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"Historia de México para principiantes".17
por Íñigo Fernández Fernández (Méjico)
arquemoro@hotmail.com
ISBN-84-9714-
 

VI.- La revolución Mexicana: la lucha armada
(1910-1917).



1.- La etapa maderista (1910-1913)

Una vez libre, Madero huyó a San Antonio, Texas, y ahí redactó el Plan de San Luis Potosí. Tradicionalmente se le considera a éste como el primer documento de la Revolución Mexicana, pues en él se declaraban nulas las elecciones y desaparecidos los poderes nacionales; Madero asumiría provisionalmente la presidencia y convocaría a elecciones; también se prometía a los indígenas la restitución de sus tierras y se invitaba a que los mexicanos se levantaran en armas el 20 de noviembre de 1910.

Llegado el día en cuestión, fueron pocos los que siguieron el llamamiento a las armas pues el plan casi no había tenido difusión y Madero había retornado al país el día anterior. A inicios de 1911 la situación era diferente pues habían surgido varios grupos rebeldes por el norte y el centro de la república. Estos movimientos estaban encabezados por individuos de distinto origen y con diferentes objetivos. Pascual Orozco era un ranchero de familia acomodada que por el monopolio político y económico que ejercía la familia Terrazas, no había podido llevar a cabo sus aspiraciones políticas en Chihuahua.

También se encontraba Doroteo Arango, mejor conocido como Pancho Villa. Sus acciones estaban carecían de principios ideológicos, más bien eran viscerales y estaban relacionadas con el gran resentimiento social que tenía. Para atraer gente a su movimiento, proponía el reparto agrario para con la promesa para los campesinos de convertirlos en pequeños propietarios.

Uno de los líderes más famosos fue Emiliano Zapata. Inició la lucha armada con para que se les restituyeran las tierras a los campesinos a los que se les habían despojado y exigía el reparto agrario para que beneficiara a aquellos que jamás habían sido propietarios. Proponía que las tierras restituidas deberían de ser trabajadas colectivamente. Aunque la labor de Zapata era loable pues él era de los pocos campesinos morelense que vivían dignamente, la problemática de su movimiento consistía en que era muy local.

Aunque estos líderes, incluyendo al propio Madero, carecían de experiencia militar, lograron organizar contingentes armados que una y otra vez lograron derrotar a un ejército federal viejo, mal preparado y con un armamento decimonónico. A pesar de que sus generales le ocultaban estos fracasos a Díaz, él, gracias a sus espías, los conocía y, a inicios de 1911, comenzaba a preocuparse.

Cuando cayó Ciudad Juárez en manos de los revolucionarios (mayo de 1911), Madero fue nombrado presidente provisional y de inmediato comenzó a realizar las negociaciones con Díaz para que éste dejara el poder. Díaz sabía que todo estaba perdido, así que aceptó negociar con los levantados. A finales de ese mes las dos partes en conflicto llegaron a un acuerdo en el que el presidente renunciaba a la presidencia a cambio de que Madero aceptara a Francisco León de la Barra (secretario de Relaciones Exteriores) como presidente interino y que se comprometiera a no hacer cambios en los poderes legislativo y judicial. Aunque tales disposiciones violaban lo establecido en el Plan de San Luis, el jefe revolucionario las aceptó al considerar que eran la única forma de consumar el movimiento que había iniciado.

Por su parte, Díaz abandonó el país el 30 de mayo con destino a Europa. Nunca más regresó a México y murió en Francia en 1915. La presidencia de Francisco León de la Barra era vista por Madero como un puente entre el régimen caído y la elección del nuevo Tal vez fue el licenciamiento de las tropas insurgentes la tarea más ardua a la que se tuvo que enfrentar León de la Barra pues si bien sus gestiones fueron exitosas en el norte, en Morelos Emiliano Zapata, líder del Ejército Libertador del Sur, expresó claramente que no entregaría las armas hasta que se restituyeran las tierras de las comunidades indígenas.

A finales de 1911 se llevaron a cabo las elecciones presidenciales, elecciones que ganaron la dupla Madero-Pino Suárez. El contexto del momento ya no era tan favorable, sin embargo, al líder revolucionario pues su pacto con Díaz, su reconocimiento de León de la Barra y el haber permitido el licenciamiento de las tropas revolucionarias fueron actos que le restaron popularidad y apoyos.

El principio de la presidencia de Madero fue muy difícil pues contaba con un Congreso y una Suprema Corte de Justicia porfiristas que hacían muy bien su labor, es decir, oponerse constantemente al ejecutivo. Madero no tomó medidas al respecto pues había acordado con Díaz que la elecciones para renovar estos poderes se llevarían a cabo hasta 1912 y estaba dispuesto a mantener su palabra al respecto.

Otro factor que también dificultó la labor política de Madero fue la prensa. Como liberal que era, Madero quitó las trabas que habían obstaculizado a la prensa para que ésta pudiera laborar en un ámbito de plena libertad de expresión. Ni las reflexiones de su hermano, Gustavo A. Madero, respecto a la inconveniencia de que la prensa pasara de un estado de sometimiento total a otro de libertad total le convencieron de no dar este paso. Dada la libertad de imprenta, la prensa porfirista le atacó despiadadamente hasta llegar al extremo de ridiculizarlo. Claro está que la prensa maderista salió en la defensa del presidente, pero el uso de argumentos un tanto dogmáticos, aunado a la sospecha de que era financiada por el régimen, le restaron fuerza para poder cumplir con su cometido.

Un obstáculo más en la gestión de Madero fue la necesidad de pacificar el país. El presidente no comprendía cómo era posible que hubiera caudillos levantados en armas si la Revolución ya había cumplido con su objetivo, derrocar a Porfirio Díaz. Lo que Madero no comprendía era que cada caudillo tenía un concepto diferente de Revolución y si para él ésta debía de acabar con la dictadura, para Zapata, por citar un ejemplo, no acabaría esta que se cumpliera con el reparto y restitución agrarías. Por ello, cuando Zapata, Orozco, Villa, Félix Díaz y otros no vieron cumplidas sus expectativas, continuaron peleando, sólo que ahora contra el nuevo régimen. Así, en 1912 Zapata emitió su Plan de Ayala y Orozco el Pacto de la Empacadora, documentos que entre otras cosas, desconocían a Madero como presidente legítimo de México.

De todos estos movimientos, el zapatismo era considerado por Madero como el más peligroso pues se estaba expandiendo rápidamente en las cercanías de la ciudad de México. En principio, Madero intentó dialogar con Zapata, el caudillo suriano y así, pero no pudieron llegar a un acuerdo pues Madero se rehusaba a hacer el reparto agrario. Tras este fracaso, el presidente inició una persecución sistemática contra el revolucionario que fracasó pues jamás se le pudo aprehender.

En noviembre de 1911, Bernardo Reyes regresó a México para encabezar un levantamiento contra Madero que le permitiera ocupar la presidencia. Publicó el Plan de la Soledad en el acusaba a Madero de ser un dictador, lo desconocía como presidente de México y otorgaba el mando supremo del movimiento a los militares de mayor graduación. El plan no fue seguido por la sociedad mexicana por lo que Reyes fue aprehendido fácilmente. Aunque las leyes indicaba que el prisionero debía de ser ejecutado por traición, Madero mostró debilidad pues optó por perdonarle y aprisionarlo en la cárcel de Santiago de Tlatelolco, localizada en la ciudad de México.

En 1912 Pascual Orozco también se levantó en armas contra el gobierno de Madero y dio a la luz pública su Pacto de la Empacadora, un texto que por buscar un apoyo social total, tenia una naturaleza un tanto contradictoria. En él Orozco desconocía a Madero pero, curiosamente, no proponía a persona alguna como presidente interino. De los insurrectos fue fácil de someter, pues Madero envió al general Victoriano Huerta para que combatiera contra él. Huerta logró aprehenderlo en agosto de 1912

Otro caudillo "revolucionario" fue el sobrino de Porfirio Díaz, Félix Díaz, quien en octubre de 1912 encabezó un levantamiento contra el gobierno en el puerto de Veracruz. Acusó a Madero de ser incapaz de garantizar la paz en el país. Las tropas federales le derrotaron y apresaron fácilmente. La Suprema Corte de Justicia, por presiones de los grupos acomodados de la ciudad de México, le cambió la pena de muerte por la cadena perpetua. Al igual que Bernardo Reyes, fue encarcelado en la prisión de Tlatelolco.

En realidad Madero casi no pudo hacer mucho por el país pues su administración se caracterizó más por intentar solucionar problemas de carácter político y militar, que por gobernar. Sin embargo, la verdadera crisis del maderismo llegó en febrero de 1913.

El 9 de febrero un contingente encabezado por el General Manuel Mondragón se dirigió a la cárcel de Tlatelolco para liberar a Reyes y Díaz. Cuando Reyes salió de prisión se dirigió a la Plaza de la Constitución (el zócalo) para levantar a la guarnición del Palacio Nacional pero en el camino, una bala perdida lo mató.

Díaz y Mondragón establecieron su cuartel la ciudadela, desde donde pensaban organizar la caída del presidente. Cuando Madero se enteró, marchó al Palacio Nacional y encargó a Victoriano Huerta que sometiera a los atrincherados en la ciudadela. Sin embargo, Huerta tenía sus planes y envió a un representante suyo para que negociara con los levantados.

Mientras tanto, el embajador estadounidense en México, Henry Lane Wilson, decidió intervenir en el conflicto. El 18 de febrero Díaz y Huerta firmaban un tratado en el que el embajador americana fungió como testigo. En el Pacto de la Embajada se acordó que Huerta encarcelaría a Madero y Pino Suárez y se ocuparía temporalmente la presidencia para convocar a unas elecciones presidenciales que ganaría Félix Díaz.

Al día siguiente, Madero y Pino Suárez fueron obligados por Huertaa presentar sus renuncias al Congreso, el cual nombró como presidente interino a Pedro Lascuráin, que en 45 minutos nombró a Huerta como único miembro de su gabinete y renunció a la presidencia del país. Por eliminación, Victoriano Huerta debía de ocupar provisionalmente la presidencia del país. Madero y Pino Suárez estuvieron encarcelados en Palacio Nacional y el 22 de febrero Huerta ordenó su asesinato.

2.- El gobierno de Victoriano Huerta (1913-1914).

Ya en el poder, y sin el obstáculo de Madero, Huerta quiso que su gestión fuera una extensión de la de Porfirio Díaz en todos los aspectos. Para ello, tuvo que poner en práctica una campaña pacificadora que curiosamente, no empezó por la vía armada. Dio la orden de que comenzara la construcción de casas baratas para los obreros, el reparto de tierras y el levantamiento escuelas encargadas de enseñar a los indígenas a leer, escribir y contar.

La pacificación también tuvo su lado violento pues Huerta inició una campaña violenta contra sus opositores a los que, de plano, mandaba asesinar como ejemplo de la poca tolerancia que iba a imperar en su régimen. Cuando esta política no mermó la voluntad opositora de los diputados y senadores, Huerta, decidió disolver al Congreso y convocar a elecciones para escoger a uno nuevo y, por supuesto, más dócil y leal.

Cuando se eligió el nuevo Congreso a finales de 1913, muchos incondicionales del presidente ocuparon un lugar en las cámaras de diputados y senadores. Ello facilitó la labor de Huerta pues, entre otras cosas, logró romper lo pactado con Díaz al lograr que el Congreso aplazara las elecciones indefinidamente.

La posibilidad de caer en otra dictadura alarmó a muchos revolucionarios, en particular a Venustiano Carranza, quien tras la llegada de Huerta al poder decidió organizar un movimiento que juntase a todos los revolucionarios para quitar al usurpador de Huerta de la presidencia. Decidió llamar a su movimiento "Constitucionalista" no porque quisiera que el país tuviera una nueva Carta Magna, sino porque deseaba que la existente —la de 1857— fuera cabalmente respetada. Para darle más fuerza a este proyecto, emitió el Plan de Guadalupe, en el que desconocía a los tres poderes de la Unión (ejecutivo, legislativo y judicial) y se aclaraba que tras el triunfo, el jefe del movimiento constitucionalista (Carranza) sería nombrado presidente interino y debería de convocar a elecciones.

El mérito de Carranza consistió en que en poco tiempo logró atraer a su causa a los grandes líderes revolucionarios que también se oponían a Huerta (Obregón, Zapata, Villa, Benjamín Hill, principalmente), claro está que para ello tuvo que conciliar los diferentes intereses particulares También logró obtener el apoyo militar de Estados Unidos, nación que no reconocía a Huerta como presidente legítimo y que no veía con malos ojos que Carranza llegara a la presidencia de México.

A Huerta esta situación no le agradaba, en particular el apoyo que los revolucionarios recibían de Estados Unidos —a su gobierno nadie se las vendía —, aunque tampoco se preocupaba mucho pues consideraba que la marcada disparidad de personalidades y proyectos de los miembros del ejército constitucionalista iban a impedir su triunfo.

A pesar de la gran cantidad de hombres que tenía, Huerta sumo una serie fracasos militares por todo el país frente a un ejército revolucionario que, a mediados de 1914, controlaba las ciudades más importantes de la república. El ejecutivo seguía teniendo la esperanza de que las divisiones entre los constitucionalista, principalmente entre Villa y Obregón, acabaran con la unidad del movimiento, pero la intervención oportuna de Carranza para salvar las diferencias impidió la sepración. Parte fundamental de esta labor fue la firma del Pacto de Torreón en el que se especificaba que al triunfo del movimiento se instalaría una Convención integrada por los representantes de los jefes del Ejército Constitucionalista. Esta Convención debería convocar a elecciones generales y elaborar un programa de gobierno para el país.

Estados Unidos también ayudó a los alzados pues a finales de 1913 invadió el puerto de Veracruz, punto neurálgico del comercio exterior mexicano. Con el pretexto del maltrato que habían recibido unos soldados americanos en Tamaulipas, barcos y marinos de esta nación llegaron al puerto en cuestión, lo tomaron y comenzaron a administrar. Fue un duro golpe para Huerta pues había logrado que los alemanes le vendieran armas para combatir a sus enemigos, pero con la ocupación las armas jamás llegaron.

Frente a este panorama Huerta no tuvo más opción que presentar su renuncia al Congreso el 15 de julio de 1914. En su lugar quedó como presidente interino a Francisco Carbajal cuya labor fue la de arreglar todo para que los revolucionarios entraran a la ciudad de México.

3.- La lucha entre los revolucionarios por el poder (1914-1917)

Tras entrar a la capital de la nación, Carranza comenzó a hacer los arreglos pertinentes para cumplir con lo acordado en el Pacto de Torreón. Sin embargo, las diferencias entre los revolucionarios surgieron rápidamente. Los representantes de Carranza no pudieron convencer a Zapata de que asistiera a la Convención pues no quería que ésta se organizara en la ciudad de México; mientras que Villa tomaba una postura ambigua en la que en ocasiones afirmaba que asistiría a la Convención y en otras amenazaba con no presentarse, ello derivado del afán de Villa por molestar al líder constitucionalista —con el que había tenido ciertos roces en últimos meses— pues no tenía intención de participar en la reunión.

La Convención inició en octubre de 1914 en la ciudad de México con puros delegados carrancistas. Carranza fue reconocido como presidente interino y también se discutió sobre si era conveniente o no trasladar la Convención a Aguascalientes para que asistieran los representantes de Villa, propuesta que fue aceptada. Cuando Villa se enteró de ello, éste aceptó enviar delegados a este evento y poco tiempo después Zapata también transigió.

La ciudad de Aguascalientes era una controlada por el ejército villista, lo que representaba un peligro para Carranza quien tras observar como villistas y zapatistas hacían un frente común en su contra, decidió marcharse a Veracruz y desligarse de la Convención pues sabía que ahí tenía la situación perdida. La renuncia carrancista no impidió a los asistentes a la Convención elegir como presidente interino, por un lapso de 20 días, a Eulalio Gutiérrez. Carranza desconoció la elección porque Gutiérrez era un incondicional de Villa. La respuesta que los zapatistas y villistas le dieron fue sencilla y contundente: acordaron que la Convención se trasladaría a la ciudad de México cuando Villa la lograse tomar.

En diciembre de 1915 las tensiones entre los revolucionarios eran tan fuertes que todo parecía indicar que iban a estallar un enfrenatmiento armado entre ellas. Carranza decidió hacer algunos cambios a su Plan de Guadalupe para poder contra con más seguidores. Las adiciones fueron de carácter social e incluyeron el reparto agrario, el mejoramiento de la calidad de vida de obreros y campesinos y el establecimiento de un sistema impositivo más equitativo, entre otros tantos cambios..

Villa y sus soldados marcharon a la ciudad de México con el presidente. Los desmanes y abusos estuvieron a la orden del día y los habitantes de la urbe pudieron ser testigos, además, de quien gobernaba era Villa y no Gutiérrez.

A inicios de 1915, inició la lucha armada entre Villa y Zapata, por un lado, contra Carranza, por el otro. Tras las primeras acciones militares, el villismo logró expandirse por el norte y el occidente del país, mientras que Carranza enfocó sus esfuerzos por recuperar la capital del país, acontecimiento consumado el 28 de enero de 1915 cuando el ejército de Obregón derrotó a las tropas zapatistas que custodiaban la urbe, generando así la evacuación de la Convención rumbo a Cuernavaca. Este hecho ayudó a que terminara la alianza entre Villa y Zapata pues para el primero el segundo ya no era militarmente importante.

A continuación, Obregón inició una campaña sistemática de persecución contra Villa. En abril de 1915 logró derrotarle en la región del El Bajío en tantas ocasiones que Villa supo que se encontraba aniquilado militarmente y por ello quiso congraciarse con Carranza pero éste se negó y ordenó a Obregón que continuara con su campaña. Cabe destacar que en la acción militar que Obregón llevó a cabo en Celaya (ciudad ubicada en El Bajío), perdió el brazo derecho como consecuencia de la falta de pericia militar del general Lázaro Cárdenas del Río —futuro presidente del país—.

El rechazo sufrido incitó hizo que Villa buscara complicarle las cosas a Carranza. Tomo un avión y bombardeó la ciudad estadounidense de Columbus (Nuevo México) a fin de a provocar una invasión americana que entorpeciera los planes de Carranza. El gobierno americano tramitó ante el líder constitucionalista un permiso para que el general Pershing pudiese entrar a territorio nacional para perseguir a Villa; el mexicano aceptó pues aunque se oponía a ello, tampoco iba a caer en las provocaciones villistas. Los americanos nunca encontraron a Villa.

Con un Francisco Villa militarmente debilitado y un zapata sitiado en el estado de Morelos, Carranza decidió que había llegado el momento de convocar a un Congreso constituyente que le diera al país una nueva Carta Magna. Este cambio de opinión se debió a que la Revolución había generado tantos cambios en México que era imposible que éste se siguiera gobernando con una Constitución creada en otro contexto y época

En Congreso se reunió en la ciudad de Querétaro a partir de diciembre de 1916. En su seno no tuvieron cabida ni zapatistas ni villistas, pues Carranza deseaba que sólo tuvieran participación los "triunfadores" de la Revolución. A pesar de ello, en el Congreso surgieron dos corrientes: la moderada que era de ideología liberal ortodoxa y la de los radicales que proponían la creación de un Estado fuerte que promoviera las reformas sociales. Los debates entre ambas fueron muy fructíferos pues generalmente terminaban en propuestas consensuadas que, a su vez, permitieron la promulgación de la Constitución el 5 de febrero de 1917.

Los pilares de la Constitución de 1917, esos artículos que le permitieron ser la Carta Magna más vanguardista de su momento eran:

  • 3º. La educación quedaba en manos del Estado y que por ello sería laica y gratuita. Los particulares, salvo la Iglesia, podían educar siempre y cuando el Estado se los permitiera y en conformidad a los planes de éste. Se aseguraba que la educación en México debía ser igualitaria, democrática y nacionalista.
  • 27. La propiedad de las tierras y aguas comprendidas en territorio nacional correspondían a la nación y ésta las podía concesionar a particulares. Se especificaba que la nación tenía derecho a regular el aprovechamiento de los recursos naturales susceptibles de apropiación para cuidar su conservación y distribuir entre los mexicanos la riqueza natural. Quedaba prohibida la existencia de latifundios, y que las asociaciones religiosas pudieran adquirir, poseer o administrar bienes y raíces.
  • 80 al 89. Versaban sobre las facultades y obligaciones del presidente. Establecía un ejecutivo fuerte entre cuyas facultades más importantes destacaban: los derechos de iniciativa de ley y de veto, ser la máxima autoridad en matera agraria, árbitro entre obreros y patrones y jefe supremo de las fuerzas armadas.
  • 123. En este artículo el Estado pretendía equilibrar las relaciones obrero-patronales al mostrarse como un árbitro para solucionar los problemas entre ambos grupos. A la vez ayudaba a los obreros al establecer la jornada máxima de trabajo, la protección de mujeres y niños trabajadores, el reparto de utilidades, entre otros derechos.
  • 130. Regulaba las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Establecía la separación entre ambas instituciones y no reconocía la personalidad jurídica de los sacerdotes ni su derecho a intervenir en materia política por ser dependientes del Papa —un extranjero—.