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"Historia de México para principiantes".6
por Íñigo Fernández Fernández (Méjico)
arquemoro@hotmail.com
ISBN-84-9714-
 

III.- La lucha por la Independencia
(1808-1821)

1.- Los Antecedentes.

Una guerra de independencia no es un proceso que se geste de la noche a la mañana o, bien, que se dé sin causa alguna. Aunque este fenómeno estalló en 1810, sus antecedentes se remontan años atrás.

Como causas internas de la lucha por la independencia se puede considerar, en primera instancia, el proceso de decadencia por el que pasaba España. Históricamente hablando, esta nación europea se caracterizó por tener un espíritu tan belicoso que constantemente se enfrascaba en guerras continentales que financiaba con los recursos enviados por América. Cuando se implantó en España la casa de los Borbones, y por ser éstos de origen francés, la Corona adquirió el compromiso de que cuando su similar francesa fuera atacada por una nación enemiga España tendría que apoyarla militarmente. El paso de los años demostró que este "pacto de familia" fue más ventajoso para los francos ya que fueron más numerosas las ocasiones en que España defendió a Francia. Ahora bien, estas guerras eran muy costosas y la Corona española podía financiarlas sólo por medio de una política de préstamos obligatorios y de incremento de impuestos. En Nueva España esta medida fue despiadada y aunque a todos afectaba, los criollos resultaron ser los más perjudicados por ser el grupo económicamente más fuerte.

Por otro lado, la falta de sensibilidad mostrada por la Corona molestaba mucho a lo criollos novohispanos. Se les exigían préstamos cuantiosos —que sabían que jamás les iban a ser devueltos— mientras que el rey Carlos IV organizaba todas las semanas lujosas fiestas en alguno de los numerosos palacios de los que era propietario. Otro acto torpe o insensible por parte de la Corona fue la famosa "Cédula de Consolidación de Vales Reales". En la época virreinal no existían bancos en Nueva España; si alguien requería un préstamo, situación muy común en el campo, recurría a la Iglesia, institución que, a cambio de la firma de un vale, daba un préstamo blando (largo vencimiento y con intereses del cinco o seis por ciento anual) al solicitante. Se calcula que en 1804, año en el que entró en vigor la cédula, el noventa por ciento de las propiedades rurales novohispanas estaban endeudadas con la Iglesia. Pues bien, a través de la "Cédula de Consolidación de Vales Reales" lo que hizo la Corona fue quitarle a la Iglesia estos adeudos e intentar cobrarlos bajo la amenaza de que a quien no pagara se le quitarían sus propiedades. Muchos deudores temerosos se apuraron en mal vender otros posesiones para poder saldar su deuda sin tener conocimiento de que el monto total de los vales que el gobierno español tenía en sus manos superaba en varios millones de pesos al total del circulante en Nueva España; en pocas palabras, no había suficiente dinero en el virreinato para pagar la totalidad de los adeudos.

Otro factor ha considerar fue el descontento de los criollos por la discriminación. Los españoles americanos, orgullosos por haber nacido en un continente tan rico como éste tenían que soportar grandes cargas fiscales y, además, eran marginados de los puestos importantes en la política, el clero y la milicia. No es de extrañar que tuvieran sentimientos encontrados ya que si bien se sentían orgullosos por su ascendencia española y por haber nacido en América, también se encontraban enojados pues siendo los verdaderos señores de estas tierras, eran echos a un lado en lo que se refiere a los puestos importantes. Curiosamente este enojo no hizo —en la mayoría de los casos— que los criollos albergaran ideas independentistas pues, al final de cuentas ¿por que querrían independizarse de España si ellos se consideraban españoles?; la demanda más importante que tenían los españoles americanos era que se les diera la oportunidad de ostentar los cargos relevantes en el virreinato.

Como causa externa de la guerra de independencia se ha considerado tradicionalmente la invasión napoleónica a España. El emperador francés, Napoleón Bonaparte, deseaba a inicios del siglo XIX imponer un bloqueo marítimo contra los ingleses, sus acérrimos rivales. Este bloqueo continental implicaba que Francia controlara todos los países europeos que al norte tuvieran costas, pues de ahí saldrían los barcos que impedirían que otros navíos pudieran entrar o salir de Inglaterra. Con ello conseguirá que los ingleses pudieran comerciar con su colonias y lo sumiría de esta manera en una profunda crisis económica que facilitaría a Napoleón su conquista. Los dos únicos reinos que le faltaban a los franceses para la concretar este plan eran España y Portugal.

Mientras tanto, en España las cosas no marchaban bien. Carlos IV mostró, desde su llegad al trono, un desinterés y una notable incapacidad para gobernar por lo que siempre dejó el control político en manos de favoritos o balídos. El último de estos fue Manuel Godoy, un joven político que a base de corruptelas y de amoríos con la reina, María Cristina, logró hacerse de una fortuna considerable, ostentar el cargo de primer secretario y, con él, tener el control político de España. 

La incapacidad del rey y la ambición de su secretario fueron factores a los que Napoleón les supo sacar provecho. En 1807 Napoleón pidió permiso a Carlos IV de atravesar España para conquistar Portugal. Godoy —a quien el emperador francés le había prometido dar una porción del país en cuestión— logró que el rey de España diera la autorización y que prestara soldados a Napoleón. Cuando Portugal fue sometido en 1808, los españoles pudieron constatar que los franceses en vez de abandonar su territorio, incrementaban su número en lo que para muchos fue una de las conquistas más fáciles que tuvo Napoleón. El pueblo culpó de ello a Carlos IV quien, desesperado por su impotencia para detener la invasión, abdicó en favor de su hijo Fernando VII, joven monarca que mostró mayor interés por el poder pero igual incompetencia que su padre para detentarlo.

Para Napoleón ello no fue un obstáculo pues a través de engaños logró llevar a Francia y encarelar a Carlos IV y Fernando VII. Una vez que toda la familia real española fue privada de su libertad, el emperador francés logró que el hijo abdicara a favor del padre, que éste lo hiciera a favor de Napoleón Bonaparte y él, por último, nombró a su hermano José como rey de España (apodado por los hispanos como "Pepe Botella" por el supuesto alcoholismo que padecía). Cuando las noticia de la aprehensión de los monarcas llegaron a España, al mismo tiempo que su nuevo rey juraba el cargo, el pueblo salió a las calles para repudiar estos hechos. Una ola de violencia contra los franceses se generó en las ciudades españolas más importantes y con ella, una de las más cruentas represiones en la historia de la humanidad. Era el 2 de mayo de 1808.

Los políticos españoles que desconocían el régimen de José I, declararon que mientras que Fernando VII estuviera encarcelado el trono español quedaba vacío y que, por ello, cada provincia debía de crear juntas que gobernaran en nombre del rey encarcelado. La propuesta tuvo éxito y rápidamente cada provincia creó sus juntas de gobierno suscitándose así un caos pues cada organismo actuaba en función de sus intereses y no en los de la nación. Para evitar este problema, se decidió crear una Junta Central en Cádiz cuya función fuera la de ser la cabeza de sus similares a nivel local y dictarles órdenes sobre lo que debían de hacer.

Cuando las noticias sobre el encarcelamiento y la abdicación de Fernando VII llegaron a Nueva España, el pavor se apoderó de la clase política y de los criollos. ¿Qué es lo que debían hacer para no traicionar al rey? Las facciones surgieron rápidamente. Los criollos defendían la postura de que se debía de organizar una junta de gobierno en nombre de Fernando VII, aunque no decían que ellos fueran a controlar dicha junta. Los peninsulares, por su parte, establecían que el real Acuerdo (asamblea gubernativa conformada por el virrey, la audiencia y el arzobispo de la ciudad de México) debía de gobernar hasta que se esclareciera el panorama en la metrópoli. 

La situación se tensó cuando el virrey, José Iturrigaray, no quiso apoyar a ninguna de las partes. Este hecho fue tomado por los peninsulares como muestra de su apoyo a los criollos que, según los europeos, querían aprovechar la situación para proclamar la independencia del virreinato. Fue por lo anterior que en la noche del 15 de septiembre de 1808, un grupo de comerciantes peninsulares entró en el palacio de gobierno, apresó al virrey y a su familia y puso en su lugar a Gabriel de Yermo.

A partir de este momento los criollos comenzaron a tildar al gobierno de la ciudad de México como ilegítimo porque ni representaba al rey ni al pueblo novohispano. También hay que destacar que esta repulsa era el resultado de la frustración de los españoles americanos quienes veían como sus sueños de llegar al poder se disipaban. Dispuestos a no quedarse cruzados de manos, los criollos más comprometidos con la causa de establecer en el virreinato una junta de gobierno, comenzaron a hacer conspiraciones en diversos puntos del mismo a partir de 1809. Todas estas confabulaciones (en Celaya, San Miguel el Grande, Valladolid...) compartían algunos elementos: coincidían en que había que eliminar al gobierno de la ciudad de México para consumar su meta, también existía una mayoría criolla dispuesta a sacrificarse y, finalmente, fueron descubiertas antes de estallar.

2.- El movimiento de Hidalgo (1810-1811).

De todas estas juntas, la más famosa fue la de Querétaro (1810) por ser considerada la iniciadora del movimiento de independencia mexicano. Ignacio Allende, Juan Aldama, Miguel Domínguez, Josefa Ortiz de Domínguez —mejor conocida como La Corregidora, por estar casada con el corregidor de Queretaro— y Miguel Hidalgo fueron sus miembros más famosos. En contra de lo que muchos creen, el cura Hidalgo fue el último en unirse a la confabulación y ello se debió a la intervención de su amigo Allende, quien consciente de que un sacerdote ayudaría a que más gente se uniera al movimiento, invitó al sacerdote a que participara.

Miguel Hidalgo y Costilla era un párroco poco habitual. Asentado en el pequeño pueblo de Dolores y proveniente de buena familia, este criollo ilustrado se preocupó por conocer las necesidades de sus feligreses más pobres y de ayudarles a través de la creación de pequeñas fábricas de loza, el cultivo de la morera, la enseñanza de la música y el teatro.... 

Los conjurados tenían planeado iniciar el levantamiento en diciembre de 1810, pero fue en septiembre del mismo año cuando las autoridades españolas fueron notificados de la existencia de la conspiración en Querétaro y actuaron para detenerla. Al momento en que los primeros criollos fueron detenidos, los conspiradores comenzaron a cuestionarse si debían lanzarse a las armas o entregarse a las autoridades. Hidalgo fue el encargado de tomar la decisión. En la madrugada del domingo16 de septiembre de 1810, junto a Abasolo y Allende, tocó las campanas de su iglesia y se dirigió a su feligreses para que, junto a ellos, tomaran las armas. A este suceso se le conoce como "El grito" (que aún se celebra año tras año el 15 de septiembre) y mucho se ha dicho de él, pero es poco lo que realmente se sabe pues fue producto de la improvisación. Tradicionalmente se dice que en él Hidalgo invitó a los "mexicanos" a que pelearan contra el mal gobierno de España, contra los gachupines y a favor de la independencia. Mentira. No pudo convocar a los mexicanos porque México, el país, aún no existía y los únicos mexicanos existentes eran los habitantes de la capital del virreinato; si se refirió al mal gobierno, pero haciendo referencia a que éste era el de la ciudad de México porque había emanado de un golpe de Estado; no pudo haber declarado la independencia pues la mayoría de las versiones coinciden en que una parte fundamental de este llamado fue "viva Fertnando VII". Queda claro que este movimiento deseaba tomar el poder para crear una junta de gobierno criolla.

Desde su inicio, el levantamiento de Hidalgo tuvo como metas claras tomar las ciudades de Guanajuato, primero, y de México, después. La asonada también fue atractiva para las mayorías pobres de la región central de Nueva España pues les gustaba y daba confianza que fuera un sacerdote el líder, que la imagen de la Virgen de Guadalupe fuera su bandera y que se les permitiera saquear y asesinar a los peninsulares.

Los criollos del resto del virreinato vieron con beneplácito inicial el movimiento pues comprendían que les iba a permitir tener acceso al poder político. Esta situación cambió cuando se difundieron en Nueva España los sucesos ocurridos en la Alhóndiga de Granaditas a finales de septiembre. Situado en la ciudad de Guanajuato, punto vital del virreinato, este almacén fue utilizado por los peninsulares como refugio frente a la inminente llegada de Hidalgo y su improvisado ejército de 50,000 hombres. Después de un cruento sitio, los levantados en armas lograron acabar con la resistencia peninsular —según el mito gracias a la intervención del Pípila, un joven minero que tras cargar una pesada loza de piedra tras su espaldas logró prender la puerta de la fortificación— y entraron al recinto para robar y asesinar a los sobrevivientes; no conforme con ello, la turba desbordada e incontrolada salió por las calles de Guanajuato para saquear las viviendas y comercios. Este caos sólo pudo ser controlado cuando Allende comenzó a disparar los cañones en contra de la gente sin importar a cuantos de sus hombres asesinara. Estos hechos inusitados en Nueva España hicieron que los criollos le quitaran su apoyo a Hidalgo, pues si bien querían el control político, no lo deseaban a costa de la violencia y el desorden. Otros, además pensaban que lo ocurrido en Guanajuato también podía suceder en la ciudad de México, altiva capital del virreinato, atrayendo consecuencias nefastas para Nueva España.

Ello no importó a Hidalgo pues mientras se enfilaba a la ciudad de México, su ejército aumentaba hasta llegar a tener la asombrosa cifra de 80,000 hombres. Con un contingente así era de esperarse que el ejército español fracasara en todos sus intentos por detenerlo. El 30 de octubre las tropas españolas y rebeldes se enfrentaron en el cerro de las cruces (ubicado en la actual Cuajimalpa), en lo que para Hidalgo era el último obstáculo para llegar a la ciudad de México. Después de seis horas de batalla, los soldados españoles fueron derrotados y todo quedó listo para la ocupación de la urbe. Fue en este momento cuando la historia dio un giro sorprendente. El 31 de octubre Hidalgo tomó una decisión que a todos sorprendió: ordenó la retirada. ¿Por qué retirarse cuando el fin último estaba a punto de concretarse? Hidalgo nunca lo explicó. Existen varias interpretaciones de este acto. Hay quienes afirman que tenía miedo de no poder controlar a la turba una vez ocupada la capital; otros explican que sabía que al entrar a la ciudad de México su aventura y protagonismo iban a finalizar; y por último, algunos creen que sabía que estaba cerca el coronel Félix María Calleja, único soldado español que le podía derrotar, y no quería que le sorprendiera estando en la sede del gobierno virreinal.

En noviembre de 1810 y como consecuencia de la medida anterior, Hidalgo y Allende decidieron separarse. El primero marchó a la ciudad de Guadalajara y el segundo a la de Guanajuato. La separación no sentó bien a ninguno puesto que Allende sufrió derrota tras derrota frente al ejército español, Hidalgo se dedicó a menesteres de tipo jurídico olvidándose por completo de la cuestión militar, tan importante para la subsistencia del levantamiento. En enero de 1811 ambos caudillos se juntaron de nuevo para fortalecer al movimiento y ofrecer un frente común contra Calleja que estaba muy cerca de Guadalajara. El enfrentamiento se llevó a cabo el 7 de enero de 1811 en un lugar llamado "Puente de Calderón" y el saldó ahora fue favorable para los españoles. Calleja no sólo derrotó a Hidalgo y Allende, sino que acabó literalmente con su ejército al aprehender a gran parte de sus oficiales y apoderarse de casi todos sus cañones. Hidalgo y Allende escaparon casi milagrosamente y tras reencontrarse en el estado actual de Aguascalientes decidieron ir al norte y pedir apoyo militar y económico a Estados Unidos. Nunca pudieron concretar el proyecto, pues fueron tomados prisioneros en Acatitla del Baján (Hoy Baján, Coahuila), enjuiciados —a Hidalgo se le hizo un juicio eclesiástico por ser sacerdotes— y condenados a muerte. Allende, Aldama y otro levantado llamado Mariano Jiménez fueron fusilados el 26 de junio, y un mes más tarde, Hidalgo. El virrey ordenó que las cabezas de los cuatro fusilados fueran puestas en jaulas y colgadas en cada una de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas como muestra para la población de lo que podían esperar todos aquellos que se levantaran en su contra.