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MEDIEVO Y RENACIMIENTO

RECENSIÓN: ESTUDIOS E INVESTIGACIONES DE EUGENIO GARÍN

 Asignatura: Historia Cultural de la Edad Media (Humanidades) Curso 1999

Facultad Filosofía y Letras U.A.H

 

ÍNDICE.

PRÓLOGO.

SÍNTESIS LITERARIA DEL LIBRO.

PARTE I

   Capítulo 1. La Crisis del Pensamiento Medieval. Apéndices.

   Capítulo 2. Poesía y Filosofía en el Medioevo Latino.

   Capítulo 3. Las Fábulas antiguas.

   Capítulo 4. Interpretaciones del Renacimiento.

PARTE II.

   Capítulo 1. La Prosa Latina del Siglo XV.

   Capítulo 2. Discusiones sobre la Retórica.

   Capítulo 3. Magia y Astrología en la Cultura del Renacimiento.

   Capítulo 4. Consideraciones sobre la Magia.

   Capítulo 5. La Historia en el Pensamiento Renacentista.

PARTE III.

   Capítulo 1. Donato Acciaiuoli, Ciudadano Florentino.

   Capítulo 2. Imágenes y Símbolos en Marsilio Ficino.

   Capítulo 3. La Cultura Florentina en la época de Leonardo.

CONCLUSIONES Y OPINIÓN PERSONAL


PRÓLOGO. 

 

 Es conveniente antes de comenzar nuestra aproximación al análisis del texto objeto de este trabajo, advertir de la estructura del mismo así como de su naturaleza, pues de lo contrario podría inducir a error y pensarse que estamos ante un tratado o manual relativo a las épocas que le dan título y, no es así. Por el contrario se trata de una recopilación, y así lo advierte su autor en el prefacio del libro, de una serie de ensayos que sobre diferentes temas culturales relacionados con el Medioevo y el Renacimiento, se publicaron entre los años 1950 al 1953. De ahí que a veces su lectura resulte algo inconexa a veces al tocar distintos temas desde perspectivas diferentes, y que han sido objetos de modificaciones posteriores salvo en el capítulo dedicado a Donato Acciaiuoli que es prácticamente nuevo.

 

El objetivo de estos ensayos es doble: De un lado profundizar en la relación entre el Humanismo del S. XV y la cultura de los siglos anteriores, y de otro, la aportación de los estudios humanísticos  y las ciencias de la naturaleza  de los siglos XV y XVI. Cómo el humanismo pudo abrirse paso desde los sistemas escolares tradicionales y cómo no se trataba tan sólo de una forma de filosofar, sino que significó todo un movimiento cultural que se consolidó al margen de la “escuela” es lo que a través de estos textos se nos pretende mostrar.

 

El humanismo, dentro de la filosofía es, una actitud que hace hincapié en la dignidad y el valor de la persona. Uno de sus principios básicos es que las personas son seres racionales que poseen es sí mismas capacidad para hallar la verdad y practicar el bien. Aunque el término humanismo se usa con gran frecuencia para describir el movimientos literario y cultural que se extendió por Europa durante los siglos XIV y XIV. Este renacimiento de los estudios griegos y romanos subrayaba el valor que tiene lo clásico  por sí mismo, más que por su importancia en el marco del cristianismo.

 

El movimiento humanista comenzó en Italia, sobre todo en Florencia, donde los escritores de finales de la Edad Media, Dante, Bocaccio o Petrarca, contribuyeron en gran medida al descubrimiento y a la conservación de las obras clásicas.

En los capítulos siguientes el autor nos acercará a vida cultural florentina con el fin de profundizar en una época cultural definida por matices muy concretos.

 

Este trabajo se ha realizado siguiendo el esquema capitular del libro aunque algunos de ellos se han concentrado por la relación que entre ellos tenían, es decir, se han unificado los capítulos dedicados a la poesía, filosofía, prosa latina y retórica de un lado y se han entrelazado las biografías de Ficino y Acciauioli en una síntesis comparativa de ambos personajes, de la misma forma que la historia del pensamiento renacentista y las interpretaciones del renacimiento se han tratado de forma asociada.

 

SÍNTESIS LITERARIA.

 

     El primero de los ensayos del libro nos va a aproximar, a la visión sobre la crisis del pensamiento medieval.

 

     Especialmente en Florencia merecen, en primer término una atención especial los ciudadanos que hicieron una cuestión fundamental en su vida la relación con el mundo antiguo y que llegaron a ser grandes eruditos o grandes aficionados, protectores a su vez de los eruditos. Tuvieron la máxima importancia especialmente por lo que se refiere al período de transición de comienzos del siglo XV, porque en ellos aparece por primera vez el humanismo como elemento práctico y necesario de la vida cotidiana.

     Los humanistas del renacimiento italiano, en su reacción contra la antigua filosofía racionalista dominante de Aristóteles, se volvieron hacia la metafísica idealista de Platón, y de allí llegaron al Neoplatonismo. Se denominó así al colectivo de las doctrinas filosóficas y religiosas de una escuela heterogénea de pensadores especulativos que buscó desarrollar y sintetizar las ideas metafísicas de Platón, sobre todo en lo relacionado con su teoría de las formas.

 

El neoplatonismo es una variante de monismo idealista para el que la realidad última del universo era lo Uno, prefecto, incognoscible e infinito. De este uno emanan varios planos de la realidad, siendo el nous (inteligencia pura) el más elevado. Del nous deriva el alma universal, cuya actividad creadora origina las almas inferiores de los seres humanos. El alma universal se concibe como una imagen del nous,del mismo modo que el nous es una imagen de lo uno; de esta forma tanto el nous como0 el alma universal, a pesar de su diferenciación, son de la misma sustancia, es decir que son consustanciales con lo Uno.

     El alma universal, no obstante, al constituirse como un puente entre el nous y el mundo material, tiene la opción de preservar su integridad e imagen de perfección o bien de ser sensual y corrupta por entero. La misma elección está abierta a cada una de las almas inferiores. Cuando, por la ignorancia de su propia naturaleza e identidad el alma humana experimenta un falso sentido de distancia e independencia, se vuelve presumida de un modo manifiesto y cae en hábitos sensuales y depravados. El neoplatonismo mantiene que la salvación de esa alma es posible gracias a la virtud de la libertad de la voluntad que le permitió elegir su camino de pecado. El alma debe invertir ese curso, trazando en sentido contrario los sucesivos pasos de su degeneración, hasta unirse otra vez con el origen de su ser. La reunión verdadera se consuma a través de una experiencia mística en la que el alma conoce un éxtasis total.

     En un sentido doctrinal, el neoplatonismo se caracteriza por la oposición categórica que se plantea entre lo espiritual y lo carnal, elaborada a partir del dualismo platónico de idea y materia, oposición que se produce mediante la hipótesis metafísica de agentes mediadores, el nous y el alma universal, que transmiten el poder divino de lo Uno a todo, mediante una aversión al mundo de los sentidos, y por la necesidad de la liberación de una vida de sensaciones a través de una rigurosa disciplina ascética.

    La influencia de los antiguos filósofos en la cultura italiana parece, no obstante, sufrir altibajos, pues tan pronto aparece inmensa, como insignificante. Lo primero, sobre todo cuando se calcula hasta qué punto los conceptos aristotélicos - principalmente los de la Etica y la Política - [1]  habían llegado a constituir para toda Italia, acervo común de las gentes cultas, y como todo método de la abstracción estaba influido por ellos[2] . Lo segundo en cambio, cuando se considera la escasa influencia dogmática de los antiguos filósofos, incluso de los entusiastas platónicos florentinos, en el espíritu de la nación.

 

La escolástica se había encerrado a finales del siglo XIII en unos límites excesivamente estrechos. Los que seguían la via antiquano salían de la consabida técnica de trabajo intelectual: la combinación de conceptos. Los espíritus más selectos de la época no se conformaban con transitar por esos viejos caminos. Por eso se buscaron soluciones nuevas, divergentes entre sí, pero coincidentes todas en un punto esencial: la crítica a las escolástica. Duns Scoto y Ockam dejaron en suspenso la validez del legado recibido del siglo XIII. En los últimos años del siglo XIII y primeros del XIV, se inició una revisión crítica de las doctrinas elaboradas poco tiempo antes por los grandes maestros. Las dos figuras básicas de esta corriente fueron los dos personajes anteriormente mencionadas, más tímidamente el primero, de forma radical el segundo. Ambos ingleses y franciscanos, sobre ellos pesaba la tradición empírica que había tenido su más notable representante en Bacon. Pero también se veían influenciados por la concepción franciscana de un Dios a quien se llegaba por el camino del amor y no por los simples razonamientos filosóficos.

 

La polémica sobre la génesis del humanismo renacentista es muy antigua y no es mi intención resucitarla en modo alguno. ¿Hasta qué punto suponía una ruptura con la tradición más genuinamente medieval y en qué grado podía ser interpretado como lógica continuidad de lo anterior?. Lo que aquí parece indicarnos el autor es que el humanismo clásico que floreció en Italia en el siglo XV (por no remontarnos a la época de Petrarca)  era, como el nominalismo ockamista o como el pensamiento de Nicolás de Cusa, una de las posibles salidas a la crisis planteada al escolasticismo.

 

En cuanto a las formas literarias, de las que son objeto de estudio los dos siguientes capítulos, podemos decir que  no estuvieron exentas, de la afectación por el mundo clásico y sus formas, que rodeó este tiempo. Durante dos siglos se comportaron en Italia los humanistas como si el latían fuera, y tuviera que ser siempre – el único lenguaje digno de la literatura. Poggio[3]  lamenta que Dante hubiera compuesto su gran poema en italiano, y el propio Dante, como es sabido hizo la prueba con el latían y escribió el comienzo del Infierno en hexámetros. Todo el destino de la poesía italiana dependía de que hubiera seguido o no de aquella suerte[4] ; pero hasta Petrarca confiaba más en su poesía latina que en sus sonetos y canciones, y al mismo Ariosto le acució le acució la idea de escribir en latín. Aunque nunca se habían llevado las cosas a tales extremos en el terreno literario, puede decirse que la poesía supo sustraerse a esta violencia la mayoría de las veces, y hasta podemos afirmar, sin excesivo optimismo, que fue bueno y ventajoso que la poesía italiana dispusiera de dos órganos de expresión, pues en ambos supo ofrecernos creaciones peculiares y magníficas, con un tiento tal en los mejores ejemplos, que nos damos cuenta por qué razón en unos casos se escribía en italiano y en otros casos en latín.

    Los humanistas basaron su mayor orgullo en la poesía neolatina y fue la admiración que despertaba la antigüedad, como toda admiración auténtica y sin reservas, la que engendró necesariamente , la imitación. Aquí debemos hacer mención a las frases del texto en la que nos recuerda como una característica de la poesía esa ambigüedad ...”y de su tarea respecto del filosofar que, aunque no siempre expresada como tal, atraviesa gran parte de la cultura medieval hasta el siglo XIII...”[5], y también la relación entre poesía y filosofía como suprema visión intuitiva, expresada perfectamente en la forma literaria y, de la que tenemos ejemplos de poetas filósofos en figuras que, como Boecio, alternan el verso con la prosa. Sin embargo parece que McKeon, conocedor de la literatura medieval, nos hace ver la compleja situación en la que se encuentra esta poesía con respecto a la filosofía.

    Lo menos afortunado, no obstante, de esta poesía, fueron las epopeyas a base de historias y fábulas de la antigüedad. Es sabido que las condiciones esenciales de una poesía épica viva no han sido reconocidas a los modelos romanos, ni siquiera a los griegos, si exceptuamos a Homero. ¿Cómo iban a darse estas condiciones entre los latinos del Renacimiento? Sin embargo fue fecunda la labor poética de intentar una continuación de los mitos antiguos o de llenar en ellos las lagunas poéticas. Esta tarea ocupó muy pronto a la poesía italiana; pero lo más curioso son los nuevos mitos imaginados que pueblan los más bellos lugares de Italia de una muchedumbre de dioses, ninfas y genios y hasta de pastores, porque lo épico será ya desde ahora, inseparable de lo bucólico.

   Con mayor evidencia vemos aquí más que en ninguna otra parte, que los dioses antiguos tiene una doble significación en el renacimiento; por una parte sustituyen indudablemente, a los conceptos generales y hacen innecesarias las figuras alegóricas, constituyendo por otra parte, en sí mismo un elemento de poesía libre, independiente, un neutral sustrato de belleza que puede añadirse a toda invención poética en combinaciones múltiples y siempre renovadas. Así pues “...en las fábulas buscaron deleitarse – aunque no siempre advirtieron que éstas no eran sino objetos con que el hombre intentaba satisfacer sus anhelos-. Estas imágenes y fábulas, creadas por la fuerza de la invención poética, representadas con palabras, dibujadas con colores, grabadas en mármol, o expresadas en gestos y actos mudos, reconocen siempre como madre y nodriza a la poesía”.[6]

     En cuanto a las interpretaciones del Renacimiento, objeto del tema cuarto de esta primera parte del libro, según el autor, es conveniente realizar un replanteamiento de las cuestiones más importantes de la cultura humanista y renacentista, más quizás por una crisis en los mismos.



[1] Un cardenal bajo Pablo II, hacía leer la Ética hasta a sus cocineros. Véase Gasp. Veron. Vita Pauli II, Muratori III,II, columna 1034.

[2] Por lo que se refiere al estudio de Aristóteles, ver discurso de Ermolao Barbaro.

[3] De inlelicitate principum, en Poggio, Opera, folio 152. Según Bocaccio, Vita di Dante, pag. 74, ya por entonces muchas personas – “y sabios entre ellas”- se preguntaban porqué Dante no escribía sus obras poéticas

[4] Su escrito De Vulgari eloquio permaneció casi desconocido durante mucho tiempo, y por valioso que para nosotros sea, no hubiera tenido nunca la arrolladora influencia de la Divina Comedia.

[5] Parte II Capítulo 2 Pág, 43.

[6] Nota del autor, Pág. 68.