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Por Alicia Esther Pereyra


Una mirada en torno de “Primeras experiencias”, de Graciela Cabal: relato de la propia historia, marcas de subjetividad en el leer y el escribir

Entre los lenguajes de la experiencia, la autobiografía se instituye en sus rupturas y junturas entre el pasado, el presente y el porvenir. Graciela Cabal rememora momentos clave de su niñez, que la prefiguran y justifican, amparada en aquellos sujetos oferentes de significaciones que habitan la familia y la escuela, en su entramado con los primeros acercamientos a la lectura y la escritura.
El lenguaje, constituido y constitutivo en sus vínculos complejos con ese sujeto empírico que cuenta su historia y éste que la lee, permite asignar sentidos a un territorio, no por explorado innumerables veces absolutamente conocido. Estas “Primeras experiencias” ofrecen una evocación sobre su aprendizaje; al decir de Bárcena Orbe (2.000), surge de un encuentro entre subjetividades, y constituye una lectura, una acción en la que se articulan la exposición, la decepción y el encuentro con el otro bajo la forma de caricia.
Cabal selecciona y recorta momentos privilegiados, escenas cotidianas que se desdoblan en su historia; su narración impone un orden vital a ambas- escritora y lectora-; enseña a entender la vida, y en este interjuego se instituye su fuerza simbólica; ese plus de valor reside en la marca de la experiencia acontecida, que opera en mí. Se va desenredando en una dialéctica entre secreto y revelación, los que intentan dejarme una huella, recorriéndome entre el interés y la curiosidad, esa pasión escópica de escudriñar en sus rendijas, sintiéndola una historia ajena y a la vez propia. Me hace re- pensar, siguiendo a Arfuch (2.007), en que desde la existencia y ajenidad del inconsciente aflora un vacío originario modelado por el lenguaje y llenado por la identificación, abierto a la dimensión dialógica en su plenitud; de allí que entienda que la subjetividad desplegada deviene en intersubjetividad.

Aquí se evidencia el valor biográfico, que por un lado organiza la narración leída y la propia vivida, y simultáneamente genera esta pasión que integra afinidades, confrontaciones, diferencias.

Es en este compararse en el que se construye la identidad definida preformativamente en la trama simbólica; se trata de una identidad en su devenir, en su temporalidad y su otredad. Al espejarme, me devuelve la posibilidad de construirme en sujeto, poniéndome en cuestión en aquello que hoy soy, en la búsqueda del sentido de mi propia historia en mis aprendizajes, en mis procesos de lectura y de escritura, en los que se sumerjo en diálogo con esa subjetividad. Me encuentro y desencuentro con el deseo de saber, de leer, de entender, de escribir, de decir, esa adicción que me resulta conocida, los otros que fueron posibilitando esos primeros acercamientos – mis hermanas, mi maestra de primero; mis padres, a su manera (ellos no habían podido ir a la escuela, y por eso valoraban tanto éste mi interés)- , la biblioteca armada libro por libro, las lecturas – una enciclopedia, los libros de niñas, los de llorar, de aventuras, y aquellas que no entendía del todo pero igual devoraba con la convicción de que algún día sí sería posible.
Un poco más allá, se vislumbran protagonista, autora y voz narrativa. La primera dice: “Yo siempre fui una nena adicta a la lectura, libroindependiente”; la segunda afirma: “(…) a los cuatro años ya sabía que, cuando fuera grande, iba a ser escritora”; la tercera cuenta: “(…) dije que mi papá era maestro”. Se integran y constituyen desde sus relaciones con la madre- quien le enseña a leer y escribir, reconociéndose como depositaria del deseo materno, - el padre – el oferente del espacio para la creación de historias a sus propios alumnos - así como la maestra- lectora de cuentos moralizantes como recompensa al buen comportamiento.

Leer y escribir – dos caras de la misma moneda - se iban desplegando en los movimientos del lenguaje para constituirse hoy en voz, la que armoniza y da forma a ese cuerpo desde la memoria, la relevancia, el porvenir; voz y cuerpo que desvelan la experiencia como contingencia, desde donde se recrea lo imprevisible, impredecible, contextual, finito, mortal, sensible. Leer y escribir van queriendo decir para Cabal recrear ese mundo en donde todo es posible, ese mundo de seguridad, de protección y de fortaleza, operante como conjuro, amuleto, vicio. El mundo de la felicidad a través de la imaginación, habilitando entradas en esos otros mundos posibles.

Se dejan ver también las huellas de una época recuperada a través de indicios: el libro Upa, el primero Inferior, el libro “forradito en tela gris” Ahorro (cuánta ternura en este recuerdo tan breve), la pluma cucharita, los títulos de los libros de las bibliotecas familiares, la expresión “los chicos de antes no teníamos muchas pretensiones”. Se disparan imbricaciones complejas entre historia individual y colectiva, unidas en la trama de la historia argentina, la historia escolar, la que reconozco en otros y en mí, la que nos habita.

Entonces, se habilita mi inclusión, en un envite al reconocimiento en ese juego especular. Señala Arfuch (2.007) que las identificaciones con personajes reales en un interjuego de atracciones - una escritora reconocida, una lectora interesada – poseen un valor diferenciado, ya que este aspecto de su vida conlleva como marca privilegiada la experiencia acontecida, desde donde se recrea y articula mi propia experiencia. Asimismo, permanece cierto sentido social originario vinculado a la atracción, atribuido a las primeras biografías, en la medida en que ofrece la presencia de alguien, sosteniendo la letra, el cuerpo, la propia existencia, en un anclaje en el sujeto.

La lectura nos convirtió en lectoras que aprenden y se aprenden; recupera su papel privilegiado en la construcción de uno mismo en intercambio dialógico, tal como afirma Petit (2.001), a partir del sentido dado a la propia experiencia. El encuentro que se materializa en el texto se fue transformando en una “bella dación” (una expresión bajtiniana, que creo no es tomada con ligereza) de referencias, de significaciones que permitieron, a Cabal entonces, a mí ahora, construirnos desde nuestras singularidades y multiplicidades, desde y hacia la palabra, la voz propia.

Texto de referencia
CABAL, Graciela (2.000) “Primeras experiencias”, en Revista El Monitor de la Educación, Año 1, Nro. 1, Ministerio de Educación de la Nación, Argentina.

Bibliografía consultada
ARFUCH, Leonor (2.007) "Historias de vida: subjetividad, memoria, narración". Bloque 1: “Lectura y escritura: entre experiencias y expectativas”. Diploma Superior en Lectura, escritura y educación – FLACSO Argentina
BÁRCENA ORBE, Fernando (2.000) "El aprendizaje como acontecimiento ético. Sobre las formas del aprender", en Revista Enrahonar. Quaderns de Filosofia, Nro. 31. Universidad de Barcelona.
KRAMER, Sonia (1.998) "Lectura y escritura de maestros", en Revista Propuesta Educativa, Nro. 19, FLACSO Argentina.
LARROSA, Jorge (2.003) "La experiencia y sus lenguajes". Conferencia presentada en el Seminario Internacional La formación docente entre el siglo XIX y el siglo XXI, Buenos Aires, Dirección Nacional de Gestión Curricular y Formación Docente, Ministerio de Educación de la Nación, noviembre.
PETIT, Michèle (2.001) Lecturas: del espacio íntimo al espacio público. México, Fondo de Cultura Económica.

 

 

 

 

 



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