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TESIS

LA TRANSCULTURACIÓN, GÉNESIS DE NUESTRA IDENTIDAD Y UN
CAMINO HACIA LA GLOBALIZACIÓN.

Leticia Salazar Acuña

Graduada de Licenciatura en Artes de La Universidad de
Concepción Chile.

 

I.1.3.a. Alimentos Europeos

Si bien en Chile existían diversas plantas de uso nutritivo, el conquistador se encontró con una escasez de árboles frutales, por lo cual uno de sus mayores aportes fue complementar la flora autóctona con árboles y plantas procedentes del mediterráneo las cuales se aclimataron muy bien en el valle central de Chile. Entre ellos se destacan el trigo, la vid, el olivo, el naranjo. Posteriormente incorporaron otros árboles como guindos, manzanos, perales, almendros, higueras, entre otros muchos más. 

Gerónimo de Vivar, incluye una copiosa lista, en sus Crónicas:

“.. muchos melones y muy buenos, y muy buenas coles y lechugas y rábanos, cebollas y ajos y zanahorias, berenjenas,perejil, acelgas y cardos, y lentejas, garbanzos, habas, mastuerzo y anís, cilantro, y albaca, hinojo, ruda, nuez mostaza y nabos han cundido tanto que en los campos no hay otra cosa”. [7]

Introducir y aclimatar tal cantidad de especies, constituye sin lugar a dudas una proeza de los conquistadores, es evidente que el arraigo de cada especie requirió grandes esfuerzos y cuidados.

Sintetizando el periodo de la conquista, tenemos que los aportes de las culturas autóctonas y españolas se integraron en un proceso de transculturación, en el cual se distinguen dos fases. Una primera, en la que emergen formas culturales mixtas, pero con fuerte gravitación de la cultura aborigen, particularmente en la alimentación, aspecto analizado, seguido por la vivienda, caminos, puentes, embarcaciones y medicina. En una segunda fase los conquistadores superan su dependencia de los recursos aborígenes, aclimatando sus árboles frutales; además traen la fauna europea, elaboran diversas herramientas y muebles; equiparan las ciudades, minas y estancias, aumentando de esta manera la gravitación de su cultura material.

El contacto entre estos dos mundos produjo una tensión entre dos estilos de vida y pensamiento, muy alejados entre sí. Por un lado, el modo de vida del conquistador (medieval-renacentista) que tenía una apetencia por la riqueza; y por otra parte, el estilo de vida autóctona basada en la subsistencia.

I.1.4. Aportes de la cultura hispana después de la Conquista

Concluido el periodo de la conquista caracterizado por un intenso proceso de transculturación, se distingue otra etapa en la que se va ha configurar una sociedad urbana con creciente predominio de los elementos hispánicos, particularmente sus formas culturales y espirituales, a través de la religión, la lengua, las artes y la educación. Pero esta sociedad es diferente a la española pues es la resultante del encuentro de dos mundos diferentes.

Esta segunda etapa de transculturación, después de la conquista, con predominio hispano, se realiza a través de tres vías: La penetración espiritual a cargo de la iglesia y de las órdenes religiosas; la penetración étnica a través de los soldados y pobladores; y la penetración económica por medio de los encomenderos y vecinos. Para el desarrollo de esta propuesta analizaremos la vía espiritual.

I.1.4.a. La Religión

Comencemos por recordar el papel central que ocupaba España en la Europa del siglo XVI, en plena época de Carlos V, cuyo poder se identificaba plenamente con la cristiandad. Este poder real se refuerza con otro de carácter simbólico que es la Bula del Papa Alejandro VI, con la cual se otorga a España y Portugal la conquista del nuevo mundo, incorporándolo al cristianismo.

Esto proporcionó una gran seguridad para el conquistador al representar a una de las monarquías más poderosas del viejo mundo y también de ir en nombre de Dios con la misión principal de evangelizar los territorios descubiertos por Colón. Como guerreros, los españoles combatían en nombre del rey y con la bendición del cielo. Esto, sin duda, constituye la acción que legitima a España para conquistar las indias occidentales.

Tanto el Estado como la Iglesia se identifican en la tarea de extender el evangelio, porque de hecho ambas entidades están fusionadas en el poder de la Monarquía española de esa época. Se entiende así que las expediciones hispanas incluyeran, desde el principio, sacerdotes y frailes como misioneros.

Para ayudar y facilitar esta tarea se elaboró un documento por teólogos y juristas de la Corte, que tubo como nombre el Requerimiento de Palacios Rubio, una síntesis de historia y teología que por orden del rey debía ser expuesto a los aborígenes de América, por medio de un intérprete. Este Requerimiento finalizaba así: 

“Os quisiereis convertir a la santa fe católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas; y a más de esto Su Majestad vos dará muchos privilegios y excepciones y os hará muchas mercedes. Si no lo hiciereis, o en ello dilatación maliciosamente pusiereis, certifícoos que con la ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros y vos haré guerra por todas las partes y manera que yo pudiere, y os sujetaré al yugo y obediencia de la Iglesia y de Su Majestad”. [8]

Con el objeto de cumplir cabalmente con su misión los religiosos que vinieron con Valdivia fueron gradualmente incrementados, comenzando así con una labor intensa de evangelización de los indios. Sin embargo, su tarea se vio dificultada ya que ellos eran vistos con los soldados españoles, puesto que el predicador viajaba junto al ejército. Esto produce en el indígena dos situaciones encontradas, una es ver al mismo tiempo al sacerdote que le enseñaba el cristianismo y la otra es encontrarse con el soldado que le arrebataba sus bienes y libertad. Con este precedente surgieron conflictos entre los religiosos, militares y encomenderos, en razón de que la iglesia asumía la defensa de los indios, tarea iniciada en Chile por los obispos de Santiago y La Imperial.

Después de la muerte de Valdivia empiezan a constituirse en el país las diversas órdenes religiosas, que inician la construcción de sus respectivos templos y conventos, y se dedican a la atención espiritual con los españoles, a la enseñanza de los niños y por supuesto al adoctrinamiento de los indígenas.

I.2. Identidad versus Globalización

Hemos visto que la transculturación es un fenómeno que ha conducido a la formación de lo que es la cultura chilena y por ende, lo que es nuestra identidad.

Ahora hemos de notar cómo se entrelaza en este proceso el término de la globalización, el cual según un criterio personal vendría a significar un tipo de transculturación en la actualidad, dada sus características de intercambio a nivel mundial.

En este inicio del siglo XXI se hace imperante entender el significado de estos términos, ya que de ambos sólo existe una noción y no una definición clara, a pesar de ser palabras que siempre se utilizan en cualquier sentido de la sociedad actual ya sea en la economía, la cultura, educación, política etc., vías por las que precisamente se genera la globalización. Analicemos entonces estos términos cruciales en nuestra realidad social e intelectual.

La expresión Identidad cultural se entiende como el conjunto de referencias culturales por las que una persona o un grupo se define, se manifiesta y desea ser reconocido que integra en un proceso permanente la diversidad cultural, el ámbito particular y el universal.

Todos poseemos una identidad cultural que da sentido a nuestras vidas, y ciertamente es una realidad que no es estática, sino que es dinámica, que además se construye y al mismo tiempo nos construye, es decir, la identidad cultural cambia y se adapta a las nuevas situaciones sin negar, eso sí, el núcleo profundo de toda cultura que se relaciona con aquel sello distintivo y característico. En este sentido, cabe preguntarse como las diferentes culturas se han enfrentado y adaptado a estas nuevas situaciones que conllevan a una mundialización. 

Sin pretender ofrecer una definición absoluta, ni un análisis en profundidad, si se indicaran dos grandes campos de su significado, teniendo presente que su utilización produce cierto impacto en las diferentes identidades.

- La globalización sería la exportación y la imposición de un modelo socio económico y cultural de los actuales centros de poder mundial, que arrasaría, por lo tanto, con las diversas identidades.

- La globalización sería un fenómeno caracterizado por una gran capacidad de comunicación e intercambio a nivel mundial, realidad que favorecería a las diferentes identidades.

De la primera definición se puede inferir que el término no siempre conlleva un mayor grado de comunicación y de intercambio entre las distintas culturas en situación de igualdad, sino que presentaría una tendencia a extender una sola de esas culturas por encima de las demás con lo cual se crea un modelo homogéneo que afecta a todas las culturas, aquí no habría intercambio y solo una cultura tendría voz y voto, estaríamos frente a una cultura mundial uniformada.

Según la segunda definición la globalización permitiría un mayor grado de intercambio y comunicación entre personas y grupos de diferentes culturas, ya sea por la movilidad de los medios de comunicación, por las nuevas tecnologías de información, por las migraciones, etc. Esta situación puede ser vista como una ventaja para todos, puesto que generaría un enriquecimiento mutuo que abre nuevas perspectivas, en que cada cultura tendría voz y voto sin perder sus particularidades que las hacen diferente.

Con todo esto, debemos ser consientes de que este proceso puede producir lo mejor y lo peor, en función de hacia donde se oriente. Si es un proceso en el que las distintas culturas participan con una cierta equidad puede resultar beneficioso ya que fortalecería las diversas identidades. En cambio si se desarrolla únicamente dirigido desde los actuales centros de poder económico, estaremos frente a un fenómeno de creciente homogeneización cultural y por lo tanto de exclusión social, en el que la identidad de un pueblo irán perdiendo fuerza.

Dentro de este escenario ambivalente deseo acotar una idea propia, que consiste en ver la globalización como un fenómeno crónico dentro de la historia humana y no como un síntoma exclusivo de las sociedades contemporáneas, a pesar de que la opinión más difundida es que la globalización abría comenzado sólo hacia mitad del siglo XX con el nacer de las telecomunicaciones.

En mi concepto debemos abrirnos a la idea que éste ha sido un proceso continuo e ininterrumpido desde los comienzos de la historia del hombre, en que las definiciones son las mismas, pero si cambian las palabras y la forma de concretarse. Como ya he mencionado la globalización sería, entonces, un tipo de transculturación, en que el intercambio de culturas se hace de forma instantánea y en tiempo real, cuya arma es el desarrollo tecnológico. En el pasado la transculturación era lo mismo que la globalización, pero su proceder era más lento y jamás instantánea, como ejemplo la evangelización de América tardó siglos, esta mundialización antigua era parcial, producto de lo rudimentario de sus medios, en vez de contar con satélites, sólo disponían de ejércitos como es el caso de los españoles, quienes al contar con la pólvora, trataban de imponerse contra los indígenas.

Así, entre la transculturación y la globalización, sólo existe una diferencia cuantitativa y de eficacia.

¿Por qué ser partidario de la actual universalidad?, es la pregunta que cada uno debe responderse.

En lo esencial, me defino como partidaria de la globalización, partiendo de la premisa que este fenómeno es algo inevitable e inherente a la historia de la humanidad. Si una sociedad es inteligente y no se niega a ella, la recibirá gradualmente, y con los años estaremos adaptados a ella, si es que ya no lo estamos, y hasta puede que la usemos en nuestro favor. En este sentido, surge una respuesta natural al crecimiento tecnológico y a la mundialización, el que consiste en el repliegue a las pequeñas identidades tangibles como lo es el mismo individuo, la familia, la comunidad, el barrio, las sectas..., así se ve que la globalización hace deseables las tradiciones y exalta las peculiaridades amenazadas, en suma, la particularidad se hace más fuerte para enfrentar a una aldea global en expansión.