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  Guías culturales

EDUARDO ACEVEDO DIAZ Y SU OBRA “SOLEDAD”


Por Carmen Goimil Peluffo
crgoimil@gmail.com

Eduardo Acevedo Díaz fue periodista uruguayo, narrador, estudiante de Derecho, político militante y guerrero por su propia voluntad. Nació en 1851 y murió en 1924. Puede ser considerado como el iniciador de la novela nacional en el Uruguay, ya que sus novelas históricas representan la primera realización seria y durable del género narrativo en nuestro país. Con él surge una novela dotada de virtudes literarias en su doble aspecto estético y humano, como forma y contenido.

En sus obras aparece la vida nativa expresada en su autenticidad sustancial: sus personajes tienen caracteres sicológicos y viven una existencia propia, dentro de las condiciones especiales de su medio geográfico y social.

Estudiando “Soledad”, Alberto Zum Felde afirma que esta es la “Primera obra de nuestra literatura que brota como de una raíz nativa y tiene en sus frutos todo el sabor de la tierra”. Es una novela histórica que se aleja de lo histórico: allí no se mencionan guerras ni batallas aisladas aunque tampoco se hunde en un mundo ilusorio. Dentro de sus obras constituye un elemento aislado, un “poema en prosa” como lo llamó Zum Felde y Francisco Espínola.

En cuanto al título, según Rodríguez Monegal, es ambivalente: Soledad es el nombre de la protagonista y la condición en que ella se encuentra: “Recién entonces se apercibió que a su alrededor había como un vacío, y que la soledad no la llevaba en el nombre, sino dentro de sí misma”.

Es de igual modo la condición de Pablo Luna, solitario por excelencia. El desarrollo mismo de la intriga no lleva a Pablo y a Soledad a abolir su condición de solitarios y a ingresar a un orden social, colectivo: los lleva a huir del mundo, a compartir más íntima y estrechamente esa soledad en que el autor los hunde al término de la novela. Zum Felde afirma que es también el poema de la soledad de la tierra, del desierto primitivo de América en que el hombre vuelve a la fiereza ancestral de sus instintos o enmudece en hosca contemplación solitaria.

“Soledad” desarrolla simultáneamente dos conflictos: el amor pasión entre la protagonista y Pablo Luna, y el de un odio también inexorable entre Pablo Luna y Don Brígido Montiel, padre de Soledad. Pablo Luna llega al pago cuando Soledad estaba más o menos comprometida en casamiento con Manduca Pintos. Llega a tiempo también para reencontrar a su madre muerta unos momentos antes, convertida en bruja y en un desecho humano.

Lo primero que va a referirnos el autor con respecto a Pablo Luna es su misterio: “mozo de pocas relaciones en el pago, sin oficio conocido y por lo mismo un poco misterioso en su género de vida”.En el Capítulo 2 se habla de las “misteriosas melodías que brotaban de su guitarra” y en el Capítulo 5 se nos dirá de “la sombra de misterio que rodeaba su vida errante”. Lo misterioso, la incógnita que rodea su vida anterior y su propio carácter será reiterado constantemente por el autor. Es un guitarrista siempre solitario que rehuye el contacto social: estaba “solo como un hongo de esos que crecen en una estera de chilcas y abrojales”.

Físicamente era: “un hombre más alto que mediano, delgado, con cintura de mujer, una barba corta y rala tirando a palinegro, los ojos azules como piedra de pizarra, larga y en rulos la cabellera abierta al medio”...”las manos largas y velludas”. Agrega además que tenía “un párpado algo caído, lo que daba a sus ojos una expresión vaga y somnolienta” y sobre el párpado le caía un rulo “que bien podía servir de celaje gracioso al desperfecto”.

Siguiendo aAlbístur, en su descripción se denota la presencia del Romanticismo por su delicadeza, su individualismo, su deseo de soledad, su misterio. En él se encuentra una destreza, habilidad con la guitarra y el canto, pero éste es un modo de expresión y desahogo que no requiere testigos para validar su autenticidad. El no habla, canta.

Rodríguez Monegal afirma que la mayoría de los cantores eran hombres abiertos, francos, sociables. Pablo representa el otro hemisferio: es el tímido, el resentido. Es huérfano, vive solo; a pesar de su gusto por la guitarra rehuye la sociabilidad de los peones y se hunde en la naturaleza. Es un ensimismado que sólo rompe su aislamiento si algún ser acosado o en peligro lo necesita, pero que inmediatamente vuelve a desaparecer.

En cuanto a Soledad, era “graciosa y provocativa”...”tenía dieciocho años, ojos grandes y negros, formas llenas y redondas, y unas trenzas que le pasaban la cintura, constituía el punto de mira y de atracción de todos los mozos del pago”...”Fruta incitante”. El autor nos muestra los aspectos sensuales de la joven. En oposición a Pablo no hay en ella la menor sombra de misterio: todo en ella está a la vista, como su belleza. La soledad de su alma no es sino un retraimiento instintivo ante aquellos hombres vulgares que la rodean. Hugo Riva afirma que en torno a ella gira el universo: los desvelos de Manduca Pintos y Montiel, los deseos del gauchaje, pero desde que ella conoce a Pablo comienza a vivir, a adquirir interés como personaje.

Cuando se da el primer encuentro entre ambos se despierta en ella dos sentimientos contrarios: “¡Qué mozo odioso! ¡Pero qué linda estampa!” En la exclamación inicial podemos ver la respuesta de su orgullo herido, una reacción espontánea que parece pretender colocarla al margen del único que no ha reparado en ella. Pero las palabras siguientes abren camino a la iniciación de un sentimiento que no reconocerá barreras. Realiza involuntariamente un paralelo entre Pablo y su prometido, y se siente inquieta, porque reconoce que “Don Manduca se pasaba de maduro y el otro de guapo y tentador”.

Se advierte un cambio fundamental en la joven y no solamente por las comparaciones que realiza entre Pablo y los demás: va naciendo también una no manifiesta oposición de ideas y deseos entre ella y su padre respecto a la consideración hacia Manduca y Pablo: “Comenzó a creer que acaso esa animosidad no fuese justa, dado que el gaucho-trova parecía de buena laya, manso y humilde”.

Soledad recuerda varios episodios en que Pablo se mostró como un valiente y “volvió a pensar que el viejo Montiel odiaba a Luna de puro gusto”. Al terminar el Capítulo 5 se acentúa la oposición silenciosa entre Soledad y su padre en consideración a Pablo.

El conflicto aquí insinuado se va desarrollando a lo largo de una decena de cortos capítulos. El final de fuego y destrucción, síntesis del drama, otorga adecuado realce al amor, sentimiento que ha conducido las acciones de Pablo y su amada hacia “una noche eterna de soledad y misterio”.

 

Bibliografía:

Alberto Zum Felde, “Proceso intelectual del Uruguay”

Rodríguez Monegal, “Eduardo Acevedo Díaz”

Hugo Riva, prólogo a “Soledad”, Banda Oriental.

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