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LA UNIFICACIÓN POR EL AMOR 

 

"Dando voy pasos perdidos

por tierra que toda es aire,

que sigo mi pensamiento

y no es posible alcanzarle."


Lope de Vega.

TODAS LAS OBRAS DE LOPE DE VEGA SON AMORES

Podemos seguirle los pasos a Lope por esta tierra que todo es aire de sus obras y vida, por ese mundo transparente de que su propio luminoso pensamiento, le lleva en pos. Por eso corre Lope por su tiempo como si pareciera en competencia con el correr del tiempo mismo, como si el tiempo, o los tiempos en su carrera, fueran los rivales competidores de la rapidez luminosa de su pensamiento. 

Sus obras y su vida definen la personalidad de Lope. Por lo mucho que amaba, Lope alcanza la unificación de sus obras y de su vida. Por lo mucho que amó, pecando, o por lo mucho que pecaba amando se redimía o se encontraba, perdido por perderse. Todas sus obras son amores. Lope quiso e hizo su santísima voluntad en toda su vida. Hizo su santísima voluntad en todo.

Lope de Vega para todas las cosas tiene el mismo amor. Su personalidad no se hace de egoísmos, sino de generosidades. Se enriquece a fuerza de dar. Es un milagroso derroche de vida y de poesía. Y esta amorosa generosidad con que pierde, le encuentra o le gana: le salva. Por no perder de vista la palabra evangélica de que el que quisiera salvar su vida, la perderá: Lope, por perderse y perderla, la ganaba. Por saber que una sola cosa importa: el amor. Por eso dice y hace lo que dice o no como dice: amar, que totaliza y unifica. Por eso, para él, todo puede ser uno. Porque unirse y ser uno es diferente cosa. 

Ser uno el que es –o lo que es-, ser cada uno, cada uno, es lo que dice el buen sentir popular español cuando dice que cada uno es cada uno: o como cuando dice cada quisque o cada cual. Lope es ese cual, ese uno, en que tan certeramente el pueblo que le rodeaba se vio reflejado a sí mismo como lo que era, o quería ser, como cada cual o cada uno; o, sencillamente, como persona: como una persona y no como un cualquiera o como una cosa, como cualquier cosa. Es un cualquier cosa, se dice despectivamente. Lope de Vega no es cualquier cosa, ¡Qué ejemplaridad personal, por eso, la suya!

La unificación por el amor es el eje de sus obras y de su vida: pues sobre esta unidad invisible monta y gira el movimiento que amorosamente le expresa. Lope, como Dante, hace su creación, viva y lírica; por el amor.

Nos encontramos ante Lope de Vega como ante el nacimiento de una poesía, que es la poesía del nacimiento, dando a esta palabra nacimiento todas las resonancias imaginativas que para nosotros comporta.

El pueblo no se hace, sino que nace cuando se personifica. La unificación hace a un pueblo vivo. De este modo puede ser uno, como quiere Lope de Vega. . Y en ello, radica, su auténtica popularidad. Por eso quiso unificarlo todo, amorosamente, sincronizando, al modo de lo popular español, la historia y la poesía. Por la animación, por el aire. Y como dijo nuestro poeta: " No sabe qué es amor quien no te ama". 


EL ARTE DE LA GREGUERÍA


"Descartes: el que se descartó de muchas ideas para quedarse solo con las buenas."

Ramón Gómez de la Serna.

EL PRIMER ESCRITOR ESPAÑOL QUE LLAMO AL DISPARATE POR SU NOMBRE.

No es la observación minuciosa o ampliada de las cosas lo que caracteriza a Ramón Gómez de la Serna, sino su visión inédita de las mismas. La visión en profundidad, o si se quiere, la visión poética.

Las cosas, en primer lugar: he ahí el nudo del arte de Ramón y la greguería -a través de tanteos y vacilaciones- el instrumento aprehensor de la esquiva presa.

Una amplísima parcela de las greguerías ramonianas se halla directamente relacionada con la preocupación por la palabra. La palabra será medio y fin en muchas greguerías ramonianas.

Ramón se coloca en ocasiones frente a las palabras como ante una nueva y maravillosa realidad. Es una actitud ingenua que establece inmediatamente relación lógica entre el significado del vocablo y el concepto por él designado. El choque se da porque la correspondencia no se da en la realidad. Esta seudoetimología se produce normalmente a un nivel fónico, en la periferia de la palabra, tal como conviene a la mirada de asombro del neófito. Así, los orfeones serán "grandes huérfanos" o bien "mentor parece ser el que enseña a decir mentiras". El procedimiento se revela especialmente apto con las palabras compuestas -o que lo parecen-, cuyos elementos, fáciles de desglosar, se emparejan con realidades muy lejanas: Monomaníaco: mono con manías.

Algunas relaciones, tan arbitrarias como ésta, atestiguan cómo es el plano fónico de la palabra lo que sirve al escritor de trampolín para sus piruetas. Se parte, por ejemplo, de la falsa conexión entre luto y luterano para afirmar: "Al decir "luterano" se ve a un caballero más enlutecido y severo que los demás hombres". El juego se produce también con nombres propios, normalmente prestigiosos: "¿Cuál es la mujer más antigua? Antígona".

No se trata de simples juegos de palabras -término demasiado ambiguo, por otra parte-, sino de un tipo de construcción que traduce una específica actitud de Ramón ante el lenguaje. La lengua se le presenta al creador del arte de la greguería como una avalancha de vocablos y expresiones cuyo sentido se le impone. Pero el escritor puede salvarse de esta esclavitud ejercitando un acto de íntima libertad al rebelarse contra los significados y enfrentarse con el lenguaje adoptando la mirada primeriza e incontaminada de un niño. Sólo el recurso a la pureza inicial vigorizará las palabras hasta hacerlas aptas para nuevos modos de expresión.

Si no fuera afirmación demasiado tajante, podría decirse que todo escritor que convierte el lenguaje en problema acaba desembocando, más pronto o más tarde, en la parodia y desarticulación de los clichés y locuciones hechas. Estas fórmulas fijas, repetidas siempre sin alteración posible, representan un atractivo desafío para Ramón, que se lanza también a probar sus fuerzas en este campo de batalla.

Las locuciones parodiadas son de varios tipos. En primer lugar se hallan los refranes de tradición popular, que Ramón trivializa deliberadamente al convertirlos en greguerías. "Nunca es tarde si la sopa es buena". Otras veces se trata de inversiones rigurosas: "Más vale soltar el pájaro que tenerlo en la mano". No falta la espléndida creación verbal. El refrán "medio mundo trata de engañar a otro medio" se convierte en la siguiente greguería: "Medio mundo vive de ponerle inyecciones al otro medio".

Son también abundantes las deformaciones -no siempre de tono paródico- de frases históricas o literarias que han tenido gran fortuna hasta convertirse en arquetípicas: "Levántate y lávate".

Detrás de las concepciones lingüísticas de Ramón hay algo más: si el lenguaje es ambiguo y engañoso, es porque la realidad también lo es. Y la greguería brota, en gran parte de estas creencias.

Ramón Gómez de la Serna es el primer escritor español que, siguiendo la lección de Goya, se decide a llamar al disparate por su nombre. En su estupendo libro de los Disparates, nos ofrece esta insuperable afirmación: "Aunque todos convivamos en la misma confusión del presente, esto no puede ser más que una cosa superficial". Y es que Ramón no cesa en toda su obra de
poner en evidencia el disparate que somos: recuerda hombre que eres disparate y en disparate te has de convertir.

Francisco Arias Solis
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