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  Guías culturales

RETÓRICA DEL COLOR EN VAN GOGH


Por Carmen María Sánchez Morillas
tio_456@hotmail.com

 
El presente trabajo realiza un análisis orientativo del uso del color en obras de Vicent Van Gogh realizadas a lo largo de su vida. Para ver las imágenes de los cuadros hemos añadido un enlace extraído de la página artehistoria.com. En ningún momento queremos sentar cátedra con nuestras opiniones, sino dar pie a futuras investigaciones de la semiótica del color. Esperemos que guste a quién lo lea.

Melocotonero en flor
El Melocotonero en Flor, creado en marzo de 1888, era un motivo que se le ofrecía concretamente ante la vista. El árbol en flor, en toda su efervescencia primaveral, nos refleja el optimismo de Van Gogh; es un símbolo de sus primeros y esperanzadores deseos que comienzan en esa habitación primera, en la buhardilla de un restaurante, que le sirvió como estudio. En estos momentos el artista se siente conmovido por la hermosura de este pequeño detalle de la naturaleza. Dirección a "Melocotonero en flor": www.artehistoria.com/genios/cuadros/5703.htm

Para las flores usa el rojo, blanco y un cálido tono rosado, que se confunden con el verde claro de las hojas.

Esta composición llama la atención al espectador. Recae primero sobra la parte derecha del cuadro, para después conducir su mirada hacia el resto de de la obra.

El rojo que se usa en el suelo, en el ángulo inferior izquierdo, equilibra el colorido del ramaje. Van Gogh utiliza colores más oscuros para la sombra del árbol. Esto nos hace pensar que se capta un momento en que el sol está haciendo la mitad de su camino hasta ponerse. El azul del cielo con las nubes blancas, sin los contornos definidos, son el fondo perfecto para este árbol y este suelo.

Así pues, Van Gogh con esta obra, nos quiere mostrar un melocotonero en flor en un día claro y limpio, en medio de una serenidad propia del alma de un artista que a comienza florecer. El objetivo de este primer discurso pictórico es ofrecer al público, una visión eterna de un momento especial del día que a muchos se nos escapa. La imagen del árbol en flor para Van Gogh es algo digno de pintar y elige los colores ya mencionados porque le parecen los más apropiados para atraernos. Quiere que nos maravillemos cómo él lo hace. Así usando los colores en un equilibrio casi matemático, el lenguaje pictórico se pone en funcionamiento y nosotros nos sentimos conmovidos por las pinceladas que se trazan en el lienzo. Abstraemos este melocotonero en nuestra mente, las experiencias se ponen en marcha y conseguimos sentirnos cercanos a lo que Van Gogh desea hacernos sentir: ilusiones, buenos sentimientos, serenidad y alegría de vivir.

El Zuavo sentado
Un soldado de infantería de Argelia, de vacaciones en Arles, llamado Milliet será el modelo empleado por Van Gogh para la ejecución de este retrato, el primero realizado tras los de Père Tanguy. El propio Vincent expresó: "Por fin tengo un modelo" cuando el militar posó para él. Así surge una pequeña serie donde el hombre se presenta con su exótica indumentaria: un sombrero rojo.

Dirección de "El Zuavo sentado": www.artehistoria.com/genios/cuadros/5730.htm

Con una borla negra, una chaqueta corta con bordados rojos, una camisa negra, fajín azul oscuro y unos zapatos propios de la época. Lo plano domina la composición creando la ilusión óptica del espacio con las baldosas de suelo, levantadas al ser tomadas desde una perspectiva alzada. El centro de atención será el rostro del modelo, cuya expresión está captada con gran naturalidad y vertida en colores oscuros que contrastan con la pastosa pared blanca del fondo. De nuevo el color toma su papel activo en la composición que nos ofrece ahora Vincent. El motivo no es ya un paisaje o un árbol, sino una persona de carne y hueso en la que se ve con una gran fuerza el color rojo de la pasión de este soldado. ¿Podemos imaginarnos a este soldado junto a sus compañeros desfilando?

Vincent quiere grabar en nuestras retinas el valor y descaro de este hombre en su pose, que nos hacen ver que es alguien de mundo, maduro y endurecido por las experiencias y el trabajo.

Rojo, blanco y negro son las palabras pictóricas básicas que usa para captar la esencia de este hombre, servidor de su patria, voluntaria o involuntariamente.

No hay contornos definidos, sólo el color es capaz de tomar la iniciativa en este discurso pictórico que ha de llegar sano y salvo a nuestra mente.

El artista afirma acerca del arte del retrato: "En este proceso los colores se Van convirtiendo en los portadores de la descripción del carácter, independientemente del aspecto concreto del retratado. En cierto modo todos ellos eran, como él, también marginados."

¿Nos causa esta sensación este retrato? Admirémoslo cinco minutos más y entenderemos mejor el papel de color en este cuadro.

La noche
Un tema importante en Van Gogh es la noche ¿Cómo se puede representar en un cuadro la oscuridad de la noche? ¿Cómo se puede dar al color que vive de la luz, una flexibilidad y tersura tales que pudieran representar justo lo contrario, es decir, las tinieblas?

En septiembre de 1888 pintó el Café nocturno. Durante media semana se dedicó a dormir únicamente de día y por la noche se metía de lleno en la depresiva atmósfera del café para pintarla: borrachos agazapados en sus mesas en completa soledad, un jugador de billar, y en un rincón una pareja secreta de personajes sin esperanza.

Dirección de "Café nocturno": www.artehistoria.com/historia/obras/3336.htm

El reloj que hay sobre el techo parece marcar las once y cinco o las una. De todas maneras, es de noche. Van Gogh ha de aventurarse primero en la luz artificial de las lámparas que iluminan la estancia, para después mostrarnos la verdadera luz de la noche.

La luz es amarillenta y contrasta con el rojo de las paredes del café. Estos colores, junto al verde del tapete y del techo, sumen al espectador en un ambiente depresivo en un mundo donde no hay salida para las almas atrapadas por el alcohol y las viejas canciones. El artista quiere dediquemos un momento de reflexión acerca de este tipo de vida que no conduce a nada.

Adentrémonos en este cuadro: estamos en la mesa primera con un amigo y vemos como las bolas de billar están intactas encima del tapete verde. El reloj negro marca una hora ¿acaso no es otra bola de billar, la negra la que no se puede meter? La sala es el interior de la mesa. Cada uno de los personajes son las bolas que esperan jugar otra partida para cruzarse o guarecerse directamente en sus agujeros.

Con la obra Frente al café nocturno creada poco después, el autor quiere pintar de noche, al aire libre y además con luz artificial. Se acentúa con una mayor exactitud la mirada sobre los objetos en penumbra. Con los colores oscuros el autor nos obliga que pongamos en marcha todos nuestros sentidos pictóricos y entendamos lo que él ve: la visión de alguien que pasa por un café de noche, por una calle no muy iluminada, salvo por las luces que provienen de él. Aquí el negro no es pesimismo o no se enlaza con la muerte. El negro del final de la calle, es un telón de fondo que sirve para que descubramos los contornos de los transeúntes. El negro es también una adivinanza que está por descubrir. Dirección "Frente al café nocturno": www.artehistoria.com/historia/obras/3336.htm

Las luces artificiales se mezclan con las luces naturales de las estrellas redondas que vuelan en el cielo. El amarillo verdoso que nace de la terraza nos recuerda que hace poco estábamos dentro del café ahogando penas. La gente está sentada y un camarero atiende las mesas. Por la calle pasea gente. ¿No parece este momento de finales del XIX, un momento muy parecido a lo que estamos acostumbrados a vivir en el siglo XXI, es decir, a pasearnos y tomarnos algo en las terrazas?

En Frente al café el azul intenso del cielo y las estrellas relucientes y redondas pregonan la majestuosidad de La noche estrellada, pintado en 1889.

Predominan los colores azul y amarillo en una sugerente gama que va desde las tonalidades más oscuras a las más claras. Consigue un efecto sorprendente sobre el espectador que puede quedarse extasiado ante tal movimiento de luces, ahora naturales al completo.

Los colores no son formas sino sensaciones en esta obra más que nunca. Van Gogh ha conseguido curvar la oscuridad de la noche con la gama azul y con el amarillo, color presente siempre en su obra; ha conseguido obtener la luz natural, robársela a la oscuridad más inminente.
En el pueblo unos duermen y otros, con las luces encendidas, están ultimando las tareas de la casa para que al día siguiente este todo listo para trabajar. El pueblo es azul como las montañas que Van Gogh pinta al fondo y esto da una sensación de quietud y silencio en la tierra. Mientras tanto, en el cielo, surge una revolución de formas y destellos que no se sabe de donde provienen. La luna en todo su esplendor es la anfitriona, la reina con una corona más amarilla que las estrellas que la rodean, más blanquecinas, como si fueran a desVanecerse. Es como si la Reina Mayor se apropiase de su luz. ¿No nos recuerda esta Luna a las lámparas de gas del cuadro El Café nocturno?

El blanco marca el movimiento más rítmico de toda esta tempestad de colores. En su forma suave, ondulada y curva llama al espectadorinvitándole a adentrarse en el poderoso mensaje que la noche nos ofrece.

El árbol negro, tal vez un ciprés, en el primer plano nos hace sentirnos más cercanos a este momento mágico que se está produciendo ante nuestros ojos: el despertar de la fuerza misteriosa y mitológica de la noche, un fenómeno que cautiva a cualquier alma sensible desde el principio de los tiempos.

Dirección a "Noche Estrellada": www.artehistoria.com/genios/cuadros/3347.htm

Florero con adelfas y libros
Van Gogh sentía despertar en sí una y otra vez ese deseo de compenetración sensitiva con las cosas cotidianas más banales. La sutil palpitación de la planta en su cuadro Florero con adelfas y libros nos indica la misma búsqueda subjetiva de un mundo más allá de las cosas. ¿Qué ve el artista en estas flores y en ese libro?

Para ayudarnos a ver lo que siente utiliza en esta obra el verde claro como fondo que contrasta con el verde oscuro de las hojas alargadas, estrechas y acabadas en punta. Los pétalos son rosados o rojos y se agolpan en pequeños ramilletes.

Una vez más el color amarillo, constante en Van Gogh, en los libros, nos invita a experimentar sensaciones simbólicas de este color en nuestro propio espíritu.

Las adelfas son peligrosas ya que todas sus partes son venenosas y al tratarlas debemos tener mucho cuidado sino deseamos caer en la trampa su veneno. ¿Sabía esto Van Gogh?

Más allá de lo que son estas flores a simple vista, se esconde un gran enigma que el autor nos quiere ayudar a desvelar. Estas flores contienen un mortal veneno que con sólo verlas no podemos sentir. A pesar de ser hermosas son sinónimo de muerte, de tristeza, de pesar en el alma.

Los libros amarillos pueden ser la salvación, la vida. ¿Qué toca primero el espectador con la mirada? Según elija, así será su visión sobre este cuadro. Si nos guiamos por el bonito color de las adelfas, Van Gogh desea que advirtamos que son venenosas, pero si nos guiamos por el color de los libros tal vez lleguemos a evitar el delirio que suponen estas bonitas piezas del jarrón. Dirección para "Florero con adelfas y libros": www.artehistoria.com/genios/cuadros/5762.htm

Autorretrato con la oreja vendada
En el Autorretrato con la oreja vendada Van Gogh posa para nosotros con toda la parte derecha de la cabeza cubierta por un ancho vendaje blanco, que hace aparecer aún más seria la mirada triste y casi fija del pintor. Envuelto en un grueso abrigo verde con tonalidades negras y protegiendo su cabeza con un gorro azul con pelo negros, da la impresión de que se quiere apartar de las miradas de los demás, de esas miradas furtivas que lo acosan en su cabeza sin ningún tipo de lógica razonable. La pared de la habitación es de un color amarillento verdoso. El marco de la puerta es azul claro, contrastando con el azul oscuro con el que está pintada la misma. En toda esta escena es interesante destacar el caballete con el lienzo dispuesto a ser trazado por otro discurso pictórico y la estampa, tal vez japonesa, con un rojo llamativo. Van Gogh desnuda su mirada ante el vacío. ¿Es el comienzo del declive de este gran artista que ha entregado su vida entera al pintar? Dirección para "Autorretrato con la oreja vendada": www.artehistoria.com/historia/obras/3344.htm

Los colores amordazan a este ser estático y pensativo. Con los colores, Van Gogh, ha construido su armadura en este cuadro; con ellos se defiende y le dice al espectador por más que me mires no sabrás cual es mi secreto, no sabrás cual es la esencia de mi ser y de mi propia obra Ahora se trata de un Van Gogh desafiante, distante y no tan alegre e ilusionado como nos mostrase en sus primeras composiciones, como Melocotonero en flor.

Todos lo colores que se ha usado aquí ya han aparecido en la obra de Van Gogh para representar sensaciones o instantes de vida congelados en el tiempo. Ahora se usan para mostrarnos al mismo creador cansado, perdido y casi sin esperanza.

Los colores no nos enseñan lo que capta la mirada del autor o lo que abstrae él como lo real: no traducen a la realidad, no la metaforizan como hiciera antes en sus otros discursos pictóricos; los colores son usados por el pintor para enseñarnos su mirada, sus ojos. Nosotros somos los que debemos captar el mundo y traducirlo en un discurso pictórico, empleando para ello los mismos instrumentos cromáticos que usase él, para que entienda de nuevo que es la realidad.

El final
Tras haber trazado durante la mayor parte de su vida discursos pictóricos que jamás se volverán a repetir en la historia de la pintura, Vincent, a la edad de 36 años, ingresa voluntariamente en el sanatorio para enfermos mentales Saint-Paul-de-Mausole, cerca de Saint-Rémy-de-Provence a 27 kilómetros de Arles.

Allí pasa Van Gogh casi un año entero, en un lugar triste rodeado de campos de trigo, viñedos y olivares, temas que se repitieron en muchos de sus cuadros.

Van Gogh padecía de epilepsia; periódicamente le sobrevenían ataques de duración indeterminada, precedidos de un estado de aletargamiento, y a los que seguía después un período de apatía. Estos ataques le duraban por lo general de dos a cuatro semanas.

Durante estos desvaríos tendía a la violencia y sufría alucinaciones, por lo que cualquier actividad normal como pintar o escribir resultaba imposible. La pintura se convirtió para él en un salvavidas que lo sacaba de la locura y la ilógica más extremas. Así, pintó hasta el agotamiento
Un mes antes de su muerte, realizó la obra Campo de trigo con cuervos volando, que refleja intensamente su estado de ánimo y con el que quiso expresar tristeza y una acentuada soledad. En esta obra podemos observar sus características pinceladas, soporte perfecto para los instrumentos colorísticos que encabezaban, desarrollaban y terminaban este discurso pictórico. El negro y el azul oscuro de cielo se unen como en un combate que durará eternamente. Estos dos colores contrastan vigorosamente con el campo de trigo amarillo, color básico e intrínseco en la obra- vida de Van Gogh. Finalmente, podemos observar tonos marrones y verdes para el campo que está sin cosecha, y, en medio de la composición, los cuervos negros como la noche más oscura de la muerte cercana. ¿Qué presagia esta visión?

Los cuervos en nuestra cultura se asocian a malos presagios y para muchos son sinónimo de muerte. Van Gogh no imita el color negro de los cuervos. El negro real de los cuervos no puede traducirse o exagerarse, ni siquiera puede graduarse en tonos distintos.

Los colores que usa Van Gogh en esta obra anuncian un fin próximo que él mismo siente cerca. Si otras veces ha querido mostrarnos la alegría, la esperanza, la ilusión, visones diarias que se nos escapan sin darnos cuenta, lo trascendental a través de lo más sencillo…ahora, Van Gogh, da rienda suelta a su discurso y manifiesta todo su dolor y tristezas más hondos, que le golpean el alma.

Esta obra, con sus colores, supone un último esfuerzo casi titánico por parte de Vincent. Es un ejemplo de lo que fue la pintura en la vida de este magnífico hombre; no sólo era medio de vida o modo de evasión, sino que era también su lenguaje, su habla, su idioma. Si el hombre mismo es lenguaje, Vincent lo era. Su la pintura era su lenguaje, él era pintura. Dirección para "Trigal con cuervos": www.artehistoria.com/genios/cuadros/6045.htm

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