| IRONÍAS
Y METÁFORAS.
La ironía no es atributo de todos
los humanos. Esta facultad de percibir las cosas, la espiritual aptitud
de definir con garbo y sutileza lo bueno y lo malo de la vida, es privativo
de minorías. El irónico ensalza lo que desea menospreciar,
rebaja aquello que desea exaltar, admite cuando quisiera negar y desconoce
lo que pretende afirmar. Es una forma peculiar de la expresión con
calidades y matices que degenera, a menudo con vulgaridad y chabacanería,
en el dicho agudo y gracioso: el chiste.
Pasión e ironía se entrelazan.
La mordacidad es un accidente impulsivo que brota como necesidad, e irónicamente
somos capaces de criticar, desconocer o rebajar aquello que, por sentirlo
más a lo vivo, desearíamos reprimir. Spinoza escribió
de esta tendencia temperamental.
Lope es irónico por apasionado;
la máscara que él utiliza para la burla y el donaire le define
maestro de la ironía en Burguillos, el instrumento apropiado para
desdoblar una personalidad apicarada, vislumbrada también en cartas
y manuscritos, en las «figuras del donaire», elemento de su
teatro, que confirma el sarcasmo y el dominio de la sátira social
del mundo que le rodea.
Las ironías epistolares pueden
ordenarse, en un esbozo de clasificación, sobre aspectos que influyen
y dominan en la personalidad lopesca, y así aparecen las relacionadas
con la sensualidad y erotismo, climatología, medicina, envidia y
frailofobia.
En materia de amores asesora irónico;
es intencionado en el comentario -«...pues solo por Troya podía
ordenarse hombre de tantos incendios...» (Carta 138) y,
conocedor de las íntimas relaciones, es un convencido ironista:
...que el oficio de la cama, como no es
del arte, sino de la naturaleza, tiene menos cursos que las universidades,
pues es camino que con andalle una vez, quedan maestros, y hasta hoy no
he visto preguntar a nadie por dónde ni pedir señas...
Todo es compenetrarse, gustarse mutuamente:
«...que cuando dos no cantan a dúo, la carne huele a cabruna...».
Hay que elegir certeramente, porque fémina placentera suele divorciarse
de obras pías y de la ejemplaridad que un ambiente de moralidad
crea en derredor:
...¿cuándo ha oído
V. S. decir que algún hombre se ha ido jamás a holgar a Navarra?...
El bullicio cortesano ayuda a los pecaminosos
contactos con las «tapadas» y da ocasión a pláticas
y galanteos en los madrileños paseos donde se ojean las piezas y
se preparan las visitas nocherniegas:
...bien supe que estaba Vex en el bosque
de Venus, que así llamo yo al Prado...
Tampoco se desaprovechan las festividades
religiosas, recogidas en un ambiente sensual, que irónica-mente
refleja este párrafo:
...todo Madrid fue altares que parecían
un jueves santo aquellas noches con muchos Sanjuanicos y Jesuses, velas
y doncellas, ardiendo todas. ¡Mala mano de Judas que las mate, que
tal prisa tienen por casamiento!...
Felipe IV da ejemplo de vida licenciosa,
y si alguna vez recuerda que tiene esposa, Lope se despacha a su gusto:
«...créese piadosamente que durmieron juntos...».
Lo que importa es no desdeñar la
ocasión - «...pues bien puedo yo comer de una cosa para
satisfacer la hambre, sin que sea tanto que me cause enfermedad o disgusto...»
-y ¡nada de hacer remilgos!; cualquier estación es buena,
aunque el verano anime más a contemplar que a actuar, pues en la
canícula -«...no hay salud en el lugar, sobra calor, mujeres
y necios...» -y en tiempo caliginoso no conviene dema-siados
ofrecimientos a Venus, por lo que el consejo abunda en irónica tesis:
...los calores son excesivos aquí,
huélguese Vex de los fríos de Castilla, que le prometo que
se puede tener el destierro por comodidad, si se ahorran, en julio, mujeres,
calores y visitas necias...
Para el placer de los brazos son mucho
mejores los meses fríos, aunque en las callejas «...corra
un cierzo que les ha dado cámaras...»; casi es mejor adolecer,
tener achaque que devuelve el juicio, amenguando el grosero apetito:
...yo estoy con más alivio de mis
males, aunque menos en los del amor, pensión de mi condición...
...que me han bizmado como si fuera bestia,
aunque algo debo de tener de eso...
La libertad e independencia son inmejorables
sin conyugales interferencias y familiares vigilancias entorpecedoras de
planes laboriosamente preparados. Jamás fue más dichoso el
amigo de Lope que, cuando libre de la presencia de su padre político
en el lugar, pudo exclamar:
...nunca Madrid tuvo más salud,
pues vive sin suegro...
Así todo es más fácil,
menos violento, y si algo le preocupa-faceta irónica del comportamiento-es
la competencia, y erasmiano o frailófobo, Lope encuentra siempre
motivos para burlarse del clero regular.¡Dios nos libre de competir
con frailes, músicos o alcaldes!, seres privilegiados para los negocios
amo-rosos:
...que ningún hombre cuerdo compitió
con genovés, músico y fraile...
¿Experiencia de la vida? ¿Sarcasmo
e ironía anticlericales? ¡Vaya usted a saber!, pues pullas
y rejoncillos contra clérigos rijosos se recogen con liberalidad
en Rabelais, Brantôme, etc., y en el Cancionero de Horozco; por ejemplo,
en este entremés:
...Oh cuerpo de San Gregorio
con el fraile
si no viene como un aire
pensando llevar branquillas.
¿Salís de las tabemillas,
reverendo?
En todo debe entender
este padre,
y aun si viera la comadre
a donde la puede haber
o si tiene mal de madre
melezina que le cuadre
le sabrá también poner...
Lo cierto es que resulta improcedente y poco
ejemplar en un sacerdote el zaherir y burlarse de la continencia y moralidad
de la clerecía, aunque las órdenes le debilitaran tanto «...que
después que soy del Evangelio me hiciera pedazos el menor brinco...».
Educado en los jesuitas, arremete contra
la Orden ignaciana:
...Vex me avise y quédese con
los ángeles, que entran dos teatinos y yo lo siento de suerte que
pienso estoy en ca-pilla corno Escarramán...
Y sabedor de las flaquezas de algunas
viudas y malmaridadas insinúa, como Horozco, que la lujuria se apodera
de todos:
...algunas viudas... comen muy lindos
capones y duermen con catorce frailes...
¿Erasmismo? ¿Crítica
social de una época decadente de inusitada tolerancia? ¿Obsesión
sexual? Para el caso es igual, puesto que pretendemos demostrar que para
Lope la ironía es válvula de escape y que, escéptico
de la amistad, obsesionado con envidias y rencillas de malquistos poetas,
resume con gracejo e intención un incidente nimio en el Toledo abigarrado,
sugestivo y oriental:
...En Zocodover me asió la mano
Mendoza, pensé que me la quería morder y cubrilla con el
manteo...
Un diálogo entre la villana y Ursón
tiene analogía:
...pues yo lo juro; ea, dame
aquesa mano
¡Ay, qué miedo!
No sé, ¡triste!, cómo
puedo
o a quién en mi ayuda llame
¡Si me la quiere morder!...
(Ursón y Valentín.)
Así fue Lope-Burguillos, el poeta
desvergonzado que desea gozar a la lavandera lozana que orea las ropas
en los sotos del Manzanares; irónico siempre por temperamento apasionado;
el que en la Imperial Ciudad, viviendo en modesta buharda, con lluvia inclemente,
replica zumbón:
...tanta ha sido el agua de Toledo, que
no le he visto ni salido de un aposento tan alto que me ha hecho pensar
que desde aquí, con menos trabajo, se puede llegar al cielo...
METÁFORAS
El tropo o metáfora consiste en
trasladar el sentido recto de una voz en otro figurado, merced a una comparación
tácita. Existe en lo metafórico una parte formal dependiente
de la cultura, riqueza de imágenes verbales, facultad perceptiva
y asociación de ideas; y otra esencial que constituye, en sí,
la naturaleza de lo alegórico. Precisando y analizando más,
puede distinguirse entre la metáfora erudita y la popular. Ambas
aparecen en Lope conceptista, al servirse magistralmente de ellas para
visualizar lo que quiere su rico imaginar. En el artista, máxime
cuando es genial, la cualidad dominante es la imaginativa, apareciendo
evocaciones gratas, simpáticas, en un decir llano, vulgar; o bien,
metáforas-ornamentación del lenguaje-y escape premeditado,
por la tangente, de la fantasía.
Lope abunda en tropos espontáneos
captados en aquello que le es familiar, y sus metáforas y dichos
populares, tan hermosos y sugestivos, merecen que algún erudito
folklorista los estime como la sal y pimienta del idioma.
Los escarceos verbales, el juego de palabras,
atraen al gran simbolista que usa de metáforas
-imágenes y figuras-, buscando
en las inacabables riquezas filo-lógicas para sacar a la luz el
sentido metafórico de la vida, ¡que nadie como los poetas
para cantarlo!, y asemejarlo al continuo caminar hacia el piélago
infinito de la mar... que es el morir, según conocida expresión
de Jorge Manrique.
«Amarilis», apasionado
querer del hombre maduro, es virgiliano, rememora luz, alegría y
juventud, trocándose en «madre de la piedad» cuando
Marta intercede por el tunante Lopillo.
El Fénix es el poeta de la metáfora,
y en su ima-ginación y simplificación aparece fácil
y oportuna. Huerto deshecho alude al estado de su alma y causa asombro
el conocimiento del tropo vulgar en este curioso coloquio entre hampones
(Perote y Bartolo):
...Alfiler llamo al alguacil
¡¡Famoso!!
«Garfio» al corchete; a las
esposas, guardas;
a los presos antiguos, abutardas;
al Alcaide, prior; torno, al portero;
herrador de las piernas, al grillero;
a los tres ayudantes, monacillos;
abanico, al soplón; trampa, a
los grillos;
al escribano, tejedor.
¡¡ Me agrada!!
Y al libro del acuerdo, manotada;
a la pluma, pincel; al papel, raso;
firma a la tinta; al visitar, traspaso;
al negar, chitón; el mal vecino,
al verdugo; al borrico, vizcaíno;
a las espaldas, facistol de cuero;
a la penca, el compás con el puntero;
los colorados llamo a los azotes,
y porque con latín la pluma cierre
a la horca llamé Finibus terrae.
Con letras de cartel de comedias
escrito había de estar en mármol
parió tan nuevo, tan gentil vocabulario...
(El entremés del letrado.)
Inspiradas metáforas, creadas por
su imaginación para expresar la celotipia, se encuentran constantemente
en sus comedias. Aquí tenemos una interesante para el biólogo:
...celos son como sangrías
que en ocasiones y días
o dan la vida o la muerte...
(Hay verdades que en amor.)
Pero la intención que nos anima
es insistir en un aspecto más de su personalidad, contribuyendo
al conocimiento de su psicología. Hemos elegido, por ser menos conocidas,
algunos retruécanos y metáforas epistolares, ordenándolas
en estos cinco grupos: autobiográficas, escatológicas, amorosas,
higiénico-sanitarias y médico-terapéuticas.

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