Se despertó con el cuerpo dolorido, quiso incorporarse
pero le fue imposible, parecía como si estuviese
pegada a la cama, lo intentaba una y otra vez sin éxito,
desesperada abrió los ojos, pero la oscuridad que
reinaba en la habitación no le dejó ver nada,
una angustia le invadió todo su ser, sus ganas de
vaciar la bufeta iba en aumento y ella seguía quieta
sin poder moverse.
Giró la cabeza hacia el lado donde dormía
su marido, tal vez estaría despierto y podría
ayudarla, sigue sin ver nada toda la habitación está
a oscuras, tampoco oye su respiración, ahora que
lo piensa, no recuerda haberle oído roncar como cada
noche, un escalofrío la invade. Intenta acordarse
si lo oyó roncar o no, precisamente aquella noche
ella se quedó un rato más delante del televisor,
quiso terminar de ver un programa que daban en una cadena
privada, así que, cuando ella se acostó, él
llevaba rato dormido, pero no recuerda que roncara cuando
sigilosamente con sumo cuidado para no hacer ruido se metió
en la cama, entonces le vino a la mente que quiso tocarle
con los dedos de su píe izquierdo los píes
de su marido para desearle a su modo las buenas noches y
los encontró tan fríos que los retiró
al instante, entonces no le dio importancia, su marido siempre
tenía los pies fríos en invierno, pero era
primavera y la temperatura era más bien alta de pleno
verano, otra vez la angustia se apodera de ella, vuelve
a intentar mover el brazo derecho, en cuanto piensa "ahora
sí ya se mueve" queda quieto como si algo o
alguien se lo parara, lo intenta con el izquierdo y lo mismo,
igual le pasa con las piernas, su bufeta no puede aguantar
mucho más, -al final tendré que gritar- piensa
desesperada.
Oye pasos, alguien se le acerca, abre más los ojos
intentando ver, pero todo sigue tan oscuro como antes, cuando
se dispone a decir "que alguien me ayude" el llanto
de un niño le hace callar, atenta intenta averiguar
quien está llorando, se esfuerza para incorporarse,
pero sigue clavada, se desespera todavía más
cuando reconoce a quien llora al otro lado de la puerta,
intenta decirle unas palabras de aliento para que se tranquilice,
mientras ella pueda conseguir incorporarse: "No llores
cariño, mamá pronto estará contigo",
pero sus palabras se ahogan no puede pronunciarlas. Mientras
tanto más voces, más sollozos, más
murmullos. Una voz desconocida para ella, la oye dar el
pésame, pero no sabe a quien, su desespero va en
aumento, alguien se ha muerto y ella sin poder moverse,
se pregunta ¿quien debería ser?, - si están
en su casa es que sería alguien muy próximo,
pero ¿Quién?
Su bufeta no aguanta más o la vacía o revienta,
se nota mojada, un fuerte olor a orín se desprende
por toda la habitación, sigue desesperada intentando
que alguien la oiga, y le ayude a incorporarse, le extraña
que su marido no le haya ido a decir nada de lo que estaba
pasando en su casa, nadie se había acordado de ella,
la tienen abandonada.
De pronto nota como si la habitación se moviera,
como si alguien la estuviese transportando de un lugar a
otro, intenta gritar pero sus gritos se ahogan con los llantos
que se oyen fuera.
De repente se oye un ¡Alto! es la voz de su marido
que tras un breve silencio le pregunta a su hijo ¿Qué
es eso tan importante que me quieres preguntar y que no
puede esperar? El niño traga saliva y responde preguntando
¿Papá, los muertos mean? El padre se lo mira
sorprendido, enojado, furioso, "claro que no, ¿A
que viene esa pregunta tan tonta, precisamente ahora? Señalando
con el dedo, dice tímidamente, pues mamá se
ha meado, el padre se lo mira más furioso si cabe
y se va hacía donde el niño a señalado,
todos dirigen sus miradas hacia el lugar cuando se oye gritar
"Abran inmediatamente"
Oye como dan dos vueltas de llave en el paño de
la puerta ¿estaba cerrada con llave? Se pregunta
asombrada, cuando deslumbrada por la luz no atinaba donde
estaba hasta pasar unos segundos, entonces se dio cuenta
que estaba en un ataúd y que ella era la muerta,
no pudo contenerse e irrumpió en un llanto sin control,
descontrolado.
De pronto, todos los allí presentes tras hacer acto
de presencia sus hijos con un pastel con 40 velas encendidas,
entonan el "Cumpleaños Feliz", ella se
los mira intentando cambiar los sollozos por sonrisas, mientras
en su interior se pregunta ¿A quien se le habrá
ocurrido semejante MACABRA SORPRESA?... va indagando con
la vista, uno a uno a todos los invitados.
Hay días cada vez más, que solo deseas la soledad, deseas estar sola, tal vez porque no lo estás, pero no hay peor soledad que la que sientes acompañada, hoy me he levantado sintiéndome sola desamparada sin nadie a quien contar mis penas, mis dolores, cansada de oír los de los demás.
Mis penas me las debo de aguantar, como aguantar tengo que aguantar las penas ajenas haciéndomelas mis penas, penas mías, siento mi soledad cada día más cerca, siento el cansancio del que está a mi lado, aunque nunca está cuando me hallo mas necesitada de su comprensión, comprensión jamás demostrada, solo tolerada.
Me entrego de cuerpo y alma, dedico todo y más, lo hago contenta, ilusionada, lo hago con amor, todo mi amor, sin esperar nada a cambio, pero menos que nada lo considero poca compensación, no estoy preparada para dar sin recibir, una acaba cansada, cansada de vivir.
Vivir así, de esta manera no vale la pena, no vale la pena seguir luchando por sobrevivir, llega un momento en el que estás sobrando, molestando, malgastando su tiempo.
Llega el momento en que tú te sientes cada vez más sola y ellos más atados. Anhelados de libertad, una libertad que tu les estás quitando, sin desearlo, sin poder hacer nada por evitarlo llegas a odiarte por ello y deseas la soledad.
Sentirse solo estando solo es una pena, sentir la soledad acompañado, es un penar.
Muchas veces gritaría al aire, ¡no me dejes sola, necesito de tu acompañar! Pero sería forzarle a estar a mi lado y a la fuerza no quiero a nadie, prefiero la soledad, el estar sola o lo que es peor sentirme sola sin estarlo. |