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RELATOS


Por Celia Conejo Navarro


CRÓNICA DE LA NOCHE MÁS FELIZ DE MI VIDA

Carlota de Gante es mi nombre, toda mi vida me dedique al lujo, banquetes, bailes, dinero, modales, en fin, todo lo que una familia rica de la época puede disfrutar…
Aun con todo esto, no era feliz.
Una noche en uno de los tantos bailes a los que asistía; esta vez en casa de los Villa Cano, familia de la cual proviene mi mejor amiga; Estábamos las dos sentadas esperando a que un buen mozo nos invitara a bailar. Ya era media noche y de pronto un joven de buen aspecto se acercó hacia nosotras, me miró pero inmediatamente desvió la mirada hacia Carmen; mi amiga; y la invitó a bailar.
Por alguna extraña razón los hombres nunca me han hecho buena cara, esa era la causa de uno de mis pesares, recuerdo que en ese momento pensé que jamás sería amada y que no tendría una historia apasionada, se me escapó una lágrima sin que me diera cuenta; ya había pasado una hora y Carmen seguía con el joven.
Continué sumergida en mis pensamientos, derramando lágrimas de vez en cuando… Sentí una presencia fuerte, pero llena de calor, levanté la mirada y me encontré con un hombre que tenía el brazo estirado hacia mí, sosteniendo un pañuelo - ¿Porqué una mujer tan bella está derramando perlas?- dijo con tono suave, en ese instante perdí la decencia y me levanté para abrazarle y llorar en su hombro, sé que no lo debí hacer pero pasó, sin ninguna razón sentí esas ganas tan grandes de hacerlo y es que me inspiró tanta confianza, no lo puede evitar…
Cuando entré en razón pensé que en cuanto lo soltara se iría espantado por mi actitud, así que no lo solté, solo volteé a verlo y le dije – Perdona, no debí ser tan imprudente, pero por favor no te vallas-, él me miró con ternura y dijo –jamás haría tal cosa, esto es lo más bello que me ha pasado, muchas gracias- agregó. Lo miré extrañada, ¿qué hombre en su sano juicio gustaría de un comportamiento tan imprudente?... no tomé importancia después.
Me invitó a salir para charlar un rato y acepté.
Hablamos de nuestras vidas; tan pronto y ya nos sabíamos casi todo sobre nuestro pasado, era como si ya nos conociéramos desde hace tiempo, él fue tan comprensivo…Le platique sobre mi temor de quedar sola sin ser amada. Él muy sincero y mirándome a los ojos, dijo –no puedo creer que siendo tan bella no te haya amado-, -pues así es como suceden las cosas- comenté. –no es posible, si yo que solo llevo treinta minutos contigo, ya siento que te amo y que debes ser mía-, me sentí tan feliz…tanto que le di un beso en la mejilla sin pedirle permiso, se sonrojó me miró y dijo –Gracias, me has hecho tan feliz- lo miré y parecía triste, no comprendí porqué pero no me atreví a preguntar.
- Me perdonarías si te digo que, jamás te veré de nuevo ni aunque quisiera – agregó mientras yo le miraba un tanto molesta y contesté – no…!!! Me hubieras dicho que no te agradaba en vez de ilusionarme-, - no es eso – replicó inmediatamente – es que no podré salir nunca más, lo siento, pero promete que recordaras ésta, como la noche más feliz de tu vida-, - lo prometo – contesté más extrañado todavía, no me dio tiempo de preguntar porqué, cuando ya se había despedido y retirado.
A la mañana siguiente me enteré que aquel hombre del que me enamoré en una sola noche, había muerto de una enfermedad rara que lo tuvo en el hospital durante meses.
Se había escapado del hospital para ir a la fiesta porque sabía que era su última oportunidad y ahí estaba yo.
Como prometí nunca olvidé esa noche…

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