De la densa, dura, atmósfera de la blanca mañana cuatro águilas
se esfuerzan por arrancar en vuelo.
De los recovecos del aire pesado cuatro almas gritan por escapar.
Dicen que ya andan celebrando la vida antes de tiempo.
Con mi amor, mis músculos y mi hierro yo les abriré la puerta a la libertad.
Sé que brindarles un camino es tarea ardua.
Sé que ni el amor evita el trabajo brutal.
Y no sé cuánto de mi vida habré de regalar.
Pero seguiré desbastando hasta el primer horizonte de luz.
En deseo, en empeño
en voluntad de quererte te tengo
y sin apenas esfuerzo te adoro.
Por tus manos, por tus ojos
por tu buen hacer y libre pensar
por tu alma y tu calma
al pasar junto a mí cada día
sin desmayar.
No quise y no quiero.
No quise perderte y no lo quiero.
No quise atarte a mí y no lo quiero.
No quise que fueses sumisa y no lo quiero
Comprendí que solo podría ganarte y en eso me afano
cada día, cada noche
en cada esquina de tu cuerpo
en cada impulso de mi alma
en cada temblor de tus senos
y con mis ojos…
reventados de asombro.
Ya nos ha visitado el invierno
tímido aviso
y luego, al no negarnos, más seguro de sí mismo.
Llevando las almas al dulce rincón
amparo de fuego y recuerdo.
Nutriendo los corazones de recogimiento
y hasta de imprevistos afectos.
Las cumbres más elevadas
fundidas con amantes blancos
y algunas laderas con jirones pálidos.
Entre las caricias y los besos
a la excusa del calor
vida nueva se asoma.
Pasan las semanas y las tierras distantes se llaman.
La madre Rusia desde su alma siberiana
nos ha enviado un beso
de hielo y aire puro.
Las ramas y las nubes se han unido en un abrazo de cristal y agua.
En el jardín sembrado de transparencias dos pájaros
azul ultramar y rojo escriben su historia
de intrepidez y supervivencia.
Una odisea cantada, bailada y volada
entre cielos de blanco, gris, azul …
y alfombras de sal y diamantes.
Por la ventana de la cocina se filtra la luz arrolladora
hasta el fondo del recinto, hasta el fondo del alma.
Hay siete moscas malditas, siete granos en el corazón,
en el corazón de fuego que ya empieza a calentar la mañana.
En el corazón rusiente de ideas y proyectos
que amenazan el descanso.
Dame el hielo benefactor de tu amor
que quiero controlar el ansia y el recuerdo
que quiero honrar el ocio
y apagar los motores de mi mente.
Que quiero dedicarte el tiempo
que tu alma y tu cuerpo se merecen.
Y quiero hablar de trucos de la vida y la muerte.
De la vida, cómo alargarla con amor, gozo
y un poco de suerte.
De la muerte, cómo engañarla uniendo tu ingenio y el mío,
cuidando, un poco, la salud,
mostrando, a la maldita, que nuestro empeño de vivir
es aún más fuerte.
Y cuando, con ayuda del tiempo, nos derrote
será falsa victoria...
tu ternura quedará flotando en el ambiente
buscando la mía
y se encontrarán continuamente
en la memoria leal de nuestra simiente.
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