ya no se concibe al usuario/receptor/lector como un objeto pasivo, sino como sujeto activo.