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En este caso se va a estudiar la Arquitectura Colonial Chilena,
específicamente la religiosa durante los siglos XVI,
XVII y XVIII, donde las manifestaciones arquitectónicas
son bastantes peculiares en relación con el resto de
Latinoamérica, por la sencillez, dada por el uso de
formas simples y la escasez decorativa, que hacen resaltar
el carácter volumétrico de los templos. Para
dicho estudio se tomarán en cuenta varios autores,
especialistas en el área del arte latinoamericano colonial,
como: Diego Angulo Íñiguez, Damián Bayón,
Patricio Gross y Jorge Bernales Ballesteros.
Para comprender a que se refiere esta sencillez en la arquitectura
es necesario establecer un rango de comparación dentro
del contexto: en esta ocasión es con Perú, con
esto no se trata de degradar el valor de una u otra obra arquitectónica,
ya que cada una tiene un valor artístico único
en la sociedad. El hecho de tomar a Perú como punto
de referencia obedece a razones históricas, geográficas,
políticas y militares, porque Chile estuvo bajo el
dominio del Virreinato de Perú o Nueva Castilla por
más de dos siglos; y es curioso observar que el desarrollo
artístico de Chile fue muy diferente al de Perú,
donde se hicieron obras arquitectónicas con marcada
influencia de los estilos europeos: Gótico, Renacimiento,
Barroco y Neoclasicismo; mientras que en Chile no hubo uniformidad
de estilos, ya que no se puede hablar, por ejemplo, de un
Renacimiento o Barroco chileno.
Para lograr este propósito, se estudiará las
caracterizaciones generales de la arquitectura de las dos
regiones, para así apreciar las diferenciaciones, tomando
en cuenta para el estudio la metodología formal e histórica,
que permitirá esbozar un cuadro general de la arquitectura
colonial de los dos países.
En la primera parte se va a tratar la arquitectura colonial
chilena, considerando el contexto histórico, que es
fundamental para comprender el proceso de colonización
en la región, luego se estudiará el desarrollo
de la arquitectura colonial en Chile a lo largo de los tres
siglos: XVI, XVII y XVIII. En la segunda parte se determinarán
las caracterizaciones de la arquitectura colonial chilena
en virtud del desarrollo anterior, y haciendo referencia sobre
la arquitectura colonial peruana y su influencia en Chile,
para visualizar mejor las particularidades de cada región,
y finalmente establecer los factores determinantes de la simplicidad
en la concepción arquitectónica colonial chilena.
I PARTE: LA ARQUITECTURA COLONIAL
CHILENA
1. Un poco de historia
Chile, desde la conquista en 1535, formó parte del
segundo virreinato constituido durante la colonización:
el Virreinato de Perú o Nueva Castilla, luego en 1776
la zona costera chilena perteneció a el Virreinato
de Río de Plata sólo por dos años y finalmente,
en 1778 se convirtió en Capitanía General. Así
que la Ciudad de los Reyes (Lima) que era la capital del virreinato,
representó a la corona española en el sur de
América por casi dos siglos, estableciendo los patrones
políticos, económicos, sociales, religiosos
y culturales en lo que actualmente se conoce como Perú,
Ecuador, Colombia, Chile y parte de Argentina. Finalmente,
luego de numerosas insurrecciones, Chile logró la independencia
el 05 de abril de 1818 con la Batalla de Maipó en las
puertas de Santiago.
Es importante destacar, que el proceso de conquista de Chile
no fue nada fácil, a los seis meses de fundada la ciudad
Santiago el 12 de febrero de 1541 se manifestó la primera
rebelación indígena, que se mantuvo durante
tres siglos con el nombre de la guerra de Arauco, llegando
a ser los únicos aborígenes de todo el continente
americano a quienes no pudieron someter los españoles.
Los españoles trataron de poblar todo el territorio,
pero por la extensión del mismo aunado a la resistencia
indígena, lograron establecerse al comienzo sólo
en la región media, que comprende desde Copiapó
hasta Castro -en la isla de Chiloé-, ya que era la
zona más propicia para el cultivo de los cereales y
el clima mucho más moderado, mientras el norte y el
sur no ofrecían condiciones de fácil adaptación:
el norte se caracterizaba por el calor tropical y el sur por
el frío intenso del polo; de esta manera, se establecieron
en el centro en el siglo XVI y afianzaron la colonización
en las zonas norte y sur durante los siglos XVII y XVIII.
Para lograr todo este proceso de colonización, la
iglesia fue el pilar fundamental para convertir a los indígenas
a la religión cristiana, y así como en las otras
regiones de Latinoamérica fueron enviadas desde España
varias órdenes religiosas, como: los franciscanos,
los mercedarios, los dominicos, los jesuitas y los agustinos.
Otro hecho que es importante destacar en el desarrollo de
la historia chilena son los nefastos terremotos. Toda la zona
andina se caracteriza por los sismos, pero es en Chile donde
se manifestaron con más violencia y frecuencia, sucedieron
tres fuertes terremotos, específicamente en 1647, 1730
y 1751, donde muchas construcciones y ciudades se cayeron,
y luego tuvieron que ser reedificadas, siendo un factor determinante
en las caracterizaciones locales de las edificaciones. (ANGULO,
Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana y Laurosse
Universal Ilustrado, 1956).
2. Arquitectura colonial chilena del siglo XVI
La arquitectura de este siglo está determinada por
la lucha continua de la conquista y por los terremotos, dándole
un carácter muy particular que al compararla con la
arquitectura de la capital virreinal (Perú) al cual
pertenecía, o con otras regiones de Latinoamérica:
México, Colombia o Ecuador, no presenta un despliegue
de grandes manifestaciones artísticas.
Las primeras construcciones se encuentran en Santiago, primera
ciudad fundada, que al igual que todas las ciudades hispanoamericanas,
las edificaciones princiaples se agruparon alrededor de una
plaza (Plaza de Armas): el cabildo, la cárcel, la casa
de don Pedro de Valdivia y la Catedral. La traza comprendía
inicialmente nueve calles que corrían de este a oeste,
cortadas por quince de norte a sur; estaba defendida al norte
por el río Mapocho y al sur por un brazo de este río
semicegado, convirtiendo al territorio en una semiisla, también
para la defensa se construyó una muralla de adobe para
encerrar el primer núcleo de población.
Las primeras construcciones se cayeron casi todas por un
temblor sucedido en 1647, salvándose sólo el
Templo de San Francisco y parte de la Catedral; igualmente
hubo una inundación del río Mapocho en 1609
que contribuyó al desplome de las obras previamente.
Por eso la información que se tiene acerca de la arquitectura
de este siglo es a través de las crónicas. Se
conoce que casi todas las construcciones eran de adobe, con
techos de tijera, de madero de canelo o espino, y éstas
no pudieron resistir ante el temblor. Las primeras iglesias
construidas quedaron en pie gracias a que tenían gruesos
muros, así que las imágenes que se tienen actualmente
corresponden a las restauraciones y modificaciones que se
hicieron a partir del siglo XVII. En este primer período
se destaca la influencia limeña, que llegaba al centro
del país por vía marítima directamente
del Perú. (ANGULO y otros, 1956).
3. Arquitectura colonial chilena del siglo XVII
En
este siglo sucede el terremoto de 1647 que destruyó
casi todas las construcciones anteriores, de ahí que
se realizan muchas modificaciones en las edificaciones existentes.
Además comienzan a aparecer construcciones en la zona
nórdica de Chile con sus caracterizaciones respectivas.
Las construcciones nórdicas toman influencias sobretodo
del Collao, de ahí que la forma de la planta es típica
del altiplano: angosta y larga, mientras en la decoración
de las portadas es concentrada y uniforme, tenemos, por ejemplo:
San Pedro de Atacama, Sotoca, Chiapa, Mocha, Usmagana y Chiu
Chiu. Algunas iglesias, como en Toconce, Conchi y Parinacota,
copian el modelo de iglesia con atrio y posas de los frailes,
en este caso, las posas son sencillos templetes cubiertos
de paja que sirven para posar el Santísimo en las detenciones
que hacen los fieles en las procesiones.
Se caracteriza por la simplicidad y carácter macizo
de las formas arquitectónicas, la decoración
resalta sobre lo plano de las superficies y en ciertas capillas
alcanza una gran calidad; resalta la magnitud de los espacios
exteriores en relación a los pequeños espacios
interiores.
Los principales materiales de construcción de la zona
norte son: barro, piedra y paja brava. Los muros se encalan,
con troncos de chañares y algarrobos se arman las techumbres
y con cactus se hacen tablones para las puertas, dinteles
y encielados. Las técnicas que se utilizan son simples,
artesanales y de dominio colectivo, por lo cual se requiere
poca especialización. (ANGULO y otros, 1956).
4. Arquitectura colonial chilena del siglo XVIII
El siglo XVIII es importante por la llegada de los jesuitas
húngaros y alemanes para enseñar los oficios.
En 1748 llegaron treinta y ocho jesuitas bávaros, todos
artesanos y artistas, que se establecieron a pocos kilómetros
del sur de Santiago, en Calera deTango, donde crearon un centro
de difusiún artística. Su influencia fue más
notable en las artes menores (en retablos y púlpitos),
sin embargo, la arquitectura no escapó del predominio
de los mismos.
La región del sur se caracteriza porque posee inmensos
bosques, campos cultivables, mares y se suceden grandes lluvias,
de ahí que el material más empleado fue la madera.
Esta zona no trata de copiar modelos, sino adaptar las edificaciones
a la inmensidad de los bosques, con construcciones lígneas,
como la iglesia de Santa María de Achao.
Las
construcciones se destacan por su esbeltez ante el verde paisaje
de las praderas, son grandes volúmenes con una geometría
de formas simples. Las edificaciones se enriquecen por la
textura que producen en los paramentos exteriores y las tablas
superpuestas en tinglado.
En Chiloé, una de las zonas del sur, se hicieron una
serie de iglesias creadas por los misioneros jesuitas, quienes
llegaron a construir ochenta y dos capillas y luego dela expulsión
(1767) de los mismos se llegó a contar ciento setenta
capillas. Se destacan en relación al resto de las construccioes
del caserío, la torre se convierte en un punto de referencia
para los navegantes y en símbolo y centro de la comunidad.
Según GROSS (1978), describe:
La iglesia tradicional es de planta basilical, de tres naves
con pórtico de seis columnas, frontón triangular
y torre central de tambores superpuestos. La nave central
posee una bóveda de cañón corrido colgada
de la armadura y las laterales tienen cielos planos. El pórtico,
junto con ofrecer una transición entre interior y exterior
y proteger de la lluvia, está abierto hacia una plaza
despejada que reúne a los vecinos en fiestas y reuniones.
Las torres parten normalmente de una base cuadrada y las "cañas"
o cuerpos superpuestos, uno o dos, son aligerados por medio
de una planta octogonal que va disminuyendo progresivamente.
(p. 44).
En la estructura se refleja la influencia mudéjar,
en la carpintería de lo blanco y en lo formal se traduce
las influencias del barroco popular bávaro de los jesuitas.
Los elementos decorativos neoclásicos en los frisos
y frontones, se agregan en el siglo XIX. (ANGULO y otros,
1956).
II PARTE
Caracterizaciones de la arquitectura colonial chilena
1. Consideraciones sobre la arquitectura colonial chilena
El
desarrollo de la arquitectura colonial chilena fue un proceso
lento por muchos factores: históricos, geográficos,
sociales, bélicos, económicos, culturales, entre
otros. Hay que partir que el mismo proceso de colonización
fue uno de los más violentos y tardíos en la
América Latina, lo cual generó una arquitectura
que responde a las condiciones y necesidades de la zona.
En el norte de Chile se dio una arquitectura en base a la
piedra, el barro y la paja; en el sur se empleó la
madera y en el valle central, donde están la mayoría
de las construcciones coloniales, se utilizó el adobe
y la teja principalmente, determinando un tipo de arquitectura
para cada zona. Sin embargo, estas edificaciones tienen en
común el carácter macizo, ya que resalta la
estructura y el volumen, sin profusión de elementos
decorativos y sin aportes de soluciones arquitectónicas
propias. La fachada se caracteriza por ser un muro liso y
de carácter sobrio, por lo general resalta (n) la (s)
torre (s), sin la presencia de alguna cúpula, ya que
durante la colonia se construyeron muy pocas, pero desaparecieron
por los temblores, y no se reedificaron nuevamente por temor
a que volvieran a derrumbarse.
En cuanto al modelo de planta se utilizó algunos de
los patrones del templo europeo (de cruz latina y basilical)
que se estableció por la influencia del virreinato
peruano, pero es importante destacar que a pesar de que Chile
estuvo por más de doscientos años bajo el dominio
del virreinato de Perú, el cual hasta llegó
a formar escuelas de artes, no tuvo el mismo desarrollo artístico
de la capital virreinal, donde la influencia europea se vio
bastante marcada en cuanto al desarrollo de diferentes estilos:
gótico, renacentista, barroco y neoclásico.
En Chile, durante los siglos XVI, XVII y XVIII no hubo una
uniformidad de estilo, es en el siglo XIX, donde si se puede
apreciar claramente el neoclasicismo. Como Chile estuvo ligada
histórica y políticamente al virreinato de Perú
por muchos años, es importante hacer unas consideraciones
generales sobre la arquitectura colonial peruana, para apreciar
la influencia que pudo tener en Chile, y de alguna manera
coprender a que se refiere esta simplicidad de la arquitectura
en estudio.
2. Influencias de la arquitectura colonial peruana en
Chile
Para determinar las influencias de la arquitectura colonial
peruana en Chile es necesario conocer previamente las caracterizaciones
generales de la arquitectura de la región, para así
apreciar el influjo del virreinato en la provincia.
La arquitectura peruana al igual que Chile, estuvo determinada
por los terremotos y según la zona geográfica.
Geográficamente se divide en tres zonas: la costa,
donde usaron el ladrillo y el adobe; la sierra; que comprende
el Cuzco y utilizaron la piedra; y el altiplano, que es la
Bolivia actual. En Perú existieron tres escuelas artísticas
con estilos definidos: la Escuela Cuzqueña, la Arequipeña
y la Limeña.
En Cuzco fue donde la arquitectura hispana tuvo la influencia
más directa y dominadora, la cual representó
la victoria de los conquistadores sobre el Cuzco, con un carácter
fuerte y firme; mientras que la arquitectura limeña
fue cortesana y lujosa, derivada de la expresión política
del virreinato; y en la escuela arequipeña es donde
se refleja más la fusión del español
con el indígena, es quizás las más representativa
de las arquitecturas mestizas americanas.
Según
VELARDE (1946), la división de la arquitectura colonial
peruana se puede hacer en correspondencia con los estilos
de la arquitectura española:
1) Renacentista: el plateresco; con sus reminiscencias
góticas y árabes y principio del clasicismo,
comprende el período propiamente de la Conquista (1532-1543)
y los primeros años del Virreinato. Luego el clasicismo,
que abarca desde mediados del siglo XVI hasta mediados del
XVII.
2) Barroca: desde mediados del siglo XVII hasta fines
del XVIII, en el que se advierte la influencia rococó
primero y luego la neoclásica.
3) Neoclásica: primer cuarto del siglo XIX
hasta la independencia, 1821. (p. 62).
Durante el primer siglo de la colonización realmente
no hubo una unidad de estilo, porque se aprecia la influencia
gótica, mudéjar y renacentista. A mediados del
siglo XVII, se puede hablar del estilo barroco, que a diferencia
del barroco mexicano, es antes que nada arquitectónico
con aplicación atectónica, mientras que en México
prevalece la decoración sobre la arquitectura. Y luego
se da la arquitectura neoclásica en el siglo XIX. De
esta manera, se puede ver que en Perú se pueden definir
corrientes estilísticas, a diferencia de Chile que
no presenta unidad estilística, durante el período
en estudio. (GASPARINI Y VELARDE, 1972).
En el caso del barroco en Perú, a pesar de que prevalece
lo arquitectónico sobre la ornamentación, presenta
una riqueza decorativa, que no se aprecia en Chile; esa profusión
decorativa se expresa sobre todo en las fachadas e interiores
de algunos templos, como: en la Catedral de Cuzco, la Catedral
de Lima, la Iglesia de la Compañía de Jesús
(Cuzco y Arequipe), San Francisco de Lima, el Templo de San
Agustín (Lima y Arequipa), el Templo de Asillo (Perú),
entre otras.
Ahora bien, es evidente que este desarrollo de la arquitectura
colonial peruana no lo tuvo Chile, a pesar de que formaba
parte del mismo virreinato. Los chilenos adoptaron la planta
de cruz latina y basilical, realizando a lo largo de los tres
siglos, alteraciones a nivel de fachada. Por ejemplo, en el
barroco no llegaron a utilizar una profusión decorativa,
a excepción de la Iglesia de la Compañía
de Jesús, donde se apreció claramente la influencia
barroca bávara, pero que lamentablemente desapareció
por un incendio ocurrido en 1863.
En fin, la arquitectura chilena tomó influencias de
Perú, pero las adaptó a sus necesidades geográficas,
económicas e históricas, dándole un valor
muy pecualiar y sobrio, esto no quiere decir que no hubo riqueza
arquitectónica en Chile, realmente fue una riqueza
constructiva con un valor muy auténtico.
3. Factores determinantes de la simplicidad de la arquitectura
colonial chilena.
A continuación se van a determinar y explicar los
posibles factores que incidieron en la concepción de
la arquitectura colonial chilena.
· El factor geográfico.
La longitud de la geografía chilena era bastante
grande y divergente en cuanto a paisajes geográficos.
El norte se caracterizaba por el calor tropical, el centro
por ser un valle fértil y de clima moderado y el sur
por un frío intenso y de fuertes lluvias; así
mismo cada zona precisa el material arquitectónico
utilizado, en el norte: la piedra, el barro y la paja; en
el centro: el adobe y la teja; y en el sur: la madera. Este
factor determinó que se dieran diferentes manifestaciones
arquitectónicas según las condiciones de la
zona. Por ejemplo, en el norte las construcciones son pequeñas,
la planta es angosta y larga, mientras la decoración
resalta sobre lo plano de la superficie, se puede ver en San
Pedro de Atacama, Sotoca, Chiu Chiu, Chiapa, Mocha y Usmagana.
Las construcciones del centro, son un poco más complicadas,
porque fue donde más se sintió la influencia
de estilos europeos, sin embargo, se insiste en la estructura
sobre la decoración, como por ejemplo, en la iglesia
de San Francisco, en Santo Domingo o en la Catedral de Santiago.
En el sur, a pesar de la influencia de los jesuitas bávaros,
son edificaciones de formas simples que juegan con la textura
de los tinglados de madera, por ejemplo, las iglesias en la
Isla de Chiloé: Santa María de Achao y la Iglesia
de Rilán.
· La riqueza del suelo.
El mismo factor geográfico determina la riqueza del
suelo, en este caso los españoles creyeron en la aparente
pobreza del suelo a principios de la conquista, luego cuando
descubrieron yacimientos de oro en el centro, sí se
dedicaron a la colonización. En cuanto a las condiciones
que ofrece la tierra para las actividades económicas
la zona central fue la más apta y fértil para
la agricultura, de ahí que se interesaron antes que
nada en poblar esta zona, mientras que en el norte y el sur
se daba el cultivo y pastoreo de una forma intensiva. Esto
dio pie para que la conquista no se hiciera de una manera
uniforme y simultánea en todo el territorio, donde
los conquistadores tuvieron que adaptarse a las condiciones
económicas que les ofrecía las diferentes zonas.
De esta forma, se aprecia las diversas construcciones en el
norte, centro y sur, ya mencionadas, donde las edificaciones
del centro -por las condiciones más favorables- son
más trabajadas arquitectónicamente y de mayor
dimensión, mientras que las del norte y sur son más
sencillas.
· El factor geológico.
Chile, por encontrarse en una zona sísmica, sufrió
una serie de terremotos, siendo un factor determinante en
la caracterización local de la arquitectura colonial.
Casi todas las construcciones sufrieron modificaciones, algunas
a nivel estructural, otras a nivel de fachada, de esta manera,
por preocuparse en reconstruir el mismo edificio, no se abocaron
en hacer numerosas obras y se limitaron en adaptarse a la
estructura de un edificio sin nuevas modificaciones. Este
factor fue decisivo en la concepción de la arquitectura
chilena, como: el uso de las formas simples (rectangular,
cuadrado), la tendencia horizontal del edificio, el uso de
torres no tan altas, la escasa utilización de cúpulas,
el empleo de muros gruesos, poca ornamentación en la
fachada y en los muros, que en conjunto le dan un carácter
macizo a los templos.
Los terremotos que se sucedieron durante estos tres siglos,
fueron en: 1647, 1730, 1751, siendo la zona central la parte
más afectada, donde llegaron hasta desaparecer ciudades
por completo; igualmente muchas construcciones del siglo XVI
se derrumbaron por entero, manteniéndose sólo
la parte estructural, como, por ejemplo, el caso de la Iglesia
de San Francisco y en la Catedral de Santiago. Por ello mismo,
los arquitectos no puedieron entregarse a realizar nuevas
formas arquitectónicas, ya que apenas terminaban una
construcción, sucedía algún accidente,
y tenían que volver a la misma para las remodelaciones
correspondientes.
· La arquitectura prehispánica.
Es un factor determinante porque es el antecedente inmediato
sobre el cual los españoles se establecieron para el
desarrollo de obras constructivas. La sociedad chilena estaba
conformada por culturas primitivas que al compararla con otras,
como la Incaica de Perú, la azteca o Maya de México,
no estaban tan avanzadas a nivel de organización política,
económica, social y cultural.
Las construcciones prehispánicas eran bastante modestas,
rudimentarias y sin complicaciones: en el norte habían
chozas de piedra sin labrar, en madera de cardón y
barro (la casa Aymara y Atacameña). En el centro se
destaca la vivienda de Quincha que era la forma más
elemental de la casa campesina y respondía a una economía
de escasos recursos. En el sur se encontraba la ruca o vivienda
de los indios Mapuches o Araucanos con estructura de madera
y paja, que no aportaba muchas soluciones arquitectónicas
a los conquistadores.
Es importante señalar que los Araucanos, quienes ocupaban
parte del centro y el sur de Chile, constituyeron una cultura
tradicional guerrera muy arraigada. Por su tradición
guerrera no se preocuparon en construir aldeas o ciudades,
sino que edificaron las rucas agrupadas en diferentes territorios,
no muy alejadas entre sí. Solían hacerlas en
las lomas o a media altura, defendidas de los vientos y las
inundaciones, y con dominio visual sobre las siembras, los
ganados y los visitantes. Igualmente los templos eran construcciones
sin complicaciones estructurales.
En líneas generales la arquitectura prehispánica
chilena se caracterizaba por construcciones simples y funcionales
que armonizaban con el paisaje, y fundamentalmente respondían
a las necesidades básicas de las tribus y a los materiales
de cada región. Cuando llegaron los españoles,
y no vieron un gran desarrollo como en el Imperio Incaico
en el Perú, donde habían grandes ciudades con
alta organización social, política y económica
y sobretodo abundantes riquezas, no se interesaron en la conquista
inmediata de la región, además, como eran sociedades
más precarias, no ameritaban grandes construcciones
para impresionar y conquistar.
· La escasez de vías
de comunicación.
Justamente por la extensión del territorio chileno
y las diferentes zonas geográficas aunado a que no
existían buenas vías de comunicación,
para los españoles les fue difícil explorar
y penetrar este territorio de una forma rápida; además,
las distancias entre una y otra población eran significantes,
y por la falta de vías no podían llegar con
facilidad. También habían deficiencias a nivel
de comunicación entre las diferentes provincias, según
el texto de BAYÓN (1989): "las comunicaciones
entre una región y otra eran bastante precarias, los
caminos eran muy accidentados y malos." (p. 179). Por
supuesto, esto viene por la misma cultura prehispánica
chilena, que no desarrolló vías de comunicación
como en el imperio peruano, donde las regiones se comunicaban
constantemente. Este factor determinó que la conquista
no fuese uniforme, sino gradual, tal como se describió
anteriormente.
· La rebelión indígena.
El proceso de conquista estuvo constantemente interrumpido
por las rebeliones indígenas. Los Araucanos, que habitaban
parte del centro y el sur de Chile, eran de una tradición
guerrera muy arraigada y fueron los únicos nativos
a los cuales los españoles no pudieron someter. A estas
constantes sublevaciones, que comenzaron desde la fundación
de Santiago en 1541, se les denominó la Guerra del
Arauco, que duró más de tres siglos, hasta que
lograron pacificarlo en 1870. Según María Robinson
Wright (citada en la Enciclopedia Universal Ilustrada) expresa:
...la comarca estaba en posesión de los indios
araucanos, raza intrépida, que por su valor indómito,
costó a España la pérdida de más
vidas que todas las otras colonias americanas. Los araucanos,
que eran muy numerosos en tiempo de la invasión, mantuvieron
su independencia durante tres siglos de continuado esfuerzo
por parte de España para someterlos, desafiando el
genio militar de sus enemigos por su resuelta y constante
resistencia. (p. 314).
Definitivamente, estas insurrecciones indígenas contribuyeron
a la lentitud de la colonización y, por tanto, al despliegue
de manifestaciones artísticas.
· Invasión de corsarios.
La colonización chilena estuvo amenazada constantemente
por los corsarios ingleses y holandeses que interrumpían
el proceso de conquista. Sobretodo durante los siglos XVII
y XVIII los gobernadores tuvieron que defender las costas
contra las invasiones de los contrabandistas, emboscados en
las islas, para asaltar las embarcaciones que provenían
del Perú cargadas de riquezas para trasladarlas a España.
· Escasez de población
y grandes ciudades.
Según el Larousse Universal Ilustrado (1965):
Era Chile por aquella época un país de grandes
fincas, pertenecientes a una aristocracia poco numerosa y
muy rica. Cultivaban estas tierras mestizos reducidos a verdadera
servidumbre. Las ciudades eran bastante numerosas, pero poco
importantes. Santiago, la capital, tenía 40.000 moradores,
pero Concepción y Valdivia no contaban más que
con cinco o seis mil, y Valparaíso tres mil. (p. 574).
Se puede observar que había muchos poblados de poca
población, sólo Santiago, la capital, era la
más poblada porque ofrecía mejores condiciones
económicas, lo cual determinó que para la zona
central se hiciesen construcciones más complicadas
que en el norte y el sur.
En líneas generales, todos estos factores y aspectos
explicados determinaron en Chile un proceso de colonización
lento, decisivos en la concepción arquitectónica
colonial, donde las obras eran difícil de concretar,
de esta forma, se produjo no una uniformidad constructiva,
sino una arquitectura de necesidad, prevalenciendo la estructura
sobre la ornamentación.
Consideraciones finales
La colonización española significó la
instauración de un Imperio en Latinoamérica,
estableció nuevas leyes políticas, económicas,
sociales, religiosas y culturales, pero al encontrarse con
un nuevo mundo, con una realidad histórica, geográfica
y cultural totalmente diferente, y sobretodo, con la presencia
de muchas etnias, lenguas, religiones y costumbres, tuvieron
que adaptar el mecanismo de la colonización según
las condiciones de cada territorio. De esta manera, el proceso
de colonización latinoamericano no fue uniforme y simultáneo,
sino que en unas partes, fue más rápido, en
otras más tardío, prevaleciendo el factor económico
y/o político.
Por supuesto, las manifestaciones artísticas respondieron
a este desenvolvimiento de la colonización, los lugares
donde más les interesaba imponerse rápidamente,
por razones políticas o económicas, como por
ejemplo, en México y Perú, las creaciones artísticas
fueron más numerosas y de mayor riqueza decorativa,
mientras que en el caso de Chile, que no constituyó
un foco económico fuerte, la producción artística
no fue muy abundante. Entonces cabría preguntar ¿si
el proceso de colonización latinoamericano generó
respuestas regionales en cuanto a manifestaciones artísticas?
Claro que sí, y no sólo a nivel artístico
sino en todos los niveles de la sociedad, ya que en el mismo
continente habían diferentes razas indígenas,
con rasgos muy particulares, y cada sociedad, a pesar de la
imposición española, produjo sus manifestaciones
de acuerdo a las condiciones del territorio y necesidades
de la población.
Chile tuvo una arquitectura muy particular por el carácter
sobrio de sus obras, y puede ser comparada con la arquitectura
colonial de Argentina, Uruguay y Paraguay, ya que en cierta
forma el proceso de colonización en esas regiones fue
similar. La influencia europea en Chile se da en menor escala,
donde la forma estructural y la decoración es un modelo
europeo adaptado y reinterpretado a la región; pero
realmente no lograron establecer el desarrollo estilístico
europeo, como en el Perú o México, donde se
desarrolló un arte con abundantes formas artísticas
en base a modelos occidentales. Esta sobriedad en la arquitectura
colonial chilena, tan válido como la caracterización
de la arquitectura colonial peruana, se debe tomar como un
valor artístico único y propio dentro del continente,
que obedeció a las necesidades de la sociedad del momento.
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