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ARTE Y CREACIÓN EN  LOS MAYAS 2/3

Dr. Eduardo Planchart Licea

eduardoplanchart@yahoo.es

 

La imagen 23c del Códice Madrid   muestra un pintor con rostro de simio  coloreado de  azul, pintando un templo  junto a otro artista  con rostro de deidad pluvial que ejecuta la misma acción; tomando esto como base,  podemos deducir que el pintar los templos debió haber sido una actividad  ritual, ejecutada también por los pintores sacerdotales.

  Sobre la descripción de los códices y su  hechura  dice fray Diego Landa:

Escribían sus libros en una hoja larga doblada con pliegues que se venía a cerrar  entre dos tablas que hacían muy galanas, y que escribían de una parte o otra en columnas, según eran los pliegues; y que este papel lo hacían de las raíces de un árbol y que le daban un lustre blanco en que se podía escribir bien, y que algunos señores principales sabían esta ciencia por curiosidad, y que por esto eran más estimados aunque no las usaban en público.”([1] )

 En varias  escenas  del códice Madrid (22c, 23d, 73b) se evidencian  momentos  diferentes de este proceso creativo.  En la primer escena,   22d, estamos ante la acción de cargar el pincel sobre un recipiente con pigmento líquido, lo cual se deduce por la superficie del cuenco al compararla con el cuenco   de la lámina 73b,  que presenta en su interior lo que pareciera ser una pelota   de pigmento sólido sobre la que  el pintor de textos está cargando y escurriendo el pincel,  acción  simultánea   propia de la técnica, pues los códices exigían formas muy detalladas  y  valoraciones en la línea, era de tal delicadeza   y precisión que en ellos   está ausente la  huella de manchones o torpezas.

 Este primer personaje sentado con las piernas  entrecruzadas  vistas frontalmente, a diferencia de su parte superior representada de perfil,  tiene en la boca  un  sólo diente en la mandíbula inferior, y el  ojo  es propio de una deidad pluvial,   dirige su pupila  hacía la parte superior, rasgos común a las tres imágenes. Este rostro también presenta en  el  extremo de la boca  un serpentino colmillo lateral. En la segunda escena, la 23d, el  pintor de manuscritos es  dibujado de  perfil, a excepción de la hoja de papel  que brota de su boca, representada de frente,  estableciéndose  tensiones entre  tipos distintos de planos visuales. Sentado de cunclillas sostiene en  una de sus manos el cuenco de pintura y en la otra un pincel,   cargado y escurrido; de la boca  cerrada  sale la lengüeta de papel,   con una serie de signos numéricos de barras y  puntos pintados.   Esta imagen  muestra tanto la acción de pintar  como el  rol  profético  del creador;  se deduce de la tira que brota de la boca,   simboliza la palabra  mántica que está siendo plasmada,  materializando con su acción el destino individual y colectivo de su sociedad.

 La lámina 73b  nos lleva  un paso más a la compresión de estos procesos creativos, en  ella  el pintor de códices  se encuentra dentro un cenote,  dibujado de perfil,  una tira  de amate o de cuero tratado simulando una lengua,   es vista  frontalmente,  simboliza la palabra profética eternizada. 

 El contexto de la lámina lo vincula   a  contextos pluviales y de fertilidad,   debido a su ubicación en un pozo. También podrían indicar los rituales propios del proceso creativo   del pintor-profeta a la espera de escuchar el lenguaje de los dioses o de las fuerzas cósmicas para materializarlas a través de su creación.   Es importante destacar su máscara de deidad pluvial  y la ubicación dentro del  cenote de un ave Moan, la  cual simboliza tanto la comunicación espiritual  con  dioses,   fuerzas uránicas y telúricas, como  el ser expresión del espíritu profético-chamánico que en esos momentos cohabita  en él. Esta ave agorera está relacionada  a lo uránico y al inframundo, lo cual visualmente se evidencia en  el maxilar inferior descarnado[2]. Estamos ante  la dimensión ritual del proceso creativo de este  pintor-sacerdote- profeta, quien busca revelar los rostros ocultos del tiempo-espacio.  Esta acción creativa y espiritual debía tener rituales ancestrales para garantizar la transmisión de saberes prácticos  a través de  lo sacro. Por tanto, dentro de este contexto  debió haber existido un complejo iniciático  que involucrará  la descontaminación para permitir  el contacto  con lo sobrenatural,  la protección de las fuerzas  invocadas para acceder el  nacimiento  de la palabra profética  brotada del trance extático[3] , la inmersión en el universo onírico junto a la interpretación de los signos  del cosmos, los cual eran etapas rituales  para la  materialización  del lenguaje simbólico; y, por último, un ritual de cierre  para finalizar la acción  sacro-creativa. Un nivel diferente en este proceso iniciático-cognoscitivo se daba cuando otro pintor de códices leía, enseñaba, reinterpretaba o añadía sus visiones a estas expresiones estéticas. Nos enfrentamos, así, a una creación continua que vivió y se expandió intentando atrapar al  tiempo y el espacio en un atado de tiempo e  inspiración. 

“Se juntaban en casa del señor con sus aderezos, hechaban antes al demonio como solían hacerlo[4]  y después sacaban sus libros, y los tendían sobre las frescuras que para ello tenían, e invocando con sus oraciones y su devoción a un ídolo que llamaban Cinchau-Izamná, del cual dicen fue el primer sacerdote, y ofrecíanle sus dones y presentes y quemabánle con la lumbre nueva sus pelotillas de incienso; entre tanto, desleían en su vaso un poco  de su cardenalillo, con agua virgen, que ellos decían, traída  del monte donde no llegase mujer, y untaban con ellos las tablas de los libros para su mundificación, y hecho esto abría el más docto de los sacerdotes un libro y miraba los pronósticos de aquel año, y los declaraba a los presentes, y predicabales un poco recomendándoles los remedios...”[5]  

 Hacedor de Dioses: Lo escultórico

 La  vinculación   de lo estético,  lo  religioso y lo político  no se manifiesta de manera intima en los llamados por fray  Diego Landa   hacedores de dioses, también se establece  un distanciamiento con  la casta sacerdotal y el poder, pues  ellos, era una elite  que estaba a disposición del templo, conocedora de los rituales para  crear imágenes divinas,   integrando un grupo humano  que asumía esta actividad como un modo de vida.

“Los que querían hacerlo primero consultaban con al sacerdote y tomando su consejo iban al oficial de ellos, y dicen que siempre se excusaban los oficiales porque temían que ellos o alguno de sus casas se habían de morir o venirles enfermedad de muerte. Si aceptaban, los chacs, que para esto también elegían comenzaban sus ayunos.”[6]

 La demanda de  dioses e implementos rituales  en la sociedad maya era grande, pues cada año se realizaban diversas ceremonias   donde renovaban o destruían estos objetos sacros, tal como se muestra en los testimonios de Landa sobre las fiestas a los cuatros Bacab donde se hacían unas diez deidades de barro con sus respectivos braseros, a lo cual habría que añadir : los dioses de los oratorios familiares, elaborados para rituales específicos de curación o fertilidad; e incluso gran parte de los objetos utilitarios de uso decorativo y uso diario.  Los hacedores no sólo se dedicaban por tanto a realizar esculturas de  dioses, sino una amplia gama de actividades creativas entre las que se contaban también  animales u otras piezas figurativas,  no sólo determinadas  por un sentido ritual  sino como una necesidad práctica y  estética.

“Tantos ídolos tenían que aún no les bastaba  los de sus dioses; pero no había animales ni sabandijas a los que no les hiciesen estatua, y todas las hacían a semejanza de sus dioses y diosas. Tenían algunos pocos ídolos de piedra y otros de madera y de bultos pequeños, pero no tanto como de barro. Los ídolos de madera eran tenidos en tanto, que se heredaban como lo principal de la herencia.”[7] 

 Hacedor de Dioses y Creación:  

En el códice Madrid (98a, 97a, 97b,98b) se muestran  láminas donde se describen   diversas etapas de la actividad creativa del tallador o escultor: desde el corte ritual del  árbol con un hacha de piedra  hasta  su transformación en  ofrenda.  Se distinguen diversos  tipos  de hachas: de mango largo (98a) para cortar árboles,  corto (95c, 96c) para tallar y de mango con piedra alargada para sacrificios cruentos (54a,54b,55a,55b,61c). Una dimensión que es necesario descartar  es el simbolismo que rodeaba a los árboles entre los mayas y los diversos materiales de creación  como eran barro, la piedra, las plumas, conchas, etc., que sacralizaban y determinaban el proceso creativo de las  piezas   elaboradas[8] ; pero también era  importante el simbolismo que rodeaba el instrumento creativo,  lo cual integra el campo de significaciones de la creación,  pues el hacha del escultor    en este códice tiene estrechos nexos con los dioses pluviales,  que en diversas escenas -Chacs-  las sostiene entre sus manos (2a, 2b, 6a, 6b,15b,17b, 16b, 333b). Su valencia significativa  es reflejo de las manifestaciones uránicas que acompañan a la lluvia como son el rayo-trueno-relámpago, de allí que el acto de tallar o desvastar la madera tenga un carácter divino y uránico.  En estas páginas del Códice Madrid se  destaca el tallado con hachas de piedras presentes en los personajes  de las páginas 95c, 96b, 98a y b. En estas imágenes los hacedores son pintados de perfil   en diferentes fases del proceso de tallado. En la página 95c, el  escultor sostiene entre  su mano izquierda   la   máscara que elabora boca arriba  con  los ojos cerrados,  sobre los que pende un hacha de piedra  en su mano derecha, posición corporal similar  la de la lámina 96c en la cual se encuentra otra imagen que esta siendo desbastada de un tronco informe. Estamos ante  etapas diferentes de la acción de dar forma a la madera tal como se  muestran en las láminas 97b y 98b.

 En la imagen  96c un hacedor   toma  entre su mano derecha  una  de sierra o cuerda,  con la cual  hace la abertura de la boca o lija;  en la página 99c realiza la perforación de los orificios de   las fosas nasales con un objeto punzante  de   hueso.  En  las páginas  99b y 99c con  otro tipo de objeto punzante el artista  modela  o pule los ojos  de los dioses, esto también se observa en la página 101c.  En los códices sólo se tienen evidencias visuales del tallado por extracción de la madera de rostros, máscaras o bustos, pero podrían ser en ocasiones partes de esculturas  que luego se ensamblaban, tal como se evidencia en los esculturas en piedra mayas y la tradición zapoteca en barro. Estas piezas se pintaban  y  cubrían de hule, cinabrio, chapopote u otra sustancia ritual tal como se observa en la página 62a, donde   se ve un personaje de perfil sentado en cunclillas, sosteniendo un rostro  con  una mano, mientras que  con  la otra lo  pinta con un pincel chorreante. 



 ([1])  Landa, fray Diego de, Relación de las Cosas de Yucatán. Edit. Porrúa. México. 1986.p.15

 

([2])  “En Dresde 10a (Fig. 48) lleva tocado de cola y serpiente y va acompañado del glifo Moan, el glifo del cielo y el número 13, que indica que el ave esta posada en el treceavo cielo, según Thompson. Seler asiente que esta asociación del Moan con el número trece y su relación con el Cauac, tormenta, rayo, trueno, que es la abreviatura de la cabeza de Moan, lo presenta como la imagen simbólica de la cubierta de nubes del cielo. Así, Moan significa un día nublado y lluvioso...En el Popol Vuh, encontramos dos significaciones de los búhos: muerte e inframundo, y cielo, ya que, en formas fantásticas, se integran al mito de Hunahpu e Ixbalamque como mensajeros de los dioses de la muerte, que luego se convierten en servidores del Sol y la Luna.´

`Cómo su nombres lo muestran, estos mensajeros del inframundo, tienen una relación con las deidades celestes, pues Huracán es corazón del cielo ..”De la Garza,  Mercedes. Las Aves Sagradas Entre los Mayas. UNAM. México. 1995. p.:90ss.

[3]) “ I.M.Lewis, que opina que el éxtasis implica siempre la «posesión» por espíritu o en nombres de los espíritus, ha trazado una tipología bastante funcional de los fenómenos de posesión, entre los cuales se debe contar el chamanismo. Lewis distingue tres tipos principales de posesión, de acuerdo con la relación entre el sujeto y las entidades que él domina...1. Cultos Extáticos: el sujeto es poseído involuntariamente por los espíritus. 2. Chamanismo: el sujeto (que en este caso, es un operador) domina a los espíritus según el querer de su voluntad.3.- Hechicero: el operador que domina a los espíritus dirige a estos últimos  contra el suelto pasivo, que será poseído por ellos incluso contra su voluntad.” Couliano, Ioan. Experiencias del Éxtasis. ediciones Paidos. España. 1994. p.30.

  

([4]) “En cualquier fiesta o solemnidad que esta gente hacía a sus dioses comenzaban por echar de sí al demonio para mejor hacerla. Y el echarle una veces era con oraciones y bendiciones que para ello tenían, y otras con servicios y ofrendas y sacrificios que por esta razón hacían...” Landa,  fray Diego de. Relaciones de las Cosas de Yucatán. Porrúa editores. México. 1986. p.63

([5]) Landa, fray Diego de. Relaciones de las Cosas de Yucatán. Porrúa editores. México. p.92

([6]) Landa, fray Diego., La Relación de las Cosas de Yucatán. Porrúa editores. México. 1986.p.101

([7] ) Landa, fray Diego., La Relación de las Cosas de Yucatán. Porrúa editores. México. 1986. p.48

([8] ) Thompson hace referencia a esta lámina y señala:“En el Códice Madrid esta representada la talla de los dioses en las páginas 95 a 99 y en la 101 y la tala de los cedros,  uno de los cuales lleva el signo Ku o Kul que indica es un cedro, en la página 98a.”Thompson. Eric. Historia y Religión de los Mayas. Siglo XXI editores. México.1982.p. 239