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DIVINIDAD Y EXPERIENCIA. 3/5
por Arantxa Serantes
 

RELIGIÓN: SIGNIFICADO Y FUNCIÓN

Dentro de la tradición antropológica la perspectiva intelectualista tendía a ver la magia y la religión como fenómenos fundamentalmente explicativos y teóricos.

Al estudiar el modo de pensamiento de los pueblos ágrafos, éste era muy diferente del pensamiento europeo como para aplicarle nuestros cánones propios de la lógica científica. Las representaciones colectivas dejaban poco espacio para el razonamiento individual.

El pensamiento primitivo, es fundamentalmente místico. El mundo no se percibe como algo natural, sino que está coloreado e investido de entidades sobrenaturales. Tiene un «conocimiento exacto» de los elementos prácticos del mundo, actitud del «sentimiento de unidad entre la vida y las plantas y los animales» que expresan muchos pueblos primitivos.

Estas representaciones condicionan la percepción del mundo, al mismo tiempo que se confunden con él, lo que significa que los pueblos primitivos ven el mundo de forma diferente. Con frecuencia existe una especie de identidad asumida entre el objeto percibido y sus aspectos místicos (como ocurre con los tótems animales), así como entre dos objetos percibidos que comparten las mismas connotaciones místicas.

La percepción de los pueblos primitivos estaba impregnada por la emoción y su pensamiento preso de una expresividad mística y personal. La «concepción primigenia»  implica un «sentido de unidad cósmica». El pensamiento primitivo es fundamentalmente místico, mientras que el pensamiento moderno es esencialmente positivita.

Las concepciones religiosas, han hecho que el mundo mental de los pueblos primitivos pareciera más místico de lo que realmente era.

La religión y las creencias sobrenaturales de los azande, a diferencia de sus vecinos los nuer y los dinka, están repletas de nociones sobre brujería y magia. Donde llama la atención es la escasez de prácticas mágicas entre los dinka y los shilluk.

Los azande son un pueblo del Sudán que durante el periodo precolonial se organizaban en reinos separados. La creencia en el espíritu-creador supremo Mbori y en los fantasmas de los ancestros es fundamental para los azande. La brujería en particular desempeña algún papel en casi todas las actividades de la vida social.

Un brujo no practica rituales, no recita conjuros y no posee objetos mágicos. El acto de la brujería es «físico», porque los brujos tienen esta habilidad innata, pues se considera que la brujería es un fenómeno orgánico heredado.

Al igual que otras comunidades africanas establecen una clara distinción entre la brujería y la magia, esta última comprende no sólo las técnicas mágicas, sino también las hierbas y otros objetos mágicos. La brujería implica atributos físicos que pueden causar infortunios, incluso inconscientemente, mientras que la magia implica ritos, conjuros y la manipulación consciente de objetos mágicos, normalmente plantas. La magia es una forma de combatir la brujería. Se puede usar los objetos mágicos para buenos o malos propósitos.

De cualquier forma, el brujo-médico desempeña un papel importante en la cultura, teniendo en cuenta que sus actividades sólo tienen sentido en relación con las creencias que las personas tienen en la brujería.

La relación compleja entre el sentido común y el pensamiento mágico es un tema que no sorprende la perspectiva de la magia y de la brujería está formulada en términos intelectualistas. Primero, la brujería y la magia forman un sistema intelectualmente coherente. El principal propósito de la magia es combatir otros poderes mágicos, como su acción transciende la experiencia, ésta no puede fácilmente contradecirla. Pero este escepticismo sólo afecta a ciertas medicinas y a ciertos magos, en el fracaso de un rito existen toda una serie de nociones disponibles: brujería, contramagia, el incumplimiento de un tabú. Sólo se utiliza la magia para producir hechos que probablemente ocurrirán en cualquier caso, raramente se le pide que produzca un resultado por sí misma: siempre viene acompañada por una acción empírica.

Los espíritus se dividen en dos categorías principales, los espíritus de arriba y los espíritus de abajo. Estos últimos son fundamentalmente espíritus totémicos, asociados con varias plantas y animales como el lagarto, el león, el cocodrilo y la pitón. Estos son espíritus sobrenaturales de bajo status y que no hay un elemento marcadamente utilitario en su selección. Los animales, plantas y artefactos más usados. Pero los espíritus del aire y los espíritus totémicos están estrechamente relacionados con la estructura social.

Para los nuer también son importantes los ritos de posesión donde el profeta, como el sacerdote, también es intermediario en la oposición conceptual entre el espíritu y la tierra (los humanos). La posesión se identifica con la enfermedad, generalmente si es grave y repentina, cuya causa se atribuye a un espíritu específico. Los efectos de la enfermedad pueden ser temporales o permanentes. Cuando la posesión es permanente, la persona es reconocida como profeta. Ello le da la facultad de poder curar y de predecir y adivinar el futuro. En el pasado, la función principal de los profetas más carismáticos era dirigir las expediciones para robar ganado a los dinkas y luchar contra los invasores foráneos. Sin embargo, viene a decir que el reconocimiento de los profetas es un fenómeno reciente que se puede interpretar como una reacción o respuesta a la ley colonial.

Cuando discute el «simbolismo de la lanza» señala que la lanza siempre se lleva en la mano derecha de la misma forma que suelen mutilar el cuerno derecho de su vaca favorita forzándolo así a que crezca hacia abajo.

La perspectiva estructural del simbolismo religioso es evidente. Las culturas «primitivas» están integradas a nivel conceptual. «El campo de acción simbólica es único».

El interés por la religión y la magia, no debería ceñirse tan estrechamente a las entidades «espirituales» ni limitarse a demarcar rígidamente las fronteras entre la religión y la magia; en vez de eso, deberíamos intentar comparar las visiones que los pueblos tienen sobre el destino humano y sobre el lugar que el hombre ocupa en la naturaleza. Nuestra orientación debe ser sociológica.

El sacrificio es el principal elemento ritual de la antigua religión. Hay que notar que la expresión más característica que se usa en relación con el sacrificio es la de «expiación». Los animales desempeñaban un papel crucial en tales rituales y las siguientes características son significativas:

4. Para el sacrificio se tenían que ofrecer animales «sin defecto» y para el holocausto tenían que 
ser machos.

5. El «animal primogénito» era siempre consagrado para el sacrificio divino.

6. Sólo los animales de granja podían ser ofrecidos en sacrificio.

7. Se consideraban que tanto la grasa como la sangre de los animales sacrificados pertenecían a Yahweh.

8. La carne de los animales sacrificados era considerada santa o sagrada y sólo podían comerla las personas que eran ritualmente puras.

9. Todos los animales de granja deben ser muertos en sacrificio y llevados al «tabernáculo de la comunidad».

En el lado opuesto de la escala de valor ritual en la expresión «grados de sacralidad» están los animales impuros.

Los contrastes son los siguientes: humano-animal; masculino-femenino; selva-aldea. Pero lo que resulta interesante es la existencia de esferas y categorías que están en cierto sentido mediatizando elementos entre dominios contrastantes. Los espíritus median entre el hombre y el mundo animal, pues sólo si se practica el ritual correctamente y las relaciones humanas son pacíficas tendrán los hombres éxito en la caza y las mujeres serán fecundas como los animales.

Existe una interacción sutil en el simbolismo lele entre tres categorías primarias –animales, humanos y espíritus– que se manifiesta en la caza ritual. El animal  juega el papel esencial en este sistema simbólico.
 
 
LA INTERPRETACIÓN DE LOS SÍMBOLOS

En las últimas décadas han proliferado los estudios –teóricos y también etnográficos– dedicados al simbolismo. Primero debo definir lo que se entiende por «símbolo».

Cassirer, como Lévi-Strauss, pensaba que el lenguaje y el simbolismo eran las características esenciales de la cultura humana, llegando incluso a definir la especie humana como animal symbolicum, representación simbólica era una función central de la conciencia humana y la base de la comprensión de todos los aspectos de la vida: lenguaje, historia, arte, mito y religión.

Cassirer reflexiona sobre varios aspectos de la cultura humana: el lenguaje, el arte, la historia, la religión y la ciencia. Piensa que todos ellos son facetas de un «universo simbólico» que se articula sobre la distinción entre signo y símbolo.

El «ritual» son comportamientos mágico-religiosos y comportamientos que simplemente son comunicativos. El ritual es una acción simbólica y el mito es simplemente su equivalente en el ámbito de las ideas. «Mito y ritual son esencialmente una misma cosa». La estructura simbolizada en el ritual se compone de un sistema de relaciones socialmente aprobadas y “apropiadas” para los individuos y los grupos.

Los símbolos transmiten combinaciones de significados. La relación entre símbolos puede ser o bien intrínseca y anterior, por tanto, metonímica, o bien «arbitrariamente» relacionada y por tanto metafórica.

Todo junto forma una «lógica», los principios estructurales que constituyen la estructura subyacente del mito, la magia y el simbolismo.

La orientación socioestructural que otorga prioridad teórica a una faceta del sistema simbólico, tomando la estructura social como base de los códigos simbólicos.
Willis define en sus propias palabras:

«Los animales parecen especialmente aptos para este cometido simbólico. Se prestan para expresar los dos modos primarios y polares del pensamiento humano: el metonímico y el metafórico»

La vida social es variable, no puede haber modelos simbólicos universales. La búsqueda de «símbolos naturales» resulta abocada al fracaso.

Tal concepción individualista y antirritualista de la religión no debe ser vista como algo superior a otras formas de culto, sino más bien como una expresión de un tipo específico de estructura social. La idea de que la religión de los pueblos primitivos es mágica y está llena de tabúes, y la suposición de que la historia humana consiste en el declive progresivo de la magia, resultan igualmente engañosas.

En las categorías sociales como en los grupos, tienen una división sexual fuertemente marcada. La correlación entre el simbolismo, expresado en las creencias sobre impureza y la estructura social.
Rechazada la perspectiva semiológica del simbolismo –la búsqueda del significado– y cuestionada la adecuación de los análisis estructurales como modos de interpretación, se puede entender mejor el simbolismo si lo vemos como una forma de conocimiento.

Pocos autores han reconocido explícitamente la conexión íntima existente entre el simbolismo y el poder que solía centrarse en las luchas de poder y en la manipulación de símbolos.

Hay una creencia en los espíritus de los ancestros, los espíritus de los parientes muertos. Hay dos razones que explican por qué los espíritus provocan desgracias a los vivos. Una es que no se les han dejado cerveza y comida en los santuarios de la aldea, razón por la que los espíritus, sintiéndose olvidados, se enfadan; la otro es que el grupo de parentesco o bien ha reñido o ha actuado de una forma que los espíritus desaprueban.