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Osorio Díaz de Saldaña: un conde leonés en la Galicia del siglo X[1].
Carlos Andrés González Paz
Instituto de Estudios Gallegos ‘Padre Sarmiento’
(CSIC – Xunta de Galicia)


Si tuviéramos que definir en unos pocos rasgos las características que definieran mejor la Galicia del siglo X destacaríamos indudablemente dos: el cambio y la conflictividad generada por éste. 

La sociedad, la organización territorial y el poder son tres elementos que sufrirán profundos cambios en esta época, cambios que por su misma naturaleza serán generadores de violencia, violencia que se materializa a través de la actuación de los que defienden o están en contra de las citadas transformaciones, sobre todo a nivel político-institucional.

Cuando menos desde el reinado de Alfonso II (791-842), la monarquía astur-leonesa iniciará un proceso destinado a intentar asentarse, definirse y consolidarse dentro de la organización territorial y de poder del reino, para lo que contarán con la ayuda de ciertos sectores de la aristocracia casi siempre más próxima a la Curia Regia, y con  la oposición de aquellos que consideran que este proceso de afianzamiento de la monarquía iba en detrimento del propio y tradicional poder que estaban acostumbrados a ejercer en sus particulares dominios. Por esta razón, los monarcas tendrán continuamente que hacer frente a alzamientos de miembros descontentos de esta nobleza territorial[2].

Esta situación de tensión entre la monarquía leonesa y la nobleza de los distintos territorios aumentará muy significativamente en dicho siglo X, sobre todo después de la muerte del rey Alfonso III (año 910), por la existencia de una serie de monarcas débiles y de una serie de linajes muy influyentes no solo en sus respectivos territorios sino que a través de alianzas, muchas veces sancionadas con matrimonios entre representantes de ambas estirpes, conseguirán ir tejiendo una red de solidaridades a lo largo y ancho del reino.

En este sistema de poder basado en el contrapeso de poderes entre el rey y esta levantisca nobleza, surge en la segunda mitad del siglo X la figura del conde Osorio Díaz de Saldaña, perteneciente al poderoso linaje de los Beni Gómez, asentados en tierras de Saldaña, en las riberas del río Carrión, en la actual provincia de Palencia.

Como hemos dicho, en este período nos encontramos que el trono es ocupado por monarcas aparentemente débiles que se encontrarán con dos problemas incesantes: la amenaza musulmana y, a veces vinculada a ésta, la presión ejercida en el interior por ciertos sectores contrarios, por ejemplo, a la consolidación del papel y poder de la monarquía o insatisfechos con el reparto, que se realiza desde la Corte, de prerrogativas, dignidades o propiedades en el avance de la reconquista.

Desde el fallecimiento del rey Ramiro II en el año 951, se suceden una serie de monarcas cuyo reinado se puede definir como de constante lucha o bien con los musulmanes, o bien con sectores de la nobleza interior o, en la mayor parte de los casos, con ambas amenazas.

El primero de este listado es Ordoño III (951-956), primogénito de Ramiro II, pero que no contó con las mismas dotes de gobierno que su padre. Su hermanastro Sancho intentó destronarle con el apoyo de su tío García Sánchez de Pamplona y del conde castellano Fernán González. Cuando las huestes de su hermanastro se acercaban a la capital del reino, a León, Ordoño III salió a su encuentro y los derrotó, sometiendo temporalmente al conde castellano.

Con todo ésta no fue la última vez que este monarca tuvo que enfrentarse con sectores de la nobleza de su reino, pues a los pocos años tuvo que hacer frente a un nuevo alzamiento esta vez en territorio galaico consiguiendo, parafraseando al cronista Sampiro, dominar Galicia, aunque sólo temporalmente.

Por lo que respecta a la amenaza musulmana, durante todo su reinado fueron constantes las campañas de las tropas muslimes en tierras galaicas y castellanas, siendo este un periodo que durará hasta los primeros años del siglo XI, de verdadero dominio del poder califal en la Península Ibérica, un poder al que no dudarán en acudir los cristianos, monarcas o nobles, en búsqueda de ayuda.

Al morir Ordoño III, lo sucedió su hermanastro Sancho I (956-958 y 960-966), impidiendo así que el hijo de Ordoño, el futuro Vermudo II, un niño que algunos consideraban ilegítimo, ocupase el trono. La debilidad de la monarquía tendió a convertirse en un elemento definidor de su reinado, situación ésta continuamente aprovechada por los distintos bandos nobiliarios para intentar imponer sus particulares reglas del juego.

El primero de los alzamientos tuvo lugar aprovechando un viaje del rey a Pamplona, momento en el que el conde castellano Fernán González consigue que un importante sector nobiliar, rescatando una tradicional visión electiva de la antigua monarquía no sólo asturiana, sino también visigoda,  proclame como monarca a Ordoño IV, hijo de Alfonso Fróilaz, quien sólo reinaría entre los años 958 y 960, periodo en el que tuvo que hacer frente a una coalición entre las tropas cordobesas y varios nobles cristianos que habían acudido a Córdoba a solicitar la ayuda del califa para derrocar al rey.

Mientras esto sucedía, el rey Sancho I, acompañado de su abuela, la reina Toda de Navarra, acudió también a la corte del califa para solicitarle ayuda para recuperar el trono. El califa, jugando a ser verdadero árbitro de la situación política hispana, le cedió parte de su ejército que unió a sus tropas, consiguiendo así recuperar el trono leonés. El rey Ordoño IV, derrotado, acabó sus días exiliado en la corte califal.

Una vez de regreso en el trono, Sancho I incumplió lo prometido al califa, respondiendo éste con una serie de ataques a las fronteras cristianas. Aprovechando esta coyuntura, se produce el alzamiento de una parte importante de la nobleza galaica, alzamiento que será reprimido por el monarca, encarcelando a sus cabecillas que se ven privados, algunos sólo temporalmente, de todo beneficio y poder. La respuesta de la nobleza, sobre todo, de la nobleza portucalense, no se hizo esperar, y el conde Gonzalo Menéndez, verdadero instigador de la revuelta y siempre según la tradición, consigue envenenar al monarca, muriendo éste de regreso a León.

Ante el vacío de poder causado por la muerte de Sancho I, fue declarado heredero del trono su hijo Ramiro III (966-984), un niño de cinco años que quedaba bajo la tutela de su tía Elvira. Esta elección provocaba una situación que rompía con la tradición monárquica leonesa, sobre todo por el hecho de declarar a un niño de corta edad como monarca efectivo y electivo, situado bajo la tutela de una persona de sexo femenino, además, que actuaba legalmente como regente. Esta situación provocó la respuesta violenta de un sector de la nobleza galaica que intentará, con el apoyo del califa cordobés, al-Hakam, deponer a Ramiro III.

En los primeros años de su reinado, gracias a la actividad de la regente, un grupo nobiliar galaico, formado por los Menéndez, los Aloitiz y los Osóriz, emparentados entre ellos, consiguen acumular mucho poder al estar cerca del monarca[3]. De esta época nos encontramos donaciones regias de importancia a monasterios como el lucense de San Salvador de Lourenzá; el orensano de San Salvador de Celanova o el coruñés de San Salvador de Sobrado dos Monxes.

También si algo caracteriza su reinado es la debilidad frente a los enemigos externos, principalmente normandos y musulmanes e internos, principalmente algunos miembros de las familias comentadas, asentados principalmente en el territorio portucalense, que se sentían especialmente damnificados por las relaciones tirantes entre el monarca leonés y el califa cordobés. Por esta razón, algunos nobles portucalenses como Gonzalo Menéndez y Rodrigo Velázquez, entre los años 971 y 973, envían embajadas propias ante el califa para conseguir la seguridad de sus territorios y la ayuda contra el rey Ramiro III.

Paralelamente a esta situación, y a causa de la muerte de la regente Elvira y la asunción de esta regencia por la madre del monarca, Teresa, se produce lentamente la ascensión del linaje castellano de los Ansúrez, cuya toma de protagonismo será proporcional a la pérdida del mismo por parte de los principales linajes galaicos, especialmente tras la muerte en el año 977 de Rosendo Gutiérrez, más conocido como San Rosendo.

La insatisfacción provocada por esta situación entre varios miembros de dichos linajes provocó de nuevo un alzamiento en Galicia cuya manifestación más evidente fue la coronación de Vermudo, el hijo de Ordoño III, como rey, en el año 982 y en la catedral compostelana. Ramiro III responde con la organización de un ejército que dirige hacia Galicia, enfrentándose con los fieles a Vermudo II cerca de Monterroso. Este supuso el principio del fin del monarca leonés quien abandona el trono en favor de su primo Vermudo II en el año 984, refugiándose en Astorga donde morirá al año siguiente.

Con Vermudo II en el trono la nobleza galaica más poderosa, emparentada con los más influyentes linajes castellano-leoneses, pensó que volvería a adquirir la relevancia que había tenido en el pasado y así fue durante los primeros años, pasando después a un segundo plano debido al intento de Vermudo II de controlar todos los resortes de poder del reino (por ejemplo, entrega cargos muy importantes de la administración civil a miembros de familias segundonas fieles o crea sedes episcopales nuevas a cuya cabeza sitúa a personas muy allegadas al igual que en las sedes episcopales que van quedando vacantes) y crear una monarquía fuerte[4].

Este comportamiento será entendido por un sector de la nobleza galaica y por sus aliados castellano-leoneses, como una verdadera afrenta y como causa para una nueva revuelta, en la que adquirirá una relevancia singular el conde Osorio Díaz de Saldaña.

Este conde era hijo de Diego Muñoz (muerto hacia 951), conde de Saldaña, y de su esposa Tegridia[5]. Tuvo varios hermanos entre los que sobresalen el conde Gómez Díaz, sucesor en la línea condal de Saldaña,  casado con Mummadomna Fernández, hija del conde castellano Fernán González, y el conde Fernando Díaz, casado con la hija del conde Fáfila Oláliz, señor de Tierra de Campos. Entre sus hermanas destacará la condesa Elvira Díaz, casada con Fernando Vermúdez, primogénito de la casa condal de Cea[6].

Como vemos, tanto Diego Muñoz como su hijo Gómez Díaz, condes titulares de Saldaña, supieron utilizar al resto de miembros de su familia para emparentar con significativos miembros de otras poderosas casas condales castellano-leonesas, aunque desde muy pronto demostraron también mucho interés por emparentar con la nobleza galaico-portucalense, cuya influencia seguía siendo considerable. Ese era el destino de Osorio Díaz, pues emparentó con Sancha Sánchez[7], miembro del linaje de los Osóriz, nieta del conde Froila Gutiérrez y, por lo tanto, sobrina-nieta del rey Ramiro II y de los condes Osorio, Suero y Rodrigo Gutiérrez; además de ser prima, por ejemplo, de San Rosendo. De esta forma la casa condal de Saldaña emparentaba con las principales casas condales del norte y sur del río Miño[8].

Su vida, desde el momento de su matrimonio, se dividirá entre sus actuaciones dentro de su linaje de origen, los Beni Gómez y su actividad como nuevo miembro del linaje galaico de los Osóriz.

Su primera aparición documentada corresponde al año 976, concretamente a un documento datado el 11 de mayo de ese año en el que el conde Osorio Díaz de Saldaña aparece como testigo en la confirmación del testamento de Ansur[9] que el rey Ramiro III realizó en favor del monasterio de Sahagún[10]. La vinculación de la casa condal de Saldaña con este monasterio se encuentra registrada ya desde la época de su padre, Diego Muñoz, quien realizó una serie de ventas y donaciones a su favor[11]

Algo más de un año después, concretamente el 16 de junio del año 977, de nuevo aparece confirmando un documento al lado de otros miembros de su familia. Se trata de una donación al monasterio de Sahagún en la que se le confirma la posesión del monasterio de San Andrés de León, con la iglesia de los santos Justo y Pastor, en las afueras de la ciudad leonesa, y varias tierras y viñas dependientes de él[12]

Poco tiempo después, el 23 de abril del año 978, Osorio Díaz de Saldaña de nuevo aparece como confirmante de un acto de disposición del monarca leonés hacia el monasterio de Sahagún. Se trata de la devolución a este monasterio de la Villa de Furakasas que había sido usurpada por Fernando Ansúrez, y le otorga el dominio sobre sus habitantes, los cuales no podrán abandonar dicha villa a no ser dejando sus heredades al monasterio[13].

El 19 de mayo del año 980 aparece acompañando a destacados miembros de su familia, como confirmante, en la donación de la villa de Ripa Rubia en territorio de Cea, realizada por el rey Ramiro III en favor del monasterio de Sahagún[14].

Hay que señalar como un rasgo muy significativo la aparición de este conde confirmando importantes donaciones del monarca Ramiro III a favor del monasterio de Sahagún y la causa de esta proximidad al monarca es el hecho de que estaba emparentado con él pues su sobrina Sancha Gómez, hija de Gómez Díaz de Saldaña y Muniadomna Fernández de Castilla, estaba casada con este rey[15].

Del año 986, concretamente del 1 de septiembre, se conserva un nuevo documento de carácter familiar otorgado por este magnate. Se trata de la donación al monasterio de Sahagún de, entre otras, la villa de Arcello, en la que ya se refiere al hecho de la muerte de su esposa, Sancha Sánchez[16].

                Tan solo unos días más tarde, el 27 de noviembre, Osorio Díaz de Saldaña aparece como confirmante de una donación de su hermana Guntroda Díaz y su esposo Ablavel Godestoiz al monasterio de Sahagún de una serie de villas, entre ellas, la de Manzules, cerca del actual Mayorga[17].

            Por último, quizás la última noticia documental que disponemos en vida de este conde tiene fecha del 5 de diciembre del año 986. En esta fecha aparece como confirmante en una donación de Elvira al monasterio de Sahagún de la villa de Galeguillos, junto al río Cea, y la de Santa Angracia en el Sequillo y ocho viñas en Quintanilla[18].

Todo este conjunto de donaciones del año 986 se enmarcan en una época en la que los Beni Gómez intentan tomar las riendas del poder en el reino leonés contra el rey Vermudo II, con el apoyo de ciertos sectores de la nobleza galaico-portucalense, sobre todos aquellos miembros que tenían propiedades en el actual territorio del sur de Galicia y en el norte de Portugal y contaban con el respaldo de las tropas califales.

Este sector nobiliar, que había sido el soporte para la llegada del rey Vermudo II al poder, ahora se sienten decepcionados principalmente por dos circunstancias:

§         Por la política desarrollada por el monarca consistente en la concentración de poder en torno a su persona. El rey intenta dotar de una nueva dimensión a la monarquía leonesa, situándose por encima y diferenciándose, incluso, de la alta aristocracia territorial sobre la que anteriormente se había apoyado.

§         Por la ruptura de la tregua con el califa, que supuso la ruptura de bastantes de los acuerdos previamente suscritos, con carácter particular, entre muchos de estos aristócratas y el califato. El nuevo estado de confrontación con el poderoso califato cordobés supondrá la existencia de un estado casi perenne de ataques y razzias musulmanas sobre todo en los territorios más próximos al territorio comprendido entre el Duero y el Miño. Así, muchos nobles galaico-portucalenses verán como sus propiedades son devastadas por los ejércitos muslimes, sin que el rey Vermudo II responda.

Esta situación provocó el alzamiento de, por lo menos, el linaje de los Beni Gómez, que contó el apoyo de ciertos sectores de las principales familias aristocráticas galaico-portucalenses y de las tropas musulmanas mandadas por Almanzor.

En el año 985 penetran las tropas musulmanas en el reino leonés y en el año 986, con la aquiescencia de los Beni Gómez, a cuya cabeza aparece ya el conde García Gómez de Saldaña, hijo del conde Gómez Díaz, atacan la ciudad de León. Dos años más tarde, en el año 988, aprovechando la presencia del monarca en tierras galaicas, García Gómez de Saldaña, acompañado de gran parte de sus parientes, entre los que suponemos iría el conde Osorio Díaz, toma el poder aunque sólo temporalmente, ya que al año siguiente, seguramente en su primera mitad, el rey Vermudo II recupera el trono.

Poco después el conde García Gómez volvió a intentarlo. Aprovechando de nuevo la ayuda de las tropas musulmanas, consigue de nuevo hacerse con el control simbólico del reino al ocupar su capital. En esta ocasión parece más segura la participación del conde Osorio Díaz de Saldaña en esta segunda rebelión[19]. Con todo, esta situación durará unos pocos meses ya que a mediados del año 989 de nuevo aparece el rey Vermudo II ocupando el trono.

Por lo menos en otra ocasión nuestro conde participará en un alzamiento contra este monarca. En el año 991 se produce un alzamiento contra el rey provocado por el hecho del repudia de su esposa, la reina Velasquita Ramírez, revuelta protagonizada por Gonzalo Vermúdez y dos miembros del linaje de los Beni Gómez, parientes de Osorio Díaz, Pelayo Rodríguez y Munio Fernández. Todo parece indicar que en esta ocasión el conde Osorio Díaz de Saldaña participó en dicha revuelta desde sus tierras galaicas, situadas la mayor parte en los alrededores de Celanova, lo que le supuso, una vez sofocada la revuelta, el exilio cordobés y la confiscación de sus bienes. El conde Osorio Díaz de Saldaña vio como una parte de sus bienes en territorio galaico pasaban a manos de aquellos nobles que había permanecido fieles al monarca [20].

Así el 1 de noviembre del año 996 el rey le dona al abad del monasterio de Celanova y al eremita Diego, el monasterio de San Pedro de Rocas que había pertenecido al conde Froila Gutiérrez y a su esposa Flámula, abuelos maternos de Sancha Sánchez, esposa de Osorio Díaz de Saldaña, en quien habían recalado estos bienes en virtud de su matrimonio: “...per scripturis autem prenotatis quicquid stipendia abebant in omniam, tam cibaria quam bibendum, in noticiis transducto tempore migrarunt ipsi comites Froila et Flamule, ad cuius successu prolis remansit Ildontie, qui reliquit filiam Santia qui et in coniugio vir accepit Osorius Didaci ...”[21]. Después de su rebeldía, el rey Vermudo confiscó sus bienes: “...Revelatus est autem ipse Osorio Didaci ad parti nostre, et quoadunavit se cum sarracenis adversus gentem et patriam nostram, propter quam eiecimus eum de terra ipsa, et caruit nobis omnia quantum abuit pro eius comtumacia simul et ipsa villa, secumdum per auctoritatem catolice legis decretum permanet in cunctis...”[22].

Las noticias de la presencia de este magnate en tierras galaicas tendrá lugar durante la campaña militar de Almanzor en el año 997, actuando ya al margen de su propio linaje pero en favor de las propiedades que él, como otros miembros de los linajes de los Osóriz y de los Menéndez poseían entre el Miño y el Duero. En este año aparece acompañando con sus tropas a Almanzor en el ataque que dirigió contra Compostela, mientras que su sobrino García Gómez aparece como aliado circunstancial de Vermudo II[23].

Con todo, con su exilio y su muerte no desaparecen las noticias documentales acerca de Osorio Díaz de Saldaña. Así, el 19 de abril del año 1002, en el pleito entre el que mantiene el monasterio de Celanova ante el rey Alfonso V sobre la villa y hombres de Domez, se comenta como ciertos hombres, entre los que se cita a Osorio Díaz de Saldaña, entraron a poseer ilegítimamente esta villa que depredaron, seguramente con motivo de la rebelión anteriormente comentada: "...Venerunt filii Belial et adrapnaverunt domos monasterii sui et plebem que erat ex suo debito dissipaverunt usque ad internitionem. Et preserunt suas pennas et suos castellos, et fecerunt sicut gentes que Dominum non noverunt. Inter quos mentionem facimus presit Hosorius Didaci et sessore suo Monio Oveccos homines quos dicimus de avixta prope monasterii villam quam inquiunt Domenzi, et depredaverunt et arrapinaverunt et babtiderunt usque ad necem..."[24].

Unos años más tarde, el 17 de marzo del año 1043 el abad Aloito y sus hermanos donan el monasterio de Santa María de Ribeira al monasterio de San Salvador de Celanova. En el documento podemos leer: “...id sunt, Silua Obscura cum sua prestantia et suas adiunctiones, et illas uillas ibi in Riparia nimis obtimas de nostra ganantia, una quos fuit de illa abbatissa domna Ildaura, et alia quos fuit de Fafia, tercia que comparauimus de Osorio Didaci, quarta quos fuit de Ruderico Gutierriz cum suas adiunctiones...”[25]. En este fragmento no sólo nos encontramos con el conde Osorio Díaz de Saldaña, sino con otros miembros de su familia, tanto sanguínea como política. Así Fafia muy posiblemente sea Fáfila Fernández, hijo del conde Fernando Díaz y sobrino de Osorio Díaz[26] y, Rodrigo Gutierrez, también conde, es hermano de los condes Osorio y Froila Gutiérrez, por lo tanto, tío abuelo político de Osorio Díaz de Saldaña.

Por último, todavía en el siglo XIII, continúa la memoria histórica de este conde. Así el 19 de junio del año 1271, el rey Alfonso X libra una carta comunicando al obispo don Munio de Mondoñedo que el concejo de Castro de Ouro presentó contra él una querella por haber usurpado las heredades de Trasrío, Villabona y la que perteneció a Osorio Díaz, y fijándole plazo para que nombre un delegado que defienda sus intereses ante los alcaldes de la corte que han de entender la demanda del concejo[27].

Hasta aquí nuestro particular repaso a la historia vital de un hombre, un conde castellano-leonés que sirvió de puente entre la nobleza castellano-leonesa y la galaico-portucalense dentro de un sistema de alianzas que pretendía, teniendo como base teórica la solidaridad y el apoyo mutuo, mantener sus privilegios personales, familiares y grupales, frente a la monarquía leonesa que, con el paso del tiempo, huía de una concepción basada en el “primum inter pares” para colocarse en una nueva situación, en la de ser verdadero “princeps” y, por lo tanto, separarse, de alguna forma del grupo nobiliar, y crear un verdadero sistema monárquico con un rey único que pretendía ostentar la totalidad del poder. 

El linaje de los Beni Gómez, como otros muchos en su época y con ellos vinculados, sobre todo los galaicos, intentaron oponerse con las armas a esta concentración del poder llevada a cabo por la monarquía. Frente a un éxito inicial, cuyo cenit fue la expulsión del rey de la ciudad de León y la ocupación temporal y simbólica del trono, la mayor parte de estos alzamientos terminaron básicamente de tres formas: con el exilio; con la cárcel y la pérdida de los bienes y, en ciertas ocasiones, con la vuelta al redil del alzado y su puesta al servicio del monarca. En este caso particular, el conde Osorio Díaz de Saldaña prefirió el exilio cordobés y el servicio al “hayib” Almanzor, antes que  regresar a las órdenes de Vermudo II.



[1] Esta comunicación está dedicada al Dr. Carlos Baliñas Pérez, profesor de Historia Medieval de la Facultad de Humanidades de la USC en el Campus de Lugo por la ayuda prestada y, sobre todo, por haber despertado en mí un especial afecto hacia la Alta Edad Media galaica.

[2] Así, en el último cuarto del siglo IX, podemos destacar las siguiente revueltas:

a)       En el año 875 se produce el alzamiento del conde Flacidio, muy posiblemente conde en Lugo, y la de los hermanos Aldoreto y Flacencio Tritóniz, pertenecientes al selecto grupo de los miembros de la Curia Regia.

b)       En el año 886 la sede compostelana recibe del rey Alfonso III varios bienes en el territorio del Salnés, que habían pertenecido al rebelde Hermenegildo Pérez y a su esposa Iberia.

c)       Casi a finales del siglo X, en el año 895, aquel mismo rey le dona a la Iglesia compostelana varias propiedades que habían pertenecido al dux Vittiza, rebelde. BALIÑAS PÉREZ, Carlos. Do mito á realidade: a definición social e territorial de Galicia na Alta Idade Media (séculos VIII e IX). Santiago de Compostela: Fundación Universitaria da Cultura, pp. 611-614.

[3] SÁEZ SÁNCHEZ, Emilio. “Los ascendientes de San Rosendo” en Hispania XXX (1948). Madrid: Instituto Jerónimo Zurita, pp. 3-76 y 179-233.

[4] ISLA FREZ, Amancio. Realezas Hispánicas del Año Mil. Santiago de Compostela: Seminario de Estudios Galegos, 1998, pp. 45-48.

[5] En una donación que realiza Osorio Díaz de Saldaña en favor del monasterio de Sahagún en el año 986 podemos leer: “...Osorio ibidem Didaci, genetris mee Tegridie...”. Madrid, AHN, Clero, Sahagún, carp. 877, núm. 10; Becerro de Sahagún, fols. 30v-31r. MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, José María. Colección Diplomática del monasterio de Sahagún. León, Centro de Estudio e Investigación San Isidoro, 1976-1991, doc. 330, pp. 396-397.

[6] TORRES SEVILLA-QUIÑONES DE LEÓN, Margarita. Linajes nobiliarios en León y Castilla (siglos IX-XIII). Salamanca: Junta de Castilla y León, 1999, pp. 240-247.

[7] En una donación que realiza su esposo Osorio Díaz de Saldaña en el año 986 en favor del monasterio de Sahagún podemos leer: “...filie Sanctionis et Ildonza...abo uxoris mei nomine Munniu Didaci...”. Madrid, AHN, Clero, Sahagún, carp. 877, núm. 10; Becerro de Sahagún, fols. 30v-31r. MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, José María. Colección Diplomática del monasterio de Sahagún, doc. 330, pp. 396-397.

[8] Para conocer mejor este sistema de alianzas es muy recomendable la obra: MATTOSO, Jose. A nobreza medieval portuguesa: a familia e o poder. Lisboa: Estampa, 1981.

[9] Muy posiblemente se trata del conde Ansur Fernández perteneciente a la casa condal de Monzón.

[10] Madrid, AHN, Clero, Sahagún, carp. 876, núm. 18; Becerro de Sahagún, fols. 14r-v. MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, José María. Colección Diplomática del monasterio de Sahagún, doc. 284, pp. 339-342.

[11] En el año 941, Diego Muñoz vendió al monasterio de Sahagún la tercera parte de sus posesiones en el monte de Picones. TORRES SEVILLA-QUIÑONES DE LEÓN, Margarita. Linajes nobiliarios en León y Castilla (siglos IX-XIII), p. 241.

[12] Madrid, AHN, Becerro de Sahagún, fols. 143v-144v. MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, José María. Colección Diplomática del monasterio de Sahagún, doc. 290, pp. 349-351.

[13] Madrid, AHN, Clero, Sahagún, carp. 876, núm. 22; Becerro de Sahagún, fols. 182v-183r. MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, José María. Colección Diplomática del monasterio de Sahagún, doc. 293, pp. 353-355.

[14] Madrid, AHN, Becerro de Sahagún, fol. 161v. MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, José .María. Colección Diplomática del monasterio de Sahagún, doc. 307, pp. 369-370.

[15] TORRES SEVILLA-QUIÑONES DE LEÓN, Margarita. Linajes nobiliarios en León y Castilla (siglos IX-XIII), p. 257.

[16] Madrid, AHN, Clero, Sahagún, carp. 877, núm. 10; Becerro de Sahagún, fols. 30v-31r. MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, José María. Colección Diplomática del monasterio de Sahagún, doc. 330, pp. 396-397.

[17] Madrid, AHN, Clero, Sahagún, carp. 877, núm. 14; Becerro de Sahagún, fol. 67r.; MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, José María. Colección Diplomática del Monasterio de Sahagún, doc. 333, pp. 401-402.

[18] Madrid, AHN, Clero, Sahagún, carp. 877, núm. 15; carp. 877, núm. 16, copia en letra carolina; Becerro de Sahagún, fols, 59v-60r. MÍNGUEZ FERNÁNDEZ, José María. Colección Diplomática del monasterio de Sahagún, pp. 403-404, doc. 334.

[19] TORRES SEVILLA-QUIÑONES DE LEÓN, Margarita. Linajes nobiliarios en León y Castilla (siglos IX-XIII), p. 260.

[20] BALIÑAS PÉREZ, Carlos. Defensores e traditores: un modelo de relación entre poder monárquico e oligarquía na Galicia Altomedieval (718-1037). Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1988, pp. 79 y 108 (nota 152).

[21] ANDRADE CERNADAS, José Miguel. O Tombo de Celanova, vol. I. Santiago de Compostela: Consello da Cultura Galega, 1995, doc. 266, pp. 386-387.

[22] ANDRADE CERNADAS, José Miguel. O Tombo de Celanova, vol. I, doc. 266, pp. 386-387.

[23] Para profundizar más sobre este conjunto de rebeliones recomendamos: BALIÑAS PÉREZ, Carlos. Defensores e traditores: un modelo de relación entre poder monárquico e oligarquía na Galicia Altomedieval (718-1037). Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1988. ISLA FREZ, Amancio. Realezas Hispánicas del Año Mil. Santiago de Compostela: Seminario de Estudios Galegos, 1998 y TORRES SEVILLA-QUIÑONES DE LEÓN, Margarita. Linajes nobiliarios en León y Castilla (siglos IX-XIII). Salamanca: Junta de Castilla y León, 1999.

[24] ANDRADE CERNADAS, José Miguel. O Tombo de Celanova, vol. I, doc. 258, pp. 366-368.

[25] SÁEZ SÁNCHEZ, Emilio. "El monasterio de Santa María de Ribeira" en Hispania XV (1944). Madrid: Instituto Jerónimo Zurita, doc. 5, p. 183.

[26] Por lo que se refiere a Fáfila Fernández aparece confirmando la donación de la villa de Arcello que realiza su tío en favor del monasterio de Sahagún en el año 986. TORRES SEVILLA-QUIÑONES DE LEÓN, Margarita. Linajes nobiliarios en León y Castilla (siglos IX-XIII), p. 357.

[27] Madrid, AHN, Tumbo de la Catedral de Mondoñedo, n° 1 (copia del s. XV). Además otra copia en el mismo número que da 17 de junio por 19. SÁNCHEZ BELDA, Luis. Documentos reales de la Edad Media referentes a Galicia : Catálogo de los conservados en la sección de Clero del Archivo Histórico Nacional. Madrid : Dirección General de Archivos y Bibliotecas, 1953, doc. 91, p. 344.