| Aunque
pueda resultarles extraño a algunos, la antropología fue
decisiva en la configuración de la filosofía de Kant, al
menos en un cuádruple sentido: 1) en la gestación misma de
la filosofía crítica, es decir, en el proceso de formación
del criticismo; 2) por la conversión de la psicología empírica
en antropología, en forma de complemento indispensable de la metafísica
crítica en su vertiente práctica (a partir de la que se descubre
una peculiar antropología moral); 3) por su crítica de la
psicología racional en el sentido de metaphysica specialis (que
sirvió de base para una antropología metafísica dentro
del ordo racionalista); y 4) finalmente por la sugestiva propuesta kantiana
de una original "antroponomía".
La filosofía crítica de
Kant tenía el propósito de abrir una nueva vía a la
metafísica. El largo proceso de elaboración de la misma tuvo
entre sus ingredientes la influencia de la psicología de su época.
Además de la impronta de Baumgarten y otras psicologías,
a finales de los años setenta es decisiva para Kant la publicación
de la obra de N. Tetens, Philosophische Versuche über die menschliche
Natur und ihre Entwicklung (1776-77). En ella se encuentra un intento de
explicar la génesis y los factores psicológicos del conocimiento.
Como se sabe, Kant aprovecha bastantes
de las contribuciones del estudio psicológico de Tetens para formular
su fundamentación de la objetividad del conocimiento, aunque aportando
una perspectiva nueva. Entre ellas cabe destacar las siguientes: el papel
de la imaginación en el conocimiento, la deducción psicológica
en tres síntesis, la distinción entre entendimiento y razón,
así como la distinción entre materia y forma en el conocimiento,
que posibilita considerar lo subjetivo y formal (lo subjetivo por su carácter
formal) como determinante de lo objetivo.
El estudio de la naturaleza humana no
se desarrolla en confrontación con la metafísica crítica,
sino que viene a completar la filosofía transcendental desde otra
perspectiva (empírica y pragmática), como muestra el desarrollo
de la antropología kantiana a partir de los primeros años
de la década de los setenta (1772-73). La psicología empírica
y la antropología no se confunden con la metafísica, ni se
las emplea para atacarla, antes bien sirven para entender mejor las bases
que la naturaleza humana ofrece para el desarrollo de los usos de la razón
pura. Ambas perspectivas pueden gozar de una coexistencia pacífica
y cumplir funciones complementarias.
En el primer caso, el "conocimiento natural
del hombre" estudia los procesos fisiológicos que hay a la base
de las actividades esprituales, las interacciones psicosomáticas,
la introspección, los fenómenos culturales y comportamentales
del hombre, la autoconciencia, la conciencia del yo y del sí mismo,
las relaciones entre alma y cuerpo. En el segundo caso, el enfoque prático
de la antropología es fruto de la conversión de la psicología
empírica en antropología pragmática; se pasa del conocimiento
natural del hombre al pragmático. La antropología sigue en
el fondo como "doctrina de la inteligencia", tanto en cuanto técnico-práctica
dentro de la filosofía teorética, como en cuanto autoconocimiento
con relevancia práctica.
Aquí tendrá su punto de
arranque la antropología moral. La psicología convertida
en antropología tiene en Kant un lugar dentro de su filosofía
crítica y sistemática. A partir de las tres Críticas,
la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, la
Religión dentro de los límites de la merta razón,
la Metafísica de las costumbres, la Antropología en sentido
pragmático y las Lecciones de ética, queda claro que la antropología
constituye la parte empírica de la filosofía moral kantiana.
A partir del año 1773 Kant pasa
de la psicología empírica como disciplina teórica
a una antropología práctica (pragmática), porque lo
que interesa es aplicar el estudio del hombre; y todo lo que tenga que
ver con esta doctrina de la inteligencia y el comportamiento inteligente
del hombre corresponde a la antropología que ahora Kant inaugura,
rebasando el mero conocimiento natural (teórico-empírico)
del hombre. La "antropología pragmática" estará desde
entonces en el fondo de los desarrollos de su filosofía hasta la
publicación de la obra que lleva tal título, por debajo de
los avatares y de las confrontaciones entre períodos precríticos
y críticos, así como sus desarrollos sistemáticos.
En la 2a parte de la Antropología,
la "Característica antropológica", que lleva por subtítulo
"De la manera de conocer el interior del hombre por el exterior", el "carácter"
se toma en una dobe acepción, físico y moral. "El primero
es el signo distintivo del hombre como ser sensible o natural; el segundo
lo distingue como un ente racional, dotado de libertad" (VII, 285). Por
eso, a continuación del pasaje citado, Kant, "por lo que concierne
a la facultad de desear (lo práctico)", en la Característica
divide "lo característico" en: a) "el natural o las disposicones
naturales", b) "el temperamento o índole sensible" y c) "el carácter
pura y simplemente o índole moral". Y añade: "Las dos primeras
disposiciones indican lo que del hombre puede hacerse; la última
(la moral), lo que él está dispuesto a hacer de sí
mismo".
La antropología pragmática
tiene una vertiente de antropología moral o práctica, que
constituye el complemento necesario de la moral en su sentido estricto.
La moral necesita de la antropología como complemento empírico
y práctico-pragmático y Kant nos proporciona fragmentos importantes
de tal antropología moral. La psicología empírica
se convierte en antropología práctico-pragmática y
en este contexto encontramos una antropología moral que constituye
un precedente de actuales enfoques de la psicología moral, aun cuando
en el contexto kantiano se expongan las disposiciones morales naturales
al margen del actual enfoque evolutivo.
Tanto la filosofía natural como
la filosofía moral pueden tener su parte empírica; en el
primer caso determinan las leyes de la naturaleza como un objeto de la
experiencia y en el segundo, las leyes de la voluntad en cuanto el hombre
es afectado por la naturaleza. Por consiguiente, a tenor de la clásica
exposición de la Fundamentación, tanto la metafísica
de la naturaleza como la metafísica de las costumbres tienen su
parte empírica, además de la racional; en el caso de la filosofía
moral la parte empírica es la "antropología práctica",
en la que se nos ofrece un conocimiento de la naturaleza del hombre, necesario
para poder aplicar la parte pura de la filosofía moral, es decir,
la metafísica de las costumbres. Primero hay que conocer las leyes
a priori, pero éstas requieren un Juicio (la facultad de juzgar),
que habrá sido "templado y acerado por la experiencia", a fin de
poder distinguir los diversos casos en sus circunstancias y hacer más
fácil y eficaz la acogida de las mismas en la voluntad del hombre
haciendo frente a las inclinaciones contrarias a los imperativos de la
razón práctica en el hombre.
En la Metafísica de las costumbres
expone Kant la necesidad de una filosofía práctica que tenga
por objeto la libertad del arbitrio, pero que llegue a alcanzar los principios
metafísicos (principios a priori por puros conceptos). Pero éstos
han de ser aplicables al ámbito de la experiencia, por consiguiente,
habrá que considerar la naturaleza peuliar del hombre y mostrar
las consecuencias de los principios universales. "Una metafísica
de las costumbres no puede fundamentarse en la antropología, pero
sin embargo, puede aplicarse a ella". De ahí que Kant afirme igualmente:
"El complemento de una metafísica de las costumbres, como el otro
miembro de la división de la filosofía práctica en
general, sería la antropología moral, que contendría,
sin embargo, sólo las condiciones subjetivas, tanto obstaculizadoras
como favorecedoras, de la realización de las leyes de la primera
en la naturaleza humana, la creación, difusión y consolidación
de los principios morales...". Se trata de un complemento ineludible para
la filosofía práctica: "antropología de la que no
se puede prescindir".
Ya la "Metodología de la razón
pura práctica" se entendía como "el modo como se puede proporcionar
a las leyes de la razón pura práctica entrada en el ánimo
del hombre e influencia sobre las máximas del mismo" (V, 151), lo
que equivale a decir cómo hacer que "la razón práctica
en el sentido objetivo" se convierta en "razón práctica también
en el sentido subjetivo". Para lo cual hay que representar los fundamentos
de determinación de la voluntad como móviles de la acción
y la virtud tendrá que ejercer sobre el ánimo -subjetivamente-
"más poder" que cualquier inclinación. Por eso hay que tener
en cuenta cómo está constituída la naturaleza humana,
para ver si nuestro ánimo tiene la "receptividad de un puro interés
moral" y "la fuerza motriz de la pura representación de la virtud"
(V, 152-153). Porque si descubrimos "la realidad de ese sentimiento" habremos
dado con "el motor más poderoso y único para el bien". La
antropología moral contribuye al conocimiento de las disposiciones
morales, capaces de percibir y ser receptivas a los móviles morales.
Así la metodología de la razón práctica consiste,
según Kant, "en hacer de las leyes objetivamente prácticas
de la razón pura (...) leyes subjetivamente prácticas" (V,
153), para lo cual no se podrá prescindir del estudio de las condiciones
subjetivas de la naturaleza humana, que por otra parte hacen posible la
educación moral.
La metafísica de las costumbres
ha de estudiar la legislación de la razón práctica
como ley que representa objetivamente lo que se debe hacer; pero también
comprende la legislación otro elemento: el móvil que liga
subjetivamente la exigencia de la ley objetiva con el impulso que se requiere
para realizar la acción como es debido. Este segundo elemento necesita
ampliarse con el estudio de las disposiciones subjetivas que permiten sentirse
afectado por lay ley moral. Esta capacidad subjetiva de convertir en móvil
el deber es un sentimiento moral que no afecta al fundamento de las leyes
prácticas (al aspecto objetivo) sino sólo al efecto subjetivo
en el ánimo. La antropología moral tiene por objeto lo práctico-subjetivo
en vez de los principios objetivos; y, por otra parte, el sentimiento es
siempre físico, sea lo que fuere aquello que lo provoque. Lo importante,
pues, es determinar el orden, natural o moral, es decir, si lo que rige
es el principio de la felicidad o el de la libertad de la legislación
interior.
La antropología moral puede ayudar
a que el hombre se sepa capaz de luchar contra los obstáculos que
encuentra el cumplimiento del deber y para saberse con poder para llevar
a cabo lo que la ley ordena incondicionalmente como deber. Igualmente la
antropología, que se basa en principios empíricos y pragmáticos
puede proporcionarnos un conocimiento de los fines que el hombre se propone
atendiendo a los impulsos sensibles de su naturaleza; se trata de la doctrina
técnica (subjetiva) de los fines, que es propiamente pragmática,
que contiene la regla de la prudencia en la elección de los fines
(a diferencia de la doctrina moral objetiva de los fines), de los fines
que valen sólo como medios. Esta capacidad de proponerse fines en
general es, según Kant, lo característico de la humanidad,
a diferencia de la animalidad.
La antropología moral viene a ser
una "estética de costumbres", que no es un parte de la metafísica
de las costumbres, pero sí una "exposición subjetiva de la
misma": "en ella los sentimientos que acompañan a la fuerza constrictiva
de la ley moral hacen sensible su efectivdad (...) con el fin de aventajar
a los estímulos meramente sensibles" (VI, 406).
Esta antropología moral no nos
proporciona el conocimiento racinal de cómo deben ser los hombres
según la idea de la humanidad, porque esta antropología procede
por meros conocimientos de experiencia y no trata del ideal de la humanidad
en su perfección moral, que es trazada por la razón incondicionadamente
legisladora en una, por Kant llamada, "antroponomía".
La antropología tratará
del hombre como ser sensible, perteneciente a una de las especies animales
y también como ser natural dotado de razón (vernünftiges
Wesen). Aquí la razón se entiende como una facultad teórica
y pragmática, como una cualidad de un ser corporal viviente, propia
del homo phaenomenon, que puede ser determnado por su razón, como
causa, a realizar acciones en el mundo sensible.
En la Religión se especifican las
tres disposiciones de la naturaleza humana: la disposición para
la animalidad del hombre como ser viviente, la disposición para
la humanidad como ser viviente y a la vez racional; y la disposición
para su personalidad como ser racional y a la vez susceptible de que algo
le sea imputado. Pero esta disposición no se puede considerar como
contenida ya en el concepto anterior, sino que se trata de una disposición
particular, ya que del hecho de que un ser posea razón no se sigue
que ésta contenga una facultad de determinar el albedrío
incondicionadamente. El más racional de todos los seres del mundo
podría seguir motivos impulsores provenientes de objetos de la inclinación
para determinar su albedrío, sin ni siquiera barruntar la posibilidad
de algo así como la ley moral que ordena absolutamente (VI, 26).
Sin embargo, esta ley es lo único que nos hace conscientes de que
somos seres dotados de libertad interna (homo noumenon) (independencia
de nuestro albedrío respecto a la determinación mediante
todos los otros motivos impulsores) y seres capaces de obligación
hacia la humanidad y, por tanto, de imputabilidad de las acciones. Una
antropología ha de estudiar todas estas disposiciones de la naturaleza
humana. Y en correlación con la metafísica de las costumbres
la "estética" correspondiente mostrará aquella sensibilidad
y fuerza que ha de servir de móvil para que el deber pueda afectar
al ser humano, para que en este terreno el homo noumenon y el phaenomenon
no hagan vidas paralelas. Es necesario estudiar aquellas facultades o capacidades
que permiten que el dictamen racional afecte y conduzca a la acción,
es decir, se convierta en móvil de la acción, que el principio
objetivo se convierta en subjetivo.
Hay un apartado en la "Introducción
a la Doctrina de la virtud", que es la segunda paerte de la Metafísica
de las costumbres (principios metafísicos de la doctrina de la virtud),
donde se exponen brevemente algunas nociones de lo que más tarde
denomina "estética de las costumbres", es decir, algunas "prenociones
estéticas de la receptividad del ánimo para los conceptos
del deber en general". Se trata de algunas disposiciones morales, que constituyen
condiciones subjetivas que tiene todo hombre para poder ser afectado por
la ley moral racional; son las predisposiciones para que cada ser humano
pueda ser motivado por el deber y educado en sus exigencias. El sentimiento
moral y la conciencia moral, así como el respeto o autoestima y
la filantropía cuentan para Kant entre el conjunto de disposiciones
subjetivas sin las cuales no seríamos afectados por la razón
pura práctica y sus leyes. El sentimiento moral es la capacidad
sensible , física, de recibir el impulso racional y transformarlo
en motivo; y la conciencia moral es el hecho inevitable, instintivo, que
nos mueve a juzgarnos a nosotros mismos conforme a la ley moral en el foro
interno. Estas capacidades son inculcables y cultivables mediante la educación.
Por tanto, aquí se basaría no sólo una antropología
como psicología moral de todas estas nociones estéticas,
sino también una pedagogía moral como aplicación de
la metodología de la razón pura práctica.
La estética de las costumbres
dentro de una antropología práctica o moral expone las condiciones
subjetivas del hombre que hacen posible que el deber se convierta en móvil
del libre albedrío y de la acción. La psicología empírica
convertida en antropología práctica y moral sirve de complemento
necesario a la filosofía moral de Kant (la metafísica de
las costumbres) y base para la pedagogía moral en tanto que psicología
moral y aplicación de la metodología de la razón práctica.
NOTA : ESTE ARTÍCULO FUÉ RECIBIDO
DE FORMA ANÓNIMA Y SE PUBLICA CON EL NOMBRE DEL AUTOR QUE FIGURA
EN EL DOCUMENTO, DESCONOCIÉNDOSE LA PROCEDENCIA REAL DEL MISMO.
|