| El
hombre, sin saber porqué, ha sido lanzado a este mundo ajeno a su
voluntad. Al principio parecía adaptarse al medio y fue evolucionando,
ahora se está quedando completamente solo. Se abandona a sí
mismo, se atormenta, se confunde y se desespera. Quiere disfrutar de lo
que posee, sin trabajar por sus sueños. El verdadero abandono tiene
lugar cuando creemos en las fuerzas humanas. Eso obstaculiza cualquier
otra intervención.
Cuando cerramos
los ojos del alma, alejamos el pensamiento de la tribulación es
cuando la metafísica recobra su sentido, ahí, es cuando también
concebimos nuestro saber de la existencia del hombre. Cierto es, que todo
es realidad a su modo, pero antes hay que recorrer el camino del hacer
constructivo.
Dice Shelling:
«No existe un ser porque hay un pensar, sino que existe un pensar
porque hay un ser».
Eso significa que
somos dueños de la realidad de ese pensador, del “yo” porque nuestro
pensamiento nos pertenece y es el verdadero don universal.
Creemos que toda
realidad nos es conocida y no parece haber posibilidades para modificarla.
Sólo quién puede identificarse con ella, logra canalizar
sus latidos y compensar con justicia esta eterna lucha.
El verdadero anhelo
reside en lo ilimitado, en lo desconocido. Creemos que al estar intercomunicados
logramos juntar elementos más lejanos y acortar la distancia mínima
entre dos puntos.
Está claro,
que el camino del filosofar me ha llevado día tras día a
pensar que hay algo a nuestro alrededor que no está en orden.
El mal radica en
la insatisfacción. Ahí es donde yacen nuestros impulsos que
ganan en profundidad y en expansión.
Las pasiones, sólo
limitan y el ser queda en la oscuridad, en la nada.
Es grave el destino
de la existencia humana –afirma Spranger–. Todo el mundo quiere alcanzar
e ir en busca de su preciado tesoro, devorando si es preciso lo que haya
a su paso y considere una molestia en el logro de sus fines.
La verdadera ayuda
para superar estas caídas que sólo sirven para ir a ninguna
parte tendremos que aproximarnos a lo «metafísico» y
sobreponerse al pesado destino que llevamos sobre nuestra espalda y su
sufridora intimidad. La existencia de un medio natural en el que domine
lo espiritual es tan necesario como el aire para respirar. A veces nuestra
mirada huye ante tal observación y no la reconoce como propia.
Las normas que aseguran
una vida comunitaria y con las cuales colabora la humanidad son inservibles.
Ningún orden jurídico puede otorgar o retirar honor, sólo
lo logra a través de fuerzas peligrosas. A lo que se otorga verdadero
valor moral, es a una serie de normas privativas que se insertan en la
cultura y envuelven a la antigua moral. Con esto trato de aclarar que nuestra
realidad y nuestras normas difieren entre los pueblos que viven en la faz
de la tierra. Es en este momento cuando nuestro poder se va limitando.
El hombre no es el centro del mundo, sino el ser, que no entiende sobre
modas o nuevos modos de comportamiento, que no juzga los actos pero sí
los infravalora. Cuando las máquinas que alivian el trabajo de nuestro
cuerpo y nuestra mente y los descubrimiento e investigaciones de la ciencia
nos vuelvan presuntamente omnipotentes se olvidará el pensamiento
y el ser será encerrado en las sombras. Así la “tecné”
cohíbe la convivencia humana y la familia se torna inestable. Entonces
procuraremos alcanzar rendimientos materiales.
Las palabras serán
más humildes en contenido y dejará de madurar esta forma
de vida.
¿Es que
esta angustia puede ignorarse?. Cuando teorizamos, no transformamos. En
la gran urbe de Occidente no nos vemos unos a otros y este es el verdadero
drama, el cuarto oscuro del existir.
La “necesidad profunda”
establecida por Fromm demuestra el carácter maduro en todas las
formas de amor, para superar este estado. Cuando se ama, se hace desde
la esencia del ser por voluntad propia. «Amar no es un sentimiento
poderoso –es una decisión, un juicio, una promesa–»(4)
. Cuando amas a todos a través de una sola persona, te
amas a ti mismo y te reconcilias con el poder del alma.
Nuestro espíritu
insaciable vence ante la idea absoluta de perfección, ésa
sería nuestra primera conquista, si pudiéramos.
Si hay un común
denominador para todos los hombres es el de concebirnos como parte de la
Naturaleza Humana. Pero todas las facultades del alma están en conflicto
con las demás. Así se produce este “Estado Revolucionario”
en el que estamos, en el que creemos que toda acción contribuye
a nuestro bienestar. Realizamos la actividad que más fácil
nos resulta no aquella que nosotros deseamos, porque creemos no estar al
alcance de la misma.
¿Qué
hay más allá de lo físico?. Lo permanente, lo duradero:
nuestros orígenes.
El hombre es un
animal racional, pero inmaduro. Sloterdijk (2)
afirma que: (...) «una multitud vociferante sólo sirve para
constatar que también él es un ser humano». Lo cierto
es que este llanto insonoro, deshumaniza, porque es el hombre masa quien
se agita. Quién despierta y se atreve a escuchar trata de poner
fin a aquellos que desvelan su sueño, porque no soporta una visión
tan cruel.
Domesticar al hombre
es una utopía, reorientarlo es labor común.
En “Les novelles
maladies de l´âme” (3) de Julia
Kristeva se nos pregunta si tenemos alma. La respuesta es afirmativa porque
su enfermedad se agrava por momentos y no existe cura material para aliviarla.
Para la autora hay unos nuevos pacientes que se incorporan y van revelando
su identidad. Han traspasado la frontera de la ensoñación:
turbios deseos, narcisismo, dominio, soledad...convierten al ser en autómata.
¿Dónde
se encuentra el sueño congelado de la identidad?. Se anula al “yo”,
mediante el aislamiento, los sabios se ocultan en sus cavernas de ideas
y no salen a la luz para exponer las teorías que pueden salvar tanto
la identidad propia como la ajena.
Desde el punto de
vista estético, los ideales son los que convierten áridos
los desiertos en oasis. De ahí renace el concepto de virtud el último
y más depurado grado de perfección.
¡Qué
dichoso sería el mortal que pudiese contemplar lo bello sin mezcla,
en su pureza y sencillez, no revestido de carnes, de colores y adornos
humanos condenados a perecer sino frente a frente y bajo su forma única!.
(5)
Las grandes manifestaciones
de la vida residen en la experiencia que se manifiesta dispersa en los
demás seres y obedecen leyes superiores creados a escala de estos
seres.
La vida social en
ocasiones llega a esclavizar al ser, mientras la humanidad camina hacia
el ideal científico en toda su pureza, perdiéndose toda realidad
que lo comprometa. La nueva religión se expande y las revelaciones
son mínimas. Estamos en el siglo de los retrocesos, de la imperfección
e inmovilismo.
¿Qué
hay tras la conquista de un ideal?. La íntima convicción
que impone deberes más elevados que nosotros mismos.
¡Profunda
verdad que no deben olvidar los pueblos!. He ahí al ser infinito,
la luz del espíritu. Esta es la esfera de la imagen, la obra oculta
que el artista esconde en un rincón.
La herida abierta
de nuestra finitud, es la medida sencilla que nos indica señala
el enigma que somos para nosotros mismos. Nosotros somos la obra, la comprensión
estética del diálogo. La identidad es fruto del saber hermenéutico
del mediar con el otro. Reconocerse como obra, es contemplar.
Sobrevivir es situarse
en una bóveda palpitante desarraigada. No hay que temer a decepcionar
al otro para acomodarse a sus sueños, basta con evocar el recuerdo.
Para entrar en una
nueva dimensión hay que estar convencidos de nuestra libertad, del
sentimiento trágico que encierra nuestra concepción. Nuestra
condición de finitud engloba sentimientos de: temor, indiferencia,
esperanza...pero también sabiduría y humildad al reconocer
estos límites. Si en ese instante somos absorbidos por el AMOR,
comprenderemos que amar a un ser significa: tú no morirás.
Nuestro destino
es seguir la cruz del Norte, la tortuosa constelación, el silencio
de los vientos y conseguir que nuestras almas sean una república
de estrellas.
NOTAS.
1. Ibid. “Ética
a Nicomano”, Aristóteles
2. Ibid. pp. 34,
Sloterdijk
3. pp 17-18, Kristera
4. pp. 61, Fromm
5.Ibid Platón,
“El Banquete”
Bibliografía:
Jaspers, Karl «Filosofía
de la existencia». Ed. Planeta. (1985)
Spranger, Edward.
«Problemas humanos». Ed. Galaxia (1966)
Sloterdijk, Peter.
«Normas para el parque humano». Ed. Siruela.
Trigg, Roger. «Concepciones
de la naturaleza humana». Ed. Alianza.
Fromm, Erich. «El
arte de amar». Ed. Paidós.
Kristera, Julia.
«Las nuevas enfermedades del alma». Ed. Cátedra.
Maldonado T. «¿Qué
es intelectual?». Ed. Paidós.
Freud, Sigmund.
«El malestar en la cultura». Ed. Alianza.
Jaspers, Karl.
«Psychologie del Weltanschauungen» y «Die geistige
Situation del Zeit»
Hegel. «Philosophie
de L´Espirit». 2 vols. (1867-69)
BIOGRAFÍA
DE LA AUTORA:
Arantxa Serantes,
Ferrol, 1982. Estudiante de Humanidades en la Universidad de A Coruña.
Comenzó
a escribir esporádicamente en periódicos como La Voz de Galicia
y El Semanal a temprana edad.
Su primera publicación
de relevancia fue en El Ideal Gallego con un cuento que llevaba por título
“El navegante de sueños”. Continuó escribiendo en la prensa
en diarios como El Diario de Ferrol y A Nosa Terra. Posteriormente recibió
en su colegio tres premios literarios. Es coautora de un libro: “Deixade
que voe o Paporroibo que nos conte contos” publicado por una editorial
ortegana, colaborando con un relato llamado “Plenilunio”. También
ganó el primer certamen de narraciones juveniles Reconquista, en
Vigo (quedando como ganadora) y siendo convocado por el Seminario de Estudios
Vigueses. Posteriormente, dicha obra saldría a la luz en revistas
y anuarios con el nombre “No mar de Vigo”.
Desde su juventud
ha estado siempre en contacto con escritores consagrados que le ofrecieron
su apoyo y su amistad.
Colaboró
en “Polpa”, una publicación poética donde la palabra femenina
es la que cuenta, realizada por el colectivo Humilladoiro (A Coruña).
También La Voz de Ortigueira le publicó una poesía
que llevaba por título “A Rosa dos Ventos” dedicada a un amigo muy
querido por la autora.
Participó
en el proyecto “Relatos de Verán” en la Voz de Galicia donde se
publicó un relato titulado “Desde mi rincón” que forma parte
de un volumen por fascículos coleccionables. En la actualidad escribe
para El Diario de Ferrol, colaborando periódicamente.
A los 19 años
pronunció su primera conferencia en el Centro Cultural Carballo
Calero que llevaba por título: “Estudio crítico de la Carta
sobre el Humanismo de Heidegger”, donde pretendía aclarar y difundir
la tesis de este filósofo considerado uno de los más eminentes
del S.XX.
Colabora habitualmente
en la sección El Rincón del Poeta del portal de Humanidades:
www.liceus.com con una poesía que lleva por título “Así
habla la leyenda” y con un relato en la sección de El Cuentacuentos
que lleva por título “Ánima mundi”. También ha publicado
diversos trabjos de investigación en la sección del mismo
nombre.

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