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Relatos poéticos

por Juan Oliver, Barcelona.

juanglot@hotmail.com

 


 

Distintas consideraciones del amor

En la memoria de las ingrávidas disertaciones de mi acontecer, una huella indiscernible se fragua en la emanación de mi espíritu ,como dos gotas de agua impregnan el reflejo de un espejo. Es como el recuerdo de un soplo de viento inclemente, que hizo caer unas pocas hojas de mi árbol ideológico, que hereda todos los suspiros de mi alma, y que levita en mi cielo solipsista. El ropaje de mi alma ahora viste una túnica tejida con hilos que provienen de los vapores de distintos colores al abrazar mi alma con distinta intensidad el devenir .es como una civilización austera edificada con luces de neon, que tienen su génesis en la diáfana cúpula de mi alma, en la que fluyen indistintamente iconos nauseabundos de distinta estirpes. Son raíces que se hallan mas allá del fluir de mi sangre. Es una interioridad tránsfuga que se evade del espacio y el tiempo como si mis ojos quisieran ver sin la luz del sol. Es como si un punto abstemio de la geometría del hado, crease con su originario resplandor, especies inéditas de centellas que estallaran en distintas mazmorras, que son como aporías irresolutas de mi espíritu. No se manifiestan al unísono sino que son como un embrión amorfo, que se expande en distintas consideraciones de la naturaleza y distintas consideraciones de un espíritu disperso por doquier. Seduciendo a la tormenta y a la guerra con sus verbos redentores se pasea en sus previos con la inmunidad de su omnisciencia que se halla en su pasión trascendente. Navegando en el etéreo cielo rosado como el ansia que se esboza en aquel río imperturbables, distintos suspiros irreconciliables entre si que quieren quebrantar aquella chispa altanera, vacían todo el aliento de mi espíritu. Una cueva oscura, como la fragancia de los ríos nihilistas, del fluir armónico del hado ,siente un silencio inalienable, como todas aquellas sinfonías que fluyen espontáneamente en las cuerdas de guitarra de mi espíritu. Puedo ver un polvo que se levanta ,en un bramido autóctono ,que es como el despliegue inconsciente de su esencia ,y percibo que tiene la intención de hablarme con su lengua fangosa. El polvo a medida que levita se va metamorfoseando en un áureo destello que otorga una extraña luminosidad a aquellas tierras olvidadas por el común de los mortales. Con una voz que no es de este mundo ,tan solo habla en mi interioridad:-“yo quiero amistad, salgamos fuera pues el Eros te ampara con su relampaguear incesante, salgamos fuera pues se están derrumbando todos los rascacielos de tu conciencia, salgamos fuera pues todo arde en llamas, salgamos fuera pues el imperio arcaico sucumbe y se deja adular por las promesas de los vanguardistas conspiradores, salgamos fuera porque tu mirada ha crecido y ya no puede ver el horizonte, salgamos fuera pues el arte de tus facciones ya no intenta emular al de la armonía del ciclo vital, salgamos fuera, pues ha llegado el momento de reconstruir las leyes de tus deseos inconscientes que aniquilan a todos los flujos vitales que se le oponen.”.yo era cómplice del profeta de mi renacimiento y le respondí con la severidad de la cumbre de una montaña:-“al punto puedes conmigo contar, aprendiz del arte que versa sobre el continuo fluir del cielo, sé que mis ojos no se cegaran ante la verdad, no tengo miedo porque si ninguna atalaya me muestra sus designios nunca estaré seguro ni inseguro de cumplir ni incumplir con los mismos. Mi conciencia ya no reside en el cosmos, ni es ninguna sustancia alienada.”


La callejuela solipsista

 

Entre las peñas y la implacable ola que las azota, una niebla indiscernible clausuraba su sentimiento, como cuando brota en la semilla de mis pensamientos, todas sus palabras inquietantemente opacas y divergentes.  La agonía de su resplandor expiraba, cuando sucumbió ante el bicéfalo néctar del Eros, que se reencarnaba en cualquiera de los ojos celestes, que se tensaban como un arco al mirar el sol. Un suspiro fue abatido mientras peregrinaba incauto con alas de hielo, en el agrietado cielo, por otros delirios que llevaban regios pendones en sus entrañas. El eclipse fue austero y rácano y la luz que llevaba de tierras lejanas, la proyecto clandestinamente en una charca al filo de la madrugada, para que nadie pudiese conocer su altivo baño en las montañas, el cielo y los mares. Ufano me hallaba por el olvido de aquella podredumbre envenenada, que era como un parásito que se refugiaba, en el magnetismo de mis pensamientos, y los atraía como el tiempo atrae, a todas las palabras que vagan alrededor del círculo de la existencia. En el liviano concierto celestial, que eran los prologómenos de la salud del polvo excéntrico, que se dispersa alejado de las fronteras de mi alma, se suspendió el despliegue de su esencia, y se volvió a fraguar en las respectivas huellas de mis quimeras existenciales. Saqueando los rumores de los ríos ensangrentados de mi alma, como un agricultor siega con una hoz redentora todas las hierbas narcóticas de sus campos, las ruedas del eterno amanecer me atropellaron con el propósito de que me uniera a la comitiva de uno de los infinitos puntos de su círculo. Durmiendo en el corrompido raso un invulnerable astro hipnotizo mis celestiales ojos y tiño su iris con el dolor purgante de la noche, parecido al de un felino que invoca a dioses extintos. Se derrumbaba el precario rascacielos construido con los naipes del destino y se segregaba su mandato, como cuando un sermón es predicado a las difuntas huestes, que yacen decrepitas en el campo de batalla, al tomar conciencia de que no había enemigo y que no fueron soldados nunca. Caminando en una callejuela parecida a un vaso, que tiene en todo su recipiente mis obras y voluntades, clamaba desde todas sus ventanas con distintas voces, pero con un distinto albedrío, el sereno y ambicioso anhelo del destino. Oía trompetas en todos los confines de aquella alfombra que se convertía en un apeadero, en la que se esperaba infructuosamente que una luz iluminase toda la callejuela. Aquellas trompetas martilleaban a mis oídos pues a pesar de que me los taponase se oían con su impureza acústica con todo su afán aniquilador en los adentros de mi alma. Hasta entonces, sólo oía pero poco a poco empecé a entender cuando desencripté la nueva lengua del cosmos que me hablaba en la oscuridad de aquella callejuela:-“moras en mis tristes senderos con un anhelo renacido que no es propio de ti, ¿no te aburre el tener que ver tantas sombras y tantos suspiros errantes que vagan y maldicen sin cesar? ¿qué esperabas ver peregrino profano, algún milagro que haga que se produzca una mixtura entre elementos irreconciliables? ¿qué sea de día y de noche a la vez? ¿qué nades en el mar estando en tierra firme? No entiendo que percibe el olfato de tu alma sino es el nauseabundo olor de la soledad, en estas atribuladas desdichas que fluyen sin que el cielo o la tierra las pueda cauterizar para cerrar sus heridas con ningún verbo etéreo ni ninguna arcaica promesa originaria. A segar la luz que brota en tu espíritu voy con el fulgor de la nada que ya estas presintiendo en tu respirar pausado y reposado como si estuvieras sumergido en antárticas aguas. No notas como todas tus emanaciones vuelven a ti, no ves como las farolas de esta callejuela se apagan, no ves como todo el mundo duerme en sus casas, no ves como se ha interrumpido la rebelión de tu frugal insurrección, y ha quedado desterrada por los siglos de los siglos en algún lugar sórdido de tu alma.  


El abismo incognoscible

El ensombrecido ungüento, que eclipsaba fugazmente el connatural respirar del hado, en cualquiera de sus atalayas, que tanto marginaba a mis sentidos, envejeció prematuramente al ser devastado su instinto. Es como si una emanación subterránea, muriese asfixiada en sus propios latidos cavernícolas, al ser pisada la alcantarilla, por criaturas celestes que quieren mantener incorrupta la pureza de los cielos. En su condena rapsódica recitan versos en las dos antípodas de su laberinto que se halla sellado por el cristal opaco de la existencia. Es su océano un ente inconsciente, que se enrojece por la pasión creadora del sol ,o se vuelve azul por el incomprensible murmullo de las nubes. Parece ser como el incomprensible reflejo del sentimiento en las facciones insondables de la naturaleza. Es sigiloso el temor de la insigne metáfora, que se camufla con sus verbos camaleónicos, en la mustia planta de mi alma, que respira con sosiego, las orbitas que fluctúan en su giro. Antes de que el sacrílego aforismo, se manifieste inclementemente en las raíces de mi cosecha intelectual, un insecto siames, las devora para saciar su hambre rupestre.¡Cuan arduo es el irreverente blasomar del riachuelo de mi conciencia ,cuando debe de desembocar para ser creativo en el visceral mar añejo ,lleno de logias y requiems! Presientes en tu delirio infame como tus sentidos mutilados embriagan sutilmente los austeros crepúsculos para dotarlos de cascabeles en sus mientes, con el fin de que su mirada reminiscente vea y oiga el reflejo del ocaso.¡paso franco desventurado murmullo del viento!,pues es tu soplo mendaz como un cuadro en el que se pinta el retrato de un cielo mancillado por muchos atardeceres de exhaustiva contemplación. Cierras la herida del destino con tus narcóticos purgantes, para que el deseo duerma ingrávido y olvidadizo a la vez, en las partituras, en la que se escribe la música de su génesis. puedes ver los putrefactos huesos roídos por aves transcendentales, de ciervos que vagaban en el monte del instinto ciego, devorados por lobos, que son los esbirros de la jaula del omnisciente presente, que se renueva eternamente en cada una de las manifestaciones de la naturaleza. Caminos de la senda que irremisiblemente debe conducirse hasta que el aliento de mi espíritu se extinga hasta sus sangrantes prolegómenos oí una voz que insistió terca. Era un abismo que tenia una garganta profunda como la de mis palabras que vuelan libres en mi conciencia hasta que el viento como si de un escultor se tratara las esculpe con el bronce de la inmortalidad. Me hablaba desde su lasciva libertad ,y cuando su pensamiento se objetivaba le salían espinas nauseabundas en la flor, que no obstante conservaba recelosamente su perfume originario. Con los verbos distorsiones por la castrante labor del arquitecto del mundo me interrogo con su frugal hipostatización:-¿qué haces aquí harapiento mendigo vienes acaso a pedirle una limosna al albedrío de la existencia?,¿quieres que te de algunas monedas en las que aparezca su inmaculado rostro?,¿quieres que te de pan bien calentito que procede del horno del infierno?,¿quieres que te de agua que fluye en los manantiales de tu corrompida conciencia?,¿quieres ser una extinta estrella que brilla nostálgica en tu firmamento solipsista?,¿quieres apasionar a todo aquello que se expande incansablemente, que se halla cada vez mas lejos de la frontera de tu conciencia?.no te voy a dar absolutamente nada, solamente, te puedo dar un saber inédito que no se halla en ningún libro, solamente lo podrán ver tus ojos. Mira como la marea ha bajado desnudando tu pasión y tu conciencia en el mas vergonzoso de tus mantos carnales, mira lo que hay: un cadáver que pereció al intentar atravesar a nado el mar de los deseos prohibidos para intentar llegar irrisoriamente a la ínsula de la subyugación.  


El cordero

Blanco como la luz del alma esparce su sutil resplandor en la música descarnada que suena lúgubremente en nuestros montes hiperbolicos.es mendaz el arraigo de sus pezuñas ensangrentadas en el firme suelo, pues fragua su huella en la emoción incolora que todavía es un embrión en la constante dispersión del  logos en todas las constelaciones intronspectivas.no tiene la condición humana y no puede seducirnos con la desgarradora voluntad de la palabra, tan solo tiene potestad para metamorfosear el cielo con su pasión inmaculada.su cascabel es ingrávido como la trascendencia del nauseabundo aliento vital pero se oye desde todas las atalayas como un conjuro lírico que perfora nuestros tímpanos con la mas pérfida de las gravedades mundanas.los lobos fallecen insoslayablemente tras percibir el sórdido olor de sus entrañas pues cada día se baña con el agua mancillada de nuestras conciencias.son sus ojos cristalinos como el vacío que nunca puede ser un icono, la luz del albor extraviada en el muro de cartón de sus vestigios atemporales, el retruécano lapidario que ensombrece la sepultura de la vida, el derrumbamiento de los cielos en las grutas agnósticas. Es su piel aterciopelada como la manta que oculta nuestro deshonor en el lecho de muerte. Las campanas enmudecen su doblar atemorizadas ante el cascabel desgarrador que segrega todas las pasiones mundanas en la memoria de los astros. La tierra llora ante el devenir del cordero pues los ríos se congelan, detiene el murmullo del viento en todos los confines, eclipsa el sol, pudre la corteza de los árboles e invoca a insectos apocalípticos para que devoren sus raíces, el peregrinaje de las nubes en el cielo queda interrumpido pues se apodera de su estética anhelante y les hace vomitar toda su vergüenza en forma de agua pantanosa, el movimiento de las imágenes mentales queda subordinado a sus símbolos etéreos y el caudal de todos los riachuelos se unen en el imperio de su océano. El cordero no tiene percepción; no puede oír porque él es el grito desgarrador que invoca a la muerte, no puede hablar porque es inmanente a la existencia, no tiene tacto porque toma belicosamente el puente que separa el destello trascendental del alma y todo lo que es divisible en los fenómenos, no tiene vista sino que tan solo es el arbitrio de la geometría que nos legisla en todos nuestros pensamientos, no tiene gusto porque nos obliga a atragantarnos con nuestro propio polvo. El cordero es el pastor del rebaño y todos sus feligreses son guiados hacia el abismo en una procesión con pompas y con esplendor. Quedan los ojos exhaustos, atrofiados, sucios debido al polvo del camino, miran al cielo con nostalgia y repiten al unísono: no has abandonado y estas en todas las cosas, nos has abandonado pues nos obligas a beber el agua de nuestras almas, nos has abandonado no eres mas que un horizonte frugal y testarudo.


Agonias solipsistas

Las cortinas de las ventanas de mi alma ondean con fervor al percibir como se mueven intempestivamente los engranajes de la naturaleza con esa atemporalidad desgarradora. La tempestad de la existencia a pesar de relampaguear incesantemente con la mas divina de las luces, jamás puede alumbrar las sombras inhóspitas y solemnes que se hallan en los campos de trigo de nuestros sueños iluministas. El placebo de la luz no es mas que el eterno sueño que duerme retorciéndose en su agonía mesiánica. Nunca se reencarna en el pensamiento ya que este es como un inmenso y faustoso ripio que se halla ahogado por las estrechas grietas de su fisonomía articulada y hermética como el espacio vacío. Tan solo acaricia sutilmente su superficie pues de esta manera ahonda en el canon de todas las sendas aparentemente dispersas. El fuego no es inteligible tan solo hace que arda la pasión de la roca para que intente infructuosamente expandir las fronteras de su conciencia, pero es en vano, ya que su naturaleza es inmutable y se halla encerrada en sus emanaciones claustrofóbicas como una palabra en su símbolo. El umbral inalienable de la conciencia no tiene movimiento sino que permanece sereno y paciente como la tierra seca de un riachuelo. La imagen transitoria de la existencia tiene su ardid en la ceguera de los cristales del río puesto que mas allá de lo que reflejan, o mas allá de las cortinas de un escenario del teatro o de la vida costumbrista tan solo se halla una sensación espontánea e irrisoria como el instinto de los árboles al resistir al calor abrasador del fuego. Las raíces de los transeúntes que vagan melancólicos en sus sendas solipsistas no son livianas sino que son pesadas como un campanario o como el sonido de las agujas del reloj de una catedral. Las cortinas no tienen textura sino que son como una vulnerable ráfaga de viento que se extingue rápidamente debido al incesante ruido de la sensibilidad precisa y erudita de las goteras de los tejados de nuestra conciencia. El alma es como un baúl en que se halla clausurada su inteligibilidad debido a que no se encuentra ninguna escultura de la vida, ninguna partitura en que se encuentren las sinfonías del fluir del agua en el río, ni siquiera algunos vestigios de luz con los cuales los delirios transcendentales de la mente pudieran esbozar una idea, un cuadro o la triste confusión del vacio. La nostalgia como si de un anhelo del reloj que
no tiene agujas ni tuercas se tratase intenta pintar el vacío con el agua de la conciencia pero es su cristalino colorido exiguo en luz y resplandor. Cuando la piedra tiene tan tensos sus sentidos como un arco que en un breve lapso de tiempo disparara una flecha al abismal horizonte, se
retuerce en su prospero y cercano nuevo nacimiento en las tierras de la conciencia descarnada, de la misma manera que cuando ya no quedan peldaños en una escalera, el ultimo paso necesariamente es un sublime, voluptuoso y descarnado descenso hacia sus orígenes que se vuelven a reencarnar en el polvo del camino. La piedra explota y todas sus entrañas se disgregan en el vació, de la misma manera que cuando la música palidece en su armonía cuando ya no tiene relatos sinfónicos que pregonar a los ojos cristalinos, mendaces, perfidos y crueles de la existencia.


Silencio

Un silencio vertiginoso atravesaba los cuatro puntos cardinales de mis tierras solipsistas, de la misma manera que la celeridad centrifuga de las maldiciones errantes. Intenta entrar en las fronteras del más pesado de los absolutos, con las alas de bronce y con los afluentes de los ojos parecidos a las agonías de un volcán que esparce su delirante creación. Es un poema ciego que no versa sobre las letras sangrantes de la naturaleza sino que se trata del vacío que reposa en los huecos que permiten esbozar a cualquier criatura etérea. Gira sin cesar de la misma manera que un molino de viento que intenta infructuosamente esparcir el viento descarnado del espíritu en las infames atalayas del más abominable de los impersonales redentores. Siente un temor cíclico pues percibe que cada una de sus disertaciones intempestivas es como si perteneciese a un punto concreto de la línea de una esfera, pues si se halla en la parte mas baja siente mermados e ingrávidos sus sentidos, pero en cambio; si se halla en lo mas alto siente como los cielos de la tierra y de su espíritu se derrumban reencarnándose en su desconcertante pasión. Puede ver una mixtura incomprensible de destellos en su casa espiritual, pues a veces unos relámpagos que nacen del himno de la naturaleza y otros relámpagos que nacen de las perjuras de las nubes solipsistas estallan al unísono en su peregrinar tortuoso y anacrónico. De la emanación de almas tan dispares una mezcla de flores mortuorias y de flores anímicas crece en el techo de mi casa solipsista con una celeridad inusitada. El silencio es el fuero sobrenatural que hace explotar todas las estrellas de mi cielo solipsista para causar un incendio apocalíptico en el que arden todos mis cultivos de soledad junto a la melancolía del lejano resplandor de las estrellas. El silencio esta sediento del agua de la conciencia pues son tan transparentes sus designios como las máximas sagradas que se hallan impresas en la cúpula del cielo, pues es como un puente exento de sombras, demasiado exiguas en su oscuridad; y del diáfano resplandor del sol, demasiado rimbombante en su pregonar. El silencio que aborrece a todo cuanto le rodea quisiera cesar de ser el símbolo de la espiritualidad descarnada a tenor que oye una voz ancestral que le recita el poema de la leyenda de la atemporalidad descarnada: - a pesar de que tengas la lengua como un puente levadizo que nunca recibe a ningún huésped en su señorío, no puedes ignorar lo que hizo este subir y bajar de la luz de tu alma en el que se confunde lo mas sagrado y lo mas impío, no existe ninguna panacea en la que vea que tus anhelos oníricos se metamorfosean en la voluptuosidad de los ojos celestes que vean en su  vigilia lo que no tenga edad, encerrado estas silencio en las sublimes paradojas que caminan cojas sin aliento en tus paredes solipsistas, silencio tu no eres el agua que fluye en los manantiales pues estos se hallan exentos de males debido a su doctril espejo bucólico, silencio parece que te hace dormir este verso que parece como un peso que separa a todas tus alabanzas y maldiciones, las unas son danzas incestuosas y maliciosas, las otras son delirantes callejones en la que enmudecen tus sermones.


Elegia bucólica

Un suspiro evanescente cantaba al filo del alba confundiéndose con su somnolencia arquetípica. Era como una poesía vagabunda que se adentraba sigilosamente en el caótico laberinto de las sombras cautivas de la existencia.impacientemente aguardaba en un inhóspito apeadero a que se despertase la naturaleza pues esta se hallaba sumergida en un letargo tan liviano como el inánime resplandor de la luz del espíritu. Era una armonía desconcertante pues el peso del alma se marginaba por la melancólica apatía de los cristales alienados que se manifestaban en el embriagado sueño bucólico. El hedor del aliento noctámbulo era el estigma del perfume de la insania, pues era muy parecido al de una flor podrida y quebrantada por la insondable belleza de unos misteriosos himnos perdidos en alguna introspección solemne y demasiado miscelánea. Los surcos de la tierra eran los mismos que los del cielo pues cuando el alma cerraba los ojos podía ver la leyenda del tiempo como una comitiva de veleros que se hundían en el mar de la conciencia. Los pies caminaban con la misma arrogancia que el arquitecto de los rascacielos de las ciudades solipsistas pues sabían que su albedrío era tan inalienable como el doblar de las campanas de los templos místicos del espíritu. A pesar de aquella ráfaga de viento era muy altanera en la soledad de aquellos bosques, y a pesar de que entraba intempestivamente en las puertas de mi alma no podían mover ni un ápice el sagrado
peregrinar de mis nubes solipsistas.la metáfora de aquella mecánica mística era sangrienta pero no había ni un solo eco de su gravidez en el inmenso desierto del alma claustofobica. Las palabras nacían pero en el mismo instante se reencarnaban en frágiles burbujas que estallaban mucho antes de llegar a la cúpula del cielo. Los ojos podían ver agua pantanosa para su
daño y vergüenza, y era tan impío aquel aborto místico que el agua de la conciencia se evaporaba por un fugaz instante,con la finalidad de causar una megalómana lluvia que causaba espasmos a las emanaciones de mi espiritu. Las luces de las farolas de todos los caminos de la conciencia se apagaban anacrónicamente y era tal la ceguera de aquella naturaleza ya invisible de por si que no solo tenían que cerrar los ojos el cuerpo nihilista sino que también que cerrar los ojos del alma.la dinámica de los círculos que giran entorno a la realidad y a la abstracción eran demasiado multicolores, eran como la reminiscencia de la génesis del cosmos. Es como si el carro del ciclo eterno y el carro de la idiosincrasia se encontrasen por casualidad en un camino lleno de abismos, y en ese sepulcral sendero lleno de agujeros insondables, chocasen entre si dando lugar a una extraña mixtura entre la vida y la muerte.yo me hallaba demasiado mareado por el casual encuentro entre dos peregrinos irreconciliables. Mi sangre fluía con los mismos designios que los manantiales de mi conciencia, el arte de ambas esferas de realidad ya no era monótono y soporífero pues eran capaces de tergiversar sus máximas sagradas.cuando me hallaba entre dos aguas, entre la luz y la oscuridad, entre el alba y el ocaso,entre la noche y el día, entre la inmortalidad y lo perecedero, oí una voz que me hablaba en muchas lenguas, en las cumbres de aquellas montañas, era como si una plebe enfurecida intentase derrumbar las sagradas puertas de mi castillo solipsista: -¿Dónde te escondes bufón?,¿no ves como todos los dioses de los cielos y la tierra se burlan del surrealista arte de tus facciones?,¿no ves como el sol te ilumina como un actor en el escenario para que todos los árboles, plantas y criaturas puedan ser testigos de tu extravagante poesía?,¿no oyes como las luciérnagas en su misteriosa lengua siguen cantando fábulas a pesar de que ya haya amanecido para hacer mención de tu soberbia profana?,¿no ves como el fulgor de las estrellas ha decidido visitar a tu casa espiritual con el fin de confundirte con tanta vanidad?,¿no ves como la tierra que pisas ha dejado de ser sagrada tras abandonarla en tu memoria a cada paso que das?,dime ahora,¿no sientes como este amanecer ya no es como los demás?,¿no sientes como todos los mitos han dejado de serlo?,¿no sientes como los cielos han dejado de predicar su poesía etérea?,¿no sientes que los surcos del cielo son la reencarnación del espacio vacío de tu alma?,¿no oyes como el gallo canta una elegía esperpéntica en la que invoca a todas las gotas del agua de tu conciencia para que se metamorfoseen en el triste polvo que ahora mismo estas pisando?,¿no sientes como un sudor agnóstico cae de tu frente como unas cataratas en la selva de tu locura?,¿no sientes como se hallan atrofiados los artífices de tu mecánica mística?


Sin título


Una tristeza se ahoga en el mar de la voluptuosidad anímica, con un arte prófugo que intenta en vano invocar a los redaños centelleantes, que se hallan impresos, en una luz sobria en la percepción "iconoplasta" de la existencia. La calumnia sutil es aquel dispendio de sombras y niebla que se esparce indiscriminadamente en los albores solipsistas, bañando la pureza
de los martillazos inalienables de la conciencia con infames vómitos anacrónicos de la naturaleza. Es una tribulación extraordinaria que hereda todas las notas musicales del acto creador arcaico y "panacrónico". Siente la mala cosecha de su cultivo originario en una botella vacía y en su eterno divagar en lo idéntico una humareda pestilente y pregonera del vil adventicio de la incolora existencia entra en su nauseabunda atemporalidad por los poros corruptos del alma. El verso insurrecto que pretende embargar a la apacible inmutabilidad de las emanaciones del alma nace en las grietas vírgenes del cielo, y con su malévola insidia palpa las entrañas del alma con las raíces descarnadas del fingido crepúsculo de las ideas errantes.
La pesadez de su soledad es equiparable al peregrinaje del tiempo en el insensible murmullo del viento cuando azota con su azaroso aliento las hojas de los árboles. Es su pensamiento como un camino con sempiternas bifurcaciones que anhelan retorcerse todas ellas formando entre si la mas extravagante mixtura entre líneas irreconciliables con el utópico propósito de allanar su senda. La tristeza camina en parajes desolados, en una escalera surrealista, en el que cada escalón es un verso que nace de los labios de la naturaleza o del espíritu y en el que se forja la intrincada leyenda de la existencia. Es ciego su instinto, pues a pesar de que puede sentir el mareante peso del vacío nunca puede verlo pues es el austero traje que viste a la totalidad. Es como un peñasco inmenso que se dispersa eternamente y eternamente vuelven a aparecer los eslabones extraviados. En aquella botella nacían flores moribundas debido a la expansión de aquel humo intempestivo, cada pétalo era la reencarnación de una palabra perdida en la nada, y la fragancia de cada flor era la amarga reminiscencia del aliento nauseabundo del espíritu en cada nuevo amanecer del ciclo eterno de la conciencia. Entraban palabras enmascaradas en los muros de piedra de mi alma y parecía que todas hablaran al unísono y con una voz colectiva y quebrantada:

- nosotras no hemos venido a engrasar las piezas de la maquinaria de tu solipsismo, hemos venido a cambiar todas las piezas de su lugar, hemos venido a cambiar el orden de tus juegos de palabras, hemos venido a iluminar tus sombras y a ensombrecer tu luz, hemos venido a quitarte los grilletes de oro que con tanto orgullo luces en tu caverna y te los vamos a ornamentar con joyas para que los luzcas al aire libre a la vista de todo el mundo, hemos venido a secarte tus lagrimas solipsistas con el pañuelo que envuelve a todo el cosmos, hemos venido porque queremos que sientas agorafobia, hemos venido para mostrarte cuan irrelevante es un
punto en una línea, hemos venido a sanar las heridas de tus entrañas pero tu tendrás que volver loco a las estrellas.


El humo omnisciente

Quisiera que el humo plateado y con vanidad mundana en lo más insondable de sus entrañas, agonizase sin tesón tras percibir como canto de sirena el inalienable rumor de las olas del agua de su conciencia. Quisiera que su desfile fuera inmundo y zarrapastroso, con la extraña regencia de un viento lacayo y noctámbulo, y la oscura pasión de una poesía herida y ensangrentada debido a los profanos rayos heliófobos que iluminan como un teatro clandestino a los mares de su conciencia. Son como una comitiva de profetas idolatras de siniestras facciones y de olvidada ciencia que pasean su alma en la manifestación de aquella utopía en sus vanguardistas y ancestrales destellos. Es como un humo que tan solo puede representar en la óptica de su cognición la corrupción del caos vitalista de la existencia en su oráculo; que se escribe con rayos y centellas, pues tiene sellado en el estigma de su espíritu el moribundo recuerdo de un árbol añejo de los bosques de su conciencia que cayó debido a la insoportable gravedad de su sentimiento. Es un humo irónico que se hospeda sin dineros en la posada de las emociones, su insoportable olor de trotamundos causa pánico en los comensales de un respirar falaz y opiáceo que escuchan con fervor piadoso y mendaz la aguda sinfonía de las campanas cortesanas. Es un ser misceláneo y maldito, pues en los juegos de palabras traicioneras de su alma partida en la ciudad de la eternidad y en los precarios harapos de las ropas de su alma, puede ver como una ley sagrada se fragua en las puertas de su alma con la sangre del mundo.

De sonrisa circular y de júbilo mortuorio pasea sus emociones en una isla donde nunca se pone el sol y donde nunca las olas del mar de la existencia le llevan las conspiraciones de cada lamento que muere en su solipsista costa. El humo es como un artista que generosamente otorga el resplandor de su espíritu a todas aquellas memorias profanas que fallecieron en su pasión tras quebrantar los pérfidos designios de los dioses encantados que vagan en el interior de la existencia. El humo en uno de sus peregrinajes espirituales se había metamorfoseado en niebla y algo hizo que dejase de meditar en la voluptuosidad del eterno ciclo y empezase a rendir culto a las espinosas agujas de lo concreto. Aquella niebla era la visión robada de aquel mercenario de la vida que yacía moribundo en el campo de batalla, ella era lo que había mas allá del muro, tenía la potestad de ir más allá de los designios de su visión. Sin embargo aunque aquel hidalgo caballero no podía ver sabía tanto como la misteriosa niebla y en un concierto desafinado de lamentaciones maldijo a todas las criaturas vivas, muertas y en estado de latencia en la nada: - ladrones, desventurados, embusteros, vosotros sabíais que la urraca del amor me estaba comiendo las entrañas y no me dijisteis nada, vosotros sabíais que la luna no es más que un pensamiento más de la conciencia del cosmos y no me dijisteis nada, vosotros sabíais que la soledad entraba sigilosamente en todos mis templos y no dijisteis nada, vosotros sabíais que la hoguera se apagaría al amanecer y no dijisteis nada, vosotros sabíais que tendría que vivir en el desierto y no me dijisteis nada, vosotros sabíais que tendría que vivir encerrado en la casa de mi conciencia y no me dijisteis nada.


Sin título 3

El funámbulo canta y baila en el trapecio con voz de acero oxidado y con pies alados y de extravagante torpeza rapsódica. De inmaculada ciencia y de alma miscelánea, intenta percibir el altar de la idiosincrasia cósmica desde la herida cerrada y nauseabunda de su espiritualidad atemporal. Sueña en un muro inmanente y abstracto que levanta las velas del bergantín del alma
con conocimiento disperso y quebrantador, con asfixia del aire del alma y moviendo los hilos de las distintas esferas de realidad como si de una marioneta se tratase. El sudor de su frente cae al abismo mientras su instinto se queda perplejo y cabizbajo sosteniendo el pedestal de su conciencia en un alambre fino y punzante como la delicada trascendencia del pensamiento. Con ojos de neón absorbe la luz del mundo desde su caverna de delirante arquitectura y como si de un sello se tratase plasma la realidad como una espada en el corazón de su fluctuar fenoménico. Recita sátiras costumbristas mezclándolas con agonías puras y virginales del agua de su conciencia, mezcla en un brebaje místico los accidentes topográficos del mapa del lenguaje de la existencia con la luz pálida de su alma, y un extraño suspiro desgarrador nace en los albores de su mente de granito. El funámbulo desperdicia su aliento en el desierto y siente la cautividad de sus versos convictos en una prisión de metal y cristal limpio y transparente. El alambre regenta el pesado respirar del funámbulo y es como un eco inflexible y suspicaz de sus tribulaciones y meditaciones. Una tormenta conspiradora y palaciega se hospeda en su devenir y como canto de sirena enmudece las primitivas fluctuaciones de la sangre de su conciencia
y la tiñe del perpetuo gris del cielo otoñal. El funámbulo queda suspendido entre los sentidos etéreos y los sentidos mundanos, entre la fría ventisca noctámbula de su alma y los rascacielos imperecederos y ultrajantes del lenguaje de la vida, entre las artes purgatorias y mezquinas del horizonte de sus ojos y un río de lava que arrasa todo lo que deja atrás en el camino. Se halla levitando en un espacio vacío con pensamientos de plomo y de bronce mientras todas las atalayas del tiempo le soplan a la cara con ráfagas de viento que lo acarician o que lo arañan, que lo hacen sumergir en un profundo sueño o que no le dejan de dar estacazos a la naturaleza
invisible de su esencia. De repente una pregunta insoslayable nació en todos los confines de su espíritu cuando osó mirar aquel cielo tormentoso. No podía hablar puesto que su vista celestial era ciega y no conocía el intrincado lenguaje de las nubes y el sol. Entonces encontró un ave mitológica que volaba en aquellos parajes y también en los senderos de su conciencia. El ave al verlo no ceso de burlarse de él y no cejo en su empeño de intentarlo hacer caer al precipicio. Le clavaba picotazos en todas las entrañas de su alma debido a su comportamiento profano y ascético. El funámbulo ensangrentado por dentro y por fuera, y harto de tanta insolencia le
suplico en estos términos al ave:"- déjame seguir este camino, porque sabes muy bien que no me queda otro, déjame seguir este camino porque sabes que nunca voy a conocer la leyenda del tiempo, déjame seguir este camino porque sabes muy bien que soy ciego tanto en lo hiperbólico como en lo transparente, déjame seguir este camino porque sabes muy bien que no tiene ningún sentido tanto si me dejas caer como si no". El ave no se compadeció del peregrino de la existencia y le contestó:- haces demasiadas peticiones y demasiadas preguntas ambiguas, yo nunca contestaré a tus preguntas simplemente corromperé el inmanente círculo de tu dialéctica. Con la venia me dispongo a hacerte yo mismo, el conocedor de la verdad, una pregunta obscena: mira el mundo y dime lo que ves".


Sin título 2

Un mapa de fuegos ingénitos y de pasión evanescente y sagazmente mártir, respira los ciegos designios de un cielo filosófico servil y alienado por el resplandor arquetípico de las inmutables conspiraciones del horizonte. Sin fronteras en el círculo de su esencia incandescente intenta reencarnarse en vano en una escalera de torcida arquitectura y de incognoscible rumbo panfletario. El mapa se encuentra entre el suelo y el cielo, entre la ley y su abolición, entre la danza y la música, entre la creación del cosmos y la dispersión de su sustancia en la percepción de su existencia. De mística intelección y de caracteres dinámicos y de caótica repetición de lo
idéntico, las borrosas líneas de sus límites siguen unas pautas aconfesionales, y se alejan o se acercan de la vista del pensamiento cuando su tinta toma el color de los luceros anímicos o de las sombras alegóricas de la nada. Sus semillas son de nacimiento espontáneo pues no son más que los agujeros del manto que envuelve a la totalidad. El mapa es de metáforas parásitas y redentoras, que nacen de los vómitos de las entrañas de sus tierras, son como un eclipse de la mente del cosmos, y su luz opiácea y de niebla que se une a su pseudoastro como el pensamiento a la realidad, hipnotiza el instinto opaco de la conciencia universal y sus ojos quedan eternamente sellados. El mapa es como una ciudad sin calles y sin bifurcaciones existenciales, es como un sendero que abarca la totalidad de sus divagaciones cíclicas. El fuego del mapa nace de un volcán que lo engendra todo pero a la vez no es más que un eslabón perdido, es como un abismo que bosteza creando huestes de insectos repugnantes y luz podrida. El mapa tiene la forma de una inmensa boca que nunca se atreve a abrir los labios, es como una ráfaga de viento de conocimiento profano, que golpea con brío las puertas del alma que se hallan oxidadas de tantas conspiraciones etéreas. El mapa no tiene nombres para designar a ninguna área del pensamiento y no es plano en su representación cognoscitiva, puesto que todas las etapas de la conciencia se hallan mezcladas entre si en la captación pura de la conciencia, es como un circo romano en el que los espectadores no cesan de abuchear a sus esporádicos ídolos. El papel del mapa esta hecho de la piel del cordero de la sociedad, y su sedoso tacto contrasta con la pasión nihilista de su fuego que arde con vivacidad pero que no puede quemar nada. El mapa se halla enrollado como si de un pergamino que fuera una reliquia de la sociedad se tratase, en cualquier cajón del armario de la conciencia universal. En uno de mis perpetuos peregrinajes espirituales a la captación de su inquebrantable unicidad, y que son
absolutamente imprescindibles para que se produzca el despliegue claustrofóbico de mi esencia, me detuve para mi enojo y tribulación en un área sagrada en la que tenía que desnudar mi alma para no profanar la santidad de su concepto. Pero al parecer me convertí sin saberlo en un hereje,  puesto que el resto del mapa se ensombreció, y quedo iluminada con la luz del alba del primer día, en que se puso la primera piedra del inmenso edificio del conocimiento humano. Entonces todas las palabras del mapa cambiaron su lengua y dijeron todas al unísono: -" yo soy el mapa de tu visión espiritual de la naturaleza, yo soy quien le da nombre a todas las calles de tu conciencia y a todos los senderos que pisas, yo soy aquella luz inexistente que crees que te ilumina, yo soy el que se ha inventado la verdad y el que te hace buscarla en tu prisión solipsista, yo soy un oscuro laberinto sin entrada y sin salida, yo soy las notas de la música que tu compones cada día, yo soy la condición de posibilidad de que el mundo exista, yo soy tu capricho y tu quimera, yo soy la vanidad del sabio y el consuelo del ignorante, yo soy nada más que tú monologo". Ante aquella afrenta tan doble, me percate de que no era más que uno de los infinitos puntos de un círculo y le contesté: -destrózame, todo el mundo esta mirando, destrózame todo el mundo lo esta esperando.

El punto negro

1

Hallábame sumergido en letras de color crepuscular
Chorros de tinta de turbias imágenes de poesía circular
Emociones deshidratadas y ahogadas en la canónica luz selenita
Mediante temblores en mi apostásica memoria respiraba el eremita


2


Mi inmaculado papel se arrugaba como mi cara al esbozar
Etéreos trazos que cabalgan en el presente como mi sombreado penar
Noche vagabunda y cómplice de aquella austera música ceremonial
Sostenía aquel sueño amorfo que se escuchaba en aquella velada espectral


3


Brillaba como un eclipse tan parsimónico como inexistente
Aquella lúgubre habitación atada a aquel divagar penitente
Luz sutil y repulsiva se comía aquellos trozos de tiempo misceláneos
Cuan cristales rotos se esparcen en aquella macabra vivencia sin peldaños


4


La noche fluía con la misma arrogancia que una tierra sin señor
Como un resplandor uniforme y con marcas rojas de dolor
Con un grito ahogado de terror divulgaba aquel sueño negro olvidado
En su piel blanca y sin poros que prohíben el retorno del resplandor
anhelado.


5


La ventana entreabierta dejó pasar una voz lejana
De Áurea descortesía y de fuente sucia y profana
Se quedo pasmada en el aire esperando que la escuchara
Yo sabia que tenia que ser la maldición que por mi sueño velara


6


Interrogue a aquel murmullo tajante y desaprensivo:
- ¿vos sois el eco que vaga en los montes de la luna asfixiando a mi sueño
cautivo?
¿Queréis una brizna de mi respirar helado para saciar el hambre
De vuestra macabra poesía sin palabras audibles y sin raigambre?


7


El murmullo se metamorfoseo en un punto de luz negra y podrida
Se había manifestado en un purgatorio irrespirable y sin salida
Voló hasta la altura de mis ojos resecos como la cuenca de un río
Dijo: - mentira. Como si se tratase de un himno impío


8


El punto negro se poso en el papel en el que estaba escribiendo
De un soplo absorbió la tinta como si mis pensamientos estuviese bebiendo
Yo dije: -¿dónde esta aquella tarde soleada, radiante y aterciopelada
En donde respiraba el noble sentimiento de mi amada?


9


El punto negro volvió a la altura de mis ojos y relampagueo por dentro
Me enseño en sus adentros a mi amada huyendo de mi encuentro
La electricidad era negra en aquel opaco espejo repleto de ira
Exploto por dentro y habiendo soñado hasta la saciedad, dijo: - mentira


10


Me levante de la silla y seguí a aquel punto vagabundo
Que erraba alrededor de mi habitación con la ansiedad de un verso inmundo
Dije: - ¿dónde esta aquella misteriosa comunión en que el fuego no expira?
El punto negro apaga la luz de todos los planetas y dijo: - mentira

11

Aunque el mundo sintiese tanta vergüenza como para desaparecer
Tenia que humillar a aquel punto para que otro sueño empezase a florecer
Pero el punto conocía el rumbo de los planetas y los hacia girar con la
música de su lira
Conocía mi pensamiento y antes de que abriese la boca, dijo: - mentira