Había una vez un lagartijito que se llamaba Juan,
era de color verde, tan verde que parecía una hoja.
Su origen era de San Juan de Puerto Rico, era hermoso y
le gustaba mucho cantar.
Un día, paseando por el jardín conoció
a una linda niñita que se llamaba Cristina Isabel,
era una niña muy tierna, le gustaba buscar caracoles,
porque los llamaba amiguitos y siempre buscaba a Caracol
papá, Caracol mamá y Caracol bebé.
Todas las mañanas se levantaba temprano y lo primero
que hacia era salir a la terraza a buscar a sus amiguitos,
que así los consideraba ella.
Entonces lagartijito Juan la observaba de lejos y decía
que linda niña, me gustaría también
ser su amigo. Así transcurrió el tiempo y
lagartijito Juan miraba de lejos y tenia miedo de no ser
aceptado, por eso no se acercaba a Cristina Isabel.
Pero un día se armo de valor y se puso a cantar,
canto tan lindo que todos se quedaron encantados escuchando,
luego dijo ¡Hola Cristina Isabel!, ella al verlo se
emociono, y le dijo ¡Hola!, que lindo cantas, jamás
había escuchado cantar a un lagartijito, Juan también
se emociono y contesto: me gusta cantar, siempre lo hago,
pero desde que te vi tenia temor de hacerlo y de no ser
aceptado como uno de tus amiguitos, aunque soy chiquito
y tengo temor a los grandes, he visto que eres una niña
muy linda y buena.
Cristina Isabel se puso muy contenta y le dijo que si le
gustaría ser su amiguita.
Así fue que Cristina Isabel se hizo de otro amiguito
hasta que un día lagartijito Juan, conoció
a lagartijita Margarita y dejo de visitar a Cristina, ella
lo extrañaba porque se había acostumbrado
a compartir su tiempo con él, hasta que un día
se apareció Lagartijito Juan con su prometida Margarita
y se la presento a Cristina Isabel, ella quedo encantada
de tener una amiguita mas.
Así pasaron buen tiempo jugando y cantando hasta
que un día lagartijito Juan se caso con Margarita
y tuvieron que viajar a Guaynabo, donde tenían su
nueva residencia.
Cristina Isabel, se puso triste porque dejaría de
verlos, pasaron varios meses y un día Cristina salio
a la terraza como todos los días con la esperanza
de ver a sus amigos y fue grande su sorpresa cuando vio
a Lagartijito Juan con su nueva familia, sus tres pequeños
hijos, se puso muy contenta y mas aun cuando le comunicaron
que se quedarían a vivir en los Paseos.
Cristina Isabel se puso muy feliz, porque compartiría
cada minuto de su vida con la familia de Juanito.
Colorín colorado este cuento se ha acabado
Zapatito rojo para que tú me cuentes otro.
Había una vez una hermosa flor de color amarillo
brillante, ella sabia que era muy bella, por eso también
era vanidosa, un día volando por el jardín
estaba la mariposa Maripaz, que al verla, se quedo encantada
y quiso beber de su néctar, pero la flor le dijo,
¡un momento!, no te atrevas a tocarme, Maripaz, la
mariposa se puso muy triste y se puso a cantar para aliviar
su tristeza:
¡Somos lindas mariposas,
mariposas, mariposas de colores,
que venimos del perfume,
del perfume de las flores,
mi color es de naranja, el mas bello y mejor,
y mis alas son de oro que alumbran más que el sol,
y mis alas son de oro que alumbran más que el sol!
Cuando escucharon esta canción otras mariposas,
se unieron a ella y todas cantaron muy emocionadas, la flor
amarilla, al escuchar esta melodía, se dio cuenta
que son hermosas por el néctar y el perfume que las
flores les proporcionan y pensó que no debía
ser egoísta, aunque tuviera que sacrificar su belleza,
ella sabia que se marchitaría y aun así las
llamo para que tomaran de su néctar, las mariposas
se pusieron contentas y se acercaron a la flor amarilla,
la cual les dijo, ¡vengan! Y tomen del néctar
que gusten, he comprendido que ustedes son hermosas por
los alimentos que reciben y yo no puedo negarles este alimento
vital para ustedes.
Todas se acercaron y bebieron hasta saciarse y agradeciendo
a la flor amarilla, emprendieron vuelo, cuando voltearon
para verla una vez mas, la flor amarilla se había
vuelto más hermosa y entonces comprendieron que,
el compartir refleja la belleza del alma.
Regresaron entonces las mariposas para agradecerle una
vez más y también para decirle que ahora era
mucho más hermosa que antes.
La flor amarilla se sonrojo y dio las gracias a todas las
mariposas y les pidió disculpas por haber sido egoísta,
ellas se fueron volando muy contentas, porque vieron que
el compartir también fue beneficioso para la flor
amarilla.
Moraleja: El compartir embellece el alma.
Colorín colorado, este cuento se ha acabado, zapatito
rojo para que tú me cuentes otro.
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