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A P Í T U L O P R I M E R O
INTRODUCCIÓN A LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN
LATINOAMERICANA
Más por cuestiones de claridad
expositiva, que por otros motivos, vamos a seguir una división en
tres períodos cronológicos, que resultan útiles para
la introducción general a una cuestión compleja, cuyos hilos
hemos de ir sacando en los siguientes capítulos, para tratar de buscar
los entresijos de esta enmarañada telaraña, en la cual los
hilos del poder muchas veces se entrecruzan con admirable sutileza, haciendo
más difícil formar el ovillo.
Primer Periodo : 1962 - 1968
Desde el comienzo del Concilio Vaticano
II en 1962 hasta su culminación en 1965, la Iglesia adopta una serie
de cambios que han de ser aprovechados por los teólogos más
progresistas, tanto en Europa, donde se forman académicamente los
teólogos latinoamericanos, aunque luego pretendan distanciarse de
la teología que los nutriera. Otra cosa es que lo logren, como se
verá en la propia Latinoamérica.
En esta primera etapa, la teología de la Liberación se va
gestando, buscando definirse a sí misma y toma contacto con las corrientes filosóficas que se han dado en llamar "filosofía de la liberación latinoamericana",que resultan por una parte, en
ocasiones, confusos discursos impregnados de influencias althusserianas,
tomistas y otras, que ofrecen desarrollos tan "barrocos" difíciles de entender desde una perspectiva española y menos aún desde otros
países europeos. Desde luego, a los pensadores
franceses, por ejemplo, les agradaba, por aquella época, sentirse útiles a los "pobres" filósofos o teólogos del Tercer Mundo.
Otra influencia importante en la gestación de la teología de la liberación,
será la que es, podemos afirmar, la más importante: la propia situación social y económica de las masas. -Nos referimos a unas "masas" de
campesinos, que en muchos casos se trasladan a trabajar a las ciudades,
pero a pesar de emigrar o entrar en contacto con la cultura de la ciudad, muy influida por las costumbres
occidentales, continúan manteniendo vivas sus propias tradiciones y estructuras
familiares, entre las que destaca una fuerte "religiosidad" que habremos de estudiar
detalladamente. Resulta, por lo tanto, interesante constatar que la teología de la liberación ha tenido éxito precisamente entre los campesinos y los obreros de origen campesino
establecidos en las grandes
ciudades. Sin embargo, hay que ir aclarando una cosa: el giro que se ha venido gestando desde la Conferencia Episcopal de Puebla(1979) hasta la celebrada en 1992 en Santo Domingo ha hecho perder apoyo
popular a la teología de la liberación, que se puede llegar a convertir, como señala el teólogo José
Comblin (1993), en un movimiento totalmente opuesto a lo que pretendió en sus orígenes y a lo que fue durante bastantes años de lucha política. Existe actualmente tal proceso de regresión en el movimiento teológico que comentamos que acaso llegue a perder el elemento que más fuerza le
aportara: los pobres.
El primer período, de gestación y búsqueda, terminaría al empezar el importantísimo encuentro eclesial de Medellín,
Colombia, de 1968,que da lugar a una segunda y fecunda etapa llena de éxitos para los teólogos de la liberación.
Segundo Periodo : 1968-1989
La II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
(CELAM) que tuvo lugar en la ciudad colombiana de Medellín desde el 26 de agosto al 6 de septiembre de 1968,ya marca un especial modo de plantearse la teología,
en la cual será considerada como primordial "la perspectiva del pobre",una perspectiva que ha de estar presente con fuerza en la teología de la liberación,
y de otra manera lo estará en las propuestas de la "Filosofía de la liberación",de fuerte raigambre
marxista "a la americana".
Como veremos, en el inicio de la tercera época, que es en la que se
encuentra, la teología de la liberación irá matizando-bajo la tenaz y paciente dirección
(entendida como "control"),de Wojtyla y del cardenal Ratzinger-el papel de los pobres en la Iglesia Latinoamericana desde 1979 (Conferencia de Puebla),donde la opción por el pobre será definida
como "opción preferencial", y no ya "central" como en Medellín.
En esta etapa intermedia, la influencia de las circunstancias políticas es aún más decisiva que en la primera
etapa. La guerra fría entre la URSS y los EEUU pasa por momentos muy críticos a nivel local y a nivel global.(Recordemos que se vive intensamente la guerra de
Vietnam, duramente contestada dentro de los Estados Unidos; la elección democrática de un presidente
socialista en Chile y su derrocamiento
militar, con sospechas claras de la intervención de la CIA americana, etc).
Tercer Periodo : 1979 - 1994
Dos acontecimientos marcan definitivamente a la teología de la liberación durante este último período,
que coincide con el mandato papal de un Papa procedente de un país que hasta 1990 perteneció a la zona de influencia del comunismo soviético,
el polaco Karol Wojtyla, que dirijirá la Iglesia Católica con el nombre de Juan Pablo II.
El primero es la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM),celebrado en México,
en la ciudad más tradicionalista y conservadora del país, Puebla de los
Angeles, cercana a la cual se encuentra la pequeña ciudad de bella arquitectura colonial llamada
Cholula, donde existen 365 iglesias, una para cada misa de los días del año,
que casualmente tiene todavía una pequeña pirámide precolombina y cuenta con una universidad privada llamada " Universidad de las Américas",en la que se imparten carreras en inglés y que goza de cierto prestigio entre las clases "pudientes" del país latinoamericano.
La Conferencia de Puebla,-muy polémica, entre otras cosas, porque en aquel entonces, el Estado mexicano se ufanaba de mantener a
raya, desde la Guerra de los Cristeros, a la poderosa Iglesia Católica, aunque sólo fuera como parte de la retórica de la institucionalizada Revolución-,se celebraba a los pocos meses de tomar la tiara papal Juan Pablo II,(su
pontificado se inauguró oficialmente el 22 de octubre de 1978).Entre el 28 de enero y el 13 de febrero de 1979 se presentaba el Documento que lleva este lema:"La Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina".
Muchas "batallas" se han venido sucediendo desde esos días iniciales del papado de Juan Pablo II, pero destacan ,además de la de
Puebla, las que presenta el director de la ex Inquisición Romana, ex Santo Oficio y hoy Congregación para los Asuntos de la
Fe, poderosa institución vaticana que dirige el cardenal Joseph Ratzinger, buen conocedor de la Teología y también de la Filosofía
europeas. En los años 1984 y 1986 publica Ratzinger, y naturalmente los firma también el
Papa, dos documentos muy polémicos, especialmente el primero. Se trata de las famosas "Instrucciones" del cardenal sobre la Teología de la Liberación,
que han dado lugar a diversas respuestas más o menos sutiles, o en
ocasiones, más bien fuertes, al extremo de llegar a la situación en que se encuentra actualmente el teólogo brasileño Leonardo Boff, que desde 1992 decidió dejar los hábitos y la orden de los
franciscanos, para trabajar como un cristiano seglar, lo que, evidentemente, le hace perder gran parte de su fuerza.
Como colofón de este período complejo, marcado por la tenaz lucha contra las posturas cercanas al marxismo de los teólogos de la liberación,
dirigida personalmente por el Papa, en cuanto al ámbito interno de la Iglesia,
se celebraba en octubre de 1992,-coincidiendo con el llamado V Centenario del Descubrimiento de América,
o queriendo suavizar las tensiones entre españoles y latinoamericanos, del "Encuentro entre dos mundos"-la IV Conferencia del CELAM en Santo
Domingo, que será, acaso, una muestra del triunfo del Vaticano sobre la Teología de la liberación. Esta es mi postura al
respecto. Sostengo que la teología de la liberación, al adecuarse a la nueva situación
mundial, generada a partir de la disolución de la URSS, ha tomado posiciones estratégicas que la han llevado a permanecer dentro de la ortodoxia
romana. Lo contrario, evidentemente, si hubiese sido posible,-cosa muy dudosa por el poco
poder efectivo de la propia corriente teológico-política latinoamericana al margen de la Institución eclesial romana-habría llevado a una ruptura semejante a las provocadas por la
Reforma europea del siglo XVI, lo que el propio Jon Sobrino ,en una curso de verano de El
Escorial, reconocía como muy poco plausible.
En cuanto al ámbito externo a la Iglesia, pero relacionado fuertemente con
ella, como se tratará de mostrar, quisiera destacar un informe muy conocido entre los estudiosos de la política
latinoamericana, conocido como el Documento de Santa Fe, preparado para asesorar al presidente Reagan en asuntos relacionados con América Latina y El
Caribe, que se entregaba en Washington D.C. en 1980 para el Consejo para la Seguridad Interamericana. Llevaba el sugerente título :"Una nueva política interamericana para la década de 1980".Como hace notar el escritor
argentino, exiliado en México hasta su muerte en 1991,Gregorio Selser, en el libro El Documento de Santa
Fe, Reagan y los Derechos Humanos, la política estadounidense en los años ochenta no comprendía cómo podía ser entendida la teología de la liberación como un movimiento socio-político que fuese acorde con la defensa de los derechos humanos. El presidente, aconsejado por los ultraderechistas que
elaboraron el Documento de Santa Fe, que proponen, entre otras medidas a tomar en Estados Unidos respecto de lo que llaman en el prefacio del Documento el "blando bajo vientre de Estados Unidos", la tarea de
"(...)contrarrestar (no actuar en contra de) la teología de la liberación tal como ésta es utilizada en América Latina por los clérigos de la "teología de la liberación"(...)". Al leer en este
Documento afirmaciones como la de que "(...)El papel de la Iglesia en América Latina es vital para el concepto de libertad política(...)",empezamos a comprender por qué tiene tanta razón Gustavo Bueno en la Cuestión Novena de su libro(1989),cuando afirma que la Teología de la Liberación no es teología. Cuando la teología se convierte en un tema central para la nación más poderosa de la
Tierra, es que la política pesa tanto, que seguramente, la teología pasa a jugar un papel tan
secundario, que deja de ser estrictamente teología, para convertirse, en todo
caso, en una estrategia política más. Sin duda, nos encontramos en un caso donde la religión
tiene por núcleo componentes circulares-desde las coordenadas del espacio
antropológico-aunque en las capas que la envuelvan haya componentes angulares más o menos
difusos, que sirven, seguramente, intereses derivados de las meras relaciones entre los
hombres, que utilizan, entre otras cosas, elementos relacionados con los númenes,
como la fe en Dios, etc.
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