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POEMAS

por Boris Rozas

borisrozan@usuarios.retecal.es

 


 

Puedo Esperar

La venganza del agua

es ahora mismo lo que mas temo.

Mientras voy viendo,

desapareciendo

calando huesos de marmol,

fijando cruces al suelo eterno,

batiendo mis alas de esparto,

cruzando

mirando

recorriendo las almas,

entre tanto tiempo;

desafiando

llorando visos de pobreza,

luchando por mis manos.

 

Besando el día,

leyendo

barriendo

sucios renglones,

despacio

camino

por entre los hombres,

luchando contra mis huellas.

 

Solo estoy entre tanta multitud

vaciandome,

notando el viento.


Blando

 

Blanco de blando acompaño
y voy blandiendo,
bandera de mastil metálico y sangre,
calavera de formas.

Blando de banco de madera
voy andando,
visera de sol y otros extraños,
esqueleto de carne.

Viento de metal y burbuja
voy sangrando,
campo de luz y de ojos,
masa de voz y de piel.

Llanto por el blanco de mi cuerpo
,vas entendiendo,
blando de tejido intravenoso,
ágape de hombres.
 


 

Vida del cuerpo

   

 

Dos manos están sobre la mesa

Volcadas sobre el tiempo,

Con la arruga del paso de tu corazón,

Y la marca de la abundancia insípida.

 

La huella que se adivina es tan efímera

Que se confunde con el aire,

Las paredes que me rodean

Son la mejor forma de perder.

 

En el otro extremo de la mesa

Descansan mis ilusiones,

Alumbradas por el otoño

Siempre brotando en sonrisa.

 

Pena de la quietud del cuerpo

Toda la densidad del agua.

 

Ya rezuma el invernal desaliento

Por las tranquilas sendas;

Llegan el viento y la lluvia

La paz y el descanso.

 

Donde descansan mis manos

No alcanzan las tuyas.

 


 

OTOÑO.

 

Desde este punto sin retorno, que es la vida

Veo luces y sombras mezcladas con arena de tu tiempo.

Noto como pasan los dias por mis venas,

Llevándose consigo los hechizos de tu cuerpo.

 

Espío la muchedumbre que sale a la luz del día,

Siempre siento como miran, como piensan en voz baja,

Ya se fue el tiempo de mirarles con envidia,

Quedan los vientos y las amarguras del alma.

 

En tu boca guardaba yo mis recuerdos,

Mis amplios poderes, mi genuflexión,

La calma velada de mi decepción.

 

Las hojas de mi vida son los pliegues de tu espalda,

Mi juventud, mi vejez, agarrado a tu falda.

Sabiendo que la vida no son sino acuerdos,

Pequeños poderes que otorga el amor,

Milagros del mar, castillos del dolor.

 

Visto así, la inquietud se desparrama

Por el hueco de tu blusa,

Pero los labios me demuestran

Que tu otoño ha comenzado.