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RELATOS


Por Abel Pérez
abelpeg@yahoo.es

 
SEÑOR ABEL

Le echaron al agua cuando aún no sabía hablar. Antes que gatear, ya sabía recorrer el fondo del río como una carpa, acompañado por el curioso canto de los gorriones que le aguardaban en la orilla.
Y allí estaría, con el cuerpo empapado, su eterna mirada seria, y un pez en cada mano, como debe ser.

-Señor Abel. No sea usted tan cabezota y déjeme acompañarle en esta cacería. -replicaba el párroco del pequeño pueblo en el que vivía.

-Usted disculpe Padre, más no acostumbro a llevar perro.

Viviría una larga e inconsciente guerra, donde comprendería el significado de la vida, viendo morir a sus amigos; y a sus enemigos, que tampoco tenían culpa de serlo.

Supo dar de comer al hambriento sin consultarlo antes con el Dios Padre. Pues para él, en el Cielo, se encontraba cada día el más bello de los amaneceres, desde aquella escarpada montaña donde la vida despertaba a una nueva lucha.

Y convivió con el miedo de sus semejantes, aquellos que creían en lo que no creían, que alzaban la mano para que la muerte no fuera en su busca la noche menos pensada; ¡como tantos otros!

-Señor Abel ¡qué afrenta la suya! ¡No alzar la mano cuando suena el himno! -le diría uno de sus paisanos.

-Debo recibir un tren, señor mío. No puedo dejar que descarrile por quedarme aquí escuchando música.

Pero, eso sí, lo que no podía perderse era el siguiente amanecer en la montaña, su montaña. Una guinda que había dormido en un baño de aguardiente le protegería del frío, las temerosas liebres correrían a esconderse para no morir a sus manos, y el curioso párroco le seguiría de lejos y se acabaría perdiendo en el camino. Era a él al único que conseguían detener los hijos de la "Benemérita".

Y como siempre, como cada día, recibiría de nuevo a los primeros rayos del Sol, y escucharía una vez más, el todavía adormecido trino de los gorriones. El mismo que le viera renacer en las aguas de aquel riachuelo, donde aprendería a nadar antes que a llorar.

Bien es cierto, el señor Abel nunca supo llorar.

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