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  Guías culturales

RELATOS


Por Alberto Hernández Güemes
guemes.2008@hotmail.com


NACER MURIENDO

ACTO PRIMERO

El bonito jarrón se estrelló contra el suelo, las voces inundaban el piso, el odio se podía sentir en cada mirada, en cada gesto.
- ¿Cuándo dejarás esa maldita música?
- Jamás, esta es mi vida – respondió el hombre.
Inquieta, la mujer se dejó caer en el sofá, tapándose la cara con las manos.
Una guitarra presidía la escena, descansando sobre un butacón azul y un mar de hojas y partituras inundaban una mesa justo en frente.
El hombre salió del salón, se encerró en el baño y se hizo un porro. Las voces seguían retumbando en sus sienes y la marihuana transportó su alma lejos de su maldita casa.

ACTO II: AMOR

Al salir del baño sentía su cuerpo ligero y se encaminó hacia el salón. Su mujer continuaba en el sofá, ahora dormía. Hace un tiempo le abría besado la frente, pero hoy, solo la miró con indiferencia. Se acercó a su guitarra, la cogió con ternura, la asió por el mástil y la acarició, la abrazó, la amaba…
Entre facturas y retrasos encontró un folio en blanco, cogió un bolígrafo y comenzó a escribir en silencio.

ACTO III: DESGRACIA

Se despertó encima de todos los papeles, tenía la guitarra en sus piernas, su mujer ya no estaba en el salón. Se levantó y buscó algo de comer, pero el frigorífico mostraba un aspecto miserable.
Cogió una cerveza y se tiró al suelo de la cocina. Aguantaba las lágrimas y se mordía el labio. Estaba viviendo en una mentira, sentía cansancio vital y se había dado cuenta muy pronto de que no quería a su mujer.
Era un músico de pacotilla, sin dinero y ahora sin vida, porque esa bruja quería separarle de su guitarra, de su música.

ACTO IV: ODIO

Abrió la puerta y entró en la casa, solo pensaba en disculparse con su marido y prepararle una buena cena.
Las peleas eran rutina en sus vidas de hacía unos meses. Sabía que tenía que confiar en él, en su música, pero el dinero no llegaba y los nervios crecían.
Al entrar en la cocina encontró un penoso espectáculo: su marido estaba tirado en el suelo, con su guitarra y una montaña de latas de cerveza en sus pies. En su cara se apreciaba una gran sonrisa, en la mano sostenía un papel, lo cogió y lo leyó:
Te odio.
“Te odio” inundaba el papel cientos de veces escrito, al principio con una letra pulcra y limpia, al final apenas se apreciaba una “T” y un “oio” ensuciando la hoja..

ACTO FINAL

El dolor de cabeza era insoportable, estaba tirado en la cama. Se levantó y buscó a su mujer en el piso. No estaba en ninguna parte, pero no solo ella, tampoco estaba su ropa, ni sus pinturas, ni sus discos, ni sus libros…nada.
No se lo creía, se sentía abandonado, pero el abandono le producía euforia y alegría.
Cogió su guitarra y descubrió una nota en su parte trasera:
AMANDO A TU MÚSICA, ACABARÁS CON TU VIDA.
ADIÓS.
Una carcajada inundó la habitación, cogió la guitarra y comenzó a tocar. Jamás había tocado de esa manera, la música nacía en su interior de una forma siniestra y oscura y la expulsaba sin pensar.
Se había propuesto a suicidarse y ya nadie le pararía.

 

 

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