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"Historia de México para principiantes". 11
por Íñigo Fernández Fernández (Méjico)
arquemoro@hotmail.com
ISBN-84-9714-
 

2.- La Revolución de Ayutla y la Guerra de Reforma (1855-62).

La revolución o levantamiento de Ayutla fue organizado por un grupo de liberales liderados por Juan Álvarez, el cacique más importante del estado de Guerrero. que deseaban acabar con la dictadura santannista, la injusticia social, los privilegios soiales y el rezago educativo en el país.

Los liberales mexicanos, tanto los que se encontraban en el país como los exiliados, conformaban una joven generación de políticos con ideas diferentes. Conscientes de los problemas tradicionales del país y aún adoloridos por la guerra con Estados Unidos, estaban dispuestos a hacer lo que estuviera en sus manos para evitar que esta situación subsistiera por más tiempo. Ideológicamente se les puede considerar como herederos ideológicos de la vertiente más radical del Partido del Progreso. Creían fervientemente que la única manera de hacer de México una país moderno era romper completamente con el pasado, al que consideraban un lastre nacional. No sólo fueron imitadores del partido citado, también tuvieron aportes vinculados con las ideas liberales que estaban de moda en Europa: el respeto a los derechos del ciudadano, el establecimiento de un sistema democrático, la instrucción del pueblo y la separación entre la Iglesia y el Estado.

En el sur del país, particularmente en el estado de Guerrero, el general Juan Álvarez estableció desde inicios de la independencia un cacicazgo. A Santa Anna no le gustaban los caciques y en especial a Juan Álvarez por su poder regional y por su ideología, netamente liberal. El cacique, por su parte, estaba en contra de los atropellos cometidos por el caudillo contra los miembros de su partido y contra los mexicanos; fue, por ello que organizó un levantamiento armado contra él.

Un grupo de liberales jóvenes y de mediana edad se unieron a Juan Álvarez para organizar el levantamiento armado y entre todos escribieron el Plan de Ayutla. En el Plan desconocían a Santa Anna, proponían que el ejército eligiese a un jefe que funcionaría como presidente interino cuyas funciones serían las de convocar a un Congreso constituyente y, posteriormente, a elecciones. Desde un inicio, el movimiento mostró ser exitoso, especialmente porque contaron con el apoyo de los liberales exiliados en Estados Unidos (Benito Juárez y Melchor Ocampo, entre otros) que no dudaron en compartir los escasos recursos económicos con los que sobrevivían. Por otro lado, el movimiento tuvo seguidores en el país, pues hacendados, militares, campesinos, comerciantes, arrieros... optaron por tomar las armas o por colaborar de cualquier otra forma que les fuera posible, hasta que el levantamiento logró tomar dimensiones nacionales.

En abril de 1855 Santa Anna tomó el mando del ejército y marchó rumbo a Guerrero con la intención de acabar con el foco de subversión; sin embargo, el presidente mostró otra vez su falta de dotes militares pues, fue derrotado. Como la situación estaba perdida, decidió salir del país antes de que corriera peligro su vida.

Los revolucionarios se reunieron y, en cumplimiento con lo acordado en el Plan de Ayutla, proclamaron a Juan Álvarez como presidente interino, quien, a su vez, convocó a un Congreso.

Un aspecto importante del gobierno de Juan Álvarez es que conformó su gabinete con liberales que tenían la particularidad de ser jóvenes. Gracias a ello es que gente tan importante para la historia nacional como Melchor Ocampo, Benito Juárez, Guillermo Prieto e Ignacio Comonfort tuvieron la oportunidad de tener una participación política activa que, en algunos casos, culminó hasta finales del siglo XIX.

Los grupos conservadores de la sociedad, que no eran pocos, no apoyaron a este gobierno pues creían, como había sucedido con Vicente Guerrero, que estaba encabezado por un político poco hábil y falto de educación. A la par, también comenzaron a evidenciarse las diferencias entre los liberales moderados y los puros o radicales. En esta pequeña "competencia" —por llamarle de algún modo— triunfó el primer bando, que convenció al presidente de la conveniencia de mantener al ejército anterior y reformarlo, así como que se le diera el derecho de voto al ejército.

Esta administración se interesó por hacer leyes que permitieran mantener en orden al país bajo los ideales del liberalismo. Ejemplos de lo anterior fueron la Ley Juárez, redactada por Benito Juárez, en la que se pro fin se suprimían los fueros militares y religiosos en los asuntos civiles; y la disposición de Melchor Ocampo que privaba del derecho de voto al clero. Quedaba claro que el gobierno iba a aplicar una política agresiva contra el ejército y, especialmente, el clero, los dos grupos que más se identificaban con el partido conservador.

Por motivos personales, ligados, tal vez, a la añoranza de la vida tranquila de campo, Juan Álvarez renunció a su cargo diciembre de 1855 y dejó a Ignacio Comonfort como el responsable de la presidencia del México.

Por ser un liberal, Comonfort aclaró que su gobierno sería conciliador, incluyente, respetuosos de la libertad y fomentador del orden. Los resultados no se hicieron esperar pues se sometió rápidamente a las bandas de asaltantes, a los indígenas sublevados y logró calmar a, inicialmente, a los conservadores. También se comenz{o la construcción de bibliotecas públicas, escuelas para pobres, la Escuela de Artes y Oficios y la de Comercio y Corredores

Sin embrago, la mayor preocupación de Comonfort era crear una nueva Constitución, más acorde a los ideales liberales. El Congreso estaba reunido desde mediados de 1855, poco tiempo para poder hacer una Constitución. Para llenar este vacío, el presidente hizo una serie de decretos en los que se exaltaban a las garantías individuales (libertad, la seguridad, la igualdad y la propiedad); se abolían la esclavitud, los monopolios, los castigos degradantes, la pena de muerte y los préstamos forzoso; se prohibía la coacción civil en los votos eclesiásticos, y, en el último, queda disuelta la Compañía de Jesús en México. A pesar de tratarse de un gobierno liberal moderado, quedaba en claro que su intención era el de debilitar a la Iglesia ya que ésta era vista como una organización cuyo poder rivalizaba con el del Estado.

Al ver estas medidas, los miembros del gabinete de Comonfort se sintieron más libre para actuar. El secretario de Hacienda, Miguel Lerdo de Tejada, emitió en 1856 la Ley Lerdo por la que se exigía que se desamortizaran las corporaciones civiles y eclesiásticas para poner en circulación las riquezas estancadas en manos muertas. En otras palabras, la ley exigía que aquellas propiedades que teniendo dueño no eran utilizadas, pasarían a manos del gobierno y éste las vendería. En el fondo se deseaba debilitar el poderío económico del clero, crear un grupo de pequeños propietarios e incrementar los ingresos del Estado.

Ese mismo año, se expidió la Ley Iglesias que prohibía a la Iglesia el cobro de diezmos y derechos a los menesterosos.

Al fin, la Constitución fue proclamada el 5 de febrero de 1857 —por ello es que se le conoce como Constitución de 1857—. Los debates entre los liberales fueron muy intensos. Los radicales, aunque conformaban un grupo minoritario tenían un representante estelar en Valentín Gómez Farías, quien se empeñó en que los principios del Partido del Progreso formaran parte de la nueva Constitución. Los moderados, por su parte, querían que los contenidos liberales estuvieran en el documento pero no querían que todos los principios de dicho partido estuvieran ahí pues su virulencia podía generar desórdenes. Fueron Las continuas discusiones y la ausencia de consenso las razones que evitaron que la Constitución saliera a luz pronto.

Este documento definía a México como "republicana, federalista, democrática y liberal" y A mostraba una mayor preocupación por lo social, especialmente por las garantías individuales. En conformidad al ideario liberal, reconocía a los hombres ciertos derechos que poseían por nacimiento, no por la voluntad del Estado, y que debían de ser respetados por las autoridades e instituciones políticas. El artículo 3º hacía referencia a la libertad de enseñanza, el 4º a la libertad de trabajo, el 7º trataba sobre la libertad de prensa mientras que el 5º reconocía el derecho a recibir un jornal justo y afirmaba que los votos monásticos iban en contra de la libertad del ser humano. En materia religiosa, los artículos 15º y 127º fueron los que se prestaron a más discusiones pues mientras que el primero reconocía la libertad de cultos —aunque daba preferencia al católico—, el segundo cedía al Estado el derecho a legislar en materia religiosa. Con relación al respeto a los derechos de los individuos, esta Constitución tuvo un gran aporte al contener la ley del derecho de amparo, ley que se había pensado para que defendiera a los ciudadanos frente a los abusos del Estado.

Aunque Comonfort tenía como finalidad quería ordenar al país a través de leyes, el resultado que obtuvo fue contrario. Los grupos conservadores decidieron apoyar a la Iglesia, por haber sido perjudicada por la legislación liberal, mientras que los liberales, a pesar de estar contentos por tales medidas, exigían a Comonfort su radicalización.

En un principio este enojo generó críticas y discursos y por parte de conservadores y liberales; pero conforme los ánimos se fueron caldeando más ambos grupos cambiaron la pluma por la espada.

En el mismo año de 1857 estallaron movimientos conservadores contra el gobierno. Deseaban derrocar al presidente y quitar las leyes liberales. De todos los levantamientos, el de Puebla fue el de mayor fuerza. Ahí, militares y clérigos se unieron para adueñarse de la ciudad, convertirla en el centro del movimiento y acabar con las leyes liberales. Tras muchos esfuerzos, Comonfort logró hacerse de la ciudad y ordenó una serie de medidas drásticas para que sirvieran como ejemplo al resto de los levantados en el país. Los bienes de la Iglesia fueron confiscados mientras que los clérigos y militares golpistas fueron encarcelados, fusilados o exiliados.

Los levantamientos continuaron y comenzaron a expandirse por el país, de tal forma que la lucha entre el gobierno, clero y ejército se convirtió en una guerra civil.

El Félix Zuloaga, conservador de pura cepa, lanzó el Plan de Tacubaya por el que desconocía la Constitución de 1857, proponía la creación de nuevo Congreso constituyente y reconocía a Comonfort como presidente del país con facultades omnímodas para que se éste adhiriera al movimiento y tuviese más posibilidades de éxito. El presidente optó por unirse a los rebeldes pues creía que las autoridades estatales y la mayoría del grupo liberal le seguiría, lo que en realidad jamás sucedió. Sus compañeros de partido no estaban de acuerdo con que se derogase la legislación reformista y, menos aún, cuando el presidente, bajo la influencia e los conservadores, había dado la orden de que se encarcelara a Benito Juárez —en ese entonces jefe de la Suprema Corte de Justicia—. Fue este último hecho el que mostró a los liberales que era Félix Zuloaga el que en realidad gobernaba al país.

La falta de apoyo que recibió el presidente de los liberales no agradó a los conservadores, quienes al ver que el aún presidente dejaba de serles útil, decidieron quitarlo de la presidencia. En enero de 1858 las guarniciones de México y Tacubaya desconocieron al presidente y se pronunciaron a favor de Zuloaga. Comonfort reconoció su error y para resarcirlo, ahora que ya no tenía el poder, sacó de la cárcel a Benito Juárez y otros liberales, pactó un armisticio con Zuloaga y se exilió en Estados Unidos.

Juárez no se quedó en la capital pues sabía que corría peligro y huyó a Guanajuato para ponerse a salvoAseguraba que él era el presidente legítimo de México por ser jefe de la Suprema Corte de Justicia. Aunque era legítima la proclama, de poco sirvió pues la mayoría del ejército, y de sus grandes líderes, se había pasado al bando conservador; mientras que quienes le seguían eran, en su mayoría por civiles, y algunos militares de carrera.

Cuando la situación le fue contraria, Juárez tuvo que salir de Guanajuato y refugiarse en Guadalajara, en donde traidores de su propio ejército lo apresaron e intentaron fusilar. Sin embargo, el oaxaqueño logró salvar la vida gracias a la intervención de Guillermo Prieto quien pronunció un discurso que convenció a los que iban a ser verdugos de Juárez de no cometer ese error. Juárez salvó la vida y salió a Veracruz, a donde llegó en mayo de 1858.

El avance conservador fue veloz y ello les hizo sentirse dueños de la república y triunfadores de la guerra, puesto que a casi un año de haber iniciado la guerra el conflicto les era favorable. Sin embargo, a finales de 1858 cuando comenzaron a darse las divisiones en el seno de este grupo. Un contingente de militares conservadores desconoció a Zuloaga y proclamaron como presidente de México a Miramón.

Miramón era un joven militar, de los más brillantes en la historia de México según algunos historiadores militares, que tenía fama de ser muy exitoso en lo que a las armas se refería. Hay dos datos que valen la pena resaltar de este personaje. Fue compañero de generación de los "niños héroes" en la época de la guerra contra Estados Unidos, y ha sido el presidente más joven en la historia de México pues tenía sólo 26 años cuando asumió el cargo.

En febrero de 1859, Miramón fue proclamado presidente del país y, como primera medida de gobierno, decidió tomar el puerto de Veracruz para acabar con Juárez y la guerra.. A pesar de la superioridad de su ejército, el presidente no pudo tomar el lugar y hubo de conformarse con establecer un sitio alrededor del puerto.

El año de 1859 fue importante pues en la guerra se presentó un equilibrio de fuerzas que empantanó el conflicto de tal manera que difícilmente se veía salida. Sin embargo, Juárez siguió haciendo su trabajo y creyó que había llegado el momento de darle un duro golpe a los aliados de los conservadores pues decretó las Leyes de Reforma.

Este conjunto de leyes pretendía llevar a la práctica el ideario liberal de Ayutla. Durante el conflicto armado, su principal objetivo era atacar a la Iglesia por ser una institución que rivalizaba con el poder del Estado y que impedía el pleno desarrolló de éste y de la sociedad mexicana. Los contenidos de las Leyes de Reforma son los siguientes:

1.- Nacionalización de los bienes de la Iglesia, para que ésta dejase de apoyar a los conservadores; establecer la separación entre Iglesia y Estado, y suprimir definitivamente el pago obligatorio de subvenciones (ayudas) parroquiales.

2.- Creación del registro civil, en el que el matrimonio era visto como un contrato civil totalmente ajeno a la religión. Esta disposición le quitaba a la Iglesia el control sobre el registro de la población (nacimientos, matrimonios y defunciones).

3.- Secularización de los cementerios, es decir, que éstos pasaban a manos del Estado.

4.- Prohibición de que funcionarios públicos asistieran, con carácter oficial, a ceremonias religiosas; aunque se aclaraba que se respetarían las festividades populares.

Producto de este estancamiento también fue el deseo de los bandos de obtener el reconocimiento extranjero; por lo que tanto liberales como conservadores comenzaron a buscar aliados fuera del país. Juárez obtuvo el reconocimiento de Estados Unidos y Miramón de España. Ambas naciones se involucraron en el conflicto para obtener alguna ganancia del mismo; para ello, tanto Estados Unidos como España firmaron tratados en los que cada uno condicionaba el reconocimiento del "presidente" mexicano a cambio de ciertas condiciones.

Los liberales pactaron con gobierno norteamericano el Tratado McLane-Ocampo, por el que Estados Unidos reconocía a Benito Juárez como presidente de México a cambio de la concesión a perpetuidad del tránsito libre por el istmo de Tehuantepec y por el camino entre los puertos de Mazatlán y Guaymas, en el caso de los ciudadanos americanos; además exigían que se permitiese la entrada libre de tropas americanas de Guaymas a Nogales. Este documento generó muchas críticas entre los liberales moderados pues preferían firmar la paz con los conservadores que "vender" el país a Estados Unidos como lo estaba haciendo Juárez.

Los conservadores firmaron el Tratado Mon-Almonte por el que España ponía dos condiciones para reconocer a Miramón como presidente mexicano: que se indemnizara a los deudos de los españoles asesinados de en las haciendas de San Vicente, Chiconcuac y San Dimas; también se exigía el reconocimiento de la deuda que México mantenía con España —casi 2,500,000 pesos—.

En 1860, el presidente conservador decidió intentar tomar, por segunda vez, Veracruz. Pensó que debía complementar el sitio terrestre con uno marítimo. La acción marítima fue todo un fracaso ya que los barcos conservadores fueron atacados por barcos americanos que, a petición de Juárez, estaban en las proximidades de Veracruz.

La acción fue un fracaso tan grande, que Miramón hizo una propuesta de paz a Juárez pues consideraba que era la única manera de areglar el conflicto, pero el presidente liberal no aceptó esta proposición conservadora porque hacerlo era reconocer que él no era el presidente y estaba consciente de que la balanza de la guerra se estaba inclinando hacia su lado. ¿Por qué iba a firmar la paz cuando podía ganar la guerra?

Para poder financiar el fina de la guerra, los liberales se apoderaron de la bienes de plata de las iglesias plata de la catedral y se incautaron 1 millón de pesos a los particulares. Miramón, por su parte, negoció un préstamo con el banquero suizo Jecker, quien le dio un préstamo de 700 mil pesos a cambio de que el gobierno conservador pagase 15 millones de pesos, en un acto temerario e inconsciente derivado de la urgencia por obtener recursos.

A fines de 1860, los liberales estaban a las puertas de la ciudad de México. Desesperado, Miramón salió a combatirlos pero poco pudo hacer. Huyó de la capital rumbo al extranjero. Los liberales entraron a la ciudad de México el 25 de diciembre de 1860, dando fin así a tres años de guerra civil en México.

La guerra había terminado, no así la inestabilidad. El gobierno de Juárez tuvo que seguir haciendo frente a grupos de conservadores que luchaban de forma desarticulada con la esperanza de recibir apoyo del extranjero sin tener éxito alguno.

Juárez reinstaló al Congreso para que lo proclamase presidente constitucional e imperara de nuevo el orden constitucional. A continuación, optó por expulsar del país a los mexicanos —sin importar que fuesen obispos, militares ilustres, políticos de gran talla— y extranjeros que durante la lucha habían apoyado a sus rivales. La medida generó malestar en los conservadores, especialmente entre los aún insurrectos, por considerarla como acto hostil del gobierno hacia ellos: para vengarse, decidieron aprehender y asesinar en 1861 a Melchor Ocampo, amigo íntimo y colaborador destacado de Benito Juárez

Los tiempos que siguieron a la guerra fueron difíciles para Juárez una pues aunque había sido ratificado en el cargo de presidente por el Congreso, había en el país cierto malestar con él. La prensa le criticaba que, tras la guerra, ni él ni su gabinete habían sido capaces de apaciguar al país; también le acusó de no haber cumplido con la Constitución de 1857 pues durante la Guerra de Reforma y los primeros meses de 1861 había gobernado "conforme a su criterio", es decir, de manera autártica.

Los ánimos estaban tan caldeados que el Congreso, en un deseo por calmarlos y comenzar así en el proceso de reconstrucción del país, sometió a la continuidad de Juárez en la presidencia. Los debates fueron muy acalorados entre los detractores y defensores del presidente. Unos lo acusaban de ser un dictador disfrazado, de tener un espíritu antidemocrático y de usar la guerra librada contra los conservadores como un pretexto para gobernar tiránicamente; quienes lo defendían replicaban quegracias a Juárez que los liberales habían ganado la guerra, que era una persona con el carácter necesario para no darse por vencido cuando la situación le era adversa y que debía de ser tratado como un padre de la Patria. De los 103 diputados que conformaban el Congreso, 51 pidieron la remoción del presidente y 52 su permanencia. Fue un voto el que le dio a Juárez la posibilidad de seguir siendo el representante del poder ejecutivo de la nación.

Otro gran problema de la administración juarista fue la economía. Después de la Guerra de Reforma, el gobierno liberal se encontró en bancarrota. Los desastres generados por la guerra ayudaron favorecieron esta situación, pero también influyeron la exageración que hicieron los liberales respecto al monto del valor de las riquezas de la Iglesia, que se hubieran vendido a precios irrisorios algunas de sus propiedades y que los diferentes ministros de hacienda no pudieran poner orden en las cuentas públicas.

La situación era grave pues con una economía en tal estado y considerablemente endeudada era imposible llevar a cabo la reconstrucción, y modernización del país. Como no había capital suficiente el gobierno se enfrentaba a la disyuntiva de que comenzaba a pagar la deuda que tenía el país con el extranjero o utilizaba el dinero para invertirlo en México. Juárez optó por la segunda opción y proclamó la suspensión del pago de la deuda con la frase: "primero vivir que pagar". Las naciones más perjudicadas eran: Inglaterra, a quien se le debían 70 000 000 pesos, a España, 9 500 000 pesos y a Francia 3 000 000.

La medida molestó a estas naciones, no tanto por su naturaleza, sino por la forma en la que fue aplicada, pues México, el deudor, había decidido, de manera unilateral, dejar de cumplir con los compromisos económicos que había adquirido tiempo atrás con estos países, los acreedores. España, Francia e Inglaterra, como represalia, rompieron relaciones diplomáticas con México.

En octubre de 1861 se reunieron en Londres estas tres naciones con la idea de hacer un frente común para exigirle al gobierno mexicano el pago de sus deudas. Ahí acordaron que enviarían sus ejércitos al puerto de Veracruz; también aclararon que, por ningún motivo, penetrarían tierra adentro y que tampoco intervendrían en los asuntos internos de México. España e Inglaterra estaban dispuestos a respetar lo establecido en la esta reunión —conocida como la Convención de Londres—, Francia, por el contrario, tenía otra idea.