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POEMAS 

de Luis Alberto Salvarezza

profsalvarezza@hotmail.com

 

Luis Alberto Salvarezza nació en C. del Uruguay (E.R.) en 1957, autor de nueve poemarios, ha sido distinguido en varias oportunidades; profesor de lengua y literatura castellana, ejerce la docencia ademàs de dedicarse a las expresiones plásticas.


                               "Estamos hechos de tristes costumbres, de recuerdos"
                                                                              Cesare Pavese
 
El hombre consuélase
desenterrando el inacabado cadáver de su historia:
la infancia que nunca fue caballos sino coágulo de luz
y sin embargo, lila, crin, trote y huellas.
El acariciado encendido aroma a azahar,
las palomas y su encierro.
Y tantos luminosos secretos irguiéndose como fantasmas.
 
El hombre consuélase
desenterrando el inacabado cadáver de su historia:
la adolescencia y sus montañas. La luna, el mar y sus mareas.
La cálida intimidad de la primer mujer. El miedo y la dicha.
La desolación y sus arenas.
La excitante sudorosa emoción de los cuerpos,
el engaño y las ofrendas.
La absurda sensación de la libertad y su desnudez
y un viento con perfume a alturas
y ese otro itinerario hacia lo irreparable.
Y esta obsesiva solitaria costumbre de buscarse
-como si hubiese vida-
en los féretros de la sangre
o los edificados espacios de la dicha.
 
El hombre consuélase con el recuerdo.
Y el recuerdo aunque vital es cruel y es falso,
nos desentierra vivos.
 
"El hombre consuèlase con el recuerdo
cuando comienza a comprender su muerte".

 


 

PABLO PICASSO

 
En un solo trazo se resume la historia de un hombre.
¿Pero sobre qué tela se resuelve ese trazo?.
Un arlequín disparado como una flecha hería el alba.
Y un alarido de horror buscaba la libertad
desde las vacilantes banderas de la angustia, desde Guernica..
Una mano desarticulada abría la última puerta: la definitiva.
Y aves de rapiña eran insinuación de tormenta en las cúspides del sueño.
Y en las arenas, recién esparcidas, un toro de silencios,
arabesco, capa y lentejuela,
nos embestía desde su furia la sangre.
Un bouquet de caléndulas, bocas, ojos, nalgas,
vientre, cejas y piernas.
Toda la sed y la mordedura en los límites del gozo y la rabia.
Y un temblor de frías miserias hecho paisaje,
naturaleza muerta, desolación o intemperie.
Y emergiendo como un soplo genital
desde ese rojo agónico animal sagrado,
no lo niegues, la eternidad, tu última modelo.
¿Pero sobre qué tela o cielo se resuelve ese trazo?.
Bocas, ojos, nalgas, vientres, cejas y piernas.
Y un arlequín disparado como una flecha hiriendo el alba.
 

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