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ÍNDICE.
PRÓLOGO.
SÍNTESIS
LITERARIA DEL LIBRO.
PARTE
I
Capítulo 1. La Crisis
del Pensamiento Medieval. Apéndices.
Capítulo 2. Poesía y
Filosofía en el Medioevo Latino.
Capítulo 3. Las Fábulas
antiguas.
Capítulo 4.
Interpretaciones del Renacimiento.
PARTE
II.
Capítulo 1. La Prosa
Latina del Siglo XV.
Capítulo 2. Discusiones
sobre la Retórica.
Capítulo 3. Magia y
Astrología en la Cultura del Renacimiento.
Capítulo 4.
Consideraciones sobre la Magia.
Capítulo 5. La Historia
en el Pensamiento Renacentista.
PARTE
III.
Capítulo 1. Donato
Acciaiuoli, Ciudadano Florentino.
Capítulo 2. Imágenes y
Símbolos en Marsilio Ficino.
Capítulo 3. La Cultura
Florentina en la época de Leonardo.
CONCLUSIONES
Y OPINIÓN PERSONAL
PRÓLOGO.
Es
conveniente antes de comenzar nuestra aproximación al análisis del texto
objeto de este trabajo, advertir de la estructura del mismo así como de su
naturaleza, pues de lo contrario podría inducir a error y pensarse que
estamos ante un tratado o manual relativo a las épocas que le dan título y,
no es así. Por el contrario se trata de una recopilación, y así lo advierte
su autor en el prefacio del libro, de una serie de ensayos que sobre
diferentes temas culturales relacionados con el Medioevo y el Renacimiento, se
publicaron entre los años 1950 al 1953. De ahí que a veces su lectura
resulte algo inconexa a veces al tocar distintos temas desde perspectivas
diferentes, y que han sido objetos de modificaciones posteriores salvo en el
capítulo dedicado a Donato Acciaiuoli que es prácticamente nuevo.
El
objetivo de estos ensayos es doble: De un lado profundizar en la relación
entre el Humanismo del S. XV y la cultura de los siglos anteriores, y de otro,
la aportación de los estudios humanísticos
y las ciencias de la naturaleza de
los siglos XV y XVI. Cómo el humanismo pudo abrirse paso desde los sistemas
escolares tradicionales y cómo no se trataba tan sólo de una forma de
filosofar, sino que significó todo un movimiento cultural que se consolidó
al margen de la “escuela” es lo que a través de estos textos se nos
pretende mostrar.
El
humanismo, dentro de la filosofía es, una actitud que hace hincapié en la
dignidad y el valor de la persona. Uno de sus principios básicos es que las
personas son seres racionales que poseen es sí mismas capacidad para hallar
la verdad y practicar el bien. Aunque el término humanismo se usa con gran
frecuencia para describir el movimientos literario y cultural que se extendió
por Europa durante los siglos XIV y XIV. Este renacimiento de los estudios
griegos y romanos subrayaba el valor que tiene lo clásico
por sí mismo, más que por su importancia en el marco del
cristianismo.
El
movimiento humanista comenzó en Italia, sobre todo en Florencia, donde los
escritores de finales de la Edad Media, Dante, Bocaccio o Petrarca,
contribuyeron en gran medida al descubrimiento y a la conservación de las
obras clásicas.
En
los capítulos siguientes el autor nos acercará a vida cultural florentina
con el fin de profundizar en una época cultural definida por matices muy
concretos.
Este
trabajo se ha realizado siguiendo el esquema capitular del libro aunque
algunos de ellos se han concentrado por la relación que entre ellos tenían,
es decir, se han unificado los capítulos dedicados a la poesía, filosofía,
prosa latina y retórica de un lado y se han entrelazado las biografías de
Ficino y Acciauioli en una síntesis comparativa de ambos personajes, de la
misma forma que la historia del pensamiento renacentista y las
interpretaciones del renacimiento se han tratado de forma asociada.
SÍNTESIS
LITERARIA.
El primero de los ensayos del libro nos va a aproximar, a la visión
sobre la crisis del pensamiento medieval.
Especialmente en
Florencia merecen, en primer término una atención especial los ciudadanos
que hicieron una cuestión fundamental en su vida la relación con el mundo
antiguo y que llegaron a ser grandes eruditos o grandes aficionados,
protectores a su vez de los eruditos. Tuvieron la máxima importancia
especialmente por lo que se refiere al período de transición de comienzos
del siglo XV, porque en ellos aparece por primera vez el humanismo como
elemento práctico y necesario de la vida cotidiana.
Los humanistas del
renacimiento italiano, en su reacción contra la antigua filosofía
racionalista dominante de Aristóteles, se volvieron hacia la metafísica
idealista de Platón, y de allí llegaron al Neoplatonismo. Se denominó así
al colectivo de las doctrinas filosóficas y religiosas de una escuela heterogénea
de pensadores especulativos que buscó desarrollar y sintetizar las ideas
metafísicas de Platón, sobre todo en lo relacionado con su teoría de las
formas.
El
neoplatonismo es una variante de monismo idealista para el que la realidad última
del universo era lo Uno, prefecto, incognoscible e infinito. De este uno
emanan varios planos de la realidad, siendo el nous (inteligencia pura) el más
elevado. Del nous deriva el alma universal, cuya actividad creadora origina
las almas inferiores de los seres humanos. El alma universal se concibe como
una imagen del nous,del mismo modo que el nous es una imagen de lo uno; de
esta forma tanto el nous como0 el alma universal, a pesar de su diferenciación,
son de la misma sustancia, es decir que son consustanciales con lo Uno.
El alma universal, no
obstante, al constituirse como un puente entre el nous y el mundo material,
tiene la opción de preservar su integridad e imagen de perfección o bien de
ser sensual y corrupta por entero. La misma elección está abierta a cada una
de las almas inferiores. Cuando, por la ignorancia de su propia naturaleza e
identidad el alma humana experimenta un falso sentido de distancia e
independencia, se vuelve presumida de un modo manifiesto y cae en hábitos
sensuales y depravados. El neoplatonismo mantiene que la salvación de esa
alma es posible gracias a la virtud de la libertad de la voluntad que le
permitió elegir su camino de pecado. El alma debe invertir ese curso,
trazando en sentido contrario los sucesivos pasos de su degeneración, hasta
unirse otra vez con el origen de su ser. La reunión verdadera se consuma a
través de una experiencia mística en la que el alma conoce un éxtasis
total.
En un sentido doctrinal,
el neoplatonismo se caracteriza por la oposición categórica que se plantea
entre lo espiritual y lo carnal, elaborada a partir del dualismo platónico de
idea y materia, oposición que se produce mediante la hipótesis metafísica
de agentes mediadores, el nous y el alma universal, que transmiten el poder
divino de lo Uno a todo, mediante una aversión al mundo de los sentidos, y
por la necesidad de la liberación de una vida de sensaciones a través de una
rigurosa disciplina ascética.
La influencia de los
antiguos filósofos en la cultura italiana parece, no obstante, sufrir
altibajos, pues tan pronto aparece inmensa, como insignificante. Lo primero,
sobre todo cuando se calcula hasta qué punto los conceptos aristotélicos -
principalmente los de la Etica y la Política -
habían llegado a constituir para toda Italia, acervo común de las
gentes cultas, y como todo método de la abstracción estaba influido por
ellos
. Lo segundo en cambio, cuando se considera la escasa influencia dogmática de
los antiguos filósofos, incluso de los entusiastas platónicos florentinos,
en el espíritu de la nación.
La
escolástica se había encerrado a finales del siglo XIII en unos límites
excesivamente estrechos. Los que seguían la via antiquano salían de la
consabida técnica de trabajo intelectual: la combinación de conceptos. Los
espíritus más selectos de la época no se conformaban con transitar por esos
viejos caminos. Por eso se buscaron soluciones nuevas, divergentes entre sí,
pero coincidentes todas en un punto esencial: la crítica a las escolástica.
Duns Scoto y Ockam dejaron en suspenso la validez del legado recibido del
siglo XIII. En los últimos años del siglo XIII y primeros del XIV, se inició
una revisión crítica de las doctrinas elaboradas poco tiempo antes por los
grandes maestros. Las dos figuras básicas de esta corriente fueron los dos
personajes anteriormente mencionadas, más tímidamente el primero, de forma
radical el segundo. Ambos ingleses y franciscanos, sobre ellos pesaba la
tradición empírica que había tenido su más notable representante en Bacon.
Pero también se veían influenciados por la concepción franciscana de un
Dios a quien se llegaba por el camino del amor y no por los simples
razonamientos filosóficos.
La
polémica sobre la génesis del humanismo renacentista es muy antigua y no es
mi intención resucitarla en modo alguno. ¿Hasta qué punto suponía una
ruptura con la tradición más genuinamente medieval y en qué grado podía
ser interpretado como lógica continuidad de lo anterior?. Lo que aquí parece
indicarnos el autor es que el humanismo clásico que floreció en Italia en el
siglo XV (por no remontarnos a la época de Petrarca)
era, como el nominalismo ockamista o como el pensamiento de Nicolás de
Cusa, una de las posibles salidas a la crisis planteada al escolasticismo.
En
cuanto a las formas literarias, de las que son objeto de estudio los dos
siguientes capítulos, podemos decir que
no estuvieron exentas, de la afectación por el mundo clásico y sus
formas, que rodeó este tiempo. Durante dos siglos se comportaron en Italia
los humanistas como si el latían fuera, y tuviera que ser siempre – el único
lenguaje digno de la literatura. Poggio
lamenta que Dante hubiera compuesto su gran poema en italiano, y el
propio Dante, como es sabido hizo la prueba con el latían y escribió el
comienzo del Infierno en
hexámetros. Todo el destino de la poesía italiana dependía de que hubiera
seguido o no de aquella suerte ; pero hasta
Petrarca confiaba más en su poesía latina que en sus sonetos y canciones, y
al mismo Ariosto le acució le acució la idea de escribir en latín. Aunque
nunca se habían llevado las cosas a tales extremos en el terreno literario,
puede decirse que la poesía supo sustraerse a esta violencia la mayoría de
las veces, y hasta podemos afirmar, sin excesivo optimismo, que fue bueno y
ventajoso que la poesía italiana dispusiera de dos órganos de expresión,
pues en ambos supo ofrecernos creaciones peculiares y magníficas, con un
tiento tal en los mejores ejemplos, que nos damos cuenta por qué razón en
unos casos se escribía en italiano y en otros casos en latín.
Los humanistas basaron su
mayor orgullo en la poesía neolatina y fue la admiración que despertaba la
antigüedad, como toda admiración auténtica y sin reservas, la que engendró
necesariamente , la imitación. Aquí debemos hacer mención a las frases del
texto en la que nos recuerda como una característica de la poesía esa ambigüedad
...”y de su tarea respecto del filosofar que, aunque no siempre expresada
como tal, atraviesa gran parte de la cultura medieval hasta el siglo
XIII...”,
y también la relación entre poesía y filosofía como suprema visión
intuitiva, expresada perfectamente en la forma literaria y, de la que tenemos
ejemplos de poetas filósofos en figuras que, como Boecio, alternan el verso
con la prosa. Sin embargo parece que McKeon, conocedor de la literatura
medieval, nos hace ver la compleja situación en la que se encuentra esta poesía
con respecto a la filosofía.
Lo menos afortunado, no
obstante, de esta poesía, fueron las epopeyas a base de historias y fábulas
de la antigüedad. Es sabido que las condiciones esenciales de una poesía épica
viva no han sido reconocidas a los modelos romanos, ni siquiera a los griegos,
si exceptuamos a Homero. ¿Cómo iban a darse estas condiciones entre los
latinos del Renacimiento? Sin embargo fue fecunda la labor poética de
intentar una continuación de los mitos antiguos o de llenar en ellos las
lagunas poéticas. Esta tarea ocupó muy pronto a la poesía italiana; pero lo
más curioso son los nuevos mitos imaginados que pueblan los más bellos
lugares de Italia de una muchedumbre de dioses, ninfas y genios y hasta de
pastores, porque lo épico será ya desde ahora, inseparable de lo bucólico.
Con mayor evidencia vemos
aquí más que en ninguna otra parte, que los dioses antiguos tiene una doble
significación en el renacimiento; por una parte sustituyen indudablemente, a
los conceptos generales y hacen innecesarias las figuras alegóricas,
constituyendo por otra parte, en sí mismo un elemento de poesía libre,
independiente, un neutral sustrato de belleza que puede añadirse a toda
invención poética en combinaciones múltiples y siempre renovadas. Así pues
“...en las fábulas buscaron deleitarse – aunque no siempre advirtieron
que éstas no eran sino objetos con que el hombre intentaba satisfacer sus
anhelos-. Estas imágenes y fábulas, creadas por la fuerza de la invención
poética, representadas con palabras, dibujadas con colores, grabadas en mármol,
o expresadas en gestos y actos mudos, reconocen siempre como madre y nodriza a
la poesía”.
En cuanto a las
interpretaciones del Renacimiento, objeto del tema cuarto de esta primera
parte del libro, según el autor, es conveniente realizar un replanteamiento
de las cuestiones más importantes de la cultura humanista y renacentista, más
quizás por una crisis en los mismos.

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