Escribir sobre la escuela es hacerlo sobre una institución
propia de la modernidad con un objetivo preciso: la formación
de los niños y los jóvenes. Como organismo se
podría afirmar que es la resultante de la interrelación
de una serie de dispositivos. Uno de ellos es el texto escolarizado,
elemento fundamental de la pedagogía y la institución
escolar moderna. Éste es uno de los elementos del cual
dispone la sociedad para que la juventud adquiera determinados
valores y aprenda aquello que se considera que debe ser aprendido.
Se trata, como señala Narodowski (1999, 87), de un
mensaje ad hoc, pues su elaboración y su utilización
posterior sólo se entiende en el proceso de escolarización.
El libro de texto es extremadamente útil pues participa
en el proceso de socialización y de aculturación.
Es posible hablar entonces del libro como un producto cultural
que no deja de lado los valores de la sociedad (Wainerman,
1999:47) y que es, por lo tanto, un vehículo por excelencia
para la transmisión de cultura. Según Roger
Chartier, los textos escolares son una representación
del mundo que los produce. “Son herramientas a través
de las cuales la institución educativa transmite valores
morales, papeles sociales e identidad cultural para incorporar
sujetos sociales a una sociedad. Contienen información
ideológica, incluyendo definiciones e masculinidad
y femineidad” (Dobaño Fernández, P. y Rodríguez,
M., 2001:129).
En su devenir histórico, el proceso de escolarización
ha pasado por tres grandes etapas (educación como razón
de la corporación de los educadores, como razón
de Estado y como razón de mercado o de lo diverso).
El objetivo del presente trabajo es analizar como actuó
y qué características tuvo el dispositivo “texto
escolarizado”, elemento constitutivo de la escuela para lograr
la instrucción simultánea, en cada una de ellas.
En la primera de las etapas citadas, la de la Educación
como razón de la corporación de los educadores
(siglo XVII al siglo XIX), Comenius escribe la obra que puede
ser considerada fundante de la pedagogía moderna, la
Didáctica Magna. En ella caracteriza al libro escolar
como aquel instrumento que es capaz de colaborar con el docente
en la formación de los alumnos. Precisamente a esta
obra pertenece el texto del epígrafe en el cual se
señala una de las propuestas del pedagogo que hace
referencia al libro como aquel elemento útil no sólo
para lograr que los alumnos aprendan contenidos sino para
que además adquieran las reglas básicas de cada
una de las lenguas.
Preocupado por la pedagogía y por los procesos de
enseñanza – aprendizaje, Comenius busca lograr la instrucción
simultánea para lo cual el libro es un dispositivo
fundamental que puede colaborar para que todos se eduquen
al mismo tiempo y de una sola vez. Para ello, él señala
que cada clase debe utilizar un libro de un mismo autor. De
esa forma se está llegando al ideal pansófico
que consiste en enseñar todo a todos, mediante la utilización
del método de enseñanza simultáneo según
en cual todos los alumnos realizan el mismo tiempo la misma
actividad.
Mariano Narodowski (1999, 87) al analizar la obra de Comenius,
señala que el pedagogo introduce al libro como un elemento
normalizador, pues intenta regularizar la enseñanza
y establecer qué, cuándo y cómo se debe
enseñar. Desde la perspectiva de Comenius, los libros
debían ser panmetódicos, es decir que debían
ser de tipo didácticos e incluir una distribución
para cada momento del proceso de enseñanza aprendizaje.
A partir de las ideas del pedagogo y de los aportes de congregaciones
religiosas - como por ejemplos los Hermanos de La Salle -,
van a comenzar a circular los libros de textos escolares con
características muy distintas entre sí pero
con un mismo objetivo, la formación en un solo sentido
de la juventud.
Como se observa, el libro comienza a tener una gran importancia
en tanto elemento disciplinador de los alumnos. Tan sólo
para citar un ejemplo, Telleyrand dijo el 10 de septiembre
de 1791 “es necesario que libros elementales, precisos, metódicos,
distribuidos con profusión, convierten en universalmente
familiares todas las verdades y ahorran los inútiles
esfuerzos para aprenderlos” (citado en Chopin, 109).
En la segunda de las épocas que Norodowski denomina
de la educación como razón de Estado - siglo
XIX hasta la década del ´70 - se observa que
se realiza un desplazamiento del libro de manos de los educadores
al Estado, agente que comienza a preocuparse por la información
que circula en las escuelas y que tratará de supervisar
y de dirigir el dispositivo.
Es necesario considerar que el texto es el representante
del especialista pero también lo es del poder político
que intenta realizar un control cultural sobre aquellos saberes
que debe poseer un individuo. Así, el Estado se va
a ocupar de los temas que se pueden tratar – y de los enfoques
que se deben dar a los mismos-, temas tabúes, métodos
didácticos recomendados y otros que deben ser dejados
de lado, etc. Al existir ediciones escolares del Estado o
al ejercerse un control estricto sobre los productos de la
edición privada, la producción de los textos
escolares se vio reducida.
En esta fase, si bien cambiaba el objetivo de la educación,
se volvía a uno de los postulados de Comenius (Cap.
XVII) sobre el libro cuando decía que era necesario
igualar sus ediciones para poder cumplir con el ideal pansófico.
Si bien era imposible que existiera sólo un libro,
la regulación de las ideas por parte del Estado en
tanto elemento regulador actuaba de una forma similar ya que
ningún alumno aprendería nada distinto al de
los otros jóvenes a pesar de utilizar libros de texto
diferentes. Como en “el contenido de los libros de texto se
vehiculizan visiones del pasado, actitudes cívicas
y valores” (Rodríguez, M. y Dobaño Fernánez,
P. , 2001) era fundamental que el Estado se ocupara de aquello
que se leía en las escuelas. Como señala Narodowski
(1999, 30), “a fines del sigo pasado el Estado se erige como
Estado educador y para eso les “arranca” (quiero que las palabras
sean lo más fuertes posibles) la educación a
los maestros. Hasta la creación de los sistemas educativos
nacionales la educación estaba en manos de los maestros,
la escuela pública era la escuela de los maestros y
no la escuela estatal. A partir de los sistemas educativos
estatales, el maestro ya no controla la totalidad del proceso
escolar sino sólo lo relativo a la enseñanza:
serán los pedagogos (en el Estado o en la Academia)
quienes pasarán a ocuparse de la teoría mientras
los docentes se ocuparán de los quehaceres prácticos
de la enseñanza”.
Hoy, en la etapa en la cual la educación es una razón
de mercado (período que comienza a mediados del siglo
XX y que se extiende hasta la actualidad), se observan algunas
características diferenciales. En primer lugar se puede
afirmar que existe una customización, es decir una
adaptación de la educación en general – y de
los libros en particular - a la demanda. Aquel libro panmetódico
propio de la escuela de la modernidad, está hoy ubicado
en un cruce entre diseño curricular oficial, las determinaciones
del mercado, y las necesidades y demandas del aula. Pareciera
que así, las tres etapas históricas que señalan
las discontinuidades, confluyen en la actualidad en el libro:
en primer lugar, el diseño curricular oficial en el
cual tenemos la presencia del Estado y que actúa de
una forma normativa, no diciendo qué es lo que se publica
sino cuales son los contenidos que deben ser abordados; en
segundo lugar, las determinaciones del mercado quien establece
cómo serán los libros, que características
tendrán, para qué niveles y materias se publicarán,
etc.; y por último las necesidades y demandas de los
docentes y de los alumnos que demandan información
actualizada y acorde con los adelantos científicos.
Se puede afirmar que hoy el libro y su utilización
han cambiado en cuanto a su carácter masivo pero no
en lo que respecta a su importancia y su utilización
en la escuela pues no ha sido suplido por otro elemento en
el aula. Por supuesto que en los tiempos del mercado el fenómeno
que se observa es la gran proliferación de libros pero
que no están al alcance de todos los estudiantes. Si
bien es otro tema que escapa los límites de este trabajo,
no se puede dejar de lado que ese libro que tenía que
servir a todos ya no está al acceso de todos los que
se educan sino tan sólo de unos pocos (en términos
de la totalidad de la población que asiste a la escuela).
Año tras año las editoriales van diversificando
más sus propuestas, actualizándolas – a veces
tan sólo en cuestiones paratextuales y no de contenido
o de propuestas metodológicas - lo cual provoca que
el mercado esté sobresaturado de ofrecimientos de libros
por parte de las empresas y que los docentes y sus alumnos
no lleguen a conocer el material que se publica.
El libro en la actualidad es polifónico, “tiene que
permitir la evaluación de la adquisición de
conocimientos, tiene que presentar una documentación
compuesta, tomada de soportes variados” (Chopin, 140). En
la época de Internet y de la aldea global, donde la
educación es una razón de mercado, también
se navega por los manuales (Chopin, 140) que cada día
tiene mayor cantidad de información, a través
de marcas hipertextuales que hacen las veces de ícono
que le permiten al alumno saber si están en una página
con información teórica, con actividades grupales,
individuales, etc., y utilizarlo sin la necesidad del docente.
BIBLIOGRAFÍA:
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escolares” en: Ruiz Barrio, Julio (2000),
La cultura escolar de Europa. Tendencias
históricas emergentes, Madrid,
Biblioteca nueva.
-
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Dussel, Inés y Caruso, Marcelo (2000)
La invención del aula. Una genealogía
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-
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moderna, Buenos Aires, Aique.
-
Narodowski, Mariano, Para volver al
Estado. Del pedagogo de Estado al pedagogo
de la diversidad.
-
Narodowski, Mariano, “Buscando desesperadamente
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Poggi, Margarita y Korenfeld, Daniel (1999),
Construyendo el saber sobre el interior
de la escuela, Buenos Aires, Novedades
Educativas.
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Rodríguez, Martha y Dobaño
Fernánez, Palmira (2001) Los libros
de texto como objeto de estudio, Buenos
Aires, La Colmena
-
Rottemberg, Rosa, “Los libros de texto para
la innovación”, Litwin, Edith, Enseñanza
e innovaciones en las aulas para el nuevo
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Wainerman, Catalina y Heredia, Mariana (1999),
¿Mamá amasa la masa? Cien
años en los libros de lectura de la
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de Belgrano.
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