| ÍNDICE..............................................................................................
CRONOLOGÍA ...............................................................................
INTRODUCCIÓN ...........................................................................
CAPÍTULO I ....................................................................................
CAPÍTULO II ..................................................................................
CAPÍTULO III .................................................................................
CAPÍTULO IV .................................................................................
BIBLIOGRAFÍA ..............................................................................
CRONOLOGÍA.
1596 René Descartes nace
en La Haye-en-Touraine.
1604 Ingresa en el colegio de La
Flèche, regentado por los jesuitas.
1612 Termina sus estudios en La
Flèche.
1616 Se licencia en derecho en
la Universidad de Poitiers. Comienza a viajar y a estudiar en “el
gran libro del mundo”.
1618 Ingresado en el ejército
de Mauricio de Nassau, conoce en Breda a Isaac Beeckman, que le convierte
a la “física matemática”. Escribe el Compendium
musicae.
1619 Activo ahora en el ejército
del Duque de Baviera, recibe en el mes de Noviembre (en la habitación
cerca de Ulm) los sueños en los que se le Manifiesta su itinerario
científico.
1620-1625 Lleva una vida viajera
por Francia, Alemania, Suiza e Italia.
1626-1629 Vive en Paris, combinando
el ocio con la meditación y el estudio. El cardenal de Bérulle
le urge a la elaboración de una filosofía de talante católico.
1629 Fija su residencia en Holanda,
donde permanecerá hasta 1649. Redacta las Regulae ad directionem
ingenii.
1633 La condena de Galileo le decide
a cancelar su proyecto de publicar el tratado Du monde.
1637 Se publica el Discurso del
método acompañado de tres Ensayos (la Dióptrica,
los Meteoros y la Geometría.
1641 Se publican las Meditaciones
metafísicas, acogidas con críticas por los Aristotélicos.
1642 El pastor Voetius, rector
de la Universidad de Utrecht, ataca a Descartes, quien se defiende con
su Epístola ad Voetium.
1644 Se publican los Principia
Philosophaie.
1649 Se publica el tratado “Las
Pasiones del Alma”.Acepta la invitación de la Reina Cristina
de Suecia y se traslada a Estocolmo.
1650 Tras una desagradable estancia,
contrae una enfermedad y fallece en Estocolmo el 11 de Febrero de
dicho año.
Esta cronología está inspirada
en la facilitada por Vidal Peña en su edición de las Meditaciones
metafísicas.
INTRODUCCIÓN
A la hora de enfrentarse a Descartes resulta inevitable tomar en consideración
los tópicos que – con mayor o menor justificación, pero también
con un efecto envolvente y distanciador – acostumbran a caracterizar su
figura y su obra: Descartes es el fundador de la filosofía moderna,
del racionalismo matematizante, del idealismo moderno, de la filosofía
de la subjetividad; en términos hegelianos: “René Descartes
es un héroe del pensamiento, que aborda de nuevo la empresa desde
el principio y reconstruye la filosofía desde los cimientos puestos
ahora de nuevo al descubierto al cabo de mil años.” (1)
Todo
ello es cierto, a pesar de que una buena parte de la producción
filosófico-científica cartesiana entrara inmediatamente en
crisis y fuera discutida e incluso abandonada (su rechazo del vacío,
del atomismo, la teoría de los vórtices o torbellinos) y
a pesar también de que no deja de ser una simplificación
hacer pivotar todo el origen de la modernidad en torno a la figura de Descartes.
No podemos olvidar que el filósofo francés está dentro
de la gran (y muy compleja) corriente de renovación y ruptura. Pero
a pesar de todo Descartes se destaca y cobra un relieve singular. El motivo
es el que intentaré desarrollar en este trabajo.
Como consecuencia,
la elección de este autor y no otro, es su relación directa
en el tiempo, como ya he mencionado antes, con la edad Moderna. Época
en la que centro la mayor parte de las asignaturas de esta carrera de Humanidades
en este año, y por lo tanto una disciplina tan necesaria para
conectar con el Arte Moderno del Renacimiento, o los acontecimientos que
ocupan la Historia General Moderna y que tienen su razón de ser
en esta corriente renovadora del pensamiento filosófico, objeto
del presente estudio.
CAPÍTULO I .
Descartes
es ya plenamente un “moderno”; como Galileo y Bacon, también él
se ve conscientemente enfrentado a los antiguos: al aristotelismo escolástico
en sus versiones más o menos renovadas, conocidas por él
en el colegio jesuita de La Flèche, y al naturalismo mágico
renacentista, de base fundamentalmente platónica, pero con elementos
de origen también aristotélico.
Al
igual que Bacon y Galileo, Descartes concibe el nuevo pensamiento como
algo cualitativamente distinto de esas dos variantes de la Antigüedad,
como algo no basado ya en la autoridad del libro impreso (caso de las tradiciones
humanistas, platónica y aristotélica), sino en la razón
y en la experiencia, en una nueva articulación de ambos: “Por
ello, tan pronto mi edad me permitió salir del dominio de mis preceptores,
abandoné completamente el estudio de las letras, y resuelto a no
buscar otra ciencia que la que pudiera hallar en mí mismo, o bien
en el gran libro del mundo, empleé el resto de mi juventud en viajar.”
(2)
Pero a diferencia
de Bacon, Descartes sabe exactamente lo que quiere, cómo será
el nuevo conocimiento científico-natural, encontrándose lejos
de los vínculos con la tradición mágico naturalista
que todavía marcan el acercamiento del canciller a la naturaleza;
y aunque insiste (véase la sexta parte del Discurso del Método)
en la dimensión operativa de la filosofía natural, que nos
permitirá hacernos “dueños y poseedores de la naturaleza”,
lo cierto es que Descartes nunca sintió esta dimensión operativa
con la misma pasión que Bacon y que seguramente la sexta parte del
Discurso figura como neutralización y apropiación desde la
perspectiva mecanicista del sueño mágico-naturalista de dominio
sobre la naturaleza, como medio para la mayor persuasividad del manifiesto
cartesiano de 1.637, es decir, del Discurso.
Por otra parte
frente a Galileo o Kepler (y otros científicos del Siglo XVII),
Descartes no se limita a descubrir y enunciar nuevas leyes (ley de inercia,
ley de refracción de la luz), abrir nuevas ciencias (la geometría
analítica) y a ser un científico; Descartes, además
intenta elaborar (y lo hace) una filosofía completa: una doctrina
del método o una método-logía (lo cual no quiere decir
necesariamente que en su praxis real como científico Descartes haya
seguido realmente el método prescrito), una fundamentación
metafísica que garantiza plenamente la necesidad, objetividad y
certeza del nuevo saber científico-natural al tiempo que proporciona
(con la distinción y escisión de la res cogitans y la
res extensa) estructuras conceptuales básicas para la nueva
explicación de la naturaleza.
Descartes construye,
por tanto, la primera filosofía moderna porque nos da la primera
filosofía de y para la nueva ciencia. De ello podemos ya extraer
una conclusión importante: no se puede comprender históricamente
la nueva filosofía sin la nueva ciencia y sin la batalla que por
su construcción se tiene entablada desde el Renacimiento. Por otra
parte la concepción cartesiana de la ciencia como un sistema unitario,
articulado y completo del saber (como una enciclopedia o “mathesis universalis”)
transponía el sueño de la tradición enciclopedista
a la realidad de la nueva ciencia presentándose como alternativa
al error aristotélico y naturalista y como perfectamente aceptable
por el poder político-religioso, pues el cartesianismo contenía
(con su demostración de la existencia de Dios – distinto del mundo
– y de la separación y autonomía del alma (3) ) la
base de una apología de la fe cristiana frente a la incredulidad
de escépticos, libertinos, y naturalistas. Ahí reside, dejando
aparte de momento sus cualidades intrínsecas, buena parte de su
triunfo: la expansión del cartesianismo en el Siglo XVII.
CAPÍTULO II.
El Descartes que en 1.614 había salido de La Fléche tras
ocho años de estudios (4) estaba lleno de reconocimiento
y admiración por las matemáticas, de las que le seducían
poderosamente la certeza y simplicidad de sus demostraciones frente al
probabilismo de la dialéctica silogística, pero desconocía
cualquier aplicación que no fuera la puramente práctica.
Descartes había salido también decepcionado por lo que él
llamaba “Malas doctrinas” (magia, astrología, alquimia), de cuya
impostura e ineficacia explicativa pasaba a estar crecientemente convencido.
Descartes se hallaba, en suma, en una disposición que en 1.637,
en el Discurso describe como frustración por la falta de una sólida
fundamentación del saber, duda frente al saber heredado y la decisión
ya señalada de buscar “en sí mismo y en el gran libro del
mundo”.
Desde este momento son dos los
periodos decisivos en el desarrollo del pensamiento cartesiano: en primer
lugar el que comienza en 1.618 con su “conversión” a la física
matemática y la “revelación” de la ciencia universal, en
segundo lugar el que comienza en 1.629 con la elaboración de la
necesaria fundamentación metafísica de la filosofía
cartesiana. En efecto, es el encuentro y el trato con Isaac Beeckman en
Holanda en 1.618 lo que abre a Descartes un continente nuevo que él
modelará desde su genialidad Matemática: el tratamiento matemático
de los problemas físicos (del movimiento). El momento culminante
en este desarrollo se produce en noviembre de 1.619, en la poêle
del sur de Alemania, donde tuvo los tres famosos sueños que le garantizaron
la”ciencia maravillosa”:
...”X. Novembris 1.619, cum plenus
forem Enthusiasmo et mirabilis scientiae fundamenta reperirem”, ...(5)
No
se trata de entrar en la discutidísima cuestión de los sueños,
de su realidad y de su interpretación, pero sí conviene señalar
que Descartes ha percibido con toda claridad el diseño articulado
e individual de la obra, de la tarea científica (6) , la
unidad de la ciencia como organización articulada según un
orden de razones que es consecuencia a la vez del carácter de la
naturaleza como orden y medida y del método “matemático”
aplicado a su conocimiento:
“Esas largas cadenas de trabadas razones
muy simples y fáciles, que los geómetras acostumbran a emplear
para llegar a sus más difíciles demostraciones, me habían
dado ocasión para imaginar que todas las cosas que entran en la
esfera del conocimiento humano se encadenan de la misma manera; de suerte
que, con solo abstenerse de admitir como verdadera ninguna que no lo fuera
y de guardar siempre el orden necesario para deducir las unas de las otras,
no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que
esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir” .(7)
También por su parte señala
Rodis-Lewis:
“Así, la
llave del saber es el orden que constituye el corazón del método:
unidad de la ciencia, método, matemática universal no son
invenciones particulares entre las que se debería escoger. Es la
percepción de su correlación lo que resulta verdaderamente
fundamental: ante “el fundamento de la ciencia” Descartes se maravilla.”
(8) Se trata de un programa, de una ambición a realizar:
una ciencia única y unificada por el método que la elabora,
reflejo de la estructura unitaria y articulada de la realidad desde
un principio simple, descubrible por la razón humana, que es capaz
a su vez de desplegarlo metódicamente hasta sus últimas conclusiones.
El epitafio que le puso su íntimo amigo Chanut recoge esta aspiración
de un ideal “epistémico” y universal (que no tiene por qué
coincidir necesariamente con la praxis real de Descartes como científico
y con sus logros reales): Et in Otis hibernis Naturae mysteria componens
cum legibus/ Matheseos/ Utriusque arcana eadem clavi reserari posse/ ausus
est esperare.
Durante
la década de 1.620 Descartes profundiza sus estudios científicos,
efectúa los primeros intentos de explicitar su metodología
con el Studium bonae mentis y las Regulae ad directionem ingenii,
entra en contacto en Paris con el círculo de Mersene y asiste a
sus polémicas apologéticas contra escépticos, libertinos
y deistas, y a favor de la posibilidad de un conocimiento fiable, así
como de la demostración de la existencia de Dios y de la separación
del alma inmortal con respecto al cuerpo. Descartes entra asimismo en contacto
con el cardenal de Bérulle inmerso también en la tarea apologética)
y recibe sus exhortaciones para proceder a la elaboración de una
“filosofía cristiana”. Así, Descartes llega en 1.628-1629
a la conclusión de que debe afrontar directamente el problema de
la metafísica, el problema del hombre y de Dios, tanto para contrarrestar
el ataque escéptico y libertino(en un propósito apologético
que es incorrecto magnificar y convertirlo en el motor de la investigación
cartesiana, pero sobre todo para dotar al sistema de ese necesario principio
fundamentador.
1. G.W.F.Hegel: “Lecciones sobre la historia de la filosofía”,
traducción de W. Roces, Méjico, 1955.
2. “Discurso del método” parte primera
3. Discurso del método, cuarta parte.
4. Léase la primera parte del Discurso.
5. Cuaderno de notas de Descartes.
6. Discurso del método, segunda parte
7. Discurso del Método, segunda parte.
8. G. Rodis – Lewis: Louvre de Descartes, Vrin, Paris,
1.971 pag.47
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