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Roald Dahl 4/12
ISBN-84-9714-111-3
María González Carpintero
3º Filología Inglesa. Universidad Oviedo
 

No hay indicios de religiosidad en los escritos de Dahl y nadie diría que era creyente porque uno de sus primeros maestros (que ejercía su papel con una vara delgadísima en la mano) fue responsable de propinarle más de un castigo corporal. Lo cual dejó unas secuelas irremediables en la mente del joven, que contaba tan sólo con 10 años de edad. Dahl criticó en más de uno de sus libros, el hecho de que gente tan dañina y perversa como esta, tenga la posibilidad de llegar a puestos de poder y oprimir a todos los que estén bajo su yugo. Como este maestro que años después, se convierte en el Arzobispo de Canterbury (siendo el más alto mandatario de la Iglesia Anglicana después del monarca). Además la figura religiosa aparece satirizada en uno de sus libros póstumos The Vicar of Nibbleswicke, traducido al español como El Vicario que hablaba al revés. En esta obra tiene mucha relevancia el hecho de que el vicario sufra una variante rara de dislexia, denominada “Back to Front Dyslexia”, y que consiste en decir la palabra más importante de la frase al revés, así ‘God’ se convierte en dog, ‘gulp’ (trago) se convierte en plug (enchufar o enchufe), lo mismo ocurre con ‘sip’ (sorbo) que siguiendo el patrón, se convierte en pis (fonéticamente suena a piss).  Todo ello crea un ambiente de confusión y consternación en el entorno del vicario. La pena es que estos juegos de palabras están sujetos a la lengua inglesa, y a la hora de traducirlos a otras lenguas el texto original pierde su sentido cómico.

Mientras tanto a  otros niveles, en 1948 se le concede el Nobel de Literatura al poeta T.S. Eliot por su obra The Waste Land. Misma fecha en la que sale un juego que deleitará a más de un británico, el famoso Scrabble. Inventado por el arquitecto Alfred Mosher Butts, que sale primero a la venta en los Estados Unidos. En 1949 George Orwell alcanza un éxito de ventas en el Reino Unido con su novela 1984 , con la que advertía sobre los peligros del totalitarismo.

El choque de culturas a nivel social sirvió en más de una ocasión como génesis de sus libros en el que nos presenta elementos de escaso valor social contrastados por una cualidad supernatural y una grandeza innata. Él mismo afirmó en más de una ocasión que no hubiera sido capaz de escribir para niños sino hubiera tenido los suyos propios –“ Had I not children  of my own, I would have never written books for children, nor would I have been capable of doing so” con esto se nos manifiesta una vez más, el importante papel que desempeñan sus experiencias personales aplicadas en su trabajo.

Esto es muestra de que es imposible intentar situar a Dahl dentro de cualquier movimiento o tendencia literaria. Es cierto que sus obras poseían reflejos de algunos de sus escritores favoritos, pero el reflejo se quedaba en espejismo al ser superado por geniales argumentos. Además el éxito como escritor le vino de casualidad, fue elegido al azar para narrar historias donde demostró su cualidad innata para escribir relatosDahl poseía ese don natural para crear historias envolventes y sugerentes para el lector. Y aunque, muchos establezcan una comparación entre Dahl y Lewis Carroll (S.XIX), otros creen que este puede contraponerse perfectamente a Dahl en muchos aspectos.

Lo primero de todo sería el hecho de que los dos presentan dos concepciones distintas del humor porque Carroll representa el humor localista inglés, de difícil comprensión fuera del país, mientras que Dahl hace gala de un humor más asequible a todos, más internacional. Si hay un autor que ha marcado un hito dentro de la literatura infantil en lengua inglesa ha sido, Lewis Carroll (creador junto con Edward Lear de la literatura del absurdo ‘nonsense’). No podemos concebir ese tipo de literatura genuinamente británica, la mayor contribución del Reino Unido a la literatura infantil, si no tenemos en cuenta el humor. Lo que más divierte a los Ingleses son, precisamente, los juegos de palabras, los sinsentidos –nonsense-  acompañados de infantilismos …, elementos todos ellos que caracterizan este movimiento literario. Asimismo, nos encontramos con otros recursos humorísticos de los que se sirve el “nonsense”: distorsión, inversión o exageración de algunos aspectos del mundo real, asociaciones fortuitas de sonidos y rimas, de malentendidos, juegos de homonimia,  de perversas confusiones entre los sentidos figurados y literal de las palabras, etc. Tenemos que esperar hasta el siglo XX para encontrarnos a otro autor británico – Dahl - que haya tenido una repercusión mundial similar a la de Carroll, ya que sus obras se han traducido a casi todas las lenguas, sin desmerecer a otros autores ingleses de gran calidad literaria que han escrito para niños como: Beatrix Potter, E.Nesbit, J.M. Barrie, A.A. Milne, Mary Norton, Enid Blyton o Richmal Crompton.

Pero el estilo empleado por Dahl para acercarse al niño lector es bien distinto del que usan sus colegas. Sirva de ejemplo que en el Reino Unido muchas de sus obras han sido incluidas en la lista de lecturas obligatorias de la asignatura de Inglés, aprobada por el Gobierno británico en la década de los 90. Mientras que, en España en la guía de lecturas infantiles (hecha en el último mes del año 2000, bajo el sugerente título de LIBROS QUE HACEN LECTORES y disponible en todas las bibliotecas públicas del país) se incluyen cuatro de sus libros infantiles (se adjunta un ejemplar de esta en el apéndice), de los cuales tres están destacados como libros especialmente interesantes para animar a la lectura.

En 1980 aparece en uno de sus libros una referencia a la encuesta realizada por el ‘Sunday Times’ para conocer  los diez libros preferidos por los niños, cuyo resultado arrojaba que Charlie & the Chocolate Factory ocupaba el primer lugar en el ranking por delante de: Winnie-the-Pooh, The Lord of Rings y Alice’s Adventures in Worderland. Aunque la popularidad de una obra no debe ser el único factor que valide la calidad de la misma, si que es una clara muestra de las tendencias en los gustos infantiles.

Como bien dijo Ramón Gómez de la Serna: “el humorismo es una manera de comportarse, más que un género literario”, o lo que bien pensaba Robert Escarpit “el humor es un fenómeno complejo al mismo tiempo psicológico, estético y social”. 

Nada hay más característico de un pueblo que las distintas manifestaciones de su sentido del humor, y nada más escurridizo a la hora de definirlo y clasificarlo. 

El humor británico es una de las señas de identidad de este pueblo conformando lo que algunos han denominado la legendaria “flema británica”. “Los ingleses sólo se sienten ofendidos si les dicen que no tienen sentido del humor” (George Mikes: How to be an alien). El humor al ‘estilo británico’ es desconcertante para los latinos, que no tienen un sentido del humor tan fino como el de los habitantes del Reino Unido, y que prefieren chistes y circunstancias donde la comicidad evidente provoque risa. Por eso, la obra de Carroll no puede igualarse a la de Dahl, ya que el primero escribió su obra dotándola de ciertos patrones culturales ingleses que suponen un obstáculo para captar el carácter humorístico de este libro para  aquellos cuya lengua nativa no sea el inglés. Por ejemplo, si a un niño español se le explica detalladamente todas las alusiones a la cultura y folclore tradicional británico, éste llegará a comprender el texto en su totalidad, pero no será una fuente de humor espontánea porque  siempre requerirá la ayuda de un intermediario. Cosa curiosa que no ocurre en los libros de Dahl, porque lo que acaece en sus historias es de índole universal y además sabe arrancar la sonrisa fácil porque caricaturiza y describe de forma irónica  situaciones que podrían tener validez en cualquier país del mundo.

El mismo Roald Dahl, haciendo referencia a Alicia nos plantea su pensamiento acerca de esta obra diciendo: “lo que me molesta terriblemente es la gente que pretende escribir para niños, cuando realmente están intentando arrancar las risas de los adultos. Hay muchos de esta clase. Me niego a creer que Carroll escribió Alice para una niñita. Era demasiado complejo para ella” (Hunt, 1996).

Para concluir con este apartado, tan solo decir que pese a  la distinción clásica entre el humor lingüístico y el humor de situaciones o caracteres, a la que se adaptan Carroll y Dahl 
respectivamente, hay un punto de conexión donde ambas tendencias convergen, ya que a través del humor el niño lector puede desdramatizar una situación conflictiva, desmitificar una autoridad y resolver muchas tensiones con un efecto liberador. Y en ambos casos,  los dos emplean el humor como un recurso para vivir una realidad diferente.

Dahl podría estar influenciado por ese ‘nonsense’ que tan brillantemente usó O.Wilde para criticar la Sociedad Victoriana. Pero realmente podría decirse que Dahl tenía su propio estilo, creó una increíble formula para escribir como pocos antes. Los temas de sus libros para niños siempre causaban fascinación en ellos, por lo cual se sentían atraídos de inmediato por una historia maravillosa que tenía dosis de humor negro, el toque macabro y por supuesto sorprendentes  e insospechados finales.

A comienzos del S XIX, el Romanticismo y su exaltación del individuo favorecieron el auge de la fantasía. Numerosos autores buscaron en la literatura popular su fuente de inspiración y rastrearon en los lugares más remotos de sus respectivos países antiguas leyendas que recuperaron para los niños. Así surgieron a principios de este siglo grandes escritores que se convertirían con el paso de los años en clásicos de la literatura Infantil.  En 1904, James M. Barrie publicó en Londres uno de los cuentos más famosos del mundo Peter Pan, la historia del niño eterno, que no quiere crecer, habla con los animales, escucha a los elfos que viven en el parque y conoce el mundo secreto que se esconde tras la realidad.

Algunos libros han significado un punto de referencia fundamental, tanto para los adultos, como El Principito, 1943, de Antoine de Saint- Exupéry, el piloto francés que murió en acción durante la II Guerra Mundial y que supo crear un personaje fascinante y poético.

No podemos olvidar la tendencia antiautoritaria que se daba en los libros de Ch. Nöstingler en la década de los setenta porque Dahl ensalza el antiautoritarismo en cada uno de sus libros de maneras muy diversas. 

Los CUENTOS de Dahl son bastante diferentes como dice él mismo de la mayoría de sus contemporáneos. En primer lugar tenemos su teoría de la resistencia infantil al proceso civilizador y después algunas reglas y manías personales. Dahl no usaba la parafernalia clásica de los Cuentos de Hadas y detestaba las series. Pero a la hora de escribir una historia se sirve de algunos géneros literarios de la literatura infantil como la ficción, abundantes notas biográficas, la historia y otras manifestaciones literarias como fábulas, leyendas y cuentos tradicionales de transmisión oral. Dahl utiliza la cultura Noruega (folklore y leyendas) combinada perfectamente con rasgos típicos del Cuento tradicional (en este caso, la condición de perversas que tienen las brujas) y con algunas características de las fábulas (el protagonista es convertido en ratón y tiene facultades propias de un humano como poder hablar, ingrediente de toda fábula).

Según estos rasgos podría decirse que la obra infantil de Dahl se acerca más a la aproximación Poligenista del cuento porque muchos de sus relatos (en concreto el que voy a analizar en el siguiente capítulo: The Witches) podrían estar vinculados a leyendas y a narraciones basadas en mitología. Coincidiendo que, al igual que en estos cuentos poligenistas, los relatos de Dahl sorprenden al oyente con un metadiálogo de la historia que cuenta con estudios de leyendas en cuentos fabulosos sobre la Naturaleza, la superstición y el miedo.

Otro rasgo, que encuadra la obra infantil de Dahl en esta aproximación, es la aparición en sus historias de personajes con rasgos sociales afines al grupo que los escucha. Los protagonistas infantiles de sus obras están construidos bajo la reunión de varios valores con los que se pueden identificar muchos de sus lectores (analizado en el apartado del SÍMBOLO).