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El Real Minero de Nuestra Señora de Belén de los Asientos de Ibarra, 

SU HISTORIA

Por Ing. e Hist. José Jorge Esparza Osorio
Aguascalientes, México
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LA HISTORIA DEL REAL[1]

El Real Minero de Nuestra Señora de Belén de los Asientos de los Ibarra se localiza a 61 kms. al noreste de la ciudad de Aguascalientes capital.

Antiguamente la región de la Sierra de Asientos y Tepezalá fueron asentamientos irregulares de tribus chichimecas nómadas seguidores del clima, predominantemente guachichiles y tzacatecos, ya que ésta era la frontera entre ambas étnias que rivalizaban entre sí por los recursos naturales de la región.

En 1531, la región fue recorrida por la campaña expedicionaria con fines de exploración al mando del capitán español Pedro Alméndez Chirinos, quienes, ante el panorama tan desolador del semidesierto y la alta agresividad de sus pobladores, la subestimaron sin darse cuenta del alto potencial de su riqueza mineral y el grandioso futuro que les deparaba.

Por mera coincidencia, un aborigen le entregó a Juan de Tolosa una piedra brillante y al examinarla encontró que era plata de buena ley y fue a buscar su origen, encontrándolo el 8 de Septiembre de 1546 en el arroyo de la Plata, al pie del Cerro de la Bufa, fundando y construyendo el 20 de Enero de 1548, con la ayuda de Diego de Ibarra, Cristóbal de Oñate y Baltazar Temiño de Bañuelos, las famosas y ricas minas de Nuestra Señora de los Tzacatecas.

Después de la Guerra del Mixtón acaecida en diciembre de 1541, se otorgaron mercedes de tierra a los combatientes hispanos participantes en premio por los servicios de guerra prestados a la Corona Española, concediéndose grandes extensiones de tierra para su explotación agrícola, ganadera y minera.

A Juan de Tolosa y Diego de Ibarra se les concedieron mercedes de tierra cercanas al Presidio de la Ciénega Grande y en el Cuisillo, que formaban parte del Camino Real de la Plata, así como en la Sierra de Ibarra y Tepezalá, en donde realizaron exploraciones mineras con éxito, aunque con muestras minerales argentinas de baja ley.

Diego de Ibarra recibió una de sus primeras mercedes de tierra en la zona de la Sierra de Asientos y Tepezalá el 23 de Julio de 1548, en un lugar al que se le denominó “El Sitio de los Asientos”, agregándose posteriormente el posesivo “de los Ibarra” en franca alusión a su propietario primigenio, por lo que ésta fecha marca la fundación informal de “El Real Minero de los Asientos de Ibarra”.

Tanto Juan de Tolosa, como Cristóbal de Oñate y Diego de Ibarra exploraron y explotaron la zona con minerales de baja ley, pero aceptables por mucho tiempo, sorprendiéndole la muerte a Cristóbal de Oñate en el Real de Asientos de Pánico (Pánuco) el lunes 6 de Abril de 1567.

Éste hecho y los constantes ataques chichimecas a sus caravanas, obligaron a Juan de Tolosa y Diego de Ibarra a construir de su propio peculio, un presidio o fuerte para resguardarse en la parte alta del Cerro de las Manzanillas, desde donde se domina el extenso valle que lo rodea, incluyendo sus sitios mineros y el Camino de la Plata. Ésta fortaleza tomó el nombre de sus constructores y se fue modificando al paso de los tiempos tanto en sus construcción primigenia como en sus usos, ya que la zona se pacificó a través de acuerdos con los indígenas chichimecas a fines del siglo XVI, pero iniciándose la era del bandolerismo regional que llegó hasta finales del siglo XIX.

A la fecha, “El Presidio Tolosa – Ibarra Fundadores” todavía sobrevive y permanece impávido e imponente y se enorgullece altivo mostrándonos sus gruesos y altos muros de piedra centenarios.

Durante centuria y media estuvo siendo explorada y explotada por gambusinos que confiaban en “pegarle a la veta madre”, ocurriéndole ésto al minero asiduo Agustín Mejía a fines de 1699, quien bautiza y denuncia su hallazgo con el nombre de “La Mina Descubridora de la Limpia Concepción”, extendiéndose como reguero de pólvora por todo el nuevo reino español y en la península ibérica, la fiebre por el mineral de la plata, acudiendo gambusinos de todas las regiones a apoyar los trabajos de explotación o buscando por cuenta propia su propia mina.

El Capitán Don Gaspar Benito de Larrañaga y Lacarra aparece en 1706 como fiador del Capitán Geralda, en la compra a Doña Nicolasa Cortés y sus hijos de una parte de “La Mina de los Reyes”, y dado el incumplimiento de los pagos prometidos, en 1710 son demandados por los vendedores y tras la desaparición de Geralda, Larrañaga cubre lo demandado y va más allá, pues les compra el total de la mina.

En 1712 compra a los herederos de Agustín Mejía “la Mina Descubridora de la Limpia Concepción” y logra obtener grandes cantidades de mineral argentino de excelente ley, dando trabajo masivo a los mineros de la región e iniciando así el auge más portentoso de “El Real Minero de Nuestra Señora de Belén de los Asientos de Ibarra”, que fue de 1715 a 1730, construyendo bajo su peculio gran parte de las fincas del Real, así como la construcción de 1705 a 1715 del Templo de Nuestra Señora de Belén, por lo que se le adjetivó como el “Gran Benefactor de los Asientos, varón integérrimo, padre generoso, caballero sin médula, cristiano imponderable”, continuando su obra caritativa y constructiva a su muerte acaecida en 1715, su hijo adoptivo, Don Ignacio de Larrañaga.

Dada la alta escasez de agua en el Real de los Asientos, en 1712, Don Gaspar logra que la Corona Española les conceda en venta las tierras bajas de la Sierra, en los sitios de ganado mayor de la Hacienda Vieja de la Ciénega Grande (hoy Colonia Calles), propiedad del Capitán Felipe Alfonso de Sandoval, con quien negocian de manera ventajosa para todos y deciden fundar “El Nuevo Real Minero de San José de Linares”, dándose a la tarea de realizar su traza y repartir los solares para los mineros y pobladores del Real de los Asientos, construyendo en ella una hacienda de beneficio de plata, pero la muerte de Don Gaspar trunca la implementación de tan magnífico proyecto.

El Real de Asientos de Ibarra prontamente se pobló y se realizaron magníficas obras civiles y religiosas, en donde se asentaron familias de la Provincia de Santander, España, como la familia de la Puebla de Rubín de Celis, que llegaron poco después de 1702, y posteriormente la familia de la Gándara González y Cevallos, quienes emparentaron y fueron los abuelos de la 38ª. Virreina de la Nueva España, Doña María Francisca de la Gándara y Cardona, esposa que fue del 60º. Virrey Don Félix María Calleja, quien derrotó al Cura de Dolores, Don Miguel Hidalgo y Costilla en la Batalla de Aculco y en el Puente de Calderón después de la insurrección de Septiembre de 1810. Don Manuel Jerónimo de la Gándara y de la Puebla de Rubín, padre de la Virreina, nace en el Real de los Asientos de Ibarra el 6 de Febrero de 1746 y es bautizado el día 26 del mismo mes y año en el Templo de Nuestra Señora de Belén.

En el período de 1730 a 1732, Don Matías de la Mota Padilla, Alcalde Mayor de la Villa de las Aguascalientes, visitó en varias ocasiones el Real de los Asientos en donde erigió un pósito (Institución municipal, regulada estatalmente, muy importante en Castilla durante los siglos XVI-XVIII. Almacenaban grano para su venta a bajo costo durante la siembra y períodos de carestía)  y liberó a los indios del derecho al alhondinaje. Conocedor de la ingeniería de captación de aguas filtradas y pluviales, y ante los graves problemas que sufría la Villa de Aguascalientes por las epidemias a causa de la contaminación de las aguas que corrían a cielo abierto por la acequia del Ojocaliente y Texas, pidió la asesoría necesaria a los mineros de éste Real de los Asientos y a los jesuitas de la Hacienda Vieja de la Ciénega Grande, en donde se estaba construyendo una obra similar en otra de sus propiedades, en la Hacienda de San José de Cieneguillas, para llevar a cabo los trabajos de construcción de una red de túneles o acueductos subterráneos bajo la villa, - obra titánica - que aprovecharan las aguas filtradas en su interior y las captadas en bordos que se construyeron en las cuencas hidrológicas cercanas para aprovechar las escasas aguas pluviales y conducirlas hasta el centro de la población, utilizando la mano de obra de reos y presidiarios de la región.

Debido a varias causas internas y externas, la decadencia del Real de los Asientos se inicia en la primera mitad del siglo XIX, abandonando el lugar las familias que en él residían, dejando tras de sí un conjunto de ricas construcciones en acabados de cantera, fundiéndose gran parte de los ornamentos de los templos y repartiéndose las riqueza religiosas, siendo asolada posteriormente por bandas de bandoleros que sustrajeron ricos botines de los comercios, viviendas e iglesias.

Gran parte del arte escultórico, pictórico, ornamental, arquitectónico, etc. que se recabó en el Real Minero de Nuestra Señora de Belén de los Asientos de Ibarra lamentablemente se perdió ya por siempre por la irresponsabilidad de sus gentes, de sus custodios o simplemente por el implacable paso del tiempo.



[1] FUENTE: EL REAL MINERO DE NUESTRA SEÑORA DE BELÉN DE LOS ASIENTOS DE IBARRA. José Jorge Esparza Osorio. Obra Inédita. Aguascalientes. 2002.