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RELATOS


Por Daniel Rivallo
gautier27@hotmail.com


ESTADO DE CONCIENCIA EN RE MENOR

Fue durante la composición para el segundo movimiento del cuarteto para cuerdas "Le Cri" cuando la crisálida de mis pensamientos se convirtió en escara, el racimo de la sucesión de notas apareció bajo la filoxera de un pensamiento roto que me expoliaba del mundo y me paralizaba como émbolo las sensaciones y el fluir del acto creador, coagulando la anastomosis del proceso de mi propia escritura musical, fagocitando la reificación en obra de la dialéctica matraz de mi propia conciencia apartándome de la realidad,sumergiéndome en una suerte de Leteo que dividía en meandros las elucubraciones y no me permitían completar la plenitud de una idea que aparecía desnuda en su absoluto. Era un agostamiento de anacrusas, de ostinatos y de movimientos agógicos que saltaban por los aires y me impedían progresar en la prognosis del desarrollo ulterior,a partir de aquí aparecían cesuras y disones,schocks,una atmósfera caseificada hecha jirones producto de una suerte de voluntad exterior a mí que me acercaba el rostro de la transverberación en la imposibilidad de expremere el hijo que acababa de concebir, nacido ahora como el escrofuloso fragmento de un padre eclámptico que expulsaba la hemoptisis de su impotencia, renuncia que había nacido en el vano de una larvaria abdicación profunda y que se mostraba con el rostro cicatrizado de un campo de batalla que le obligaba a repensar la propia estructura musical donde el cálamo del sentido común había dictado las claves del mundo pero no había llegado a interpelarse por aquello que inervaba todos sus guarismos desmayados sobre la horizontalidad atonal de las líneas de su propia vida,cuando el propio acto de la creación era una eterna cuestión por alcanzar el camino que llevara al verdadero pensamiento como aprisco que ensilara el dolor del iterado preguntarse por el empezar a pensar.

Algo escamoteaba mi pensamiento dejándome pensil en el anacoluto, en el quiasma que interrumpía la cadencia de la ilación y me suspendía entre líneas verticales miradas desde la superficie que dividían el hemistiquio de mis pensamientos en iridiscencias vitriólicas estragando el asidero de la geodesia que ahora engastaba el edificio de la homofonía en la ruina de la fragmentariedad de una masa de pensamiento excoriada en su propia substancia que vehiculaba el latido en la esfigmología espuria de un nuevo tempo desconocido y heterogéneo.

¿Alguien puede abrazar este nuevo rubato apenas una úvula desconocida como apertura al través de la vida hacia el páramo de la insensatez más allá de la taxis de la realidad donde mora el dolor de la vida que encuentra el eco de su propio grito en las montagnes del sufrimiento que aguijonea las grupas del propio vivir y estratifica el vivaque que lleva en el fardo de su renuncia?

Este dolor, no solamente nacido del desgarramiento de la masa de mis propios pensamientos sino introyectado en la miología de mi cuerpo entero, notifica mi propia existencia, es terminus ad quo donde otra vida comienza, fundamento de un nuevo pensar,sahumario de este impoder que es una suerte de vacío colmado huidizo ante las representaciones,intermitente en sus propias sacudidas, dedalera de mis nuevas inspiraciones que tornan fuliginosa la presencia del ente.Este dolor es el nuevo paráclito cuyo mensaje es la inaplicación a cualquier objeto que me desgaja del flujo del mundo y paraliza el venero del alma destruyendo mi interacción diegética con la realidad sumergiéndome en las atonalidades de piezas minúsculas sin ningún resorte,incoherentes, y traspasadas por debilidades, que pervierten el material descubierto y la parousia de mis descubrimientos, la emanación del proceso último de aparición en obra, introduciendo la veta de lo jadeante que acerca el hálito de una voluntad superior y perversa a las jambas de los procesos de creación.

No puedo describir la enfermedad de mi mente inextricablemente unida al dolor de mi cuerpo, deslizar la voluta de mis pensamientos sin las clavijas de mis propios órganos, el cuello del alma que sostiene el mástil de cada articulación lateral donde se pierde la caja de resonancia y el eco de la voz en la escotadura de la fragmentariedad,cuerdas ínfimas de un estado de semiinconsciencia tensadas por el puente glacial de mis miembros que se engasta en el cordal de mis propias sensaciones y sumerge todo mi ser en correspondencias no desligadas de mi propia vida, un espacio adoquinado con grecas impenetrables.

Necesito quemar las formas para encontrar el temps espace donde se imbrica el propio dolor, la musique figée,la toile stratifiée, sentir como se despeña mi pensamiento en la espacialidad absoluta, llegar a percibir la congelación de mi propia médula, la falta de circulación, la acidez de la angustia que corta como un couteau a golpes dejando jirones mordientes de abortos y occisos violentos de mis estados de conciencia, ruidos de ganglios informes, cesuras a la obra de arte total que constituye mi espíritu y mi propio cuerpo donde la morbidez de mis miembros constituye una suerte de descorporización de la realidad que rompe con el orden lógico de las cosas.

Y más allá,en lo profundo, en otro plano ígneo del espíritu ,un sol que arde,esa suerte de infinito colmado de nada y esa nada que abraza al infinito allí donde periclita la igualdad y lo idéntico muere ante la ambivalencia del rescoldo que me hace sentir todavía vivo y empero me despeña contra la propia vida y me castiga con las pavesas que rozan mi rostro dejando la cicatriz de su propia rebelión donde las diferencias son remozadas bajo el mismo elemento que escande en el rótulo de la experiencia de mi camarín- esa pequeña capilla jalonada por sofiones que arden- un visaje de renuncia hacia el concurso de las cohesiones y las consistencias representativas. Sigo siendo en mi laboratorio ese hombre anónimo que no hipostatiza la vida,que boga con sus esquifes por la zozobra de un pensamiento que quiere pensar la vida sin tautologías con el albugo del dolor inyectado en su propia carne y renunciando con la panacea de su propio sufrimiento al exantema del que adolece una sociedad insaculada de crímenes biliosos que produce nauseas y encierra en el teatro de su falsedad a la comunidad de rebeldes que luchan desde su propia debilidad, como yo lo hago desde el pentagrama iracundo de mi renuncia,contra las claves amaneradas de una visión horizontal y autómata.

A ellos,a los revolucionarios integrales que son pesimistas como yo pero que actúan desde el arrabal de su pensée, les dedico este cuarteto, resabio de atonalidades y series desintegradas,danza gestual de jeroglíficos vivos donde la marioneta de este dodecafonismo virtual rompe con el nepotismo de la palabra y la subversión de la disonancia desgaja el elitismo de la consonante vertical. Ha nacido la ciencia de la tripa y el corazón donde las arterias escupen y no comunican este dolor de existencia y finitud dirigidas por el arco tensado de una sombra en el espacio que cubre el vacío nacido de los abscesos del odio y libera las fuerzas ínsitas en aquel desde donde se presencializa la vida en un intento por superar al propio individuo desde la creación demiúrgica de un nuevo mundo, receptáculo de producción de nuevos acontecimientos que no mueren bajo la estola de nuevas trascendencias.

Al mismo tiempo mi propia pérdida me despoja del flujo de la vida y no introduce cadencias sino trémolos dictados al violín en una escala de G mayor que fugan en arpegios irisados de un estado absurdo de espacialización que no encuentra lugar en el propio espacio y hablan en sordina a esta especie de pérdida del nivel normal de la realidad,desde el fulcro de un impouver vitreo,hecho cristal en el chancro del inconsciente, sin alcanzar del todo la suficiente cohesión de fuerzas que cristalice en la escala de octavas la descripción de un estado en el que se reúnen las fábulas de la imaginación, sin interrupciones ni raptos furtivos que en la niebla y de noche hurtan mis creaciones erosionando al alma que separa en compartimentos estancos las bifurcaciones del pensamiento y la forma, en la solmisación de la vida rota de un hombre.

 

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