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Hijo de hombre: primera visión de un espejismo.

Por : Alejandro Maciel. (*)

 

            Augusto Roa Bastos inició con el libro de relatos “El trueno entre las hojas” un lento proceso de reconstrucción interna de la ruinosa visión de un Paraguay que lo había expulsado de su paraíso, como el Adán castigado por el deseo de saber antes de terminar la tarea de nombrar el mundo. El árbol de la ciencia del bien y del mal ha sido la sociedad. En el marco de un sistema autocrático y canalla, como el de las distintas dictaduras que fustigaron la fe en el progreso de Latinoamérica a partir de la década del 30’ del pasado siglo, cualquier indagación en las profundidades resulta sospechosa, herética, malsana y peligrosa.

La dictadura del general Higinio Morínigo  se instaló en Paraguay en el año 1940 como gobierno provisional,  tras la muerte accidental del presidente, el general José Félix Estigarribia. El militar Higinio Morínigo tuvo como ministro “en sombras” y asesor ideológico a Natalicio González, autor de un libro de fuerte tonalidad nacionalista/fascista que apareció en 1938 con el título de “Proceso y formación de la cultura paraguaya”. Roa Bastos detectó el germen de un ‘fascismo criollo’ en dicha obra y esta crítica más su constante cuestionamiento al militarismo y las revoluciones domésticas entre los distintos mandos castrenses le mereció el primer exilio bajo el gobierno de Higinio Morínigo, en 1947.

Para comprender estas particularidades de Sudamérica y especialmente el Paraguay, bastaría repasar el listado de gobiernos entre 1936 y 1989.

1.- El 17 de febrero de 1936, una revolución militar derroca al gobierno constitucional de Eusebio Ayala. Asume el coronel Rafael Franco.

2.- Agosto 1937 un movimiento militar depone a Franco y asume el Dr. Félix Paiva.

3.-Agosto 1939 asume la presidencia el general José Félix Estigarribia, quien muere en un accidente aéreo en septiembre de 1940.

4.-Asume interinamente el general Higinio Morínigo, en octubre de 1940. Retrasa el llamado a elecciones y gobierna durante 8 años a pesar de ser un mandato provisorio.

5.-Junio de 1948 deponen a Morínigo y asume el Dr. Juan Manuel Frutos, interinamente.

6.- Agosto de 1948 asume Natalicio González.

7.- Febrero 1949 es depuesto Natalicio González y asume la presidencia el general Raimundo Rolón, quien gobierna sólo 26 días.

8.- Marzo 1949 asume el Dr. Felipe Molas López a quien obligan a renunciar en septiembre.

9.- Septiembre 1949 asume Federico Chávez.

10.- Mayo 1954 un pronunciamiento militar llevó al gobierno a Tomás Romero Pereira, quien convoca a elecciones en las que el único candidato fue el general Alfredo Stroessner.

11.-Alfredo Stroessner es reelecto sucesivamente en los periodos 1958-1963; 1963-1968; 1968-1973; 1973-1978; 1978-1983; 1983-1988; 1988-1993 último periodo que no pudo completar porque fue derrocado por su yerno, el general Andrés Rodríguez el 2 de febrero de 1989.

Comprender el Paraguay significa sumergirse en un mundo absolutamente cerrado a los demás, con un fuerte sentido de unidad y recelo hacia todo lo que implique cambio o alternativas. Esta “isla rodeada de tierra” como la llamó Rafael Barret está condenada por dos factores fundamentales: la mediterraneidad territorial y la ignorancia atávica de una cultura oral que no puede terminar de adaptarse a un mundo donde la letra domina el campo del conocimiento. Hay permanentemente dos fuerzas antagónicas en el país. El guaraní, idioma alítero y puramente oral frente al castellano con morfología, sintaxis, semántica y pragmática absolutamente diferente a la raíz de las lenguas guaraníes. Digo lenguas guaraníes porque si bien existiría una especie de tronco común, el habla guaraní tiene distintas formas idiomáticas y dialectales dentro del mismo territorio paraguayo. Para decirlo en forma más simple: la comunicación entre un mbyá y un ayoreo (dos parcialidades étnicas distribuidas por la Región Oriental) es casi tan difícil como la conversación entre un francés y un español.

La misma sociedad paraguaya vive en una suerte de división de clases, entre el campesinado (de economía agrícola minifundista) que se expresa íntegramente en guaraní desconociendo los elementos básicos del español, segundo idioma del país; otro  subgrupo es el de los aborígenes, abandonados y expropiados, mendicantes y marginales; una tercera población arraigada y con tradición ciudadana, conformada por funcionarios, empleados públicos, comerciantes y pequeños industriales que –dicho en términos del siglo XIX- conformarían la “burguesía urbanizada” y por último una gran mayoría de desarraigados que migraron desde sus pequeños asentamientos agrícolas del campo a los márgenes de las grandes ciudades: Asunción, Ciudad del Este, Encarnación y Villarrica. Esta masa creciente de analfabetos estructurales y funcionales, sin formación habilitante de ningún tipo, sin acceso a la información mínima, totalmente desinsertados del cuerpo social se agrupan en guetos cerrados, mantienen tradiciones rurales y al mismo tiempo adquieren algunos hábitos urbanos reinterpretados a través de esa forma especial de subcultura híbrida, que se expresa casi íntegramente en guaraní o jopará pero recibe información de la CNN. Vivir en Paraguay significa respirar continuamente los fuertes contrastes y tensiones entre lo antiguo y lo nuevo, entre formas sociales ritualizadas desde la colonia y posmodernas aspiraciones al título de Miss Paraguay para el Certamen de Miss Universo del próximo año, máxima aspiración de las adolescentes en ascenso social. Todas las ex Mis Paraguay se han casado con empresarios. Hasta la actual Primera Dama ha sido Miss Paraguay.

La crisis fundamental pasa por la educación en todos sus niveles. Todavía sigue vigente la observación que hiciera en el año 1868 el entonces cónsul británico, sir Richard Francis Burton cuando dijo que “Paraguay ilustra el axioma de que se puede aprender a leer, a escribir, sumar, restar, multiplicar y dividir y, sin embargo, no saber nada”, en otro apartado comenta: “la educación es totalmente estéril. Los únicos libros permitidos por la religión estatal, son ingenuas vidas de santos, algunos relatos autorizados por el gobierno y horrendas litografías, probablemente grabadas en piedra de Asunción”. Si comparamos estas pinceladas hechas al paso por un ojo extranjero con los resultados de la reciente encuesta de Rendimiento Académico publicadas por el Ministerio de Educación del Paraguay, año 2000, sobre 7871 estudiantes censados en todo el país en el tercer curso (fin del ciclo básico) vemos que el rendimiento en Lengua es del 46% , en Matemática del 44% y en Estudios Sociales (que involucra nociones de Geografía, Historia y Fundamentos Cívicos) sólo el 50% aprobó el mínimo establecido de conocimientos. No hay grandes diferencias en el rendimiento entre la enseñanza pública y la privada.

El horizonte socioeconómico se ve ensombrecido por la crisis regional de la que el Paraguay es una de las víctimas inexorables. Con pobre industrialización, una producción agropecuaria en retracción constante y grandes desniveles en la distribución de las rentas, el Paraguay, que depende en gran medida de suministros externos, sufre las consecuencias de los derrumbes de Argentina y los tambaleos del Brasil. El modelo impuesto en la región en la pasada década de los 80’ (llamada “década perdida”) de apertura y liberalización produjo fuertes impactos en la estabilidad laboral, privatizaciones de grandes empresas con despidos masivos que la magra competitividad y expansión del sector privado no pudo absorber. Este quiebre económico regional restringió o cerró los escasos mercados que tenía el Paraguay en el vecindario. Con este sombrío y pesimista panorama la sombra de los mesías políticos y dictadores militares vuelve a entusiasmar a una población desinformada, poco participativa y escéptica en materia política por la denigración de la clase dirigente después de escándalos de corrupción del manejo público, demagogia, mentiras y fraudes sistematizados.

Este árido papel de escritura tuvo que tomar Roa Bastos para escribir sobre él una novela absolutamente original y precursora. El desafío del bilingüismo (pensar en guaraní y hablar en español) lo plantea él mismo:

“Este discurso, este texto no escrito subyace en el universo lingüístico hispano-guaraní, escindido entre la escritura y la oralidad. Es un texto en que el escritor no piensa, pero que lo piensa a él. Esta presencia lingüística del guaraní en la escritura de la novela se impone desde la interioridad misma del mundo afectivo de los paraguayos. Plasma su expresión coloquial cotidiana, así como la expresión simbólica de su noción del mundo, de sus mitos sociales, de sus experiencias de vida individuales y colectivas”.

Roa ha dicho que HDH ha sido una tentativa de reflejar estos dos mundos coexistentes, el guaraní y el hispánico-europeo, primero por el camino de la aglutinación semántica pero que, no satisfecho, tuvo que rehacer la novela veinte años más tarde.

“Corregir y variar un libro ya publicado me pareció una aventura estimulante, porque el texto no cristaliza de una vez para siempre ni vegeta el sueño de las plantas. Un texto, si es vivo, crece y se modifica. Lo varía y reinventa el lector en cada lectura. Si hay creación, ésta es su ética” dice Roa en la Nota de Autor agregada en la edición de HDH de Editorial Alfaguara, en 1997.

Y después nos agrega una pista: el anciano Macario bajo la obsesiva fijeza de sus relatos, varía constantemente las voces y los sueños de la memoria colectiva, encarnados en ese diminuto cuerpo esquelético que puede caber, cuando lo entierran, en un ataúd infantil.

Vamos a tratar de acompañarnos en este recorrido por el mundo de HDH. La historia se inicia con la aparición fantasmal de Macario en medio de la siesta de verano, también fantasmal. El que nos la cuenta dice “Han pasado muchos años, pero de eso me acuerdo”. Resulta extraña esta historia que empieza recordando fantasmas. Es que todo Paraguay se había convertido en un fantasma polvoriento detrás de la dictadura de Gaspar Francia. Un país desconocido, cerrado como un puño, con apariencias de república, apariencias de organizaciones, remedos de instituciones. Solamente las vidas insignificantes de los pueblos mantenían sus automatismo, como Itapé[1], sus ritmos solares y lunares, interrumpidos de cuando en cuando  por el paso del tren. Lo demás es pasado. Itapé es un espejismo del pasado. Todo remite al pasado; y es un pasado doloroso, ominoso, lleno de heridas sin restañar porque sin la justicia, las heridas de cualquier sociedad permanecen abiertas y dolorosas. Esa agonía de años se había ritualizado, había terminado convirtiéndose en una liturgia de Viernes Santos, día de la pasión del Señor. Los itapeños volcaron en el Via Crucis de hace veinte siglos los dolores que arrastraron ayer. En esta nueva pasión hay un Cristo de madera, una víctima llamada Gaspar Mora, un artista leproso que acaba transformándose en su propia obra, una prostituta llamada María Rosa, que ama sin pedir nada a cambio como la Magdalena y un evangelista, Macario. Evangelista que termina siendo discípulo de esa fe profana junto con otros hombres del pueblo que había visto brillar la verdad en el corazón del muerto. Con Macario, la realidad retrocede hasta encontrarse con el prodigio de el astro que anuncia la desgracia. El cometa consigue trastornar los ciclos, la pesada carga del autoritarismo en la tierra encuentra un eco en el cielo: sobrevienen sequías, escasez, muerte. El artista muere abandonado pero deja un signo de redención en la talla del Cristo que encuentran en su choza. Deciden llevar la imagen al pueblo para instalarla en la parroquia pero el sacerdote y las autoridades se oponen. Cada cual usa su propio juicio: de Caifás a Pilatos todos repudian al Cristo sospechoso tallado por un impío que ni siquiera escuchaba misa. Se debate tres días con sus noches  en las que se gestiona la traición mientras los discípulos velan en la plaza.

Por último, Macario sueña que la cima del cerro de Itapé es el monte calvario para el Cristo y allá lo llevan mientras uno de los traidores se ahorca como Judas. Desde ese momento el Cristo es de todos. Desde cualquier sitio de Itapé se lo puede ver allá en lo alto, como un Dios que ha sido demasiado humano para merecer la gloria. Como un hijo de hombre.

Hay dos tiempos que corren paralelos: el tiempo del mito, de la pasión y muerte del Cristo nazareno y el tiempo de otro pasado, menos real, que sobrevive en el relato de Macario, el de la dictadura perpetua que recuerda demasiado dolorosamente la dictadura bajo la que escribe Roa Bastos esta magnífica y prodigiosa resurrección de la esperanza en medio de la miseria humana. 


 

Breve Biografía de Alejandro Maciel.

Medico psiquiatra nacido en Argentina e 1956. Es asistente-secretario y médico de Roa Bastos desde 1996. Ha publicado "El trueno entre las páginas" un libre de conversaciones con Roa, la parte argentina de "Los conjurados del Quilombo del Gran Chaco" Edit. Alfaguara, 2001. "Polisapo" un cuento infantil en colaboración con Roa (va por 3ra. edición) y "La Bruja de oro" una novela infantil de su autoría, va por 2da. edición. Ejerce el periodismo radial en Radio Ñandutí (la más importante del Paraguay) en el programa Casa Abierta bajo su dirección 3 horas los días sábados y en una columna del Diario "Noticias" de Asunción.

El presente trabajo sobre "Hijo de hombre" de Augusto Roa Bastos,  es una serie de disertaciones que desarrolló en febrero de este año en Francia.

 

[1] Itapé puede traducirse como “camino de piedras”.