- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus
 
 
 

 

Antonio Martín Jordán

PRERROMÁNICO EN VALLADOLID

 


Tres joyas tiene Valladolid escondidas en sus planos y abiertos campos. Tres joyas sencillas, austeras, más viejas que la misma Castilla, de muros gruesos, que dan testimonio de la fortaleza en la fe y perseverancia en las raíces. Joyas arquitectónicas que constituyen un orgullo para Valladolid, ya que forman parte del más importante patrimonio del arte hispánico.

La historia es muy remota y se asienta a principios del siglo X. Por aquel entonces, la Península estaba dominada en la mayor parte de su territorio por los musulmanes, que comenzaron a invadirla por el sur desde el 711. Alrededor del año 900, los rebeldes cristianos del norte, que se constituyeron en el reino astur, fueron ganando terreno a los primeros, llegando hasta las márgenes del río Duero, lo que constituye hoy el norte castellano.

Hasta entonces, la capital de este reino cristiano astur estaba situada en Oviedo. Con García, sucesor de Alfonso III, se traslada la corte a León, convirtiéndose esta ciudad en la nueva capital del reino cristiano septentrional. A este traslado de la capitalidad, van anexas una serie de medidas que tratarán de repoblar, cristianizar y colonizar el Valle del Duero. 

Esto trajo como consecuencia una organización política y económica del territorio, a la que va unida su plasmación material, no exenta de su carga ideológica como es el arte de aquel momento y en concreto de la arquitectura.

Lo que resulta clave para entender la arquitectura de la época a la que nos estamos refiriendo, es el estudio y la comprensión de la ideología que los nuevos pobladores ribereños trajeron consigo. Los pueblos procedentes del reino astur se consideraban a sí mismos herederos directos de los visigodos, quienes fueron invadidos por los musulmanes. Se veían como los únicos capaces de restaurar las viejas costumbres de los cristianos que habitaron la Península antes de la invasión del Islam. Por tanto, se puede considerar que su arte es heredero directo de la tradición preislámica, representando así un neovisigotismo no exento de las novedades aportadas por el arte asturiano, que también refleja la identificación con el arte visigodo.

No debemos olvidar además, ya que es un hecho clave e importante que ha dado pie a profundizar en los estudios sobre el prerrománico hispánico, la existencia de cristianos dentro del territorio ocupado por los musulmanes y que constituyeron un ejemplo de perseverancia en la fe cristiana durante el dominio musulmán, que no siempre llevó a cabo la tolerancia para con estos cristianos herederos del reino visigodo. Estos cristianos que habitaban dentro del dominio musulmán eran llamados mozárabes. Su ideal y deseo de restaurar las costumbres visigóticas en la Península les llevaron a unirse con los cristianos del norte, que no habían sido invadidos. Como consecuencia de ello, muchos de estos mozárabes emigraron hacia las nuevas tierras conquistadas por sus colegas norteños (la mayoría de ellos comunidades monásticas) para disfrutar de su libertad de culto y colaborar con los astures en la repoblación del Valle del Duero.

Estos deseos, por parte de los dos “frentes” cristianos, se hicieron realidad y tuvieron su plasmación material en la arquitectura de una serie de edificios religiosos, que han llegado hasta nuestros días y que se sitúan en las márgenes del río Duero, a lo largo de su curso por varias provincias del norte castellano. No obstante, nos ceñiremos a Valladolid, territorio que también tiene el orgullo de albergar tres de los mejores ejemplos de la arquitectura hispánica de repoblación, de los cuales hablaremos más adelante.

Desde que en 1919 Manuel Gómez Moreno, publicara sus Iglesias Mozárabes, ha sido así como se ha venido denominando este tipo de manifestaciones artísticas a las que nos estamos refiriendo. Fue en 1963 cuando Camón Aznar planteó la doble posibilidad de denominar a este tipo de construcciones del siglo X como arquitectura de la repoblación y mozárabe. Habrá que esperar a los años 70, cuando Isidro Bango Torviso descarte la denominación de mozárabe aplicada a este tipo de arquitectura. Hoy en día, muchos historiadores aceptan ya esta hipótesis, sin embargo hay quienes, por comodidad o falta de compromiso en el estudio de este aspecto, siguen denominándolo como lo hizo Gómez Moreno.

No puede ser atribuida la manufactura de este tipo de edificios a manos exclusivamente mozárabes. Los mozárabes que emigraron de sur a norte en la Península durante el siglo X eran en su mayoría comunidades monásticas. Fue la tradición del norte unida al intento restaurador neovisigótico quienes dieron forma a estas construcciones del Valle del Duero, de ahí que los historiadores actuales sean partidarios de denominar este tipo de arquitectura como de la repoblación del siglo X. Además, si en alguna ocasión pudiera atribuirse una de estas obras a manos directas de los mozárabes, no podría ponerse en duda el afán restaurador del neovisigotismo que ellos mismos también encarnaban. Un ejemplo de ello es el rito aplicado a la liturgia eucarística, siguiendo la tradición visigoda, que aun hoy día viene denominándose rito mozárabe, si bien no es exclusivamente de ellos, sino que arraiga de la tradición católica visigoda.

Erróneamente se ha querido ver una influencia del arte musulmán traído por los mozárabes del sur y aportado en los edificios que vamos a analizar. Ante dicha afirmación no debemos olvidar que los mozárabes, por lo dicho anteriormente, estaban lejos de querer asimilar lo aportado por un pueblo considerado opresor. Aunque ello hubiera sido así, no debemos olvidar que el arte califal es una recreación del arte visigodo que los invasores encontraron en la tierra invadida. Si acaso existe alguna influencia por parte de los musulmanes sobre esta arquitectura castellana, ha de considerarse meramente superficial, ya que no afecta a la principal estructura e idea del edificio, la cual se ajusta a los dictados del neovisigotismo.

En la provincia de Valladolid encontramos tres hermosos y famosísimos ejemplos, no lejos de la capital: San Cebrián de Mazote, San Román de Hornija y Santa María de Wamba.

Desde la A-6, habiendo dejado atrás Tordesillas, existe un desvío hacia la localidad vallisoletana de San Cebrián de Mazote. En ella encontramos la vieja iglesia de San Cebrián o San Cipriano, una de las más hermosas de la arquitectura de la repoblación del siglo X, cuya diafanidad y orientalismo recogido de la tradición bizantina, la asemejan con su contemporánea de San Miguel de la Escalada en León. Se sabe que antes del 952 habitaron en ella monjes procedentes de Córdoba, de manera provisional, hasta fundar el monasterio de San Martín de Castañeda.

La planta presenta una cabecera dividida en tres estancias, de las cuales, la central presenta forma de arco de herradura, como en Escalada, mientras que las laterales son cuadradas. Los transeptos aparecen rematados en curva, mientras que la nave queda dividida en tres partes a través de columnas que sustentan arcos de herradura de evidente tradición visigoda. Lo más peculiar de este templo quizá sea el ábside de los pies que, aunque de mayores dimensiones que el de la cabecera, también presenta en su planta un arco de herradura. Esta manera de contraabsidar la iglesia arraiga de los templos martiriales del siglo VI y, aunque en este caso se desconoce su función, también aparece en Santiago de Peñalba (León). Uno de los aspectos más llamativos de este templo es la riqueza de mármoles y capiteles con que aparece decorada, fruto del reaprovechamiento de material romano y visigodo existente en la zona. Los capiteles que se elaboraron expresamente para la construcción de esta iglesia muestran gran similitud con su contemporánea de San Román de Hornija.

Dentro de la provincia de Valladolid pero no muy lejos de Toro (Zamora), existe una pequeña localidad bañada por el río Hornija, donde encontramos la iglesia de San Román. De ella, lo que más destaca es su historia y la decoración conservada en muchos de los capiteles, ya que de la obra original del  siglo X es poco lo que se conserva.

Fue en esta ciudad donde el rey Chindasvinto falleció y fue enterrado en una iglesia que él mismo mandó construir y cuyos restos se veneraron aquí hasta el siglo XVI, época en que fue transformada. La mayoría de sus elementos, fruto de la restauración llevada a cabo en la primera mitad del siglo X, según Fontaine, aparecen dispersos por edificios anexos a la iglesia  y constituyen un grupo de dieciséis capiteles cuya decoración se ubica dentro de la serie leonesa de tradición bizantina (transmitida, ésta por la cultura preislámica peninsular), además de otros elementos que hoy día aparecen reaprovechados. 

Volviendo a las cercanías de la capital y partiendo de ella por la N-601, hacia Villanubla, nos dirigimos hacia el oeste desde esta localidad para llegar a Wamba, localidad que toma el nombre del rey visigodo que fue elegido en este mismo lugar, en contra de sus propios principios, tras la muerte de Recesvinto. Esta iglesia fue elegida por el obispo Fruminio de León como lugar de retiro espiritual. De la época del siglo X encontramos su cabecera, el muro norte y gran parte del muro sur, además de otros elementos arquitectónicos del interior, muy en sintonía todos ellos con Santa María de Lebeña. Al igual que en esta última, se puede apreciar con evidencia la influencia del arte asturiano, de modo particular en la volumetría del edificio. También se trata en este caso del fruto de la restauración de una iglesia visigoda que existía anteriormente, por los restos decorativos encontrados en ella. Decoración, arcos de herradura y disposición perimetral nos dan idea de que se trata de un nuevo intento material de restaurar las formas visigodas y neovisigodas asturianas, frente a lo que tradicionalmente se ha querido ver como un resultado de la influencia califal. De nuevo en Wamba encontramos un ejemplo de triple cabecera, que no olvida la tradición preislámica hispánica. Uno de los aspectos más destacados de este templo son los restos de pintura mural, raros por su escasa presencia en esta época y lugar.

Desde luego, no solo la fama y el renombre de estas iglesias prerrománicas, ni el misterio que aun encierran por su peculiaridad y distancia en el tiempo son motivos suficientes para recorrer este fácil itinerario de la provincia de Valladolid, sino la belleza que a modo de breves pinceladas intuyen estos edificios de gran fuerza espiritual, capaz de sobrevivir al tiempo y a las transformaciones sufridas por los mismos. Merece la pena conocer la capital de Valladolid, pero sería imperdonable marcharse sin visitar los tesoros de su provincia, unos tesoros de los cuales no se puede hablar sin olvidar los contemporáneos de sus provincias aledañas, ya que todos ellos pertenecen a un patrimonio común: el de la arquitectura hispánica.