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| Platón
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En la iniciación del Libro VI se hace referencia
a la diferencia que existe entre filósofos y no filósofos:
Puesto que son filósofos los hombres capaces de
percibir lo que siempre mantiene su identidad consigo mismo,
y no lo son los que se detienen en multitud de cosas diferentes.
Puesto que el filósofo es conocedor de las Ideas (lo
que no cambia, lo permanente, y lo inmutable), posee la virtud
de la sabiduría. Es conocedor, por tanto, de la Belleza
en sí, la Justicia en sí, el Bien en sí
y actuará bien, será virtuoso y será
también el más capacitado de preservar las leyes
y costumbres: el guardián perfecto del Estado.
Sin embargo, el hombre normal no tiene conocimiento, sólo
posee lo que los sentidos le presentan del mundo, y esto es
opinión. Y Platón los compara con los
ciegos:
¿Crees tú que se diferencian en algo de
los ciegos los hombres privados del conocimiento del ser
en sí y que no llevan en su alma ningún modelo
claro?. No, la diferencia no es grande.
Para responder a la cuestión sobre el modo en el que
el filósofo alcanza el conocimiento Platón plantea
la necesidad de analizar la Naturaleza del filósofo.
La naturaleza del filósofo versa sobre estas sentencias:
es amante de la realidad entera, del estudio de lo eterno;
quiere la verdad y siente placer en su búsqueda, siendo
el amante de la verdad más feliz que el ambicioso y
rico; se siente muy atado a la vida y no le preocupa la muerte;
buena memoria y facultad para el estudio que posea una disposición
natural para aprender la esencia de cada ser.
Si un alma posee todas estas aptitudes debe ser sometida
a una buena educación, para el perfeccionamiento de
las mismas y para que consiga alcanzar la Idea de Bien. Platón
asegura que la educación de los filósofos es
esencial porque de ella depende el futuro del Estado que él
gobierne.
Adimanto reprocha a Sócrates, en la siguiente parte
del texto, la confusión a que somete a los que le escuchan,
y que se encuentran al final de una discusión, contradiciendo
lo que afirmaban al principio. De hecho, en el Menón,
Sócrates es comparado con un pez torpedo: este pez
a quienquiera que se le acerca y le toca lo hace entorpecerse.
Sócrates responde: "No es que, no teniendo yo
problemas, problematice a los demás, sino que estando
yo totalmente problematizado, también hago que lo estén
los demás".
La habilidad retórica de Sócrates, en su descripción
del filósofo, parece ser rebatida por los hechos, y
los hechos, no obstante, muestran a los filósofos como
perversos, unos, y como inútiles
para el Estado, otros. Sócrates intenta explicar a
Adimanto que los filósofos son tratados o considerados
bajo dichos sinónimos por el pueblo mediante la parábola
del barco. La figura del patrón del barco la equipara
al filósofo y los marineros con la muchedumbre, y entonces
Platón dice:
No consideran como propio del buen piloto el que tenga
que preocuparse del tiempo, de las estaciones, del cielo,
de los astros y de todas las cosas que tengan que ver con
la navegación, bien que realmente le corresponda
el mando de la nave.
Reprochan al patrón ser un inútil porque conoce
esa sapiencia y no se limita simplemente a llevar el timón.
Los filósofos son considerados por el pueblo como "charlantes
de las cosas que están en lo alto", como inútiles.
Ésta impopularidad que poseen los filósofos
les viene atribuida por los políticos actuales.
No te equivocarás si comparas a los políticos
que ahora disfrutan del poder con los marineros de que hablábamos
hace un momento, y a los llamados por estos inútiles
y charlantes con los verdaderos pilotos.
Pasa, ahora, Sócrates a explicar a Adimanto que la
perversión que también se achaca a los filósofos
tampoco se debe a la filosofía.
Existen varias razones que corrompen la naturaleza de un
alma noble y la hacen alejarse de la filosofía. La
más notable es una mala educación.
Una educación adecuada es el mejor instrumento para
la realización de la Justicia, tanto individual como
social. Y una mala educación es una de las causas de
la perversión de los filósofos porque todas
las buenas cualidades de la naturaleza humana así como
los bienes se corrompen y transforman en males. Y cuanto mejor
es la naturaleza corrompida peor es la corrupción y
todas sus cualidades las pone al servicio de la injusticia.
Con esto Platón apostilla que no era partidario del
modelo ateniense de educación, la cual recaía
sobre la familia y particulares y estaba más de acuerdo
con el modelo espartano donde la educación relegaba
en el Estado.
Platón, en boca de Sócrates, critica el hecho
de que la educación esté en manos, no ya de
sofistas, sino de la multitud. Los sofistas según expresa
Platón son cómplices del pueblo en la deformación
de las almas selectas. Tanta es la fuerza y la presión
que tiene el pueblo y los sofistas que, todo aquel que disiente,
termina represaliado.
Sócrates cree que los sofistas son los grandes difusores
y defensores de las opiniones de la multitud y que el pueblo
se equivoca al estimarlos como enemigos. Los sofistas conciben
la sabiduría como el estudio de las pasiones y de los
gustos del pueblo.
Puesto que el pueblo desconoce lo que es la verdadera sabiduría,
es lógico que critique y tache de perversos a los que
sí la conocen, es decir, a los filósofos.
Aparte de la mala educación existen otras razones:
deseo de poder, presión de los amigos y parientes y
que colaboran igualmente a ese alejamiento.
Una vez llegue a la edad madura, espero que sus parientes
y conciudadanos querrán servirse de él en
su propio interés. Por tanto, se postraran ante él
para abrumarle con súplicas y con honores y le prodigaran
de antemano su adulación con vistas a su poder futuro.
Esto irá afianzando la creencia en sí mismo
de que será capaz de desarrollar bien su papel político
y desoirá a aquel que le diga que para ser buen gobernante
es necesario aprender. Pero si este decidiera prepararse para
ser un buen gobernante se vería ciertamente presionado
por esos amigos que intentarían persuadirle de tal
decisión. Platón prosigue diciendo:
Y estos mismos hombres, apartados así de la filosofía,
a pesar de ser los más aptos para ella, dejan a aquélla
en la más completa soledad y abandono y se entregan
a una vida que ni les conviene ni es verdadera. Entre tanto
otros hombres indignos aprovechan la orfandad de la filosofía
para lanzarse sobre ella, deshonrarla y cubrirla de improperios
[...].
Si a la filosofía, por tanto, llegan hombres que vienen
de otros oficios y otros que carecen de educación es
normal que haya quedado reducida a sofisma [1].
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| Sócrates
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Sócrates se lamenta que haya tan pocos hombres dignos
de llamarse filósofos y que puedan dedicarse a la política.
Pero aquellos que se acercaron a la política quedaron
tan defraudados al comprobar que su actividad no contribuía
al bien social que prefirieron dedicarse a sus asuntos privados
y vivir con la tranquilidad que les proporcionaba saber que
no habían cometido injusticias. Por otro lado, ningún
gobierno ha tratado a la filosofía del modo correcto
y es la causa del deterioro que sufre, y sólo podrá
levantar cabeza de nuevo en el Estado ideal.
Sócrates, entonces propone un cambio radical en la
práctica de la filosofía. La dedicación
a la filosofía por parte de los jóvenes dura
menos que el "sol de Heráclito" [2],
además se les enseña la parte más difícil,
la dialéctica. Como solución a este problema
Platón propone que los niños y los adolescentes
se dediquen al cultivo del cuerpo (gimnasia) y a
recibir una educación acorde a su edad; ya en la madurez
se ocupen de los asuntos militares y políticos; y cuando
sean mayores cultivarán la filosofía, tras dejar
atrás todo tipo de actividad mundana y gozarán
por ello de la contemplación de las ideas.
Sólo el hombre que conoce la verdad y actúa
virtuosamente debe ser el guardián del Estado, porque
sólo él conseguirá hacer al hombre y
al estado perfectos, es decir, justos.
Es difícil persuadir al pueblo de la necesidad de
un gobernante así porque nunca ha existido. "Sin
embargo, no me parece extraño que la mayoría
no de crédito a lo que afirmo. Al fin y al cabo nunca
han visto realizado lo que ahora hemos dicho."
Sócrates propone dos posibilidades para elegir a ese
filósofo gobernante que inaugure ese Estado perfecto.
Estas dos posibilidades son las siguientes:
Esta minoría de filósofos, ahora considerados
no como malos, sino como inútiles, a que se ocupen,
quieran o no, de los asunto de la ciudad, y a que esta se
muestre sumisa a ellos; o al menos, hasta que por alguna
inspiración divina se apodere de los hijos de los
que ahora gobiernan o de los mismos monarcas un verdadero
amor hacia la verdadera filosofía
Es decir, que los filósofos razonables y discretos
denominados por el pueblo inútiles sean obligados a
hacerse cargo del Estado y que los gobernantes actuales o
sus hijos se conviertan en filósofos.
Sócrates en el siguiente texto intenta hacer ver que
es posible que el pueblo cambie de opinión si se le
expone claramente las cualidades de los filósofos y
sus funciones. El filósofo diseñará el
Estado empezando desde cero, diseñará un nuevo
gobierno que sea lo más parecido posible a aquellas
realidades éticas cuyo conocimiento solo él
tiene. Y a los hombres de acuerdo a las ideas de Belleza,
Justicia y Templanza posibles.
Los filósofos, futuros gobernantes deben superar una
especie de pruebas, esto es, serán sometidos a grandes
trabajos y sufrimientos; a placeres y dolores y siempre deberán
hacer lo que más convenga al Estado; tendrán
que ser personas muy completas. Pocos serán los gobernantes
porque las cualidades que deben poseer raramente se dan juntas
en una sola persona. Solo aquel pequeño grupo de personas
en las que predomine su alma racional, será llamado
a la sabiduría y será gobernante.
Al que saliera de ellas puro como el oro pasado por el
fuego, a ese habría que imponerle como gobernante
y concederle honores y distinciones de por vida y después
de su muerte.
El gobernante será aquel que tenga la capacidad para
acercarse al estudio supremo. Y este no es otro que el Conocimiento
del Bien:
Muchas veces habré repetido que la idea de Bien
es el conocimiento más importante, pues es esa idea
la que proporciona utilidad y positiva ventaja tanto a la
justicia como a las demás virtudes.
El texto nos encierra ahora en la discusión acerca
del Bien. Hay distintas concepciones acerca del Bien. Para
uno, el Bien es el placer; para otros el Bien es el conocimiento.
Platón lo intentará definir mediante el famoso
paralelismo entre el Sol y la idea de Bien. El sentido de
la vista que es el más perfecto porque así fue
dotado por el artesano (Demiurgo [3])
necesita tres cosas para poder ver: la vista en los ojos,
los colores en los objetos y la luz. Pues bien, la luz se
debe al Sol, el Sol es la causa de la luz en el mundo físico:
"A mi entender, es de todos los órganos de nuestros
sentidos el que más se parece al Sol".
"El bien y el sol son dos reyes, señor del mundo
inteligible y el otro del mundo visible." El Sol es en
el mundo visible respecto a la vista, lo que el Bien es en
el mundo inteligible respecto a la inteligencia. El Sol no
es sólo la causa de la visión, sino que, además,
su luz hace posible la existencia (génesis, crecimiento,
alimentación) en el mundo físico. El Bien es
la causa de la verdad, del conocimiento y de la existencia
real de lo inteligible, por tanto, también es la causa
de la existencia del mundo físico, puesto que este
deriva de aquel.
Platón pasa a explicar entonces su Teoría
de las Ideas por medio de la metáfora de la línea:
Toma ahora una línea cortada en dos partes desiguales
y vuelve a cortar cada una de éstas en otras dos
partes, también desiguales, que representen la especie
visible y la inteligible.
El Mundo sensible le corresponde un conocimiento de lo que
se genera y se corrompe, es propio de los hombres que carecen
de educación, de instrucción; proporciona opinión,
doxa, y posee dos niveles:
- La imaginación, eikasía, es el
conocimiento que el hombre obtiene mediante conjeturas.
A este mundo corresponden las imágenes y las sombras
que proyectan los objetos físicos en el agua, en
los espejos. En este tipo de conocimiento reina la imprecisión,
confusión; dentro de la "alegoría de
la caverna" corresponde al conocimiento que los prisioneros
encadenados tienen de las sombras que el fuego y los objetos
que pasan por la entrada, proyectan sobre el fondo de la
cueva.
- La creencia, pistis, es el conocimiento del mundo
sensible propiamente dicho, y es un conocimiento de realidades
que están en continuo cambio, da origen a enunciados
que carecen de estabilidad y, por lo mismo, de verdad. Este
mundo está constituido por todos aquellos fenómenos
del mundo físico que captamos por medio de los sentidos:
animales, plantas y objetos artificiales creados por el
hombre. Este tipo de conocimiento corresponde al de los
prisioneros liberados de las cadenas que al salir de la
cueva, como les hace daño la luz, tiene que conocer
los objetos a través de sus sombras y de sus reflejos
en las aguas.
El Mundo inteligible representa el conocimiento intelectual,
o conocimiento del mundo de las Ideas, esto es, la Belleza
en sí, la Justicia en sí, etc., y en la cima
de todas las Ideas, está el Bien en sí. Es propio
de las personas instruidas, de los filósofos, proporciona
ciencia, episteme, y tiene también dos niveles:
- El pensamiento, diánoia, o conocimiento
que se obtiene cuando se razona y se va de las hipótesis
a las conclusiones que de ellas se deducen. En este mundo
se encuentran las formas de los números y las formas
geométricas. Corresponde, en la "alegoría
de la caverna", al conocimiento que los liberados de
la cueva tienen de los objetos mismos, y, por la noche,
de la luz de los astros y de la luna.
Sin embargo, la Matemática no es la ciencia más
perfecta, por dos razones:
- En primer lugar, porque necesita utilizar ejemplos
o imágenes sensibles para sus demostraciones.
Cuando el geómetra hace sus demostraciones, se
tiene que conformar con una representación material
y, por tanto, inexacta de las distintas figuras geométricas.
Sabe que su cuadrado o su círculo no son más
que copias o imágenes del Cuadrado en sí,
del Círculo en sí.
- En segundo lugar, las demostraciones de las Matemáticas
se realizan a partir de hipótesis, de supuestos,
pero no se pregunta por su validez, ésta se presupone.
- El otro nivel de la ciencia es el conocimiento, nóesis.
Hay una ciencia que, por ser conocimiento intuitivo de las
ideas, es superior a la matemática y no es otra que
la Dialéctica. Gracias a ella nuestra razón
es capaz de utilizar las hipótesis de las ciencias
inferiores como "trampolines" hasta alcanzar el
principio de todo, la verdad suprema. Este principio que es
capaz de explicar todo, no puede ser hipotético. Se
trata del principio primero de la naturaleza y de la existencia.
Es la Idea de Bien.
La Dialéctica, además de ciencia, es un proceso
que abarca dos momentos: la anábasis o ascensión
del alma desde el mundo sensible hasta el inteligible y la
catábasis o descenso desde lo inteligible.
Una vez captado ese primer principio, esa idea de Bien, el
alma comienza un descenso a lo largo de todo el camino del
pensamiento. En este descenso, las ciencias inferiores serán
ya auténtico conocimiento porque ya no estarán,
para el conocedor del Bien, basadas en hipótesis. Corresponde
a la visión que los liberados de la caverna tienen
directamente del Sol cuando ya se han acostumbrado a la luz.
El
mito de la caverna describe a personas encadenadas en la parte
más profunda de una caverna. Atados de cara a la pared,
su visión está limitada y por lo tanto no pueden
distinguir a nadie. Lo único que se ve es la pared
de la caverna sobre la que se reflejan modelos o estatuas
de animales y objetos que pasan delante de una gran hoguera
resplandeciente. Uno de los individuos huye y sale a la luz
del día. Con la ayuda del sol, esta persona ve por
primera vez el mundo real y regresa a la caverna diciendo
que las únicas cosas que han visto hasta ese momento
son sombras y apariencias y que el mundo real les espera en
el exterior si quieren liberarse de sus ataduras. El mundo
de sombras de la caverna simboliza para Platón el mundo
físico de las apariencias. La escapada al mundo soleado
fuera de la caverna simboliza la transición hacia el
mundo real, el universo de la existencia plena y perfecta,
que es el objeto propio del conocimiento.
La República, la mayor obra política
de Platón, trata de la cuestión de la justicia
y por lo tanto de las preguntas como: ¿Qué es
un Estado justo? o ¿Quién es un individuo justo?.
El tema clave, por tanto, es la naturaleza de la justicia
y la injusticia y sus consecuencias para el hombre justo y
el injusto, y el establecimiento de un Estado Ideal que tendrá
por finalidad la felicidad de todos los ciudadanos, pero sólo
será posible si tal estado se asienta sobre la base
de la justicia individual como social. Aristóteles
también buscaba la felicidad del individuo y éste
la podía conseguir en la polis.
El proyecto político descrito en La República
Platón lo intentó llevar a la práctica.
Algunos proyectos fueron realizables: en Esparta se practicó
su concepción sobre la educación; Pitágoras
intentó establecer un gobierno de filósofos.
El idealismo de Platón respecto a su concepción
de la sociedad y de Estado, limita en algunas ocasiones con
una “utopía totalitaria”, que niega las libertades
del individuo. Para Platón, la única forma de
gobierno válida es aquella en la que el liderazgo político
es asumido por los filósofos- reyes y la podríamos
calificar, no sin cierta ironía, como dictadura de
la inteligencia. Si bien, Aristóteles decía
que la felicidad absoluta podría conseguirse mediante
la actividad intelectual o contemplativa, irrealizable debido
a las necesidades del hombre.
La idea de conocimiento de Platón, su teoría
ética, su concepto de Estado y su perspectiva del arte
deben de ser entendidos desde la teoría de las formas
o de las Ideas. Por eso, es necesario ascender hasta el conocimiento
de las ideas, proceso que Platón denominó Dialéctica.
Platón defenderá que cada cosa es una imitación
de un modelo ideal que sólo la razón puede concebir.
La doctrina pragmática del siglo XIX estará
contra este mundo ideal, las cosas tienen que ser demostradas
y no alejarnos del mundo real.
Para Platón lo que es real tiene que ser permanente
e inmutable; identificó lo real con la esfera ideal
de la existencia en oposición al mundo físico
del devenir. Esta consecuencia chocó con la corriente
inglesa del siglo XVII, llamada Empirismo. Esta doctrina afirma
que todo conocimiento se deriva de la experiencia sensible
y de los sentidos. Platón decía que el que se
contenta con el conocimiento de los sentidos o se mueve por
su interés particular, no es capaz de percatarse de
que las ideas existen. Además, los fenómenos
de la experiencia son fenómenos cambiantes del mundo
físico y nos pueden engañar.
En mi opinión Platón no podía probar
su teoría en el mundo real, y tuvo que recurrir a uno
ideal, próximo a la divinidad.
NOTAS:
[1] Razonamiento con el que se
hace ver como verdadero algo que es falso. (Volver)
[2] Heráclito consideraba
que al estar todas las cosas en continuo cambio,
el sol de cada mañana era diferente. (Volver)
[3] Aparece aquí la concepción
de un mundo artesano. (Volver) |
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