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"Historia de México para principiantes".16
por Íñigo Fernández Fernández (Méjico)
arquemoro@hotmail.com
ISBN-84-9714-
 

 2.- El afianzamiento (1888-1904).

A partir de la tercera reelección de Díaz hay tal persistencia de ideas y proyectos que sólo se puede ver al gobierno de este general como continuo —en 1890 reformó la Constitución para que fuera válida la reelección permanente—que no se transformará significativamente hasta el inicio del siglo XX.

El proceso de pacificación continuó sin problemas pues cada vez eran menos los grupos e individuos que recurrían a los levantamientos pues ya conocían bien lo que les esperaba en caso de no triunfar. El grupo que más levantamientos protagonizó y que, en consecuencia, fue más reprimido, fue el de los indígenas, que como consecuencia de la modernización económica del país (de la que más adelante se hablará) continuamente estaban siendo despojados de sus tierras

La década de los noventa fue la época de oro del porfiriato, pues el presidente consolidó su poder y al apoyarse en un nuevo grupo conocido como "los científicos", llamados así por su creencia de que a través de la ciencia todos los males de la humanidad se podían solucionar. Algunos de los científicos más destacados eran: Francisco Bulnes, Ramón Corral, Enrique C. Creel, José Ives Limantour, Porfirio Parra, Justo Sierra, Emilio Rabasa, José López Portillo y Rojas, Joaquín Baranda y Diódoro Batalla. Esta gente —que carecía de poder político— logró ser un pilar del desarrollo económico del país pues controlaban el sistema bancario y fungían como intermediarios entre el gobierno y los inversionistas nacionales y extranjeros.

A mediados de esta década, Díaz tenía 60 años, lo que para la época era una edad considerable si se parte del principio que el promedio de vida de los mexicanos no superaba lo veinte años. Los beneficiarios, económicos y políticos del régimen temían que la muerte del presidente estuviera cerca y que si no se tomaban acciones al respecto el país podría caer en el caos que por años le había caracterizado. Se le pidió al presidente que aceptara la creación del cargo de vicepresidente, que éste fuera ocupado por alguien de su confianza y que lo preparar para ser su sucesor. Díaz, receloso de que su vicepresidente quisiera quitarle el poder, se negó rotundamente a ello y sólo permitió algunos pequeños cambios en la Constitución para que, en caso de faltar el presidente, ocuparía su puesto el secretario de Relaciones Exteriores, o el de Gobernación si la cartera anterior estuviera desocupada o su titular impedido.

Los últimos cuatro años del siglo XIX fueron de gran agitación social en al ámbito nacional. En principio, la sociedad estaba cansada de la dictadura de Díaz pues, a pesar de los éxitos económicos que había generado, no soportaba la farsa cuatrienal de las elecciones y clamaban por una verdadera democracia aunque tampoco se atrevieron a desafiar abiertamente al régimen.

Por otra parte, los indios yaquis (habitantes de Sonora) se levantaron en armas en 1899 para evitar que se les despojara de sus tierras y del usufructúo del río Yaqui en beneficio de los latifundistas. Su ejemplo fue seguido por los indígenas de Oaxaca, Veracruz y Yucatán quienes al verse despojados de sus tierras ancestrales tomaron las armas.

Algunos políticos también estaban molestos y criticaban al régimen. Los conservadores tildaban a Díaz de ser un radical y de haber impuesto el laicismo; los liberales, por el contrario, lo acusaban de haberse coludido con la ideología y las prácticas conservadoras.

Estas críticas y manifestaciones de descontento social poco importaban a Díaz pues el estaba seguro de que lo que se encontraba haciendo era lo correcto para el bien del país.

En 1903 y con la idea de que sería necesario gobernar por otro período más, Díaz aceptó la creación del cargo de la vicepresidencia pues se dio cuenta que era necesario crear el cargo para evitar problemas en caso de fallecer estando en funciones. Pero a cambio, exigió que se extendiese el período presidencial a seis años; exigencia que los porfiristas aceptaron con agrado.

Este fue también fue un buen momento para la economía nacional. Si bien ya desde el período anterior Díaz había trabajado para fortalecerla, fue ahora cuando sus beneficios se pudieron sentir al fin.

En 1888 el gobierno de Díaz comenzó a llevar a cabo una política de reducción de gastos gubernamentales y de incremento de los impuestos y exportaciones para poder saldar la deuda pública y lograr nivelar el presupuesto, objetivos que se cumplirían hasta 1893 y 1894, gracias a la intervención del secretario de Hacienda, José Ives Limantour, un conocedor de las finanzas que logró obtener un superávit al reorganizar la Secretaría de Hacienda. Con este superávit, el gobierno pudo realizar más obras de infraestructura en las ciudades, tales como ponerles el alumbrado eléctrico.

Parte del éxito financiero anterior se debió al arribo de capitales extranjeros a México. Los esfuerzos de Díaz por pacificar y estabilizar a México se difundieron por el mundo y generaron la confianza suficiente para que los inversionistas extranjeros confiaran en el país e invirtieran paulatinamente sus capitales en el país. Las autoridades mexicanas mostraron inicialmente preferencia por atraer inversiones europeas para dejar de depender económicamente de los Estados Unidos, pero las necesidades económicas del país les obligaron a aceptar hasta los capitales norteamericanos. Otros países que también confiaron sus capitales a México fueron Inglaterra, España, Francia, Alemania, Bélgica, Italia, Holanda y Japón. Estas naciones invirtieron sus recursos financieros en diversos ramos. Los franceses destinaron sus recursos a la banca, el ferrocarril y las minas; los alemanes en los bancos, maquinaria y ferretería; los ingleses en los ferrocarriles y el petróleo; los Estados Unidos en minas, petróleo, ferrocarril; Holanda en petróleo y España en comercio y bancos.

En le década de los noventa continuó el crecimiento del sistema bancario, situación que obligó al gobierno en 1897 a expedir la Ley General de Instituciones de Crédito y Ley Bancaria para organizar y uniformar al sistema bancario. Para inicios del siglo XX, el sistema bancario mexicano era sólido pues casi todos los estados tenían su propia banca o, por lo menos, bancas de otras entidades.

A partir de 1890 hubo un cambio en la política minera gubernamental comenzó la extracción intensiva de otros minerales, esencialmente aquellos ligados a la producción industrial (cobre, plomo, hierro...) en detrimento de la extracción de los metales preciosos.

En 1892 la Secretaría de Fomento creó la Ley de Minas con la que se daba la propiedad del subsuelo a los particulares con la finalidad de favorecer las inversiones foráneas en la minería, especialmente con la relacionada a la explotación de minerales industriales..

Si bien es cierto que la minería durante el porfiriato fue una de las actividades económicas, las ganancias se quedaron en manos de los extranjeros y no de los mexicanos.

A pesar de que a partir de la década de los noventa la construcción de ferrocarril mexicano quedó en manos de foráneos, el gobierno siempre intentó evitar que alguna empresa o país monopolizara los ferrocarriles, fue por ello que en 1908 creó Ferrocarriles Nacionales de México, previa nacionalización del 51% del sistema ferroviario existente.

Fue a partir de 1888 cuando comenzó la fundación de compañías nacionales mineras, deslindadoras, colonizadoras, ferrocarrileras, telegráficas... mientras que las compañías extranjeras se hallaban en pleno crecimiento.Entre 1889 y 1895 se fundaron compañías con capitales franceses, ingleses, americanos, españoles y algunas otras (como la Cervecería Moctezuma que aún existe) con recursos mexicanos. Fue en ese sentido que las industrias más productivas de la época eran la textil, la peletera, del calzado, la azucarera, la destilera, de cigarrillos y puros, la papelera, la química, de explosivos y de aceites.

Con la política de deslinde de los terrenos baldíos se favoreció la formación de latifundios nacionales y extranjeros, que se convertirían en la base de la agricultura nacional y permitirían la consolidación de una aristocracia terrateniente. A pesar de que existían latifundios altamente productivos porque aprovechaban la totalidad de sus tierras, muchos latifundistas se preocupaban por cultivar sólamente una pequeña porción de sus tierras y se conformaban con producir lo necesario para poder llevar un nivel de vida alto, a costa de la explotación sufrida por sus campesinos que trabajaban de sol a sol y vivían endeudados gracias a las tiendas de raya. Este tipo de tiendas vendía a los campesinos productos básicos y cuando éstos no podían comprarlos, se les fiaban y, con ello, quedaban endeudados a perpetuidad. Cabe resaltar que las deudas eran hereditarias.

3.- El final (1904-1911)

A diferencia de las décadas anteriores, a partir de la primera del siglo XX, el gobierno mostró preocupación por reprimir de cualquier forma las crecientes muestras de descontento que diversos sectores de la sociedad mexicana manifestaban. Se amplío el número de policías en las ciudades importantes, se abrieron nuevos penales como los de las Islas Marías y el de Lecumberri (actual Archivo General de la Nación) y se dio las órdenes a las autoridades locales y regionales de que no fueran tolerantes con los "subversivos", esto es, que los reprimieran rápidamente.

A pesar de lo anterior, las muestras de descontento no pudieron ser aplacadas. Prueba de ello fue el movimiento huelguístico de Cananea en 1906 En el primero, como la compañía que explotaba la mina era norteamericana, el gobierno dio autorización para que intervinieran los Rangers de Texas para reprimir a los huelguistas. Algunos de los obreros que participaron de la huelga murieron en la incursión, mientras que los sobrevivientes fueron despedidos.

Esta huelga se encontraba respaldada por miembros del Partido Liberal Mexicano, organización creada en 1902 por, los hermanos Enrique y Ricardo Flores Magón, entre otros, para acabar con el régimen de Porfirio Díaz. El Partido fue perseguido y sus miembros tuvieron que huir a Estados Unidos, Ahí imprimieron el Programa del Partido Liberal, documento cuyos principales puntos eran: no reelección, el reparto de las tierras no cultivadas y una mayor participación política de los grupos menos favorecidos. Aunque este partido no logró tener el éxito que sus miembros esperaban, puede considerársele como uno de los pilares de la revolución mexicana.

En medio de este marco de decadencia del porfiriato sucedió un hecho que pareció iluminar el panorama al favorecer, aunque fuera en apariencia, la transición pacífica hacia una nueva época. En 1908, el presidente Díaz fue entrevistado por un periodista norteamericano de apellido Creelman. La entrevista llegó a un punto en el que Díaz habló sobre el futuro del país, en particular sobre las elecciones a celebrarse en 1910. Expresó que ya no se reelegiría y que vería con buenos ojos el surgimiento de partidos de oposición, en lo que era una manifiesta aceptación del establecimiento de un sistema democrático en México.

Esta entrevista, considerada como el permiso dado por el dictador, distendió el ambiente político del país pues los grupos de clase media y alta comenzaron a crear sus propios partidos políticos, algo que jamás siquiera habían pensador.

Un año más tarde, en 1909, los partidos políticos pululaban por el país. Se fundó el Partido Democrático, que tenía entre sus filas a representantes de varias corrientes políticas y cuyas propuestas eran la de restringir el voto para hacerlo más efectivo, respetar las libertades constitucionales y la creación de leyes que protegieran a obreros y campesinos.

Los porfiristas, temerosos de perder sus privilegios y posición, fundaron a mediados de ese año —y sin la anuencia del presidente— el Club Central Reeleccionista, que en su convención postularía la fórmula Díaz (presidente) – Ramón Corral (vicepresidente)l para el período 1910-1916.

En 1909 se fundó el Partido Reyista que proponía como candidato a la presidencia a Bernardo Reyes —secretario de Guerra y gobernador de Nuevo León— y entre cuyos miembros se Venustiano Carranza. Los clubes reyistas, filiales del partido, proliferaron por todo el país al grado de que fueron reprimidos por parte de las autoridades locales.

Desde inicios de 1909 Francisco I. Madero buscó organizar una partidon antirreleccionista el principio de sufragio efectivo, no reelección. En mayo fundó el Centro Antirreeleccionista. Algunos miembros de esta agrupación eran: José Vasconcelos y Luis Cabrera. Acto seguido, Madero inició giras por provincia con la idea de fundar clubes filiales que acudieran a una convención nacional para elegir a los candidatos para la presidencia y vicepresidencia en las siguientes elecciones. En 1910 se llevó a cabo la Convención Nacional del Centro Antirreeleccionista en la que se escogió a Madero como candidato a la presidencia y se definieron las propuestas del partido que eran: la no reelección del presidente y vicepresidente, el respeto a la Constitución y a todas las libertades que de ella emanan y establecer condiciones de vida dignas para todos los mexicanos.

En 1910 causó gran sorpresa a la sociedad y en particular a los miembros del Club Central Reeleccionista cuando Díaz aceptó su invitación e hizo público su interés por reelegirse. Ello cambió contundentemente el panorama. Muchos comenzaron a sospechar que se estaba fraguando otro fraude, mientras que otros, como Reyes, no quisieron tener problemas con el presidente, declinaron su candidatura y, en consecuencia, algunas organizaciones políticas tuvieron que desmantelarse.

Madero no se desalentó y continuó con sus campañas proselitistas por todo México. En junio de 1910 llegó a Monterrey y tras haber finalizado su discurso fue encarcelado con sus colaboradores por los cargos —inventados— de sedición y ofensas a la autoridad. Posteriormente fueron enviados al penal de San Luis Potosí.

¿Qué motivó a Díaz a actuar de esta manera? Es un hecho que Díaz deseaba la continuidad en el poder y que Madero era un obstáculo para ello. Hay quienes aseguran que el único candidato fuerte al que se tuvo que enfrentar Díaz en todas sus reelecciones fue Madero, a quien la gente veía como el único con la fuerza necesaria para quitar de la presidencia a Díaz.

En julio se llevaron a cabo las elecciones. Como Madero estaba en la cárcel, no pudo competir en ellas y, como era de esperarse, Díaz triunfó una vez más. Pasado el peligro, Madero y sus compañeros fueron liberados mientras que otros miembros de su partido impugnaban inútilmente el proceso electoral ante la Cámara de Diputados. Tras esta desastrosa experiencia a Madero lo quedó claro que la única forma de hacer el cambio político y social en el país era a través de las armas.