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RELATOS


Antonio Villalón de Cabo
padredamian@caritasalamanca.org

VACUNAS CONTRA LA MONOTONÍA

La pregunta del millón. Me vais a perdonar pero sino os la hago reviento: ¿estáis contentos con el mundo en qué vivís?. Alguien dirá, no sin razón, ya viene el listo con la preguntita jodiéndome el fin de semana de tele, sofá y paella del domingo. Mira tío: pago mis impuestos, curro cuarenta y cinco horas, tengo que aguantar al capullo de mi jefe, la hipoteca me tiene cogido por los mismísimos, la suegra no me traga y el pequeño me ha suspendido tres asignaturas en el último trimestre. Por si eso fuera poco, mi mujer y yo discutimos mucho los días pares y mucho más los impares...así pues no me jodas con la preguntita de marras que bastante tengo yo con lo que tengo.

Bueno, no me digáis que no os suena el discurso. Dijo el gran Serrat que la vida te la dan, pero no te la regalan. No veas si afina el nuevo Honoris Causa. Y es que cuando nos ponemos a hacer preguntas de las que te tocan la fibra lo primero que hacemos es sacar la coraza y decir: a mi este tío no me pilla y somos capaces de justificar lo injustificable a costa de que nuestra autoestima salga indemne. Por poner algún ejemplo: ¿eres feliz?, ¿has alcanzado los sueños que te propusiste años atrás?, ¿has traicionado tus ideales por el qué dirán?, ¿realmente necesitabas la nueva tele de plasma? Y ahora la que yo considero mi favo: ¿vives con coherencia?, no sé vosotros pero yo creo que vivir con coherencia trae muchos quebraderos, pero a la larga uno puede disfrutar su precio, sí efectivamente, me refiero a ir con la cabeza bien alta por la vida.

Y en esas elucubraciones me encontraba yo con las manos en los bolsillos, paseando y silbando al mismo tiempo. Siempre me gustó la gente que silba por la calle, aunque bien es cierto que cada vez somos menos y con el paso del tiempo llamaremos la atención como lo hacen la cabra y el trompetista o el mismísimo afilador, o ¿es qué la gente está tan agobiada y sometida a su vida que ya no le quedan ganas de reír y menos aún de silbar?.

Yo no tengo la solución a los problemas cotidianos que a todos nos acechan, pero si conozco una fórmula infalible para contentar el ánimo y enriquecer la vida, y creo que es válida, en tanto vamos consiguiendo proporcionalidad entre las cosas que nos disgustan y las que nos agradan. Y de eso se trata, de buscar cosas que nos agraden, que nos produzcan placer, que nos toquen la fibra o consigan que la carne se nos ponga de gallina. Hablo de emociones, de estados de ánimo, de interacciones, de catarsis, pero sobre todo hablo de respeto para la consecución de las mismas. ¿hace cuánto tiempo que no disfrutas de un espectacular atardecer? (y te recuerdo que esto aún es gratis),¿hace cuánto tiempo no disfrutas de una interesante charla de las que hacen crecer como persona y recuperar la fe en la especie humana?,¿hace cuánto tiempo que no cocinas para alguien con cariño?, ¿hace cuánto tiempo que no viajas hacia algún lugar sorprendente?, ¿hace cuánto tiempo que no te emocionas ante una canción, un teatro, un artista, un poeta, un libro, una película, un mago o una buena persona?.

Bueno, muchos son los interrogantes, pero también es cierto que para adquirir estas vacunas contra la monotonía, disponemos de información, de informantes, de facilitadores y de eurísticos. Sólo falta tu empuje. Sólo falta que salgas de tú cómoda crisálida y busques emociones, sensaciones, vivencias y experiencias que te devuelvan la energía y la armonía que la vida cotidiana parece hurtarnos camuflada entre el tedio y la monotonía. Por todo esto a veces pienso que determinadas personas debieran estar subvencionadas por la seguridad social por su importante labor hacia el bienestar psicológico de sus semejantes. Existen auténticos magos de los acordes, genios anónimos de la interpretación, cuerdas vocales que parecen hilos de fina seda, cuerpos que al moverse hacen danzar nuestro interior, artistas con tanta energía que me río yo de los vatios de mi casa, escritos que son compuestos con el alma, óleos y acrílicos organizados para gustar o hacer pensar y una sola cosa en común a todos ellos: profesionalidad.¿Os imagináis por un solo instante que un determinado día toda la gente de bien nos levantáramos profesionales?, lo bien que ese día funcionaría el mundo; y es que como decía un amigo mío: hay que ser profesionales hasta para hacer palillos.

No pienses que la suerte está echada y lánzale un órdago a la vida. Invierte en emociones como mejor activo vital, nunca rechaces ser embaucado por la belleza, chantajeado por lo sutil, acechado por la armonía y asediado por la sensibilidad y la coherencia.

Esta es la verdadera vacuna que nos puede inmunizar contra el tedio, la bajeza, la mediocridad y la miseria y lo demás son cuentos y gilipolleces que generalmente nos intentan vender en bolsas de grandes marcas comerciales o en programas televisivos que en vez de activar nuestra riqueza vital persiguen el pensamiento único y el encefalograma plano del que los alienta.

Sal, arriesga y vive con coherencia y respeto. Esa, es una buena y gran aventura.

FUSIONES

Yo ya me olía algo cuando probé la tortilla de patata y a medida que uno va creciendo y, por ende, conociendo, es cuando realmente te das cuenta de la importancia de la mezcla, de la fusión, del mestizaje, de la pluralidad compartida, en definitiva de conocer, de experimentar y sí el resultado me es válido y satisfactorio lo pruebo, lo vivo o lo experimento. Tenemos grandes ejemplos que han transgredido la rigidez dogmática de años atrás y poco a poco son cada vez más las apuestas por lo bipolar en campos tan distintos como las artes, la ciencia, la gastronomía, lo social o lo económico. Chano Domínguez ha fusionado magistralmente flamenco y jazz, Javier Ruibal entremezcla apasionadamente su música andalusí con el ritmo sefardí o magrebí, Barenboim apuesta por la convivencia entre la música y las nacionalidades, grandes cocineros emulsionan nuevos sabores y texturas, nuevos restaurantes ofertan cena y espectáculo al mismo precio y en el mismo espacio, los médicos empiezan a comprender que lo físico y lo anímico deben caminar en paralelo en aras de la mejoría de sus pacientes, numerosos artistas combinan acrílicos y óleos con luz y sonidos o con formas que rompen lo normativo y entremezclan lo tridimensional con lo provocativo, nuevos proyectos sociales tienen que unir y suplir la carencia de medios económicos y materiales con nuevas y creativas ideas que permitan la perdurabilidad de sus acciones; y así tantos y tantos ejemplos como tenemos en la memoria. Puede que estemos ante la decadencia de lo unitario, pero cada vez que veo un ejemplo de fusión, también lo veo de respeto por lo nuevo, por lo distinto, por el otro; pues sólo con este respeto se puede producir un sano, fructífero, creativo y hasta emocionante acercamiento. Sin lugar a duda el contexto globalizador en el que vivimos nos debiera facilitar esta tarea miscelánea para alcanzar cada vez mayores cotas de conocimiento, respeto y vivencias por aquello distinto a lo que yo vivo o siento. Ojalá mis políticos abogaran y apostaran por la sana fusión y comprendieran que determinados pares tienen que caminar de la mano: cordura y compromiso, paz y justicia, nobleza y transparencia, ecología y respeto, hombres y mujeres. Yo mientras, espero ávido y dichoso nuevas fusiones al mismo tiempo que saboreo un café con leche y un pincho de tortilla de patata, servido por una camarera boliviana en un bar regentado por un asturiano mientras suena la música de Bebo y el Cigala.

HABLO EN NOMBRE

Hablo en nombre de las heridas del enfermo que sufre y no encuentra respuesta facultativa ni trato humanizado por falta de recursos o saturación del sistema.

Hablo en nombre de la silla de ruedas del discapacitado que no deja de encontrar obstáculos en la voluntad direccional que ansíalibertad de movimientos.

Hablo en nombre del cartón-cama del sin techo que reclama recursos, atención y visibilidad para su morador.

Hablo en nombre de la estufa de los mayores que pide calor de residencias en plazas dignas, sin lista de espera y sufragada con la cuantía económica de que se dota a una pensión.

Hablo en nombre de los números rojos de aquellos a los que un salario decente les permitiría vivir dignamente y les daría la tranquilidad de que “último de mes” no es sinónimo de miedo, incertidumbre, angustia y endeudamiento.

Hablo en nombre de los temblores de los abuelos que crían a sus nietos y demandan plazas de guarderías al módico precio de saber que una sociedad se ocupa de la educación de sus futuras generaciones como mejor legado.

Hablo en nombre de las secuelas del maltrato para pedir conciencia de problema grave y urgente, pues vivir con miedo es la mayor y más cruel amputación de la autoestima y desacredita a aquella sociedad que no pone toda su energía y raciocinio en buscar y creer en su final.

Hablo en nombre de la brújula del emigrante y os pido comprensión y tolerancia, pues busca el mismo norte que buscarías tu, si tuvieras la mala suerte de compartirla misma barca.

Hablo en nombre del despertador del parado que anuncia la llegada de un nuevo día ya envejecido por el desánimo del que siente que todavía le queda mucho y bueno por aportar.

Hablo en nombre del arcén de la calzada que ha visto vidas segadas en su asfalto sin comprender como una persona se marcha en segundos cuando ese no era el viaje deseado, pero sabiendo que la irresponsabilidad se cobra así sus tributos.

Hablo en nombre del “panel vertical de conocimientos” de los maestros (perdón por la pedantería, siempre la llamaron pizarra) que educa generación tras generación y os pido comprensión, apoyo e implicación en la difícil tarea educativa que a todos nos incumbe.

Hablo en nombre de la balanza de la justicia y pido equidad, valentía y sabiduría para sus garantes, deseando que siempre busquen su inclinación hacia la verdad y no hacia el poder, la influencia o el vil metal.

Hablo en nombre de la esperanza del que necesita una vivienda digna y pagable y pido que la primera referencia para este sueño no sea el “euribor” sino la futura materialización del mismo.

Hablo en nombre de toda la buena gente que no pierde la esperanza de ver un mundo mejor, un mundo justo, digno y solidariopara todos, gente que pone su granito de arena en que este sueño sea posible, gente que trabaja por causas nobles, por ideales justos, por que le apetece que su entorno sea más saludable, por ver crecer sanamente a sus hijos y ver envejecer digna y justamente a sus mayores. Hay personas que merecen mucha más felicidad de la que reciben, que necesitan menos edredón nórdico y más calor humano, que necesitan soñar como el comer, que necesitan comer como el soñar. Hay gente quese resiste a la fatalidad sin más, al noticiero macabro y gris, al corrupto de turno, al invasor de marras, al famosillo sin escrúpulos y a la silenciosa rutina. Hay gente que comunica paz, que transmite buena onda, que contagia felicidad, que irradia armonía y que el mundo necesita que existan y que te los encuentres en el camino cuando la vida te haga tropezar. Hay gente necesaria que nos da seguridad con su presencia, energía con su música, sabiduría con sus escritos, esperanza y entretenimiento con su cine, cercanía con su teatro, risa con su humor, que pueden fusionar varios ingredientes y sacar de la chistera un cóctel de emociones o una nuevavitamina que fortalezca el alma.

Ojalá mis políticos y mi gobierno pongan todo su empeño al servicio de la transparencia y la responsabilidad de su tarea, de la coherencia y las buenas prácticas, del diálogo y la escucha. Ojalá comprendan que su cargo es de servicio, trabajo, esfuerzo, nobleza y mucha imaginación. Ojalá se alíen con nuestros votos y nos ayuden a conseguir este manojo de sueños que en fondo todos deseamos y añoramos.

Ojalá no tuviera que hablar en nombre de nadie, porque todos fueran escuchados, pero mientras esto llega, sólo os puede prometer que seguiré hablando.

He hablado.

UNA DE BANCOS

Soy de los que se ponen enfermos viendo en los telediarios los beneficios record que alcanzan los grandes bancos mes a mes y año tras año, pues siempre pienso que esos beneficios se alcanzan a costa de las comisiones que nos cargan a los más pringaos, a los que menos tenemos y a los que más necesitamos rentabilizar nuestra maltrecha microeconomía para llegar a fin de mes. Por eso todo lo que proviene de los bancos me repele: las puñeteras vajillas de regalo por meter euritos frescos a un año, los planes de pensiones, los préstamos personales que no serán tan personales cuando se los dan a cualquiera que esté dispuesto a pagar pasta gansa en intereses, y las malditas hipotecas y los euribor, y los TAE y la madre que los parió.

Por eso me hace tanta gracia cada vez que me paro a pensar como conocí a Olga. Fue en un banco a las seis de la tarde y no precisamente en un banco de un parque ni nada de eso, no no, fue en un banco y bien digo, a las seis de la tarde de finales del mes de mayo. La tarde era preciosa y Olga y yo habíamos quedado para realizar una operación financiera. Yo estaba nervioso pues no la conocía en persona aunque sí había hablado con ella una vez por teléfono.Siempre me pasa lo mismo cuando estoy apunto de conocer gente, bueno ya se sabe: ¿caeré bien?, ¿gustaré?, ¿agradaré?, preparo el saludo y dudo si estrecho la mano o doy dos besos, o espero a ver cómo saluda ella, bueno pues esas tonterías que se nos pasan por la cabeza cuando estamos nerviosos. Miro los carteles que hay en la sucursal bancaria y me sorprenden pues son de aquellos carteles que te tocan la fibra, que apelan a la generosidad, que destinan el 0.7% de los beneficios a proyectos de desarrollo y que en todos hay una bonita foto, ganadora de concursos en algunos casos, que sacan tu cara más amable. Enseguida pensé en los buenos publicistas que trabajan para los bancos y que hacen parecer a éstos más humanos y sensibilizados con los problemas de los más necesitados, cuando en verdad, son los más piratas y vampiros de esta sociedad, y al más puro estilo James Bond: con licencia para robar, vía comisiones e intereses.

Seguía en pie y dando pequeños paseos de un lado a otroy me acordaba del consejo que un día me dio mi abuelo cuando era un críoy que se me quedó grabado una mañana que le acompañaba a hacer gestiones por la ciudad; me dijo al salir de uno de estos establecimientos financieros: “nunca le des las gracias a un banquero, es como darle las gracias a alguien que te está robando”

También me sorprendió gratamente la actitud del personal que trabajaba en este banco. No era nada convencional yme llamó la atención que los dos empleados, un chico y una chica, que estaban sentados en la misma mesa, tenían un aspecto cercano, de aquellos que visten sin parecer que van a una fiesta. El chico vestía unos vaqueros, una camiseta de manga corta sobre otra de manga larga con un mensaje tranquilizador cuanto menos: un símbolo chino sobre el que se leía la palabra serenidad. Una colección de pulseras multicolores y un collar con un cordón y una piedrecita circular que seguro habrá traido de algún viaje de fin de curso. Por lo que respecta a la chica, vestía vaquero y una bonita blusa blanca. Su collar era un cordón negro y una espiral plateada y una sola pulsera muy fina y de cuero. Los dos eran insultantemente jóvenes y muy amables, pero sin que esta amabilidad sea corporativa. Hay cosas que se perciben como naturales, sin más.

En la mesa tenían un único ordenador, desde el cual se oía, en un volumen muy moderado la música de Javier Ruibal, lo cual me llamó la atención pues yo soy Ruibalero por los cuatro costados y enseguida pensé que allí había truco: gente informal, carteles que te hacen pensar, un estilo desenfadado, una música tan genial como poco comercial y tampoco había cristales ni cámaras de seguridad….esto no es posible. Y yo seguía esperando a Olga. No es que ella llegara tarde, sino que yo siempre llego antes a los sitios y esto me hace familiarizarme con el entorno de la quedada.

Los chicos de las sucursal me dijeron que si quería podía utilizar la máquina de café en lo que esperaba, y así lo hice: café con leche, azúcar, vasito de plástico y cucharilla de palo. El café, según pude leer en la máquina,era de comercio justo, lo cual me gustó pues soy de la opinión que siempre que te faciliten su uso es bueno para todos y cincuenta céntimos de euro me pareció justo y razonablemente asequible.Fue darle dos sorbos al café, que estaba bastante caliente, y enseguida entró una mujer. De estatura baja y de cara aproximadamente féliz, con el pelo corto y moreno y una gafas de pasta cuadradas y de color azules, vestía vaquero y una camiseta verde de manga corta. Su edad rondaría los treinta y ocho años. Enseguida supe que ella era Olga. Los chicos de la sucursal le dijeron que yo era el cliente que la esperaba. Ella vino hacia mi y lo primero que hizo fue reirse en mi cara, suavemente, pero reirse. Sin lugar a duda mis berretes de comercio justo alrrededor de mis labios era la escena que yo menos deseaba en ese momento. Sin embargo ella, con una naturalidad pasmosa, me dijo: encantada de conocerte al mismo tiempo que sonreía y se acercaba para darme dos besos y estrechar al unísono nuestras manos derechas. Me dijo lo de los labios con espuma cafetera y me ofeció un pañuelo de papel que acepté gustosamente.

Los dos sabíamos cual era nuestra misión en las próximas dos horas: saldríamos del banco y nos iríamos a mi casa a hacer croquetas y en las dos siguientes iríamos a su casa para que me enseñara a manejar el photoshop. Ese era el acuerdo al que nos comprometimos en el banco.

El destino nos llevó a una gran amistad que hoy perdura y de las croquetas pasamos a las empanadillas, a las berenjenas rellenas, a la tortilla de patata y hasta un cocido completo. Olga no tenía ni idea de cocina pero tenía muy buena disposición para aprender y yo apenas manejaba el ordenador y ella era un pozo sin fondo de conocimientos informáticos. Las croquetas quedaron de maravilla y ella se quedó asombrada de que aquella empresa no fuese tan complicada. Yo el día antes había hecho otra masa para no tener que esperar a que ésta se enfriase y que el proceso fuera más rápido. Metimos en un taper el sabrosoresultado de las dos horas y nos fuimos a su casa, que casualmente estaba muy cercana de la mía, y allí nos comimos las croquetas, acompañadas con una botella de vino tinto, después de la clase de foto-shop. En este homenaje gastronómico se unió David, el compañero sentimental de Olga quenos preparó unos ricos canapés de queso y patés. Fue una buena tarde y el comienzo de una gran amistad, que surgió gracias a que ambos sabíamos de algo y estábamos dispuestos a compartir éste conocimiento, y por su puesto, gracias a la entidad bancaria que hizo de mediadora. Pronto irá abriendo más sucursales e irás oyendo hablar de ella. Su filosófía es que todos tenemos algo que aportar o enseñar y algo que aprender o necesitar y su nombre es Banco del Tiempo.

Sus intereses son muy altos, y aquí la palabra interés proviene de la misma raíz que interesante, su comisiones se reducen a la expresión: cero patatero. La comisión de apertura es directamente proporcional a la apertura de tu mente y aquí TAE significa: Tiempo de Aprender y Enseñar. En este banco no hay nada que perder y mucho que encontrar,

mucho que intercambiar y así beneficiarnos como lo hacían nuestros antepasados. Si mi abuelo levantara la cabeza, diría: pero hijo si así es como lo hacíamos antes y yo no tendría más remedioque contestarle: ¡pero qué listos érais,jodíos!.

BASUREROS DEL ALMA

¡Cuanta mierda hay en el mundo! ¿Verdad?.Porque donde hay injusticia hay mierda, donde hay dolor ídem, donde hay odio e incomprensión hay lo que hay, donde hay avaricia y despilfarro no habita lo impoluto, donde hay intolerancia y fanatismo mora la suciedad más inmunda que todo lo contagia y contamina.

Pero no todo lo infecto habita en nuestro exterior. Si rebuscamos por lo más profundo de nuestro ser, o no tan profundo, veremos que hay matices y sombras que se nos cuelan por los recovecos de lo inevitable y que solamente con una serena reflexión y una finita voluntad de cambio podremos conseguir limpieza y revestirnos hasta que el traje que nos maquilla nos vuelva a envilecer.

Me imagino un servicio de recogida diaria de miserias, las cuales depositaremos en el rellano del anochecer, bien envueltas en una bolsa opaca para que nadie sepa de que pie cojeamos, un usuario las llevará a la planta de reciclaje para que las clasifiquen y después de un laborioso proceso las conviertan en dosis gratuitas de tolerancia, generosidad, justicia, paz y mucho sentido del humor para sobrellevar la ya de por sí difícil vida que a cada uno le toca en suerte o en desgracia.

Hoy he vuelto a ver el telediario y me recreo en esta idea, hoy escuché la radio y me ratifico en este servicio, hoy leí el periódico y no tengo ninguna duda, hoy me tropecé con el impaciente en la carretera y reivindicaré la puesta en marcha de esta empresa, hoy me miré al espejo y ahora ya somos dos los que pensamos igual. Al menos esto me consuela y reconforta y no me hace sentirme tan solo en esta imaginaria cruzada.

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