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DIVINIDAD Y EXPERIENCIA. 1/5
por Arantxa Serantes
A Coruña
ISBN-84-9714-
 

INTRODUCCIÓN.
CONCEPTO DE RELIGIÓN Y LO SAGRADO.
LA RELIGIÓN Y LA MAGIA.
LA EXPRESIÓN DE LA EXPERIENCIA RELIGIOSA.
LA CRITICA DE LA RELIGIÓN.
CONCEPTO DE RELIGION: ESTUDIO COMPARATIVO.
RELIGIÓN: SIGNIFICADO Y FUNCIÓN.
LA INTERPRETACIÓN DE LOS SÍMBOLOS.
EL PROCESO RITUAL.
EL PENSAMIENTO RELIGIOSO: ESTRUCTURA Y HERMENÉUTICA.
EL PENSAMIENTO SALVAJE.
CONCEPTO DE MAGIA: ESTUDIO COMPARATIVO. 
COMENTARIO DE DIVINIDAD Y EXPERIENCIA.
CONCLUSION: LA RELIGION COMO CULTURA.
CONCLUSIONES

 
 
INTRODUCCIÓN

Godfrey Liendhart es un antropólogo social británico. Una de las escuelas más representativas ha sido la social frente a la cultural. El fundador de esta escuela es Radcliffe-Brown. Esta antropología realizó numerosos estudios acerca de las sociedades africanas, esencialmente, poniendo en relieve los sistemas de creencias y religiones de civilizaciones como: Los nuer, los tiv o los dinkas...

Algo relevante sobre la antropología social británica es que su trabajo de campo se ceñía a una estructura determinada, enfocada a organizaciones sociales, familiares... pero no renunciaba a estudiar las creencias religiosas o la economía.

Otros autores contemporáneos a Liendhart son Evans Pritchard o Middlenton, discípulos de Brown. Evans Pritchard define la antropología como una interpretación de la sociedad y para lograr un estudio exhaustivo es necesario recurrir a la historia. Esto lo pondrá en práctica en sus enfoques teóricos (caso de los Nuer o los Azande en Sudán).
 
 
CONCEPTO DE RELIGIÓN Y LO SAGRADO

La religión es un sistema de creencias y prácticas rituales. Para que esta exista debe ir ligada a la existencia de una divinidad que camina entre el cielo y la tierra, lo humano y lo divino. Son seres dotados de poderes, que van más allá de nuestro propio entendimiento. Pero el fenómeno religioso, carece de sentido cuando no existe un colectivo que responde por tal creencia.

La naturaleza forma parte del culto de estas gentes pero también a un emblema o imagen denominado símbolo.

También la religión y la magia irán indistintamente unidas, porque ambas son algo imperceptible y místico. Son fuerzas que inundan el Universo y que afectan a esa sociedad.

Pero como cualquier religión, existen componentes míticos que revelan nuestros orígenes. Lo sagrado es algo estable, es la idea misma de cualquier creencia. Es una actitud sobre el espíritu. 
No podemos negar la existencia de estos cultos, aunque trataremos, específicamente la religión de los dinkas, que viven la religión como un paraíso de los sentidos.
 
 
LA RELIGIÓN Y LA MAGIA
(SEGÚN LA ESCUELA FRANCESA DE DURKHEIM Y NAUSS)

«Los evolucionistas asociaban la religión primitiva al culto a los espíritus, ya fueran individuales, almas de muertos o genios de la naturaleza (Tylor), o todo aquello que no era competencia de la magia, de fuerzas impersonales y místicas, excluyendo la idea de divinidades o almas (Frazer). Se ha definido la religión por oposición a la magia. Lo mágico es inmanente y lo sagrado religioso transcendente»

«La magia es un arte que concierne a los actos que buscan un fin práctico, mientras que la religión se compone de actos independientes que constituyen un fin en sí mismos».

Otra idea ligada a la religión, y que es una condición aparentemente esencial, es la existencia de una divinidad. El hombre establece un vínculo entre el espíritu humano y el espíritu poderoso de un creador que domina el mundo y al que se siente ligado. La creencia en una divinidad suprema sino en «seres espirituales», dotados de poder, como es el caso del animismo. Los ritos son «modos de actuación».

El elemento más antiguo de la religión se denomina «totemismo», descubierto precisamente en los aborígenes australianos, que se consideran los más primitivos. Esta religión consagra un culto a un poder natural, o a un animal o vegetal, que se explica por medio de una «consustancialidad» de este poder natural o del animal o el vegetal con un hombre, un grupo, un clan o una tribu.

La cuestión del papel que desempeña esta religión primitiva y su tesis, muy conocida, es que el culto no se dirige a un animal, realidad viva, sino a un emblema, a una imagen, por lo tanto, a un símbolo, que se convierte en el símbolo del grupo, del «nosotros», de la solidaridad.
La experiencia religiosa no es la vivencia de algo absolutamente otro (la transcendencia), sino que implica la vivencia de encontrarse re-ligado, de estar unido y en dependencia de eso «otro».
 
 
LA EXPRESIÓN DE LA EXPERIENCIA RELIGIOSA

Si la experiencia religiosa pone en contacto con lo otro, con lo absolutamente distinto, con el misterio, sólo se podrá expresar por medios distintos de los que sirven para expresar las experiencias ordinarias: los símbolos y los mitos.

a) Los símbolos.

El simbolismo onírico preocupó desde siempre a la humanidad: los primitivos vieron en los sueños mensajes cifrados de los dioses, y en la actualidad los psicoanalistas los interpretan como mensajes del inconsciente. Lo mismo sucede con el simbolismo poético.

Según esto, el símbolo es un signo que, a través de su significación (sentido) inmediata y manifiesta, reenvía a otra significación que se oculta o revela en ella.
«Existe un símbolo cuando el lenguaje produce signos de grado compuesto en los que el sentido no se limita a designar una cosa, sino que designa ulteriormente otro sentido que sólo puede ser alcanzado en y por su mediación y dirección. Se trata de una región del lenguaje que aparece como lugar de significaciones complejas, en el que otro sentido se da y se oculta al mismo tiempo en un sentido inmediato; llamamos símbolo a esta región del doble sentido.» (P.RICOEUR, De l´interprétatiton. Essai su Freud. Paris, Seuil 1965.)

Los símbolos pertenecen al ámbito de la imaginación. Son «el alfabeto de la imaginación». En la actualidad se vuelve a pensar que la razón (que usa conceptos) no es el único modo válido de conocimiento: hay realidades que sólo podrían ser captadas por la imaginación.

Los símbolos son insustituibles para expresar determinadas experiencias. Sin ellos toda una región de la realidad se nos escaparía. El símbolo es «la mejor formulación posible de una cosa relativamente desconocida». P.Ricoeur lo ha dicho de un modo muy claro: el símbolo es «la condensación de un discurso infinito».

Los símbolos, si son símbolos «vivos», poseen una cierta fuerza que arrastra al hombre: fascinan, atraen, ponen en movimiento. Esa fuerza se atribuye al símbolo mismo: los amuletos no son sino símbolos llenos de fuerza protectora o vivificadora.

Se comprende ahora mejor por qué las religiones se expresan mediante símbolos. Los símbolos religiosos son, efectivamente, la única manera de expresar experiencias que, de otro modo, serían «inefables». En general, se trata de símbolos naturales o cósmicos. Eliade los agrupa del siguiente modo: símbolos celestes (sol, luna y otros astros), acuáticos (agua, mar, fuentes, lluvia, diluvio...), de las piedras sagradas y la tierra (tierra-madre, mujer, fecundidad), vegetales (árboles, plantas, agricultura).

Todo tiene un sentido: cada cosa nos «dice» algo (posee una significación simbólica), cada cosa remite a otra, se enlaza con ella y forma una unidad cósmica.

b) Los mitos.

El mito habla acerca de los orígenes y responde a la pregunta sobre el origen. Pero aquí el «origen»n es simplemente el momento en que algo aparece: es más bien la fuente creadora de donde surge y sigue manando. El «tiempo primordial» no se ha agotado: los acontecimientos narrados en el mito actúan permanentemente en nuestra historia. Y los que viven los motos reviven en sí mismos los acontecimientos primordiales.

La narración tiene carácter simbólico. Por tanto, debe ser interpretada y comprendida. El mito –tomado en sí mismo– debe ser considerado absolutamente en serio. Los mitos expresan –bajo el «ropaje mítico»– las más profundas intuiciones de la humanidad.

c) La institucionalización de la religión.

Las experiencias religiosas profundas suelen ser privativas de pocos individuos: los fundadores de las religiones, los profetas, los santos; pero se comunican a todos los que se agrupan en torno de ellos. De este modo surge la comunidad religiosa, según la tipología de Max Weber. Los símbolos y mitos que expresan las creencias constituyen, para cada comunidad, el «universo simbólico» que justifica las instituciones y confiere sentido a la existencia de los creyentes. este proceso de institucionalización puede provocar una esclerotización de la vitalidad religiosa del grupo; pero es inevitable y aún necesario.