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"Historia de México para principiantes".19 
por Íñigo Fernández Fernández (Méjico) 
arquemoro@hotmail.com 
ISBN-84-9714-
 

4.- La presidencia de Plutarco Elías Calles (1924-1928). 

Calles continuó, más por convicción que por amistad o imposición, el proyecto de Estado revolucionario que Obregón le había legado. Consideraba que era necesario que el papel centralizador de este Estado cada vez más fuerte tuviera una mayor incidencia en el conjunto de la sociedad. A pesar de su cepa revolucionaria, la visión que Calles tenían sobre el papel social del Estado no distaba mucho del que en esa época le atribuían Hitler y Mussolini —entonces los líderes más importantes del fascismo europeo— en el sentido de que debía ejercer un férreo control sobre la sociedad por ser ésta incapaz de encontrar por sí misma el camino a seguir. 

Calles reconocía la utilidad de las reformas militares realizadas por sus sucesores, pero consideraba que tras lo sucedido en el levantamiento de Adolfo de la Huerta era necesario realizar otra que purificara, por decirlo de alguna manera, a esta institución y la hiciera más leal al presidente. Comisionó al secretario de Guerra, Joaquín Amaro, para que realizara esta labor. Amaro aplicó un programa modernizador que resultó ser muy efectivo. Reabrió el Colegio Militar que se encontraba cerrado desde 1914; diseñó un proyecto destinado a profesionalizar a los oficiales; expulsó a aquellos que se sospechaba que podrían organizar levantamiento armados; y, por último, dividió al país en 33 jefaturas militares y ordenó que los responsables de ellas fueran removidos cada seis meses para evitar las alianzas personales y las lealtades con otros oficiales. 

También continuó con la política de lucha contra los rebeldes, sólo que ahora éstos ya no estaban armados, habían constituido pequeños feudos en los que se hacía su voluntad y no acataban las disposiciones de la autoridad federal. Para combatirlos, Calles recurrió a los métodos tradicionalmente aplicados por Díaz: comprarlos o matarlos. Algunos caciques decidieron unirse a Calles y apoyar a los candidatos y decisiones tomadas en el centro a cambio de privilegios de toda índole; por el contrario, otros se negaron a someterse e intentaron continuar con su autonomía por lo que fueron perseguidos, y hasta asesinados, por el ejército federal. 

Respecto al control del movimiento obrero, el presidente sólo tuvo que trabajar sobre lo que sus antecesores habían hecho, Tal vez la mayor diferencia que mantuvo con ellos fue que su relación con Morones rebasó el ámbito profesional para transformarse en amistad. Morones fue nombrado secretario de Industria y aprovechó el cargo para estrechar la alianza entre el gobierno y los obreros, en detrimento de los segundos pues vieron mermado su derecho a huelga a favor del capital privado. 

No fueron ni los políticos, ni los obreros ni los campesinos, tampoco el gobierno estadounidense el mayor obstáculo para el fortalecimiento del Estado revolucionario. Aunque la historia pudiera parecer trillada y anticuada, fue de nuevo la Iglesia la que se volvió a interponer en los planes estatales. Ya desde el gobierno de Carranza las relaciones entre ambas instituciones no habían sido buenas, esencialmente porque la Iglesia se negaba a aceptar la Constitución de 1917 por su carácter francamente anticlerical, sin embargo tanto Carranza como Obregón procuraron, a pesar de su ateísmo declarado, no provocar al clero. 

Sin embargo, con Calles esta historia, parecida a la de Juárez hasta cierto punto, cambió pues el período comprendido entre 1926 y 1929 se suscitó un conflicto armado entre estas instituciones que pasó a la historia de México como "la guerra cristera" o "cristiada" (localizado esencialmente en el Bajío, Michoacán, Jalisco, Colima, partes de Zacatecas, Durango, Guerrero y Oaxaca). Habría que aclarar que los cristeros eran aquellos que peleaban contra el Estado para defender a la Iglesia y sus convicciones religiosas. individuo que peleaba en contra del Estado y a favor de la Iglesia. 

En febrero de 1925 se fundó en la ciudad de México la Iglesia cismática Mexicana cuyo líder era el antiguo sacerdote católico Joaquín Pérez, conocido como el Patriarca Pérez. Aunque la promotora aparente de la creación de esta iglesia fue la CROM, muchos creyentes católicos aseguraban —y no estaban errados— que quien estaba detrás de todo ello era el propio Calles. La Iglesia Cismática se presentaba a los mexicanos como una religión idéntica a la católica en cuanto al culto y dogma con las salvedades de que era mexicana, no romana, y que el Papa no era su máxima autoridad, sino el patriarca Pérez. DE hecho, en estas diferencias radicó el fracaso de este experimento pues una Iglesia en la que el vicario de Cristo no fuera la máxima autoridad no era atractiva para los mexicanos. 

Algunos miembros del episcopado mexicano junto a los líderes de organizaciones católicas y a los creyentes salieron a las calles de la ciudad de México para expresar su descontento contra esta Iglesia pero fueron reprimidos por la policía, que tenía órdenes claras de aplacar por cualquier medio a los integrantes de la manifestación. 

Dependiendo del anticlericalismo de sus gobernadores, algunos estados de la federación también se sumaron al anticlericalismo del presidente. El caso más destacado fue el de Tabasco en donde su gobernador —Tomás Garrido Canabal— llegó a mostrar una postura tan radical que exigía a los sacerdotes que se casaran para que pudieran oficiar. 

Frente a las agresiones que estaba recibiendo la Iglesia, un grupo considerable de laicos fundaron la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa con la finalidad de detener estas agresiones y exigir al gobierno que respetara la libertad de cultos que la Constitución exigía. Sus miembros exigían que el gobierno no pudiese legislar en materia religiosa y que fueran derogadas de la Constitución todos aquellos artículos que atentasen contra el libre ejercicio del culto católico. A la par,, el episcopado —que es la suma de obispos y arzobispos de un país— creó "el Comité", organismo destinado a comunicarse con el gobierno en todo lo referente a la modificación de las leyes que sometían la Iglesia a la voluntad del Estado. 

En febrero de 1926 el arzobispo de México, Rafael Mora y del Río, hizo unas declaraciones al periódico El Universal en las que externaba una serie de críticas contra los artículos constitucionales 3º, 5º, 27º y 130º que al ser publicadas provocaron el encarcelamiento del prelado. Se había tratado de una trampa tendida por Calles, quien permitió la publicación de la entrevista para tener una justificación para encarcelar al prelado, pues toda crítica que hiciese un sacerdote a cualquier ley era una clara violación al artículo 130°. 

Además, el ejecutivo mandó reformar el Código Penal para imponer sanciones más severas contra aquellos miembros del clero que infringieran los artículos 3º, 5º, 27º y 130º constitucionales y promulgó la Ley Calles, que no era otra cosa que la reglamentación del artículo 130°, en la que limitaba el número de sacerdotes a 1 por cada 6000 habitantes (por lo que quedarían algo más de 2000 sacerdotes para cubrir las necesidades espirituales de los mexicanos); expulsaba a todos los sacerdotes extranjeros y ordenaba que aquellos que se quedaran deberían de registrasen en oficinas estatales para que pudieran recibir del gobierno una licencia para predicar. 

Tantos ataques generaron una reacción entre los miembros de la Liga quienes determinaron ejercer un boicot contra el gobierno a través de la abstención en el pago de impuestos, la disminución del consumo de productos y servicios estatales... en lo que podía considerarse como una especie de lucha sin violencia: Por su parte, el Episcopado mexicano reaccionó más violentamente pues los miembros del Comité Episcopal decidieron declarar el 31 de diciembre de 1926 la suspensión de cultos en todo el país. La medida se llevaba a cabo para presionar al gobierno pues la gente, al ver cerrados los templos, creía que por no poder ir a misa los domingos su alma ardería en lo más profundo del infierno por toda la eternidad. El gobierno respondió con la aprehensión y expulsión de los dirigentes más importantes del Comité. A raíz de estos hechos fue que estalló la lucha armada en enero de 1927. 

La Liga un organizó un comité de guerra encabezado por René Capistrán Garza que rápidamente se ramificó por el centro y norte del país. Este ejército improvisado contaba con el apoyo de los ricos católicos, pero carecía de un liderazgo militar firme; fue hasta 1928 cuando los cristeros lograron tener entre sus filas a un general en jefe digno: Enrique Gorostiza, cuyo principal objetivo era que se pusiera de nuevo en vigencia la Constitución de 1857 pero sin incluir las Leyes de Reforma. 

La guerra nació empantanada pues ninguno de los ejércitos ganó o perdió posiciones. Inicialmente esta guerra parecía una locura pues se creía que el ejército federal, por poseer militares profesionales y el armamento, derrotaría a los insurrectos por ser un grupo improvisado de soldados. Pero lo cierto es que los cristeros compensaron esas carencias con valor y mucha unión pues era común ver entre sus ejércitos a ricos y pobres, hacendados y peones, empresarios y obreros, laicos y sacerdotes, todos ellos unidos a favor de la causa. 

Frente a este estancamiento, en 1928 comenzó a darse al interior del episcopado una postura moderada, encabezada por el obispo jesuíta de Tabasco Pascual Díaz, en la que se mostraba un interés por generar un acercamiento con el gobierno y dar así fin así al conflicto. Calles, que se encontraba en los últimos días de su gobierno, también deseaba acabar con esta situación pero como no quería entrar en contacto directo con las autoridades religiosas, se puso a buscar un mediador que agradase a ambas partes, sin embargo este objetivo no se pudo concretar al porque la presidencia de Calles había llegado a su fin el primero de diciembre de 1928. 

En economía uno de los objetivos del presidente fue organizar la hacienda pública para poder generar el desarrollo económico tan necesario para el fortalecimiento del Estado. Para lograr esta meta se tomaron una serie de medidas duras como la reducción los sueldos, la restricción los gastos de todas las dependencias estatales, la cancelación de los subsidios, la reducción de los gastos en educación y beneficencia, la creación del impuesto sobre la renta y la reforma del método de contabilidad nacional y de presupuestos. 

Un logro económico destacado del callismo fue el de la reorganización del sistema bancario mexicano. En enero de 1925 se decretó la nueva legislación bancaria que creaba el Banco de México para que regulara la circulación monetaria, las tasas de interés, el cambio de divisas, uniformara el trabajo de la banca privada... Este banco también permitiría al gobierno contar con algunos recursos necesarios para el desarrollo de las obras de infraestructura que tanto necesitaba el país. 

Calles creía que los medios de comunicación ayudarían a reunificar el mercado nacional y favorecerían la penetración del Estado en todo el país. Ordenó la rehabilitación y reestructuración de los ferrocarriles y los concesionó a la iniciativa privada, tal como lo había hecho Porfirio Díaz en el siglo anterior. Con relación a las carreteras hubo interés por incrementar su número para que de esta manera se fomentase el turismo nacional y se favoreciese el desarrollo de la incipiente industria automotriz. 

Un aspecto económico muy importante del gobierno de Calles fue el campo. Para Calles veía el problema agrícola tenían un carácter tecnológico que no se restringía sólo al reparto agrario. Estaba deseoso de crear un gran grupo de pequeños propietarios, pero tampoco le disgustaban los ejidos pues eran un medio idóneo para ir acabando con los latifundios. La preocupación gubernamental por la cuestión agraria derivó en la promulgación de una gran variedad de leyes que protegían a los ejidatarios y sus tierras de los posibles abusos de las autoridades locales y obligaba al gobierno a dotarles de sistema de riego. 

A pesar de estos esfuerzos la cuestión agraria no mejoró puesto que los sistemas de regadío sólo llegaron a los grandes y medianos propietarios del norte del país, los latifundios de extranjeros no fueron afectados y, por presiones de Estados Unidos, se frenó el reparto agrario a partir de 1927. 

La política petrolera de Calles fue manifiestamente nacionalista y puede ser considerada como un antecedente de la expropiación petrolera. Creó la Ley del Petróleo, en 1927, por la que las compañías extranjeras debían tramitar con el gobierno mexicano un permiso, por cincuenta años, para la explotación de aquellos pozos adquiridos antes del 1º de mayo de 1917. Las compañías que no aceptaran esta disposición perderían los derechos sobre sus pozos. La administración callista tuvo que dar marcha atrás por las presiones del gobierno americano, que salió a la defensa de los intereses de sus petroleros. 

El proceso electoral de 1929 ha sido uno de los más interesantes de la historia de México en el siglo XX pues hizo tambalear a uno de los principios revolucionarios por excelencia: la no reelección el presidente. 

Durante el gobierno de Calles, Obregón aparentemente se había retirado de la vida política y se encontraba dedicado a la agricultura, aunque estaba muy seguro de que pronto regresaría al ámbito político nacional. Esta seguridad emanaba de un acuerdo oral al que había llegado con Calles en 1923 por el que ambos se turnarían en la presidencia de México, cuatro años uno, cuatro años el otro y así sucesivamente. 

A finales de 1923, cuando aún Calles no había dado a conocer a su candidato, Obregón comenzó a ejercer presión sobre él para que modificara el artículo 82 constitucional y fuera legal la reelección no continua. Calles estaba reacio a ello pues tenía la idea de que una vez que Obregón retornara al poder, no cumpliría con lo acordado. Pero las presiones de su amigo fueron tan fuertes que en 1928 hizo que el Congreso cambiara dicho artículo. 

La modificación no fue aceptada por muchos políticos, especialmente por aquellos que tenían aspiraciones presidenciales, por ser una clara violación a la Constitución de 1917. Por lo anterior, los generales Francisco Serrano y Arnulfo R. Gómez optaron se rebelaron contra Calles y Obregón y postularon sus candidaturas a la presidencia. El presidente no quiso que este problema creciera por lo que mandó aprehenederaprehender y a asesinar a Serrano en el poblado de Huitzilac (Morelos) cuando eran llevados a la ciudad de México. Tres días después el general Gómez y sus hombres fueron atrapados y fusilados en Veracruz. 

Los católicos también intentaron oponerse a este proyecto. Un coche en marcha lanzó una bomba contra el automóvil de Obregón cuando se encontraba en Chapultepec: Aunque el candidato no resultó muerto o lesionado, las autoridades de la ciudad llevaron a cabo una investigación que puso de manifiesto que los responsables del hecho habían sido Luis Segura Vilchis, Humberto Pro Juárez y el jesuita Miguel Agustín Pro, todos miembros de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. Fueron aprehendidos y ajusticiados sin haber tenido un juicio previo. 

El 2 julio de 1928, Obregón triunfóen las urnas quedó como presidente electo; no obstante, mientras que celebraba su triunfo en el parque de La Bombilla 15 días después, fue asesinado por el dibujante León del Toral, quien resultó ser un fanático religioso que había sido convencido por la abadesa Concepción Acevedo, para llevar a cabo el crimen. Los autores material e intelectual del asesinato fueron procesados y condenados a la pena capital, en el caso de Toral, y a 20 años de cárcel para la abadesa. Los obregonistas radicales, a pesar de las evidencias, acusaron a Calles de ser el autor del crimen. Calles se defendió alegando que era la primera vez en años que el país carecía de caudillos y que ello favorecería el paso del México caudillista al México de las instituciones políticas. Estas afirmaciones no eran del todo precisas, pues no todos los caudillos habían desaparecido, aún restaba él; no en balde, la prensa lo comenzó a llamar, a partir de este momento, el jefe máximo de la revolución mexicana. 
 

5.- El Maximato (1928-1934) 

Se conoce con el nombre de Con el nombre de Maximato se conoce a la época en la que el jefe máximo de la Revoluciónla política mexicana era dirigida por el jefe máximo de la revolución mexicana: Plutarco Elías Calles controlaba la política nacional. Como . Calles no podía ocupar la presidencia en el período inmediatamente posterior al suyo, peroy tampoco deseaba hacer uso de la reelección no sucesivacontinua por lo sucedido tras el asesinato de Obregón , tras los acontecimiento que culminaron con el asesinato de Obregón. Por lo anterior, pensó que sería conveniente gobernar al país por medio de la manipulación de presidentes impuestos, de manera discreta, por él. 

Por la sorpresa generada por el asesinato, Calles tuvo que buscar un presidente interino que ocupara la presidencia mientras pensaba en cómo arreglar el problema. La elección recayó en  

Emilio Portes Gil fue el primer presidente provisional del maximato; Calles lo eligió por varias razones: que eraera un hombre al que no se le ligaba ni al obregonismo ni al callismo, además un hombre ligado a los intereses obregonistas y callistas, era un político connotadodistinguido pero dócil y, por ende, su nombramiento ayudaría a acallar los rumores de un posible levantamiento militarmanipulable. El jefe máximo sabía que la situación era delicada pues los seguidores de Obregón, a pesar de que se había esclarecido el asesinato, seguían culpando del mismo a Calles, quien realmente se había visto beneficiado por el homicidio. 

. En materia de política interior, Portes Gil comprendió desde el inicio cuál era su situación y muestra de ello fue su interés por se dedicó a trabajar sobre el proyecto callista de consolidaciónconsolidar del Estado revolucionario y de desarrollodesarrollar de la economía capitalistaMéxico. En virtud de lo anterior, apoyó a Calles cuando éste dio inicio a la formación de comenzó a formar un nuevo partido político. Éste debía unir para fusionar y disciplinar a la mayor cantidad de elementostoda la familia revolucionaria, es decir, a todos los grupos revolucionarios que por una u otra razón gustaban de levantarse en armas. Según Calles, la existencia de este partido permitiría la organización de procesos electorales pacíficos en los que los propios revolucionarios podrían repartirse el poder sin caer en asonadas y levantamientos que desestabilizaran a la Nacióny, también, para organizar los procesos electorales que hasta ese momento se habían caracterizado por el desorden y las irregularidades. En diciembre de 1928 se fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR) —que fue el primer nombre que tuvo el actual PRI—, se nombró a Callesel jefe máximo fue nombrado como su presidente y se dio la orden de que todos los funcionarios públicos se afiliaran y contribuyeran a su sustento cediesen al partido con siete días de su sueldo al añoanual y que fueran incorporados al nuevo organismo. El partido también representaba —y deseaba controlar paralelamente— a las bases de la sociedad mexicana, es decir, a los obreros y campesinos que, en su conjunto, formaban el grupo mayoritario de la sociedad mexicana 

En cuanto a sus bases, los miembros del PNR reconocían en los obreros y en los campesinos el factor social más importante de la colectividad mexicana y, por ello, el partido era el verdadero representante de sus intereses; sin embargo, este organismo también estaba ideado para controlar a dichos sectores sociales, ya que "los revolucionarios que habían subido a nuevas posiciones sociales, económicas y políticas con la revolución, debían estabilizarla para que no los devorara una posible radicalización extremista [...]". 

A pesar de que la presidencia portesgilista ayudó a disminuir la agitación política en México, cabe destacar que no estuvo exenta de problemas que pudieron ser resueltos gracias a la colaboración existente entre Calles y Portes Gil. En diciembre de 1928 la CROM celebró su IX Convención, en ella Luis N. Morones atacó fuertemente al presidente al acusarle de ser el promotor de las persecuciones sufridas por la Confederación. En realidad el líder obrero no había tenido problemas con Calles, sino con Portes Gil y éstosLos problemas entre Morones y Portes Gil en realidad venían de tiempo atrás, de cuando el segundopresidente había sido era gobernador de Tamaulipas y obstaculizó la penetración de la CROM en su Estado por considerar que lo debilitaba. A pesar de que Calles intentó mediar en el asunto y habló con Morones para que moderara sus comentarios y colaborara con el nuevo régimen, Morones sin embargo, radicalizó más su postura y obligó a los delegados cromistas a que abandonaran la Convención Obrero-Patronal y que aquellos que tuvieran puestos en el gobierno renunciasen a ellos. Portes Gil, que también quería poner en su lugar a Morones, permitió que en la ciudad de México se representara una obra intitulada El desmoronamiento de Morones en donde el autor presentaba de manera exagerada los excesos que habitualmente cometía el líder obrero en la intimidad. Morones montó en cólera y amenazó con hacer una huelga general. Frente a este éxodo cromista en esta disputa, la mayoría de los diputados, senadores y gobernadores mostraron su adhesión al presidente; de hecho, quien resultó perdiendo en esta maniobra fue la CROM, pues acaba de pasarse del difícil lado de la oposición, por lo que desaparecieron las facilidades para financiarse, obtener más afiliados y moverse con libertad por todo el territorio. Ahora iba a recibir el mismo trato que obtenían los sindicatos insurgentes, ya que: "El paso a la oposición privó a la CROM de sus fuentes de ingresos y [...] las dificultades económicas limitaron enormemente sus posibilidades de acción." 

Otro problema al que tuvo que hacer frente fue el del levantamiento escobarista. El 3 de marzo de 1929 estalló un levantamiento armado dirigido por Gonzalo Escobar y otros en Veracruz, Sonora, Durango, Chihuahua y Nuevo León varios estados de la república. Bajo la bandera del auspicio del Plan de Hermosillo, los levantados desconocían a Emilio Portes Gil como presidente del país, así como a todas las autoridades que no se adhirieran al movimiento y; también invitaban al pueblo a secundar el levantamiento y proponían al licenciado Gilberto Valenzuela como su candidato presidencialsu asonada. Al enterarse de lo anterior, frente a este panorama, el presidente nombró a Calles secretario de Guerra y Marina para que detuviese a los levantados, objetivo que lograría tres meses después al aprehender, exiliar o fusilar a la mayoría de los oficiales insurrectos

En materia religiosa, correspondió a Portes Gil, con la "sabia" asesoría de Calles, dar solución al conflicto cristero. En 1929 la Iglesia y el Estado coincidieron en que fuera Dwight Morrow —embajador de Estados Unidos y suegro de Charles Lindberg— quien mediase en el conflicto y fue gracias a sus gestiones que se logró llegar a un acuerdo conocido como Los arreglos de 1929 o Modus Vivendi, un convenio por el que  la Iglesia se comprometía a no intervenir en materia política, a cambio de lo cual, el Estado procuraría ser más tolerante en la aplicación de la legislación religiosa. De hecho ambas partes coincidieron en que la situación quedase tal y como estaba antes de que estallara el conflicto. Muchos cristeros y adeptos al gobierno se molestaron por esto pues ellos y sus familias habían hecho un sacrificio grande para que, a final de cuentas, las cosas no cambiasen. 

También en 1929 el presidente tuvo que afrontar problemas con los estudiantes de la Universidad Nacional de México. Los estudiantes de la Escuela Nacional de Jurisprudencia y Ciencias Sociales se opusieron a aceptar al nuevo reglamento de exámenes ordenado por la rectoría; el problema cobró fuerza cuando varias escuelas y facultades se fueron a la huelga.. Para que el conflicto no fuera a mayores, Portes Gil decidió mediar en el conflicto y pidió a los alumnos que le entregaran un pliego petitorio. Eran 10 las demandas estudiantiles: las cinco primeras se encontraban relacionadas con la renuncia y substitución de autoridades de la Secretaría de Educación Pública, del gobierno, de la policía y de la Universidad Nacional; las cinco restantes exigían la reestructuración del Consejo Universitario y de la forma de manejarse de las facultades y escuelas dependientes de la Universidad. El conflicto se solucionó cuando en julio de ese mismo año, el ejecutivo concedía la autonomía universitaria —(que se encontraba limitada por la intervención presidencial—) y nacía de esta forma la Universidad Nacional Autónoma de México o UNAM 

Fue a fines de 1929 cuando inició la agitación política en México como consecuencia de las especulaciones sobre quién iba a ser el candidato "oficial" a la presidencia en las elecciones generales de 1930 circulaban por toda la nación. Para muchos, el elegido"bueno" iba a ser era Aaron Saenz, gobernador de Nuevo León, pues se trataba de un político amigo de Calles y por demás hábil para las cuestiones del gobierno. De hecho, ese era su mayor defecto, pues Calles consideraba que una vez que estuviera en la presidencia, mostraría rebeldía y no se dejaría manipular. Por el contrario, mandó llamar aera un destacado obregonista que gozaba del favor de Calles y del apoyo de muchas organizaciones populares. Por su parte, Pascual Ortiz Rubio, embajador de México en Brasil, era llamado por el "jefe máximo" para que regresara a México, con la finalidad de que fuese y fuera el candidato presidencial del PNR. Ortiz Rubio consideró justa la invitación pues apenas se estaban reconociendo sus méritos como revolucionario. Pero la verdad era otra. El diplomático ¿Por qué Calles tomó esta decisión? Porque Ortiz Rubio era una persona que ignoraba lo que pasaba en México y que no tenía detrás un grupo político que lo apoyase. 

En marzo de 1929, durante la Primera Convención Nacional del PNR, las bases del partido (léase Calles) el partido elegía elegían a Pascual a Ortiz Rubio como su candidato presidenciala la presidencia para el período 1930-1934. 

Cuando todo parecía preparado para el triunfo del candidato callista, hizo su aparición José Vasconcelos, el antiguo secretario de Educación Pública El mayor opositor del candidato oficial fue José Vasconcelos, quien había logrado reunir a la mayoría de los revolucionarios de 1910 y de la oposición antigubernamental enmaderistas del Partido Nacional Antirreleccionista. Era conocida la rivalidad que tenía con Calles, a quien criticaba de haber desvirtuado el carácter social de la Revolución. A pesar de que Vasconcelos contaba con el apoyo de algunos sectores revolucionarios, la clase media, estudiantes, intelectuales y empresarios, carecía de un programa social transformador, pues mientras que su discurso giraba en torno a la renovación ética del país, no especificaba cómo se podría conseguir tal fin lo cual era una falla importante para algunos de sus partidarios. 

La campaña vasconcelista se inició en Estados Unidos y rápidamente pasó a México en donde tuvo algunos problemas (encarcelamientos injustificados, desaparición de partidarios...) en su mayoría planeados por el gobierno, ello motivó al candidato a pensar  en la probabilidad de que se cometiese un fraude electoral que favoreciera a Pascual Ortiz Rubio. Tras un proceso electoral en el que los fraudes y el asesinato fueron la constante, se procedió a declarar a Pascual Ortiz Rubio como presidente electo de México para el período 1930-1934. José Vasconcelos se sintió defraudado pero al no tener más opciones se y en diciembre emitió el Plan de Guaymas en el que incitaba al pueblo a levantarse en armas, se declaraba como la única autoridad legítima a Vasconcelos y se desconocía al nuevo ejecutivo y a aquellas autoridades que le fueran fieles: El plan fracasó en la medida de que nadie lo secundó y a Vasconcelos no le quedó otra opción que el autoexilio en los Estados Unidos y nunca más regresó a México. Al respecto se cuenta que el gobierno mexicano, hace más de treinta años, solicitaron a la familia los restos del intelectual para ponerlos en la rotonda de los hombres ilustres; los descendientes de Vasconcelos pusieron una condición: que las autoridades reconocieran que las elecciones habían sido fraudulentas y que el verdadero ganador había sido su ascendiente. Las autoridades no aceptaron y los restos continúan en Estados Unidos. 

Cuando Pascual Ortiz Rubio iba a tomar el cargo de presidente el 1 de diciembre de 1930 comenzó a circular el rumor de que en la ciudad de México  el día en que Ortiz Rubio fuese a tomar posesión de su cargo sufriría un atentado. Las precauciones se extremaron en toda la ciudad de México pues no se deseaba que otro presidente electo muriera; en consecuencia, se extremaron las precauciones principalmente en el camino entre el Palacio Nacional y el Estadio Nacional, lugar donde se haría el evento. Conforme transcurrió el evento del cambio de poderes, ningún atentado se suscitó y no fue sino hasta que cuando Ortiz Rubio regresaba a Palacio Nacional cuando  sufrió el mentado atentado a manos de un vasconcelista (otros dice que se trataba de un antiguo cristero). Fue tan fuerte el susto que el presidente y su familia se llevaron, que no salieron del Castillo de Chapultepec —que todavía era la residencia oficial— por dos meses. 

La relación que tuvo jefe máximo con este presidente fue diferente a la que había mantenido con su antecesor ya que Ortiz Rubio creyó, muy ingenuamente, haber agredido al presidente y su familia. Aunque no hubo daños que lamentar el hecho obligó a las autoridades a extremar las precauciones e hizo que Ortiz Rubio no quisiese salir del castillos de Chapultepec en dos meses. 

A diferencia de su antecesor, Pascual Ortiz Rubio creyó que en verdad sería un presidente autónomo de Calles e intentó actuar así. Calles le permitió trabajar así mientras que no se rebelara o interfiriera con sus planes. Gracias a ello fue que esta administración logró promulgar, sin injerencia callista. De los pocos logros que tuvo, se encuentra la promulgación de la Doctrina Estrada que definía y aún define la posición de México en relación respecto al reconocimiento de gobiernos de otros países. El principio de esta doctrina es bajo el principio de la no intervención en los asuntos internos de cualquier nación. 

Fueron pocas las oportunidades que tuvo el presidente de actuar con tanta libertad y cuando comenzó a percatarse de que en realidad Calles lo había querido para ser su títere, intentó independizarse. Dio un primer paso al pedirle la renuncia a todo su gabinete, que le había sido impuesto, para crear uno propio. Calles ocultó el disgusto y atacó al presidente: comenzó a  organizar las juntas de gabinete en su casa sin notificarle a Ortiz Rubio. Sin embargo, Ortiz Rubio poco pudo independizarse y, en consecuencia, es posible imaginar los disgustos que se llevó cuando se le notificó que el "jefe máximo" había elaborado su gabinete y cuando pudo constatar que Calles se presentaba con mayor frecuencia a las juntas ministeriales sin tener el derecho de hacerlo. Cada intento del presidente por separarse de la tutela callista e imponer su autoridad en el país fue contraatacado por Calles a través de la promoción de huelgas, imposiciones en el gabinete y la dirección del PNR y el destierro de hombres notoriamente ligados a los intereses ortizrubistas. 

Esta "guerra" entre ambos personajes sirvió para que Ortiz Rubio comenzara a hacerse una fama injustificada de tonto. La sociedad aprovechó la situación para hacer chistes ingeniosos. Un caricaturista dibujó un cartón en el que Pascual Ortiz Rubio, desde la terraza del Castillo de Chapultepec, gritaba vigorosamente "Yo mando"; y desde una lancha, en el lago que se encontraba abajo, Calles respondía "Y yo remando". 

La mayor crisis se suscitó a fines de 1931 cuando Calles obligó a Pascual Ortiz a pedirle la renuncia de cuatro militares miembros del gabinete presidencial (entre los cuáles estaba Joaquín Amaro y Lázaro Cárdenas) a que renunciaran a sus carteras,  los mismos que el propio presidente había invitado a trabajar con él hacía unos días. La puntilla la dio; Calles dio el golpe de gracia a Ortiz Rubio cuando se auto nombró secretario de Guerra y Marina. Ortiz Rubio no aguantó más y presentó su renuncia.  Esta situación obligó al presidente a presentar su renuncia el 2 de septiembre de 1932 alegando que con ella evitaba que hubiese desunión entre los revolucionarios y que, además, su salud le impedía seguir desempeñando el cargo. La renuncia de Ortiz Rubio puso en evidencia las contradicciones de la familia revolucionaria y los problemas que generaba la intervención de Calles en la política nacional.