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ARTE Y CREACIÓN EN  LOS MAYAS 1/3

Dr. Eduardo Planchart Licea

eduardoplanchart@yahoo.es

 

Delimitación de la incógnita:

 Cuando nos  acercarnos  a las civilizaciones prehispánicas  no debemos olvidar que  son resultado  del hacer  humano,   lo cual las acerca a nosotros pero también las aleja. La cercanía se debe que  a pesar del tiempo y el espacio,  compartimos con ellos elementos básicos y determinantes   como son  la fisiología corporal y bioquímica,  necesidades biológico como el hambre, la sed, el sueño, el deseo sexual, lo lúdico y manifestaciones anímicas como el asombro, el temor, el dolor, la tristeza, la angustia, la alegría, la compasión, la agresividad...Esta estructura básica se inserta en un universo espacio-temporal  muy diferente al nuestro, donde cambia la manera de percibirlo, vivirlo y sentirlo,   generando una visión del  mundo particular. Sobre esta tensión entre  lo semejante y lo diferente se sustenta este enfoque, que tiene la trágica conciencia de  no poder recuperar la sensibilidad y las categorías estéticas del hombre maya, por lo que sólo nos queda intentar comprenderla desde nuestra visión del mundo  sustentada en una lógica que no ha podido escapar a lo casuística, atrapada en una percepción tridimensional, de verdades aparentemente positivas, en una desligamiento del cosmos, en una realidad desacralizada, etc..

El artista, lo artístico  y el proceso creativo  existieron entre los mayas sobre fundamentos distintos al nuestro, ajeno a las categorías propias de nuestra estética, como serían: el arte por el arte, lo novedoso por lo novedoso, los perversos circuitos de circulación y legitimación. Pero a pesar de esto, intentaremos acercarnos al artista y su proceso creativo,  centrándonos  en dos actividades creativas de la civilización que hunden sus raíces en el clásico mesoamericano: como son el pintor de códices y el hacedor de dioses

  En los pintores  de códices  mayas las dimensiones de lo  religioso, lo estético, lo ético  y lo  político  estuvieron interrelacionados- Ante todo  eran una élite sacerdotal  atesoradora de conocimientos mitológicos,  astronómicos, tecnológicos, matemáticos, políticos,  y proféticos, que determinaban  el rumbo de  esta civilización; de ahí su relación con el poder, controlado   por  una figura como el halach huinic,  el hombre verdadero, máximo jerarca de esta casta sacerdotal. “Es muy común encontrar en diversas latitudes, que los primeros dirigentes de los pueblos son individuos con conocimientos de carácter sagrado. Saben como comunicarse con el mundo de los dioses, y saben que a través de ciertos rituales es posible aplacar las fuerzas divinas.”[1]

 Haremos mención  al pintor de códices y no al escritor de códices,  pues entre los mayas el escribir era percibido como un pintar,  acto a través del cual se creaba  un estilo plástico para comunicar un legado vital para su civilización en diversos  niveles de significación  y abstracción, donde era necesario identificar de manera inequívoca forma y contenido.  Las imágenes de los códices son símbolos  plásticos que   expresan  una visión del mundo, reflejo de la comunión y el anhelo de esta civilización de existir cobijada por el cosmos   y  sus ritmos.  

 Evidenciaremos esta relación  a través de  testimonios visuales y simbólicos del Códice Madrid,  donde se muestra  la creación y el proceso creativo. Un ejemplo de los nexos entre lo estético, lo sacerdotal y lo político  se dio en  el norte de Campeche, donde “Las principales funciones  del sumo sacerdote eran enseñar la escritura jeroglífica, los cómputos calendáricos, los rituales de adivinación y el arte de la profecía a los candidatos al sacerdocio...,halach huinic(hombre verdadero), cuyo poder era tal que a ningún hombre le estaba permitido hablarle cara a cara, y tenía que sostener un paño delante del rostro...El halach huinic era también ex-oficio sumo sacerdote. Esta función dual  no se limitaba a Yucatán. Entre los lacandones choles, no vencidos por España sino en 1695 sucedía otro tanto.”[2] Esto nos acerca a la complejidad de la vida religiosa y social de los mayas, en donde si bien existían roles específicos para los artistas,    como el del pintor de códices,  estaban estrechamente vinculados a actividades sacerdotales y políticas.

Esta  mezcla de roles se percibe claramente en varias secuencias del códice Madrid (22c,23c, 22d, 23d, 73b) donde se proyecta la acción creativa del pintor de códices. Estamos   ante descripciones visuales  que involucran a quien en ese momento estuvo pintando, en las cuales el creador está plasmando su hacer  como un reto al  tiempo.  Los códices por su multiplicidad de funciones entre los mayas  tenían  una gran demanda,  convirtiendo este hacer de creador de contenidos y copista en una actividad rutinaria de la clase sacerdotal.  Razón por la que    incorporaron este saber a su educación,  sustentándola en elementos plásticos  simbólicos, formas visuales  codificadas  propias de una tradición esotérica, que para subsistir debían evitar la degeneración tanto del estilo   como de las técnica de preparación del soporte material, de los pigmentos, las tintas,  y demás implementos.l([3]).

 Pintores de códices:  Lo pictórico

  Los pintores de códices tenían como deidad protectora de sus instrumentos de creación a “Ix Chebel Yax... Anciana diosa de la pintura, el brocado y el tejido, equivalente a la diosa O y consorte de Itzamná en su advocación  del viejo dios D. Con un pincel pintó de rojo la tierra, las hojas de algunos árboles  y la corteza del gumbolimbo (Bursera simaruba) así como la cresta del pájaro carpintero.  Probablemente otro de sus nombres son Colel Lab, dueña de la tierra y X Kan Le Ox, en su advocación de hacedora de lluvia. Casi siempre se representa con serpiente en el  tocado.”[4]  Para Eric Thompson[5]   el nombre de esta deidad corresponde a la diosa Ix Hun Tah Dz´ib en el Ritual de los Bacabes´, y se traduce como Señora Única del Pincel, lo cual  enfatiza la vinculación de esta diosa telúrica y pluvial  con  los materiales  e instrumentos del pintar,  de ahí  la forma semilunar  del cuenco donde se deposita la pintura o la tinta. La vasija[6]  en los códices Madrid y Dresde está vinculada a la diosa lunar y a las deidades pluviales( códice Madrid 9,13b, 14b, 30a, 63a 69a,  y Códice Dresde 39b, 36c,6 y 74), pues en ella se deposita  el agua para   ser enviada a la tierra. En Códice Madrid (pág. 63c) se representan tres imágenes con vasijas similares a las usadas para pintar, de las cuales brota o emana agua,  estableciéndose las conexiones simbólicas: vasija-cuenco- lluvia-tinta o pintura. Este sentido se refuerza por el hecho  de que  quien  pinta moja o humedece una superficie al igual que la lluvia moja y fertiliza la tierra, cambiando   de color, preámbulo que señalará  la nueva vida que nacerá de ella, se asocia,  de esta manera el pintar, a la lluvia y a la fertilidad.

 Otros elementos que  apoyan  estos nexos de la diosa lunar con la vasija de pintar, la acción de pintar y el agua, lo dan   algunos complejos  significativos de palabras del maya yucateco, tal como se evidencia en el diccionario Calepino de Motul. La acción de llenar una vasija, el  extender su contenido sobre una superficie, el pintar y el agua de río o fuente se interrelaciona a través  de un conjunto de palabras: “Yipah, -ib: henchir o llenar de algún líquido que rebose y se derrame por encima; yipaan: cosa que está llena; yiyincil: derramarse o verterse; yipancunah: henchir, llenar así alguna vasija; yipicnac: vasija que se está vertiendo de muy llena; yipil: cundir como mancha de aceite; yobonal: cosa pintada o labrada de colores; yocah: horadar con punzón o destrel, o punzar así; yocaa, yoc-haa: río o fuente.”[7] 

 El pintar al igual que  otras  actividades artísticas  como   la música, la escultura estaban  regidos por el dios C,   portador de una máscara o rostro de simio[8].  Esto no debe extrañarnos, pues  el dios C  y la diosa luna  se encuentran a su vez relacionados a un complejo significativo que  gira entorno a la luna y la lluvia,  a través del cual sus oposiciones se complementan.   Esto es debido a que el mono aullador, una de las manifestaciones de esta deidad, es un animal barométrico, pues algunos rasgos de su fisiología están determinados por la llegada de las lluvias o a cambios climáticos.[9]  Una manifestación de esto es el hecho de que el mono aullador evacua constantemente  lanzando de manera casi juguetona sus excrementos desde las alturas de los árboles, acción que se pueden asociar analógicamente a la lluvia. Es necesario destacar,  al hacer referencia al dios  C,  que no  señala a un simio específico sino a una serie de familias,  principalmente  el mono araña,   el mono aullador  y posiblemente el perezoso.  Esta manifestación del dios C lo vinculada a la lluvia, y esta a su vez está  interrelacionadas a la luna y a su deidad regente, Ix Chebel Yax, por eso podemos considerar a estos dioses como integrante de un complejo significativo.  



([1]) Sotelo Santos, Laura. Yaxchilán. Espejo Obsidiana Ediciones. USA. 1992. p.119

([2] )Thompson, Eric. Historia y Religión de los Mayas. Siglo XXI editores. México. 1982. p.212

([3]) De la composición del códice Madrid se deduce que se  reticulaba el espacio plástico antes de pintarlo, a través de tenues líneas horizontales y verticales que variaban de página en página,  determinando la composición  de los conjuntos glificos y de las escenas centrales que debían adaptarse a las dimensiones determinadas. Tras crear estas guías,  probablemente  se hacían las cápsulas con pinceles más gruesos y delimitaban las formas de las escenas centrales, espacios que luego eran rellenado con pinceles más finos. Es notorio que algunas áreas de los  glifos y de las imágenes figurativas centrales   se enfatizan haciendo más gruesa la línea,  con ello    posiblemente acentuaban  la importancia  de esas partes para  su posterior la descodificación.  Estamos ante un ordenamiento geométrico del espacio, que contrasta con la espontaneidad y soltura de la línea, tal como se puede observar en las diversas imágenes del códice.

([4])   Gónzalez, Yolotl. Diccionario de Mitología y Religión de Mesoamérica. Edic, Larousse. México. 1991. p.95.

 

([5])“López Colludo (2876-68, cap 8) dice que ella era la diosa de la pintura y el bordado. Por cierto que chebel significa `relaciones con los pinceles´. En el Ritual de los Bacabes (Roys, 1965:55) se cita una diosa llamada Ix Hun Tah Dz´ib e Ix Hun Tah Nok. Difiero de Roys en la traducción de estos nombres, que para mí son  `Señora Única del Pincel´y `Señora Unica de la Tela.”Thompson, Eric. Historia y Religión de los Mayas. Siglos XXI editores. México. 1982.p.256

[6]  En las vasijas mayas del clásico este recipiente es un caracol cortado transversalmente, lo cual no modifica estas relaciones simbólicas, sino las reafirma.

([7]) Arzápalo Marín, Ramón. Calepino de Motul. Tomo I. UNAM. México. 1995. p. 374

([8])  Xaman : Literalmente,  parece que se trata de la estrella polar, que aparecen en los códices con cabeza simiesca, la misma forma que el glifo de su nombre, pero hay razones sustantivas que avalan la  idea de que fue patrono de los artistas y  escribas y de que su significado no se agota  en tales menesteres sino que guarda relación con la estructura de parentesco  y con la integración de personas o dioses en categorías de rango o función. Al gobernar el día Chuen, onceno del calendario yucateco, se asocia a los dioes Hun Batz y Hun Chuen,monos ambos, de los que habla el Popul Vuh y cuyas figuras  son relativamente frecuentes en los recipientes decoradores con escenas del Periodo Clásico.” Rivera, Miguel.  La Ideología: Religión y Ritual, en Los Mayas. El esplendor de una civilización. Turner libros. España. 1990. p.102 

([9])  Por ello para los Guariba el mono aullador es un espíritu de la lluvia al igual que para los indios de Guayana. Así “El descenso simultáneo de los animales era imputable a la caída brusca de la temperatura debida a la tempestad, que posiblemente había acelerado los movimientos peristálticos... En cuanto a la observación acerca de la caída de la temperatura durante la tempestad los arawac de la Guayana la corroboran con su refrán:«Cuando el viento sopla, perezoso se desplaza.”   Las lluvias   provocan  el fin de la incontinencia anal del simio   al descender el grupo de las alturas a defecar.   A su vez el mono aullador enfatiza sus aullidos cuando va a llover. Esto explicaría el uso de las uñas de perezoso en los rituales chamánicos para atraerlas: “Según algunos mitos amazónicos, adornos de pereza o de osos hormiguero, según las versiones, en las uñas, dan a los chamanes el poder de trasladarse de lugar y de provocar la lluvia y las tormentas”  . Además los silbidos nocturnos que lo caracterizan   y los lentos movimientos de su cabeza en dirección al viento, podrían ayudar a explicar la vinculación del mono al viento en algunas áreas de mesoamérica. (Lévi-Strauss. La Alfarera Celosa. España. Edit Paidos. 1986.pp. 89-90-96).