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NOVELA DEL SIGLO XX: CARACTERÍSTICAS


Por Carmen Goimil Peluffo
crgoimil@gmail.com

La transformación de la novela contemporánea tiene una fase, muy leve, en la última década del siglo XIX; se acentúa en las dos primeras décadas de nuestro siglo y en los años veinte alcanza su apogeo a través de una profundísima transformación que corre por cuenta sobre todo, de novelistas anglosajones. Los factores que contribuyeron a esa transformación fueron: a) los aportes del psicoanálisis y la sicología, b) los grandes cambios estéticos propiciados por la vanguardia y que ya se habían puesto de manifiesto en la lírica y comenzaban a advertirse en el teatro. Esa influencia se advierte en los más importantes novelistas del siglo: James Joyce, William Faulkner, Herman Hesse, por nombrar sólo algunos.

Para alcanzar una mejor comprensión de los cambios producidos, debemos partir de una definición de la novela realista del siglo XIX para poder señalar los aportes de la nueva novela. El siglo XIX cultiva una novela de desarrollo lineal, una novela en la cual los hechos acontecidos se narran respetando un orden cronológico. La narración está siempre a cargo de un narrador omnisciente: éste conoce todos los hechos de sus personajes, hasta sus más ocultos pensamientos y se encarga de explicar al lector emociones, ideas y actitudes. La intención es narrar la vida (total o parcialmente) de un personaje, cuya sicología se desarrolla con esmero, de tal modo que alcanzamos un acabado conocimiento del mismo. El personaje importa como individuo, pero importa también como miembro de una sociedad, esa en la cual está inserto y que el novelista se preocupa esmeradamente de recrear. La influencia de la sociedad sobre el individuo, sus relaciones con el entorno, el hombre como pieza de ese engranaje social, todo ello refleja la novela realista, que se preocupa de presentar situaciones verosímiles para poder así brindar una mirada crítica de esa sociedad.
Los cambios que se producen son importantes:

a) El argumento. En el siglo XX entran en descrédito las novelas que quieren contar una historia interesante, las novelas que ponen su atención en un mundo ficticio y de las cuales, una vez pasado el tiempo, se recuerdan los hechos más significativos. Este tipo de novela era muy popular en el siglo XIX y conserva su popularidad en el siglo XX a través de los lectores, pero los escritores contemporáneos la desdeñan. La historia que se narra actualmente es mínima, de escasa importancia y en algunos casos inclusive tiende a desaparecer. En otros casos, en lugar de argumento, aparece un conjunto de hechos aparentemente inconexos, sin relación entre sí. En otras oportunidades el narrador emplea el argumento como un simple pretexto para exponer problemas que le preocupan. En términos generales, el resultado obtenido es el alejamiento del público lector que busca esparcimiento en la novela y al cual no se le brinda el placer buscado: un argumento interesante y bien expuesto.

b) El orden en la narración. Dijimos que los hechos narrados pierden importancia. Esto es por los hechos exteriores. Hay muchas novelas en las cuales pasan a primer plano los hechos “interiores” (emociones, pensamientos, reflexiones, vida interior de los personajes...) El autor deja de lado la narración ordenada de los hechos exteriores, la narración que sigue un orden cronológico. La sustituye por un orden que depende de las vivencias de los personajes. El orden que se va a sentir ahora es el de la vida interior de los personajes; se van a narrar los hechos externos de acuerdo con las vivencias de los personajes, de acuerdo con los ecos afectivos que lo exterior provoque en ellos. Muchas veces esos hechos exteriores no son relevantes; incluso llegan a ser triviales observados objetivamente, pero el autor los elige y los narra porque los mismos desencadenan importantes vivencias. Este proceso se acentúa en el llamado “Monólogo interior. La novela de monólogo interior alcanzó su apogeo entre 1915 y 1930. Se advierte en ella una importante influencia de William James y de S. Freud. En el caso del primero importa sobre todo la corriente de la conciencia o torrente del pensamiento, que definiremos como el libre fluir de los niveles emotivos y racionales, desde los umbrales subconscientes y oníricos hasta los del pensamiento lógicamente formulado. El novelista pretende trasladar a su obra ese fluir. El novelista penetra en la conciencia del personaje, la expone ante nosotros, nos crea la sensación de que no existen intermediarios entre nosotros, lectores, y esa conciencia que se desarrolla en su mezcla desordenada y confusa de fantasías, recuerdos, sueños, pensamientos, emociones, juicios que van surgiendo sin que el escritor los ordene, sin que explique absolutamente nada. Este tipo de novela tiene sus mayores representantes en James Joyce (“Ulises” es la obra experimental, publicada en 1922, cuya trascendencia, desde el punto de vista que la examinamos, es tanta como la de “Don Quijote”), William Faulkner y Virginia Woolf. A veces este tipo de narración se complica aún más porque nos internamos en la conciencia de más de un personaje. Ocurre entonces que tenemos varias y distintas ópticas de un solo hecho con lo cual se enriquece la interpretación del mismo.

c) Personajes. El personaje pierde peso e importancia. El autor ofrece de él sólo unos pocos rasgos que lo individualicen en general no se crean los personajes inolvidables que aparecían en la novela del siglo XIX. Ello parece ser una consecuencia de la pérdida de interés del escritor por la sicología del personaje. En muchos casos el protagonista individual es sustituido por el personaje colectivo y los protagonistas pasan a ser conjuntos sociales, las clases bajas o medias. Ejemplos tenemos en “La montaña mágica”, de T. Mann, “La colmena” de Camilo José Cela.

d) El tiempo. Dijimos antes que la narración de los hechos interiores es en muchas novelas lo que pasa a primer plano. El manejo del tiempo en esas novelas se vuelve muy elástico porque se rompe con el orden cronológico: ya no se narrarán los hechos en el orden en que ocurrieron. Por el contrario, se altera el orden de los hechos. El argumento se desliza a través de verdaderos “saltos” del presente al pasado y viceversa. El cine influye sobre esta nueva concepción del tiempo con sus recursos tales como la fragmentación del relato, con secuencias casi independientes. La preocupación por los elementos temporales llega a ser tan importante que aún en la más “tradicional” de las novelas actuales se encuentran interrupciones de la narración del presente para rememorar un suceso anterior. Por otro lado, la duración externa del relato suele abarcar pocas horas, mientras que en la novela tradicional, ese espacio era una vida entera.

e) La actitud del narrador. En general se abandona el narrador omnisciente mencionado antes. El narrador adopta la actitud del testigo, del observador curioso que no explica las actitudes de los personajes, finge saber sobre ellos tan poco como el mismo lector. Los deja vivir, los muestra vivir, sin sacar conclusiones de sus actos. La realidad sicológica de los personajes no es analizada por el autor, porque el autor no penetra en el interior de los mismos. Los sentimientos de los personajes quedan expresados mediante la descripción objetiva de sus actos. Dentro de esta tendencia debemos señalar dos influencias: la del cine y la del conductismo. La influencia del cine está en el hecho de que su finalidad es trasponer un relato en imágenes y, de modo semejante, lo que importa en el cine y en esta literatura son los gestos y actitudes de seres y cosas, y eso es lo revelador. La influencia puede verse claramente en la novela “1919” de Dos Passos, el cual arma momentos de su novela con fragmentos de discursos reales, recortes de periódicos de la época y materiales similares. Por otra parte, el conductismo es un método psicológico de los comportamientos, que es una actitud previa de considerar como únicamente real, en la vida sicológica de un hombre o de un animal, aquello que podría percibir un observador puramente exterior representado, en último término, por el objetivo de una máquina fotográfica; se trata de reducir la realidad sicológica a una serie de comportamientos donde las palabras o gritos son tan importantes como las actitudes y los gestos fisonómicos. Importantes manifestaciones de esta actitud “objetiva” del narrador son:

1) La novela neorrealista que se desarrolló en Italia inmediatamente después de la segunda guerra mundial, con una clara intención de denuncia social. Sus autores: César Pavese y Alberto Moravia. Este neorrealismo tuvo también reflejo en España en la obra de C.J.Cela.

2) La novela norteamericana de entreguerras a cargo de un grupo de escritores que constituyeron la llamada “Generación perdida”, con Dos Passos, H. Hemingway.

3) El objetivismo o “nouveau roman” en Francia con Alain Robbe Grillet, Marguerite Duras y Samuel Beckett, que lleva el objetivismo al extremo de dedicar páginas enteras a la descripción de un objeto.

f) Nuevos temas. En la novela se tratan temas nuevos como las drogas, el sexo, el humor, la homosexualidad, entre otros temas llamados “tabú”.Así lo vemos en “Pantaleón y las visitadoras”.

 

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